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Qué ver en Hamburgo: la ciudad que respira mar desde el interior
La segunda ciudad de Alemania tiene un carácter propio que no se parece al de ninguna otra capital
Hamburgo tiene un problema de fama. Todo el mundo conoce la Reeperbahn —la calle de la zona roja que los Beatles frecuentaron en sus inicios— y el puerto con sus grúas gigantes, pero muy poca gente sabe que esta ciudad de dos millones de habitantes es uno de los conjuntos urbanos más fascinantes del norte de Europa: una metrópolis mercantil con seis siglos de historia hanseática, canales que superan en número a los de Venecia y Ámsterdam juntos, una arquitectura industrial del ladrillo rojo que tiene una personalidad inconfundible, y una escena cultural que suele quedarse fuera del radar del turismo de masas.
Hamburgo está a cien kilómetros del mar pero el mar lo impregna todo: la historia, la arquitectura, el carácter de sus habitantes, incluso la meteorología de ese cielo norteño que puede pasar del sol radiante a la lluvia horizontal en cuestión de minutos. Entender Hamburgo requiere entender primero que es una ciudad de comerciantes, y que eso —en el mejor sentido de la expresión— lo explica todo.
La Speicherstadt: el mayor distrito de almacenes del mundo¶
La Speicherstadt es el lugar que define visualmente a Hamburgo mejor que ningún otro. Este barrio de almacenes de ladrillo rojo oscuro construidos entre 1883 y 1927 sobre pilotes de roble en los canales del puerto fue durante décadas el mayor complejo de almacenes del mundo, donde se guardaban las mercancías del comercio internacional —especias, tabaco, té, cacao, café, alfombras— en un territorio de almacenamiento franco, fuera de las fronteras aduaneras de Hamburgo.
Las proporciones son extraordinarias: varios kilómetros de edificios de siete pisos que se reflejan en los canales oscuros con sus grúas de carga todavía en su lugar, los puentes de hierro que conectan los almacenes, la geometría repetida de las ventanas con arcos de ladrillo. Todo a escala industrial pero con una elegancia que hace difícil creer que fueron construidos para uso puramente funcional.
Hoy la Speicherstadt alberga museos, galerías de arte, oficinas de diseño y el famoso Miniatur Wunderland —la maqueta ferroviaria más grande del mundo, con más de quince kilómetros de vías y decenas de miles de miniaturas que reproducen desde los Alpes suizos hasta el aeropuerto de Hamburgo con aviones que despegan y aterrizan—, que puede parecer una atracción para niños pero resulta genuinamente fascinante para cualquier adulto con un mínimo de curiosidad.
La Speicherstadt fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015, junto con la zona adyacente del Kontorhausviertel —el barrio de las oficinas comerciales de los años veinte—, donde el Chilehaus es uno de los edificios más originales del expresionismo alemán: una enorme estructura de ladrillo de diez pisos cuya esquina en punta simula la proa de un barco, diseñada en 1924 por el arquitecto Fritz Höger. La guía de la Speicherstadt entra con más calma en su historia como puerto franco y en lo que se llegó a almacenar entre esos muros.
La Elbphilharmonie: el edificio que dividió la ciudad¶
Inaugurada en enero de 2017 después de una construcción que se prolongó una década más de lo previsto y costó casi seis veces el presupuesto original, la Elbphilharmonie ha pasado de ser el mayor escándalo arquitectónico y político de Hamburgo en décadas a convertirse en el símbolo más reconocible de la ciudad.
El edificio diseñado por el estudio suizo Herzog & de Meuron es formalmente extraordinario: una estructura de cristal ondulada en forma de ola que se eleva sobre un antiguo almacén de cacao de ladrillo rojo de los años cincuenta, creando un contraste entre lo viejo y lo nuevo que es casi imposible fotografiar mal. La fachada de vidrio —con su curvatura característica y sus miles de paneles que reflejan el cielo y el agua de formas distintas según la hora del día— ha transformado el perfil del puerto de Hamburgo de forma definitiva.
