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Fachada neogótica del Ayuntamiento Nuevo de Múnich en la Marienplatz.

Destinos · Alemania · Sur de Alemania

Qué ver en Múnich en 2 días: itinerario a pie por la capital bávara

Múnich se recorre a pie, tiene el palacio urbano más grande de Alemania, un parque mayor que Central Park con surfistas dentro y el museo de ciencia y tecnología más grande del mundo. Dos días bien repartidos dan para todo eso sin correr.

Lectura de 9 minutos

Múnich tiene una personalidad muy marcada y bastante distinta a la de otras ciudades alemanas: cervecera, orgullosa de su identidad regional, con un punto de opulencia tranquila que se nota en los edificios y en cómo la gente ocupa el espacio público. No es Berlín, no lo pretende y no le hace falta.

Yo la recorrí al final de un viaje por Baviera y el Tirol, después de diez días de castillos y carreteras alpinas, y funcionó estupendamente como cierre. Es una ciudad grande pero manejable, se camina bien y en dos jornadas se ve lo esencial con calma.

Este es el reparto que haría hoy, con lo que ha cambiado desde mi visita y lo que conviene saber antes de plantarse allí.

Cómo moverse y dónde alojarse

El aeropuerto está a unos cuarenta kilómetros al noreste y se conecta con el centro por tren de cercanías en unos cuarenta minutos. Dentro de la ciudad, la red de metro, tranvía y cercanías es excelente, aunque para este itinerario casi todo se hace andando: el centro histórico es compacto y las distancias entre puntos son de diez o quince minutos.

Alojarse cerca de la Marienplatz o de la estación central es lo más práctico. Y si llegas en coche, déjalo aparcado: nosotros no condujimos ni un kilómetro en dos días y no lo echamos de menos.

Primer día por la mañana: Marienplatz y la Residenz

Cualquier visita a Múnich empieza en la Marienplatz, la plaza central desde la fundación de la ciudad en 1158. La domina el Nuevo Ayuntamiento, un edificio neogótico construido entre 1867 y 1909 con pináculos, gárgolas y estatuas en cada centímetro de fachada.

Lo que congrega a las multitudes es el Glockenspiel, el carillón que suena a las once y a las doce, y también a las cinco de la tarde en verano. Durante unos quince minutos, las figuras mecánicas representan dos escenas: un torneo de caballeros celebrado en 1568 por la boda del duque Guillermo V y la danza de los toneleros, que conmemora el fin de la peste de 1517. Al final, un gallo mecánico canta tres veces. No es espectacular y hay que verlo rodeado de cientos de móviles en alto, pero tiene una pátina de tradición que lo hace simpático. Llega diez minutos antes si quieres sitio.

Desde ahí, diez minutos andando hasta la Residenz, y esta sí es la visita infravalorada de Múnich. Es el palacio urbano más grande de Alemania, construido y ampliado entre los siglos XIV y XIX, sede del poder de los Wittelsbach durante más de setecientos años. Tiene más de ciento treinta salas abiertas al público repartidas en varios edificios alrededor de una sucesión de patios.

Lo más impresionante es el Antiquarium, una sala renacentista de casi setenta metros de largo construida entre 1568 y 1571, con bóvedas pintadas al fresco y una colección de bustos clásicos: la sala renacentista más grande al norte de los Alpes. Entrar ahí sin haberla visto antes en fotos tiene su efecto. El resto es un recorrido por salones barrocos, capillas rococó y habitaciones neoclásicas, cada una de un estilo distinto porque cada generación reformó según los gustos de su época. Calcula dos horas largas, y no intentes verlo todo.

Primer día a mediodía: la Frauenkirche y el Viktualienmarkt

La Frauenkirche es, junto al ayuntamiento, el símbolo de la ciudad: dos torres de ladrillo rojo coronadas por cúpulas bulbosas verdosas, tan definitorias que existe una normativa que impide construir edificios más altos que sus noventa y nueve metros en el centro. Es gótica tardía del siglo XV, austera por fuera y sorprendentemente luminosa por dentro.

Tiene además la mejor leyenda de la ciudad. Cuenta la tradición que el diablo visitó la iglesia recién terminada y, al no ver ninguna ventana desde la entrada —un efecto óptico causado por la disposición de las columnas—, se rió creyendo que el arquitecto había construido un templo sin luz. Pisó el suelo con fuerza en señal de triunfo y dejó una huella que sigue marcada en el pavimento. La huella está ahí; lo del diablo, a discreción de cada uno.

A cinco minutos está el Viktualienmarkt, el mercado de abastos que funciona en el mismo sitio desde 1807. Frutas, quesos, embutidos, flores, especias y, en el centro, un Biergarten bajo unos castaños enormes donde los muniqueses se sientan a tomar una cerveza con un pretzel a cualquier hora con una naturalidad admirable.

Es el sitio para comer bien y barato. Lo clásico son las Weisswurst, las salchichas blancas que según la tradición solo se comen antes del mediodía, con mostaza dulce y un bretzel del tamaño de la cabeza. Sencillo, contundente y perfecto.

Primer día por la tarde: el Jardín Inglés y la ola del Eisbach

El Englischer Garten es uno de los parques urbanos más grandes del mundo: trescientas setenta y cinco hectáreas, más que Central Park y más que Hyde Park. Y lo que sorprende no es el tamaño sino el uso: ciclistas, corredores, familias, gente tumbada en las praderas, biergartens repartidos por dentro.

