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Persona junto a una barandilla con una cruz decorativa y vistas a un paisaje montañoso cubierto de niebla.

Destinos · Alemania · Sur de Alemania

Subir al Zugspitze: cómo llegar al techo de Alemania

2.962 metros, nieve en agosto y vistas de cuatro países si el día acompaña. Y si no acompaña, un muro blanco en todas las direcciones. Esta es la guía para subir con criterio y para decidir qué hacer cuando el parte no es el que uno esperaba.

Lectura de 7 minutos

El Zugspitze es la montaña más alta de Alemania y una de las excursiones más repetidas del sur de Baviera. Se sube en teleférico o en tren cremallera, no hace falta ninguna preparación física y arriba hay una plataforma con vistas que, en un día despejado, alcanzan cuatro países: Alemania, Austria, Italia y Suiza.

Yo subí en agosto y me encontré niebla cerrada. No se veía absolutamente nada más allá de un metro. Cuento cómo fue porque forma parte de lo que hay que saber antes de comprar el billete: esto es alta montaña y el tiempo manda.

Cómo se sube: tres opciones

La cumbre se puede alcanzar desde el lado alemán o desde el austriaco, con operadores distintos y billetes distintos.

Desde el lado alemán hay dos rutas y suelen combinarse en un mismo billete. La primera es el tren cremallera, que sale de Garmisch-Partenkirchen, pasa por Grainau y el lago Eibsee y sube por el interior de la montaña hasta el Zugspitzplatt, la explanada glaciar que hay bajo la cumbre. La segunda es el teleférico que arranca en el Eibsee y sube directamente a la cima en una sola tirada, con un tramo sin apoyos intermedios que en su momento batió récords. Desde el Zugspitzplatt, un funicular corto de glaciar comunica con la cumbre, de modo que se puede subir por una vía y bajar por la otra.

Desde el lado austriaco, la Tiroler Zugspitzbahn sale de Ehrwald y sube directamente a la cumbre. Es otro operador, con su propia tarifa, y suele estar menos concurrido. Es una alternativa muy razonable si te alojas en el Tirol o si vienes desde Innsbruck.

Nosotros aparcamos en la zona de Grainau y Ehrwald y cogimos un autobús hasta la estación del teleférico, que es una manera perfectamente válida de resolverlo si vas en coche y quieres evitar los aparcamientos más saturados.

Cuánto cuesta

Los precios se revisan cada temporada, pero para hacerse una idea: el billete alemán de ida y vuelta ronda los 69 euros por adulto en verano, y el trayecto simple unos 40. Ese billete incluye una subida y una bajada y permite hacer el recorrido circular combinando cremallera, funicular de glaciar y teleférico, además de usar el funicular del glaciar tantas veces como se quiera durante el día.

Hay tarifas familiares para menores de dieciocho acompañados y descuentos por discapacidad, y existen abonos que combinan el Zugspitze con otras estaciones de montaña de la zona si vas a pasar varios días. El lado austriaco tiene su propio sistema de precios y sus propios combinados.

No es una excursión barata, y conviene saberlo antes de subir con toda la familia.

Qué hay arriba

En la cumbre hay una plataforma de observación, restaurantes, una tienda y la famosa cruz dorada que marca el punto más alto, a la que se llega por unas escaleras y unos metros de roca. La frontera entre Alemania y Austria pasa exactamente por la cima, así que se puede cruzar de un país a otro dando unos pasos.

Debajo está el Zugspitzplatt, la explanada glaciar donde en invierno funcionan las pistas de esquí y donde en verano queda un paisaje rocoso y lunar con manchas de nieve. Merece la pena bajar, porque es un entorno muy distinto al de la cumbre y suele estar bastante menos concurrido.

Y hay algo que no aparece en los folletos y que a mí me hizo el día: en agosto, con veinticinco grados en el valle, arriba había nieve suficiente para hacer bolas. Mi hermano y yo estuvimos un rato tirándonos nieve como dos críos mientras abajo la gente paseaba en manga corta. Esa desconexión entre lo que dejas y lo que encuentras es la mejor parte de la subida.

