
Hong Kong en 3 días: el itinerario completo para leer todas las capas de la ciudad
De Victoria Peak a Lantau, de los mercados de Mong Kok al Wisdom Path: tres jornadas para entender la ciudad más alucinante de Asia
Tres días en Hong Kong permiten hacer lo que dos días empiezan pero no terminan: ir más allá del circuito de los grandes miradores y los espectáculos de luces y adentrarse en la ciudad que vive debajo de eso. La Hong Kong de los mercados especializados de Mong Kok donde los residentes compran sus peces dorados, sus flores y sus pájaros. La Hong Kong del litoral natural de Lantau, que parece pertenecer a otra geografía. La Hong Kong del incienso de Man Mo Temple y los dim sum de un cha chaan teng a las ocho de la mañana. Tres jornadas son suficientes para llevar esas imágenes encima y no soltarlas.
Este itinerario está organizado en tres días bien diferenciados: el primero recorre Hong Kong Island de sur a norte, de Central a las alturas del Victoria Peak; el segundo baja al fondo de Kowloon, por los mercados y los barrios que el turismo convencional pasa de largo; el tercero sale del centro, a Lantau o al litoral de Sai Kung, y termina en el paseo de Tsim Sha Tsui con el mejor espectáculo de la ciudad como cierre.
Día 1: Hong Kong Island de arriba a abajo¶
Mañana: Star Ferry y Central
El primer día empieza cruzando la bahía. El Star Ferry desde Tsim Sha Tsui hasta Central —ocho minutos sobre Victoria Harbour con el skyline de Hong Kong Island como destino— es una de esas travesías que no se olvidan. El trayecto cuesta menos de dos dólares de Hong Kong y ofrece la perspectiva de Hong Kong que ningún otro medio de transporte puede igualar: la ciudad entera desplegándose desde el agua, con las torres del distrito financiero emergiendo de la bahía y las colinas verdes detrás. De día tiene una claridad que permite distinguir cada edificio. De noche, cuando se repita el trayecto al final de la jornada, será otra ciudad completamente distinta.
Al llegar a Central, la primera mañana pertenece al barrio y sus alrededores. El distrito financiero de Central —con sus rascacielos conectados por pasarelas peatonales elevadas que permiten moverse entre edificios sin pisar la calle, con el Banco de China de I. M. Pei y sus aristas controvertidas por el feng shui, con el Two International Finance Centre alzándose a 415 metros— es un espectáculo arquitectónico que conviene observar con calma, porque desde la calle la escala desconcierta hasta que los ojos se acostumbran.
Desde Central hacia el oeste, las Mid-Levels Escalators —las escaleras mecánicas cubiertas más largas del mundo, con más de 800 metros de longitud— suben desde Queen's Road Central hasta los barrios residenciales de las laderas. Son un medio de transporte que usan los residentes para bajar al trabajo por la mañana y subir a sus apartamentos por la tarde, y transitarlas da una perspectiva de la escala vertical de Hong Kong que los visitantes que se limitan al nivel del suelo no obtienen.
Mediodía: Sheung Wan y el Templo Man Mo
Hacia el oeste de Central, Sheung Wan es el barrio más auténtico de Hong Kong Island: tiendas de ingredientes secos para la cocina china en calles que huelen a especias y cosas secadas al sol, tiendas de antigüedades en Hollywood Road, y el Templo Man Mo a mitad de esa misma calle.
Man Mo Temple lleva de pie desde 1847 y es uno de los más antiguos de Hong Kong. Las espirales de incienso que cuelgan del techo —grandes conos enrollados que los devotos compran para que sus oraciones ardan durante semanas— crean un ambiente de luz filtrada y aroma denso que ningún otro templo de Hong Kong reproduce. La entrada es gratuita y el interior vale el tiempo. Es uno de esos lugares donde el silencio relativo en medio de la ciudad tiene una cualidad diferente.
Hollywood Road en Sheung Wan tiene las mejores tiendas de antigüedades y arte chino de Hong Kong. No hace falta comprar nada para que el paseo tenga sentido: ver las porcelanas de la dinastía Qing, los muebles de madera oscura, los sellos de piedra y los rollos de caligrafía detrás de los cristales es una forma de entender qué valora la cultura china en términos estéticos.
Para comer, los callejones entre Wellington Street y Graham Street tienen restaurantes locales de dim sum, wonton mee y platos del día a precios de barrio.