La Plaza —la terraza panorámica pública que rodea el edificio al nivel donde se unen los dos volúmenes, a 37 metros de altura— es de acceso gratuito aunque requiere recogida previa de una entrada en taquilla o reserva online. Las vistas sobre el puerto, la Speicherstadt y la ciudad son excepcionales. Los conciertos en las dos salas interiores —la gran sala filarmónica con su diseño acústico revolucionario y la sala de cámara— requieren entrada y suelen venderse con semanas o meses de antelación.
El puerto: el mayor de Europa en tonelaje¶
El puerto de Hamburgo es el tercer más grande de Europa y uno de los más importantes del mundo en tonelaje. No es el más fotogénico —los puertos de contenedores son funcionales por encima de cualquier otra consideración— pero su escala es impresionante y entenderlo es entender la ciudad.
Los Landungsbrücken —los embarcaderos flotantes junto al centro histórico— son el punto de partida de los tours en barco por el puerto, que ofrecen la perspectiva más eficaz para comprender qué significa un puerto de esa magnitud: los portacontenedores de varios cientos de metros de eslora, las terminales automatizadas, los astilleros, la dársena histórica con los barcos museos. El tour en barco por el puerto es una de las actividades más recomendadas de Hamburgo.
Una alternativa gratuita al tour oficial es el ferry 62, que cubre un recorrido circular por el puerto de aproximadamente una hora y puede usarse con el billete normal de transporte público. No tiene el comentario en audio de los tours turísticos, pero ofrece las mismas vistas de los barcos y la arquitectura industrial del puerto.
Junto a los Landungsbrücken, el Túnel bajo el Elba (Alter Elbtunnel) construido en 1911 es una de las curiosidades más singulares de Hamburgo: 426 metros de longitud, 24 metros de profundidad bajo el río, totalmente gratuito. Se entra por los ascensores ornamentados de la estación norte y se atraviesa el Elba a pie o en bicicleta. El interior conserva los revestimientos de azulejo original con escenas marinas en relieve. Es una rareza de ingeniería eduardiana que no aparece en todas las guías pero que merece enormemente la visita.
El Rathaus y el Binnenalster¶
El Ayuntamiento de Hamburgo —construido entre 1886 y 1897 en estilo neorenacimiento del norte de Europa— es uno de los edificios públicos más imponentes de Alemania. Su torre de 112 metros domina la plaza del mercado, y la fachada principal, con sus esculturas de los emperadores y reyes que han gobernado Hamburgo desde el siglo X, es una lección de historia política en piedra.
El interior puede visitarse con tour guiado: más de seiscientas habitaciones decoradas con pinturas, tapices y mobiliario del siglo XIX, con la Gran Sala de las Festividades y la Sala del Senado como piezas principales. El patio interior puede verse de forma libre y gratuita.
El Binnenalster —el lago artificial en el corazón de la ciudad— es una creación del siglo XIII: los hamburgueses represaron el río Alster para construir molinos y obtener energía, y el resultado fue un lago de 18 hectáreas en pleno centro que hoy es el parque acuático más grande de Europa en el interior de una ciudad. El Außenalster, el lago exterior más grande al norte, completa el sistema: en conjunto, los dos lagos del Alster son el espacio público más amado por los hamburgueses y una de las imágenes más características de la ciudad.
El paseo por el Jungfernstieg —el bulevar que bordea el Binnenalster— con las vistas del lago y el Rathaus al fondo es uno de los paseos más agradables del centro. En invierno, cuando el lago se congela, los hamburgueses salen a patinar.
La Deichstrasse y los canales históricos¶
La Deichstrasse es uno de los pocos tramos de la Hamburgo medieval que sobrevivió al Gran Incendio de 1842, que destruyó un tercio de la ciudad. Las casas con fachadas de entramado de madera y sus bajantes que bajan hasta los canales —que en la Edad Media servían para cargar y descargar mercancías directamente desde los barcos— tienen una atmósfera que transporta cinco siglos atrás.
