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Bad Gastein: la cascada dentro del pueblo y el balneario que ha vuelto a la vida
Una cascada de más de trescientos metros atravesando el centro de un pueblo de grandes hoteles Belle Époque colgados de la ladera. Bad Gastein llegó a llamarse el Manhattan de los Alpes, pasó décadas cayéndose a pedazos y ahora está resucitando.
Un sitio que no se parece a ningún otro¶
Hay lugares que se entienden en la primera fotografía y otros que hay que explicar. Bad Gastein es de los segundos, y quien lo conoce suele decir que divide a la gente en dos grupos: los que llegan y se enamoran al instante, y los que llegan y piensan qué demonios es esto.
La razón es que este no es un pueblo alpino de postal, con casitas de madera y balcones floridos. Es un balneario de la Belle Époque construido en vertical sobre la ladera de una montaña, con grandes hoteles de cinco y seis plantas encajados unos sobre otros, escaleras y pasarelas conectando niveles, fachadas monumentales con estuco dorado y balcones de hierro forjado. Está a mil ochenta y tres metros de altitud, tiene poco más de cuatro mil habitantes y una densidad arquitectónica que no le corresponde en absoluto a su tamaño.
Y en medio de todo eso, atravesándolo literalmente, baja una cascada.
La cascada, que es lo primero que impresiona¶
El Gasteiner Wasserfall salva trescientos cuarenta y un metros de desnivel en pleno centro del pueblo, en varios saltos, entre los edificios. No está a las afueras ni hay que caminar hasta ella: está ahí, rugiendo entre los hoteles, cruzada por puentes desde los que se ve el agua caer con una fuerza brutal y desde los que llega la bruma a la cara.
Hay un sendero, el Wasserfallweg, que la recorre de arriba abajo por escalones y pasarelas de madera, y que se hace en menos de una hora. Es la mejor manera de entender la topografía imposible de este sitio, porque vas cruzando de un nivel a otro del pueblo mientras el agua baja a tu lado.
Naturaleza salvaje encajada en mitad de arquitectura elegante. No se me ocurre otra forma de describirlo, y no conozco ningún otro sitio en Europa donde ocurra algo parecido.
Cómo llegó a ser lo que fue¶
Bad Gastein debe su existencia a sus aguas termales, que brotan a cuarenta y siete grados y que tienen una particularidad: contienen radón. Desde el siglo XIX se les atribuyeron propiedades curativas para el reumatismo y las afecciones respiratorias, y eso convirtió al pueblo en uno de los destinos termales más exclusivos de Europa.
Aquí veranearon emperadores, aristócratas, escritores y músicos. Aquí venía Francisco José, aquí estuvo Bismarck, y en el Hotel Straubinger se firmó en 1865 el Tratado de Gastein entre Prusia y Austria, uno de esos acuerdos que acaban decidiendo el mapa de Europa. En su momento de esplendor, con aquella acumulación de edificios altos trepando por la ladera, alguien lo bautizó como el Manhattan de los Alpes, y el apodo se quedó.
Y luego llegó la caída. Cambiaron los hábitos del turismo, la cura termal pasó de moda, los grandes hoteles fueron cerrando uno tras otro y durante décadas Bad Gastein fue un lugar extraño: un pueblo de lujo abandonado, con fachadas monumentales tapiadas y salones de baile vacíos detrás de los cristales.
Y el pueblo fantasma de lujo que se está despertando¶
Esa decadencia es exactamente lo que convirtió a Bad Gastein en un imán para artistas, fotógrafos y aficionados a los lugares abandonados. Durante años fue una de las capitales europeas de eso que se llama lost places, con una escena artística instalándose en los edificios vacíos y un festival de arte contemporáneo que llevaba instalaciones a los hoteles cerrados.