Tarde: el Peak Tram y las vistas desde arriba
La tarde del primer día sube. El Peak Tram —el funicular histórico que ha funcionado desde 1888— sube en ocho minutos a lo alto de la colina con esa sensación desconcertante de que los edificios son los que están inclinados: el vagón no está nivelado y asciende a la pendiente de la colina tal cual, lo que hace que los rascacielos vistos por la ventana parezcan inclinados a ángulos absurdos. Es intenso, desconcertante y completamente distinto a cualquier funicular europeo.
En la cima, Victoria Peak: el mirador de Sky Terrace 428 ofrece la vista aérea más completa de Hong Kong. Los rascacielos del distrito financiero que desde la calle parecen enormes aparecen aquí empequeñecidos por la perspectiva, y la extensión de Victoria Harbour con Kowloon al fondo y las islas del mar del Sur de China en el horizonte se despliegan como un mapa en relieve de proporciones que la mente tarda en procesar. Shanghái tiene su skyline de Pudong; Nueva York tiene su Manhattan desde el New Jersey. Hong Kong tiene esto.
Si el tiempo lo permite, parte del Peak Circle Walk —el sendero que bordea el pico— merece una hora de paseo: las vistas cambian de ángulo a medida que se avanza, y en algunos tramos se ve el lado sur de la isla con sus playas y el mar abierto, una perspectiva completamente diferente a la del skyline urbano.
Conviene subir al atardecer, cuando la luz cambia sobre los edificios y las luces empiezan a encenderse. La ciudad iluminándose desde arriba es la versión más completa del espectáculo.
Noche: el Star Ferry de regreso
El regreso en el Star Ferry desde Central hasta Tsim Sha Tsui, con el skyline de Hong Kong Island iluminado al fondo, cierra el día de la única manera posible. Una cena en Tsim Sha Tsui o en cualquier calle lateral de Kowloon —los restaurantes locales de noodles y wonton son mejores y más baratos que los del frente marítimo— y el día tiene el balance correcto.
Día 2: Kowloon a fondo — los mercados y el otro lado¶
Mañana: Mong Kok y los mercados especializados
El segundo día no cruza a Hong Kong Island. Pertenece entero a Kowloon, el lado de la bahía que concentra la vida más auténtica y menos filtrada de la ciudad. Conviene salir temprano para ver Mong Kok antes de que el calor y la multitud de la tarde conviertan las calles en algo más difícil de disfrutar.
Mong Kok tiene la densidad de población más alta de todo Hong Kong, lo que en una ciudad como esta significa algo difícil de visualizar desde fuera. Las calles están siempre llenas, los comercios abren desde las siete de la mañana hasta las dos de la madrugada, y los mercados especializados se suceden a pocas calles de distancia de una manera que no existe en ninguna otra ciudad del mundo.
El Mercado de los Pájaros (Yuen Po Street Bird Garden) es el primero y el más peculiar: una arcada de puestos donde se venden pájaros cantores —paseriformes de todo tipo— en jaulas diminutas elaboradísimas, junto a grillos en cápsulas de plástico, alimento vivo y accesorios que revelan la tradición cantonesa de pasear con el pájaro en su jaula. El ambiente del mercado, con los cantos cruzados de decenas de aves y los propietarios mayores comparando sus pájaros, es completamente diferente a cualquier mercado de animales occidental.
El Mercado de las Flores en Flower Market Road es el más fotogénico: cientos de metros de tiendas con flores cortadas y plantas de todo tipo, donde los colores se acumulan en los puestos hasta crear una saturación visual que hace difícil no detenerse a cada paso. Las flores son parte central de la cultura cantonesa —especialmente en los mercados de Año Nuevo— y la variedad aquí supera cualquier floristería europea.
El Mercado de los Peces Dorados en Tung Choi Street tiene su atractivo en la cantidad y la variedad: cientos de variedades de peces de colores y peces ornamentales nadando en bolsas de plástico transparente, dispuestas en las paredes de los puestos. La escena es surrealista y completamente local: los compradores examinan cada bolsa con la seriedad de quien está tomando una decisión importante.
El Ladies Market en la misma Tung Choi Street, que empieza a montar sus puestos al mediodía, es el mercado callejero más famoso de Hong Kong: ropa, complementos, souvenirs y objetos de todo tipo a precios negociables. La regla es simple: el precio inicial es siempre exagerado, la oferta razonable está en un tercio de lo pedido.
Tarde: Sham Shui Po
Desde Mong Kok, Sham Shui Po al norte es el barrio que el turismo convencional pasa completamente por alto y que los locales frecuentan. Dos manzanas al norte de la estación de metro hay un laberinto de pequeñas tiendas especializadas donde los residents de Hong Kong van a comprar lo que necesitan: componentes electrónicos en cantidades minúsculas en tiendas del tamaño de un armario, telas a precio de fábrica en rollos apilados desde el suelo hasta el techo, tecnología vintage en tiendas donde conviven los ordenadores de los años ochenta con los últimos teléfonos.