Qué pasa si hay niebla

Pasa lo que me pasó a mí: no se ve nada. La plataforma de observación se convierte en un muro blanco en todas direcciones, la temperatura cae en picado y el viento sopla con fuerza.

No fue la experiencia visual que esperaba, pero tuvo lo suyo. Estar a casi tres mil metros rodeado de blanco absoluto, sin ninguna referencia y con el viento rompiendo el silencio, tiene una rareza que no se puede fingir. Nos hicimos las fotos junto a la cruz sin ver nada más allá de las barandillas, bajamos al Zugspitzplatt, donde la niebla empezaba a levantar, y pudimos atisbar algo del paisaje.

Dicho esto, si tienes flexibilidad de fechas, mira las cámaras web de la cumbre la mañana misma antes de comprar el billete. Las compañías las tienen publicadas y actualizadas, y en diez segundos sabes si vas a ver algo o no. Es la diferencia entre pagar setenta euros por una panorámica de cuatro países o por una nube. Si el parte es malo y puedes cambiar de día, cámbialo.

Qué llevar

Ropa de abrigo, sin excepciones y sin importar el mes. La diferencia de temperatura entre el valle y la cumbre puede superar los veinte grados, y arriba hay viento casi siempre. Una chaqueta cortavientos y una capa de forro polar resuelven el problema.

Gafas de sol y protección solar, porque a esa altitud y con nieve la radiación es considerable incluso con el cielo cubierto. Calzado cerrado con suela que agarre, porque hay tramos húmedos o con hielo residual. Y algo de agua y comida si no quieres pagar precios de cumbre.

Quien tenga problemas de corazón o dificultades respiratorias debería tener en cuenta que se pasa del valle a casi tres mil metros en cuestión de minutos, y eso se nota.

Cuánto tiempo reservar

Media jornada larga como mínimo. Entre el trayecto de subida, el rato arriba, la bajada al Zugspitzplatt y el descenso, se van fácilmente cuatro o cinco horas contando esperas, que en verano y en fin de semana pueden ser considerables.

Yo lo encajé en una jornada que además incluía el monasterio de Ettal y el palacio de Linderhof por la mañana y Garmisch-Partenkirchen por la tarde, y salió apretada pero factible. Si puedes, dale a la montaña la jornada entera.

Qué combinar alrededor

Garmisch-Partenkirchen está al pie y merece un rato. Es en realidad una ciudad doble: Garmisch y Partenkirchen eran dos pueblos separados que se fusionaron en 1935 por orden de Hitler, que necesitaba una sede adecuada para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1936. Los trampolines olímpicos de salto de esquí se pueden visitar y verlos desde abajo es sencillamente aterrador: la inclinación parece imposible y cuesta asumir que alguien se lance desde ahí arriba y vuele cien metros.

Y muy cerca está la garganta de Partnachklamm, un desfiladero de setecientos metros de longitud y hasta ochenta de profundidad excavado en la caliza por el río Partnach. Se recorre por pasarelas y pasos tallados directamente en la pared, con el agua rugiendo debajo y algunos tramos que pasan por detrás de una cascada. Se sale empapado por la humedad ambiental y es de esas cosas que dan ganas de volver en invierno para verla con hielo. Cobra una entrada modesta y es la mejor alternativa si el Zugspitze está tapado.

El lago Eibsee, al pie del teleférico, es otra opción excelente: agua turquesa, bosque alrededor y una vuelta completa a pie de unas dos horas por un sendero llano.

Merece la pena, con una condición

Sí, si el día acompaña. Con visibilidad, la panorámica desde la cumbre es de las mejores de los Alpes orientales y la sensación de pasar del verde al hielo en veinte minutos es difícil de igualar.

Y si no acompaña, hay alternativas mejores a esa misma altitud emocional: Partnachklamm, el Eibsee o simplemente quedarse en el valle. La montaña no se va a ir a ninguna parte, y setenta euros por una nube escuecen.

Los precios y datos de este artículo están comprobados en 2026, pero las tarifas de las compañías de montaña se revisan cada temporada. Confirma en las webs oficiales y mira las cámaras web antes de subir.