Y desde hace pocos años, el pueblo está resucitando. Una empresa inmobiliaria alemana invirtió alrededor de cien millones de euros en rehabilitar el conjunto de edificios de la Straubingerplatz, el centro social histórico del balneario: el Grand Hotel Straubinger reabrió en septiembre de 2023 tras décadas cerrado, y el Badeschloss, que es de 1791 y el más antiguo del conjunto, lo hizo en diciembre del mismo año con un enfoque más joven y contemporáneo. Antes había abierto el hotel de diseño the cōmodo, en el antiguo Habsburgerhof. Y el Grand Hotel de l'Europe, de 1889, lleva tiempo en restauración con vistas a reabrir como hotel de lujo, aunque en estos proyectos las fechas se mueven, así que conviene comprobar el estado actual.
Lo interesante es que la rehabilitación no ha borrado el carácter del sitio. Sigue habiendo edificios cerrados, sigue habiendo esa mezcla de esplendor y abandono, y esa tensión es justamente lo que hace que Bad Gastein sea fascinante en lugar de simplemente bonito.
Qué hacer si vas¶
Lo primero, pasear. El pueblo en sí es la visita: subir y bajar por sus niveles, cruzar los puentes sobre la cascada, mirar las fachadas y asomarse a los portales. Con la luz de la tarde, que es cuando mejor está, es un sitio extraordinariamente fotogénico.
Lo segundo, el agua. Hay dos complejos termales en el valle: la Felsentherme en el propio Bad Gastein, más pequeña y excavada parcialmente en la roca, y la Alpentherme en Bad Hofgastein, más grande y orientada a familias, a un cuarto de hora en autobús. Y para quien busque la experiencia extrema está el Gasteiner Heilstollen, la galería terapéutica excavada en la montaña donde se hacen tratamientos de radón en un ambiente de calor y humedad altísimos, que es un tratamiento médico y no un plan turístico.
Lo tercero, la montaña. El teleférico del Stubnerkogel sube a más de dos mil trescientos metros, donde hay un puente colgante peatonal de unos ciento cuarenta metros de longitud tendido sobre el vacío, además de rutas de senderismo en verano y esquí en invierno. El Graukogel es la otra opción, con bosques de alerces y senderos más tranquilos.
Y si te interesa la arquitectura o la fotografía, dedica un rato simplemente a mirar los edificios. Aquí hay un catálogo de arquitectura hotelera alpina de finales del XIX y principios del XX que no existe con esta concentración en ningún otro sitio.
Cómo llegar y cuánto quedarse¶
Bad Gastein está en el valle de Gastein, al sur del estado de Salzburgo, y tiene algo poco habitual en un pueblo de montaña: estación de tren propia en la línea de los Tauern, con conexiones directas desde Salzburgo en menos de hora y media y desde Viena en unas cuatro. Eso lo convierte en uno de los destinos alpinos más accesibles sin coche de toda Austria.
En coche, está a hora y media larga de Salzburgo. Y una curiosidad práctica: al sur del pueblo, el túnel ferroviario de los Tauern tiene un servicio de tren lanzadera que transporta coches, útil si vas hacia Carintia y no quieres rodear por carretera.
Como parada de paso en una ruta alpina, dos o tres horas bastan para la cascada y el paseo por el pueblo, y encaja bien entre la Großglocknerstraße y la zona de Salzburgo. Como destino, dos o tres noches permiten combinar termas, montaña y arquitectura sin prisa.
Para quién es y para quién no¶
No te va a gustar si buscas el pueblo alpino tradicional de madera y geranios. Para eso están los valles del Tirol, y esto es otra cosa completamente distinta.
Te va a encantar si te interesan la arquitectura, la fotografía, los lugares con historia visible o simplemente los sitios raros. Bad Gastein tiene un encanto melancólico muy particular, esa sensación de estar paseando por el escenario de una época que terminó, con la ventaja añadida de que ahora se puede ver cómo esa época intenta volver.
A mí me pareció una de las paradas más interesantes de todo el viaje por los Alpes austriacos, y probablemente la que menos esperaba que lo fuera.