Su atracción más famosa está en el extremo sur, donde el canal Eisbach entra en el parque y forma una ola estacionaria sobre la que los surfistas hacen cola para lanzarse. Es un espectáculo hipnótico y ligeramente surrealista: neoprenos en pleno centro de Múnich, a cientos de kilómetros del mar.

Y aquí hay que actualizar la información, porque la ola ha tenido unos años accidentados. En abril de 2025 murió ahogada una surfista de treinta y tres años y el sitio se cerró; volvió a abrirse ese mismo verano con condiciones estrictas, entre ellas la obligación de surfear acompañado y con una correa de seguridad que se suelta sola. Después, tras la limpieza anual del cauce en otoño de 2025, la ola sencillamente desapareció y no volvió a formarse de manera estable, de modo que el surf quedó prohibido desde febrero de 2026. En mayo de 2026, una vez que la ola volvió a formarse de forma natural y estable, el nuevo alcalde levantó la prohibición: hoy se puede surfear de nuevo, solo surfistas experimentados, bajo su responsabilidad, hasta las diez de la noche y con correa autoliberable.

Traducción para el visitante: es un fenómeno natural y administrativo cambiante, así que comprueba cómo está la cosa antes de contar con ver surfistas. Aunque no haya nadie en el agua, el paseo por el parque merece igualmente la tarde.

Termina el día en Odeonsplatz, presidida por la Feldherrnhalle, un monumento neoclásico que imita la Loggia dei Lanzi de Florencia, con la iglesia de los Teatinos y su fachada amarilla al lado. Es la zona más elegante del centro y una buena manera de cerrar.

Segundo día por la mañana: el Deutsches Museum

Dedica la mañana entera a esto si te interesa mínimamente la ciencia o la técnica. El Deutsches Museum, fundado en 1903 por el ingeniero Oskar von Miller, es el museo de ciencia y tecnología más grande del mundo. Ocupa una isla entera del río Isar y cubre prácticamente todos los campos imaginables: minería, aeronáutica, navegación, telecomunicaciones, instrumentos musicales, energía, informática, física, astronomía.

Verlo entero requeriría varios días, así que lo sensato es elegir. La sección de aeronáutica y astronáutica es la más espectacular, con aviones reales colgados del techo, cápsulas espaciales y motores seccionados. La de navegación tiene maquetas que son obras de arte y un submarino real al que se entra. Y la de minería reproduce una mina subterránea a tamaño real, con galerías y maquinaria original, tan bien hecha que por un momento olvidas dónde estás.

Un aviso importante: el museo lleva años en una reforma integral por fases, así que en cualquier visita habrá secciones cerradas y otras recién reabiertas. Comprueba en la web qué está accesible antes de ir, sobre todo si vas buscando una sección concreta.

Segundo día por la tarde: el Kunstareal

Múnich concentra en un mismo barrio, el Kunstareal, algunas de las mejores pinacotecas de Europa, y aquí también toca elegir. La Alte Pinakothek reúne maestros antiguos —Durero, Rubens, Rafael, Rembrandt—, la Neue Pinakothek se centra en el siglo XIX y la Pinakothek der Moderne cubre arte del XX, diseño y arquitectura.

Con una tarde da para una, con calma. Un truco que conviene conocer: los museos estatales bávaros suelen aplicar una entrada simbólica los domingos, de en torno a un euro, que no cubre exposiciones especiales pero sí las colecciones permanentes. Si tu domingo cae dentro del viaje, ordena el itinerario en consecuencia.

Si prefieres algo más ligero, la alternativa es dedicar la tarde a los patios y las calles del centro, a la zona de Maximilianstraße y a un Biergarten, que es una institución local en sí misma y funciona a cualquier hora con buen tiempo.

Si tienes un día más

Con tres jornadas, hay tres opciones muy distintas. El palacio de Nymphenburg, la residencia de verano de los Wittelsbach, está a las afueras y tiene unos jardines enormes. El campo de concentración de Dachau, el primero que abrieron los nazis en 1933, está a unos veinte kilómetros y es una visita seria de media jornada larga, con entrada gratuita. Y los castillos de Luis II quedan a hora y media o dos horas en coche, aunque conviene dedicarles más que una excursión rápida.

En otoño, evidentemente, está el Oktoberfest, que multiplica los precios de alojamiento y llena la ciudad. Si no vas expresamente a eso, mira las fechas antes de reservar.

Consejos prácticos

Los museos cierran los lunes en su mayoría, con alguna excepción, así que planifica ese día al aire libre. Múnich es de las ciudades más caras de Alemania en alojamiento, y bastante más que Berlín, así que reservar con antelación compensa.

Sobre la comida: los biergarten tienen una tradición que sorprende al visitante, y es que en muchos se puede llevar comida propia y comprar solo la bebida, siempre en las zonas de mesas sin mantel. Es una costumbre legal y aceptada que ahorra bastante.

Y una recomendación de ritmo: Múnich no premia el itinerario apretado. Es una ciudad para sentarse en una terraza, comerse un pretzel a media mañana y ver pasar a la gente. La mejor sensación que me llevé fue precisamente esa, la de un centro donde la vida ocurre en la calle sin prisa.

Los precios, horarios y estados de reforma de este artículo están comprobados en 2026, pero el Deutsches Museum sigue en obras por fases y la situación de la ola del Eisbach cambia con frecuencia. Confirma antes de ir.