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Castillo de una fortaleza histórica en Alemania con patios, murallas e interiores.

Destinos · Alemania · Sur de Alemania

El Castillo de Hohenzollern: la fortaleza de los emperadores alemanes

Excursión desde Stuttgart al castillo que fue cuna de la dinastía que unificó Alemania

Lectura de 10 minutos

Hay castillos que impresionan por su tamaño, otros por su antigüedad, y otros por la sensación de llevar capas y capas de historia encima. El Castillo de Hohenzollern tiene las tres cosas, pero sobre todo tiene algo que muy pocos edificios pueden reclamar: fue el hogar de la familia que dio reyes a Prusia, emperadores a Alemania y moldeó la historia europea durante siglos. Frederick el Grande descansa aquí, en el mismo suelo donde empezó todo.

El castillo se alza sobre una colina aislada en las estribaciones de la Sierra Suaba, a unos 50 kilómetros al sur de Stuttgart. La silueta —torres neogóticas sobre roca, rodeadas de bosque, emergiendo de la niebla en los días nublados— es de las que justifican por sí solas el viaje.

Una dinastía, tres castillos

Lo que hoy se visita es el tercer castillo construido en esta colina. El primero data del siglo XI —documentado por primera vez en 1061 como fortaleza de los condes de Zollern— y fue destruido en 1423 por una coalición de ciudades suabas que veían con malos ojos el poder creciente de la familia. El segundo castillo, levantado sobre las ruinas del primero, cayó en decadencia y fue demolido en 1800.

El tercero —el actual— es obra del arquitecto berlinés Friedrich August Stüler, que recibió el encargo del príncipe heredero Friedrich Wilhelm en 1846 y lo completó en 1867. Stüler diseñó un castillo neogótico que no pretende ser medieval sino romántico: un homenaje consciente al pasado desde la perspectiva del siglo XIX, con todas las comodidades de la época pero con la estética de las leyendas. El resultado es uno de los edificios más fotografiados de Alemania.

La familia Hohenzollern y su peso en la historia

Entender el castillo exige conocer quién vivía en él. Los Hohenzollern eran originalmente condes de una región montañosa de Suabia —el territorio que hoy es Baden-Württemberg— sin especial relevancia más allá del ámbito local. El giro llegó en 1415, cuando el emperador Segismundo concedió a Federico I de Hohenzollern el gobierno del Margraviato de Brandeburgo.

Desde Brandeburgo, la familia construyó pacientemente su poder. En 1701 Federico I se proclamó rey de Prusia. En 1740 llegó al trono Federico el Grande, que convirtió Prusia en una potencia europea de primer orden, expandió sus fronteras y la transformó en modelo de Estado ilustrado y militar. En 1871, tras la guerra franco-prusiana, el rey de Prusia Guillermo I se convirtió en el primer Kaiser del Imperio Alemán unificado. El último Hohenzollern en el trono fue Guillermo II, que abdicó en 1918 al final de la Primera Guerra Mundial.

Los restos de Federico el Grande —que había pedido ser enterrado junto a sus perros en su palacio de Sans-Souci, sin ceremonias religiosas— estuvieron guardados aquí durante décadas, durante la Guerra Fría, antes de ser finalmente trasladados a Potsdam en 1991. Una placa en la capilla recuerda su paso por el castillo.

Cómo llegar desde Stuttgart

En transporte público

La opción más económica y perfectamente viable es la combinación tren + autobús. Desde la Stuttgart Hauptbahnhof hay trenes directos hasta Hechingen con una frecuencia razonable a lo largo del día. El trayecto dura aproximadamente 65 minutos. Atención: en los trenes que pasan por Tübingen, los vagones de cola se desenganchan allí y no continúan hasta Hechingen. El revisor suele avisar, y en Tübingen hay tiempo suficiente para cambiar de vagón, pero conviene montarse en los vagones delanteros desde Stuttgart.