En los sótanos de estas casas históricas se almacenaban las mercancías del comercio hanseático. Hoy muchos albergan restaurantes donde sentarse junto al canal tiene el encanto adicional de la historia acumulada.
Hamburgo tiene más puentes que cualquier otra ciudad del mundo —más que Venecia y Ámsterdam juntas, se dice, aunque la comparación no sea del todo rigurosa—, y la zona del centro histórico junto a los canales es perfecta para perderse caminando sin rumbo fijo.
La Michaeliskirche y el barrio de St. Pauli¶
La Michaeliskirche —conocida cariñosamente como "Michel" por los hamburgueses— es el símbolo protestante de la ciudad. Esta iglesia barroca del siglo XVIII, con su torre de 132 metros visible desde el puerto, es una de las iglesias barrocas más importantes de Alemania del Norte. La subida a la torre —hay escaleras y ascensor— ofrece una de las mejores vistas panorámicas de Hamburgo, incluyendo el puerto.
El barrio de St. Pauli, que rodea la Michaeliskirche al sur, es mucho más que su reputación internacional de zona roja. La Reeperbahn —la calle más famosa del barrio— es efectivamente conocida por sus locales nocturnos y su zona de prostitución legal, pero reducir St. Pauli a eso es un error que los propios hamburgueses encuentran irritante. Durante el día el barrio tiene tiendas alternativas, cafés, murales, una energía contracultural genuina que se nota en cada esquina. Por la noche, la música en vivo —Hamburgo tiene una escena musical de las más activas de Europa, con una historia que incluye los inicios de los Beatles en el Star-Club— convierte el barrio en algo muy diferente a lo que sugiere su fama.
El Fischmarkt del domingo por la mañana —que empieza a las 5 de la madrugada y termina a las 9:30— es una institución hamburguesa. Pescado fresco vendido a voces, flores, frutas, y toda la parafernalia de un mercado que lleva funcionando desde 1703. Hay hamburgueses que llegan directamente del club de la noche anterior. Hay jubilados que llevan décadas viniendo cada domingo. Hay turistas que se despiertan temprano especialmente para ello. Es Hamburgo en miniatura.
El barrio de Altona y las galerías¶
Altona fue durante siglos una ciudad independiente —primero bajo el dominio danés, luego autónoma dentro del Imperio alemán— que no se incorporó a Hamburgo hasta 1938. Esta historia separada le ha dado un carácter propio que todavía se nota. El paseo marítimo del Elbchaussee bordea el Elba durante kilómetros con villas del siglo XIX y jardines que bajan hasta el río. El Altona Balkon —un mirador elevado sobre el río— ofrece vistas espectaculares del puerto y de la Elbphilharmonie.
El barrio de Ottensen, al norte de Altona, es uno de los más interesantes de Hamburgo para el visitante que quiere alejarse del centro turístico: mezcla de clases medias, inmigrantes, artistas y familias, con mercados semanales, tiendas independientes y una de las mejores selecciones de restaurantes de la ciudad en relación calidad-precio.
Consejos prácticos¶
El billete de transporte de un día cubre toda la red de metro (U-Bahn), S-Bahn, autobuses y los ferries del puerto, incluyendo el ferry 62. Para dos personas, el billete diario para grupos es considerablemente más barato que dos individuales y se amortiza con dos viajes.
La Hamburger Card turística, disponible por períodos de uno a cinco días, incluye transporte público más descuentos en museos y atracciones. Conviene hacer el cálculo previo según las visitas planeadas, pero si se incluyen el Miniatur Wunderland, la Chilehaus o algún museo de la Speicherstadt, suele ser rentable. Más trucos de este tipo están reunidos en los consejos para visitar Hamburgo.
Los museos de Hamburgo ofrecen entrada gratuita los primeros jueves de mes. El Kunsthalle —el museo de arte más importante de la ciudad, con una colección que va del Medievo hasta el arte contemporáneo— vale especialmente la visita.
Para repartir todo esto en días concretos, el itinerario de dos días se queda con el puerto y el ladrillo, y el itinerario de tres días añade los lagos, los museos y el túnel del Elba.