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Persona junto a una pieza de exposición en el interior de un museo.

Destinos · Alemania · Sur de Alemania

El Deutsches Museum: la ciencia como espectáculo

El museo de ciencia y tecnología más grande del mundo, en una isla del Isar

Lectura de 7 minutos

El último día de un viaje siempre tiene algo de inventario. Miras lo que queda por hacer, lo que ya no puede hacerse, lo que podrías dejar para una hipotética próxima vez aunque sepas que la próxima vez tardará años o quizá nunca llegue. Mi hermano y yo llevábamos nueve días recorriendo el sur de Alemania y Austria cuando llegó el último día en Múnich, con el vuelo por la tarde y la mañana libre. El destino estaba claro desde el principio: el Deutsches Museum.

Es el tipo de lugar para el que no hay suficiente tiempo. Lo supimos antes de entrar, mientras mirábamos el mapa de plantas en la entrada. Setenta y tres mil metros cuadrados de exposición permanente, setenta y tres departamentos, seis plantas más el subsuelo, veintiocho mil piezas. El plan razonable es rendirse a la selección y aceptar que lo que no veas hoy no lo verás nunca, salvo que vuelvas, y volver a Múnich específicamente para el museo no es un plan tan descabellado como suena.

Una isla para la ciencia

El Deutsches Museum ocupa su propia isla en el río Isar, en el corazón de Múnich. La Museumsinsel —la isla del museo— es una pieza de geografía urbana que ya de entrada señala la ambición del proyecto: no un edificio insertado en el tejido de la ciudad sino un territorio separado, delimitado por el río, conectado al resto de Múnich por varios puentes. El edificio principal, de estilo historicista tardío con elementos neogóticos y renacentistas, se construyó a lo largo de las primeras décadas del siglo XX y fue inaugurado en su forma actual en 1925.

La fundación fue obra de Oskar von Miller, ingeniero bávaro que en 1903 convenció a industriales, académicos y al propio káiser Guillermo II de financiar un museo que no fuera un cementerio de objetos detrás de vitrinas sino una demostración viva de cómo funciona el mundo. La filosofía original se mantiene: aquí los motores se encienden, los modelos de mina se recorren, las bobinas de Tesla chispean, los demostradores explican. El museo se concibió como experiencia, no como contemplación.

Lo que contiene

Decir que el Deutsches Museum contiene "de todo" es un cliché que, en este caso, resulta ser literalmente cierto. La lista de departamentos incluye minería, navegación, aeronáutica y astronáutica, automóviles, ferrocarriles, instrumentos científicos, física, química, energía, cronometría, electrónica, telecomunicaciones, informática, música, papel, cerámica, textil, vidrio, metalurgia, hidráulica, ingeniería civil, y unas dos docenas más. Es el registro físico de cómo la especie humana aprendió a transformar el mundo material.

Algunos objetos merecen mención específica. El U1, el primer submarino construido para la Armada Imperial Alemana, lanzado al agua en 1906, está dentro del museo. No una maqueta ni una reproducción: el submarino original, de diecisiete metros de eslora, en el que se pueden asomar la cabeza por las escotillas y entender de forma visceral lo que significaba navegar bajo el agua en los albores de la tecnología submarina. El nivel de claustrofobia que produce un U-Boot de principios del siglo XX es difícil de reproducir en cualquier otro contexto.

La sección de aeronáutica y astronáutica ocupa el espacio más amplio y es la más espectacular en términos visuales: aviones históricos colgados del techo o expuestos en el suelo, desde los primeros biplanos de la Primera Guerra Mundial hasta reactores de combate y cápsulas espaciales. Hay un Junkers Ju 52 —el avión de transporte trizón que fue el caballo de batalla de la Luftwaffe— expuesto en su totalidad. Hay una réplica funcional del avión de los hermanos Wright. Hay motores de reacción seccionados transversalmente para que se vean todas sus tripas. Para cualquier persona con el más mínimo interés por la ingeniería, esta sección sola justifica la visita.

La sección de minería es la más sorprendente para quien no la conoce. Desciende bajo el nivel del suelo y reproduce con detalle extraordinario las galerías de una mina: los túneles se recorren a pie, con las paredes de roca, la maquinaria original de extracción, las vagonetas sobre los raíles, las bombas de achique. Durante los veinte minutos que puedes pasar en los túneles, la distancia entre el museo y una mina real se reduce hasta casi desaparecer.