La Apliu Street Flea Market es la más caótica y la más interesante: electrónica de segunda mano, herramientas, componentes, objetos sin clasificar claramente posibles. No es un mercado para turistas, sino para gente que sabe lo que busca, y eso lo hace más auténtico que la mayoría de los mercados que aparecen en las guías.
La cocina callejera de Sham Shui Po —los curry fish balls en brocheta, los char siu bao al vapor, los fideos fríos con pasta de sésamo en los puestos sin nombre— es más honesta y más barata que la de cualquier zona turística. Una tarde aquí da una idea del Hong Kong que existe fuera de los circuitos.
Noche: Temple Street Night Market
El Mercado Nocturno de Temple Street en Yau Ma Tei empieza a montar sus puestos a las cuatro de la tarde y alcanza su máxima intensidad cuando cae la noche. El tipo de producto es variado —ropa, souvenirs, electrónica, imitaciones— pero la atmósfera lo diferencia de los mercados diurnos: más oscura, más cargada, con los puestos de adivinos que leen las palmas o predicen el futuro usando el calendario chino, y los cantantes callejeros de ópera cantonesa que montan sus espectáculos improvisados en la calle, con un pequeño público a los lados siguiendo las canciones con la seriedad de quien las conoce de toda la vida.
Los restaurantes de Temple Street son más caros de lo que deberían ser para lo que ofrecen. Los mismos platos a mitad de precio se encuentran a dos o tres calles de distancia. Pero si lo que interesa es el ambiente —los puestos apretados, el ruido, los colores bajo la luz artificial, la mezcla de locales y turistas en la misma escena— Temple Street de noche es uno de los lugares más cinematográficos de toda Asia.
Día 3: más allá del centro¶
El tercer día sale del centro de Hong Kong. Hay dos opciones, igualmente válidas según el interés y el tiempo disponible.
Opción A: Lantau — el Gran Buda y el Monasterio Po Lin
La excursión más completa que Hong Kong ofrece empieza temprano —antes de las nueve— con el metro desde cualquier estación de Kowloon hasta Tung Chung, el extremo de la línea naranja. Cuarenta minutos de trayecto que terminan en una estación al pie de las montañas de Lantau, con el teleférico visible nada más salir.
El teleférico Ngong Ping 360 recorre 5,7 kilómetros en 25 minutos de trayecto sobre el canal que separa Lantau de la isla artificial del aeropuerto y sobre la zona montañosa interior de la isla. Las vistas durante el ascenso son la revelación de la mañana: el mar a un lado, las montañas cubiertas de vegetación al otro, y la silueta del Gran Buda visible varios kilómetros antes de llegar a la estación final. Las cabinas con suelo de cristal no son imprescindibles, pero quien tenga el estómago para ello obtiene una perspectiva diferente.
La estatua del Buda Tian Tan —34 metros de altura, de bronce, terminada en 1993, rodeada de seis estatuas menores de los Devas realizando ofrendas— se levanta sobre una plataforma en lo alto de una colina a la que se llega después de subir 268 escalones. No es un monumento histórico: es una estatua moderna, y sin embargo tiene una presencia en el paisaje que va más allá de su escala. Desde su base, el panorama del entorno natural de Lantau —montañas, mar, el monasterio Po Lin debajo— es de una belleza que contrasta con la urbanidad extrema del Hong Kong que se ha dejado atrás.
El Monasterio Po Lin, fundado en 1906 y el más importante de Hong Kong, está al pie de la colina. Su templo está profusamente decorado con colores vivos, dragones y figuras mitológicas chinas, y las tres estatuas de Buda en bronce del interior representan el pasado, el presente y el futuro. El restaurante vegetariano del monasterio sirve un menú económico con la calidez funcional de la cocina monástica. No es el plato más memorable del viaje, pero tiene su encanto.
La visita al Gran Buda y al monasterio requiere al menos una mañana completa. Con la vuelta en teleférico y metro, el retorno a Kowloon llega a la hora de comer o primeras horas de la tarde.
El Wisdom Path merece una parada si hay energía: una serie de columnas de madera en zigzag con fragmentos del Sutra del Corazón grabados en chino clásico, dispuestas en un paisaje de colinas verdes que tiene muy poco que ver con la Hong Kong urbana. Es sereno, extraño y completamente inesperado.