Desde la estación de Hechingen, el autobús al castillo (identificado como "Hohenzollern Burg" o "Burg Hohenzollern") sale con una coordinación bastante ajustada con la llegada del tren —5 minutos de margen— pero la estación de Hechingen es un andén simple y la parada del autobús está literalmente a la salida, por lo que es factible sin necesidad de correr.

El billete recomendado es el MetropolTicket Stuttgart, que permite usar cualquier transporte público en el área metropolitana de Stuttgart sin límite de viajes durante el día. El precio ronda los 16€ individual o 27€ para dos personas —significativamente más barato que comprar los billetes por separado.

Horario importante: el autobús de regreso desde el castillo a Hechingen solo tiene una o dos salidas a lo largo del día. Antes de ir, consulta los horarios actualizados en el portal de transporte de la región (VVS) para no quedarte atrapado. En la práctica, esto implica organizar la visita alrededor de los horarios del autobús.

En coche

Desde Stuttgart, unos 50 kilómetros por la A81 dirección sur. El castillo tiene parking propio junto al centro de visitantes, desde donde se inicia la subida.

El acceso al castillo

El autobús —y los coches privados— llegan al parking del centro de visitantes, a pie de colina. Aquí hay aseos, una pequeña tienda de recuerdos y la taquilla donde comprar las entradas.

Desde el parking al castillo hay dos opciones:

A pie: un camino empinado que sube directamente hasta la puerta del castillo, con vistas progresivamente mejores de las murallas y las torres. La señalización indica 25 minutos, pero a paso normal se hace en 15, incluso parando a hacer fotos. El camino es el único modo de ver las murallas desde fuera a medida que te acercas, y esas vistas son de las mejores del recinto.

En shuttle: un minibús cubre el trayecto desde el parking hasta la entrada. El precio es de 2€ ida o 3,30€ ida y vuelta. La subida no es especialmente exigente físicamente, y lo que se pierde en comodidad se gana en perspectiva del edificio. El shuttle no merece la pena salvo en condiciones meteorológicas muy adversas.

Las entradas

Hay dos modalidades de visita:

  • Acceso al recinto exterior (murallas, patios, capillas, torre de exposiciones): 7€
  • Acceso completo con visita guiada al interior: 12€

La visita al interior se realiza exclusivamente en grupos con guía. La mayoría de los pases son en alemán, pero suelen disponer de guías escritas en varios idiomas —incluido el castellano— para seguir el recorrido. Merece la pena hacer la visita completa: el exterior es espectacular, pero las habitaciones interiores añaden otra dimensión a la visita.

Qué ver en el recinto exterior

Las murallas y las vistas

Cruzar la puerta principal y ascender por el camino interior hasta las murallas es el primer gran momento de la visita. El castillo tiene una planta aproximadamente ovalada y es posible recorrer las murallas en todo su perímetro, con vistas de 360 grados sobre el paisaje suabo: la llanura que se extiende al norte hacia Stuttgart, las colinas boscosas en todas las direcciones, y en días despejados la silueta de los Alpes en el horizonte sur. Hay bancos distribuidos a lo largo del camino, perfectos para una pausa larga.

La Capilla de San Miguel Arcángel

Es el elemento más antiguo del conjunto y la única superviviente del segundo castillo medieval, anterior a la construcción del actual. Una capilla de estilo gótico tardío con vidrieras de colores y un interior recogido que contrasta con la escala grandiosa del resto del edificio. La placa conmemorativa de Federico el Grande se encuentra en esta capilla.

La Capilla del Cristo

La segunda capilla del recinto, de culto protestante, construida durante la edificación del castillo actual en el siglo XIX. De estilo neogótico, con una decoración más sobria que la de San Miguel.

El patio interior

El corazón del castillo, rodeado de los edificios principales. Aquí se encuentra la entrada a las habitaciones interiores, un pequeño bar-restaurante, el centro de información y una tienda. Es el punto de partida de los grupos guiados y el lugar donde conviene revisar el horario del próximo pase antes de ponerse a explorar.