El problema de la escala

El problema genuino del Deutsches Museum no es que sea aburrido sino exactamente lo contrario: que es imposible de ver en su totalidad. Incluso una jornada completa —ocho horas de visita sostenida— solo cubre una fracción de los departamentos disponibles. Y como el tamaño es tan abrumador, el riesgo real es la parálisis: intentar ver demasiado, moverse demasiado rápido, no quedarse el tiempo suficiente en ningún sitio.

La estrategia que funciona es decidir de antemano qué secciones se van a visitar y cuáles no, y resistir la tentación de "echar un vistazo" a todo. Cuatro departamentos en profundidad producen una experiencia incomparablemente mejor que doce visitados en diagonal. El museo tiene planos disponibles en varias lenguas y el personal de sala puede ayudar a orientar la selección.

Si hay que elegir para una visita de media jornada, el circuito más rentable en términos de impacto es la sección de aeronáutica, la mina, la sala de navegación con el submarino y la sección de telecomunicaciones e informática, donde la evolución de la tecnología de la información desde el telégrafo hasta el ordenador personal está documentada con una linealidad cronológica que pone en perspectiva la velocidad del cambio tecnológico.

Más allá de la isla

El Deutsches Museum tiene dos sedes adicionales en Múnich que se visitan por separado. La sucursal de Theresienhöhe alberga la colección de transporte terrestre: coches históricos, camiones, locomotoras, carruajes. Y el aeródromo de Schleißheim, a unos doce kilómetros al norte de la ciudad, guarda la parte de la colección aeronáutica que no cabe en la isla: más de cincuenta aviones históricos en un hangar que fue estación de pruebas militar durante la Primera Guerra Mundial.

Si la visita es de un día completo y el interés es específicamente la historia de la aviación, combinar la sección aeronáutica de la isla con Schleißheim por la tarde es un programa que pocas ciudades del mundo pueden igualar.

Para quién es este museo

La pregunta tiene una respuesta fácil y una más matizada. La respuesta fácil es que el Deutsches Museum es excelente para familias con niños con curiosidad técnica: los demostradores en vivo, los modelos interactivos y la posibilidad de tocar muchos de los objetos lo hacen funcionar bien como experiencia educativa no aburrida.

La respuesta más matizada es que el museo es genuinamente fascinante para cualquier adulto con interés por la historia de la tecnología, la ingeniería, la ciencia o simplemente la forma en que los seres humanos resolvieron los problemas que el mundo les puso delante. No hace falta ser ingeniero para entender que el U1 es asombroso o para que la sección de cronometría —la historia de cómo la humanidad aprendió a medir el tiempo con precisión suficiente para navegar los océanos— resulte inesperadamente absorbente.

El Deutsches Museum tiene la virtud rara de hacer que cosas que uno nunca pensó que le interesarían resulten interesantes. Eso es lo que los mejores museos hacen.

Información práctica

Cómo llegar

  • Metro U-Bahn líneas U1 o U2, parada Fraunhoferstraße, o tranvía línea 16/17 hasta Deutsches Museum: ambas opciones a pocos minutos del centro
  • A pie desde la Marienplatz: aproximadamente 15-20 minutos cruzando el barrio de la Isarvorstadt
  • En bicicleta desde el centro: el carril bici sobre el puente del Isar lleva directamente a la entrada

Horarios y entradas

  • Abierto todos los días de 9:00 a 17:00, incluidos festivos (excepto Navidad, Año Nuevo y Carnaval)
  • Precio adultos: aproximadamente 15€; reducida y grupos: consultar web oficial
  • Audioguía disponible en varios idiomas; recomendable para las secciones de minería y aeronáutica
  • Web oficial: deutsches-museum.de

Planificación de la visita

  • Tiempo mínimo recomendable: 3 horas; visita completa: un día entero no es suficiente
  • Recoger el plano de planta a la entrada y decidir el recorrido antes de empezar
  • Las demostraciones en directo (bobina de Tesla, soplado de vidrio) tienen horarios fijos: consultar en la entrada
  • Cafetería y restaurante en el propio edificio; también hay mesas para traer comida propia

Sedes adicionales

  • Museo del Transporte (Verkehrszentrum) en Theresienhöhe: vehículos terrestres históricos; abierto 9:00–17:00
  • Aeródromo de Schleißheim: colección de aviación histórica a 12 km al norte de Múnich; accesible en S-Bahn línea S1 más bicicleta o taxi