Opción B: Sai Kung y Wan Chai
Para quien prefiera explorar más cerca del centro, el tercer día puede dividirse entre el litoral natural de Sai Kung por la mañana y el barrio creativo de Wan Chai por la tarde.
Sai Kung, en los Nuevos Territorios, demuestra que Hong Kong no es solo concreto y rascacielos. El Parque Natural de Sai Kung protege una costa recortada de bahías turquesa, playas de arena y senderos de montaña que podrían pertenecer a cualquier región costera mediterránea. Es accesible desde el centro en menos de una hora en transporte público —metro hasta Diamond Hill, luego minibús— y la diferencia entre estar caminando por una bahía silenciosa en Sai Kung y estar en el Tsim Sha Tsui Promenade es difícil de creer que se produzca en la misma ciudad.
Wan Chai, en Hong Kong Island, es el barrio que mejor equilibra lo histórico y lo contemporáneo en la isla. El Wan Chai Market, con su arquitectura art déco de los años treinta y su interior lleno de puestos de pescado fresco, aves y verduras, es uno de los mercados más fotogénicos de la ciudad. Las galerías de arte, los bares de barrio y los edificios de los años cincuenta y sesenta que todavía no han sido demolidos le dan un carácter que los barrios más modernos de la isla han perdido.
Noche: Symphony of Lights desde el Tsim Sha Tsui Promenade
Independientemente de la opción elegida para el día, el cierre del tercer día —y del viaje— no puede ser otro que volver al Tsim Sha Tsui Promenade para ver el Symphony of Lights a las ocho de la noche.
El espectáculo de luz y sonido que coordina más de cuarenta edificios de ambas orillas durante quince minutos ha sido catalogado como el mayor del mundo de su tipo por el libro Guinness de los Récords. Más de cuarenta edificios de ambas orillas del puerto coordinan juegos de luces, proyecciones láser y efectos en sus fachadas al ritmo de una música especialmente compuesta.
Lo que no transmiten las fotografías —y ninguna lo transmite del todo bien— es la escala. El skyline de Hong Kong Island no es comparable con el de ninguna otra ciudad del mundo en términos de densidad y altura. Verlo iluminarse al completo al ritmo de la música, con el agua de la bahía reflejando los colores, es una de esas experiencias que justifican cualquier esfuerzo para llegar hasta aquí. Es algo que tiene que vivirse, que emociona, que sobrecoge y que sorprende. Y hay poquísimos sitios en el mundo que logren hacer todo eso a la vez.
Información práctica para tres días¶
Transporte: La tarjeta Octopus —recargable, sin contacto— funciona en el metro, los autobuses, el Star Ferry, el tranvía y la mayoría de tiendas de conveniencia. Vale la pena comprarla en el aeropuerto al llegar. Un día completo de transporte público en Hong Kong no supera los cuarenta o cincuenta dólares de HKD.
Peak Tram: Conviene comprar los billetes online para evitar las colas más largas, especialmente en fin de semana y temporada alta. El primer tram de la mañana tiene menos espera.
Teleférico de Lantau: Las colas en días de alta afluencia pueden ser largas. Conviene comprar los billetes online o en la estación antes de la hora punta. Las cabinas panorámicas con suelo de cristal tienen sobrecargo.
Clima: Hong Kong es cálido y húmedo prácticamente todo el año. Los meses más agradables son de octubre a diciembre, cuando las temperaturas oscilan entre 20 y 28 grados. El verano es caluroso, muy húmedo y temporada de tifones. Los interiores —hoteles, centros comerciales, restaurantes— están fuertemente climatizados: una capa fina para el interior evita el contraste térmico.
Idioma: El cantonés es la lengua principal, pero el inglés está ampliamente extendido como herencia colonial. La señalización pública es bilingüe. Con inglés se puede desenvolver sin problemas en prácticamente todos los contextos.
Moneda: El dólar de Hong Kong (HKD). Las casas de cambio del barrio de Mong Kok y el People's Park Complex en Yau Ma Tei ofrecen los mejores tipos de cambio de la ciudad. No es necesario cambiar todo el dinero al llegar: los cajeros automáticos dan HKD en todas partes.
Comer: Los restaurantes locales de Kowloon y los callejones de Central son la opción más económica y de mayor calidad. Un principio que funciona siempre: alejarse un par de calles de los paseos marítimos y los circuitos turísticos reduce el precio de manera significativa. Los cha chaan teng —los cafés de barrio de estilo hongkonés, con su mezcla de influencias chinas y británicas— sirven desayunos de huevo y tostadas y café con leche condensada que son uno de los argumentos más concretos a favor de viajar hasta aquí.