La Torre de Exposiciones

Una de las torres del castillo alberga una exposición sobre la historia de la familia Hohenzollern y del castillo a lo largo de los siglos. El acceso está incluido en la entrada exterior.

Las habitaciones interiores

La visita guiada al interior recorre algunas de las salas más ricamente decoradas del castillo. Se entra en grupos y, por motivos de conservación, se proporcionan cubrecalzado que se colocan sobre los propios zapatos durante todo el recorrido. No se permite fotografiar en el interior.

La sala del árbol genealógico da la bienvenida con un espectacular árbol que documenta la ascendencia de la familia desde sus orígenes medievales hasta el siglo XX. Es una introducción perfecta para situar históricamente lo que sigue.

El Salón de los Condes es una de las salas de representación principales, con un techo de madera tallada y paredes decoradas con retratos de los miembros más prominentes de la dinastía.

La Biblioteca conserva una colección de volúmenes históricos en vitrinas de madera oscura. La escala es doméstica, no monumental, lo que le da un carácter más íntimo que otras salas del castillo.

El Salón Azul debe su nombre al color predominante de su decoración: tapicerías, cortinas y mobiliario en tonos azul cobalto, con detalles dorados. Es una de las salas más fotografiables del recorrido, aunque el interior no se permite fotografiar.

La Cámara del Tesoro es la sala más espectacular de la visita. Entre las piezas expuestas destaca la espada Gassenhauer, una espada de ceremonia de 1,80 metros de longitud perteneciente al arsenal de la familia, y varias condecoraciones, uniformes militares y objetos personales de los emperadores. La sala también conserva el manto de la Orden del Águila Negra, la más alta distinción del Reino de Prusia.

Consejos prácticos

Tiempo necesario: Entre la subida al castillo, el recorrido por el exterior, la visita guiada al interior y la bajada, calcula entre 3 y 4 horas. Si el autobús de regreso no sale hasta las 16:00, tendrás 4-5 horas disponibles: suficiente para tomárselo con calma.

Comida: El bar del patio interior tiene bocadillos y bebidas a precios razonables, pero la alternativa más memorable es llevar tu propio picnic. Las murallas tienen bancos con vistas espectaculares, y comer con el paisaje suabo a tus pies es uno de esos momentos que luego recuerdas más que cualquier museo.

Meteorología: El castillo está a 855 metros de altitud. En días nublados, las nubes pueden rodear literalmente las torres —lo cual es atmosférico y fotogénico—, pero también puede hacer más frío y húmedo de lo esperado. Lleva una capa extra aunque en Stuttgart haga calor.

Horario de apertura: El castillo abre todos los días del año, pero los horarios varían según la temporada. En verano suele abrir a las 9:00 y cerrar a las 17:30; en invierno a las 10:00 y cierra a las 16:30. Consulta los horarios actualizados en la web oficial antes de ir, especialmente si planeas la visita completa con interior.

Reserva para el interior: En temporada alta, los grupos guiados se llenan. Es recomendable consultar si hay posibilidad de reservar con antelación o llegar temprano para asegurar plaza en el primer pase del día.

De camino: Tübingen

Si el horario de trenes te lo permite, la vuelta desde Hechingen a Stuttgart puede incluir una parada en Tübingen, a unos 20 minutos en tren. Es una de las ciudades universitarias más antiguas y mejor conservadas de Alemania —fundada en 1477—, con un casco histórico de entramado medieval, el castillo Hohentübingen sobre el río Neckar, y la atmósfera característica de una ciudad donde la mitad de la población tiene entre 18 y 30 años. Merece perfectamente una tarde de exploración antes de coger el último tren a Stuttgart.


El Castillo de Hohenzollern no es una excursión de relleno cuando no sabes qué hacer en Stuttgart: es uno de los mejores castillos de Alemania, y uno de los pocos edificios del país donde la historia del poder europeo moderno se puede tocar casi literalmente. La espada de metro ochenta en la cámara del tesoro, las vistas sobre la Suabia que vio nacer a la dinastía, las murallas con los Alpes al fondo en días claros. Vale el viaje.