
Macao en 1 día: Patrimonio UNESCO y Las Vegas de Asia en la misma ciudad
Las Ruinas de São Paulo, el templo A-Má, el Largo do Senado y los casinos más grandes del mundo
Macao es una anomalía histórica con mucho encanto. Una pequeña península y dos islas frente a la costa sur de China que durante 442 años —de 1557 a 1999— fue colonia portuguesa, y que conserva hoy, como Región Administrativa Especial de China, un legado que no existe en ningún otro lugar de Asia: calles con nombre en portugués, iglesias barrocas, pavimentos de calçada en blanco y negro, pastéis de nata en las pastelerías y un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que convive con los casinos más grandes del mundo.
La dualidad es lo que define a Macao: el peso de la historia colonial y la escala desmesurada de la industria del juego, que desde 2006 supera en ingresos a Las Vegas y ha convertido esta pequeña ciudad en el primer centro mundial del juego. Un día es suficiente para entender las dos caras.
Cómo llegar desde Hong Kong¶
La mayoría de los visitantes de Macao llegan desde Hong Kong, a menos de sesenta kilómetros al este. La conexión es frecuente y rápida: el ferry de alta velocidad hace el trayecto en poco más de una hora, con salidas frecuentes desde los puertos de Sheung Wan y Tsim Sha Tsui. Los billetes se compran en los propios terminales o con antelación por internet.
Desde 2018, el Puente Hong Kong-Zhuhai-Macao —el puente marítimo más largo del mundo, con 55 kilómetros— también conecta físicamente Macao con Hong Kong, aunque para los viajeros que no tienen vehículo propio el ferry sigue siendo la opción más cómoda.
El ferry llega a la Terminal de Pasajeros Exterior de Macao, en la punta norte de la península. Desde allí, los autobuses y los taxis del casino llevan al casco histórico en menos de quince minutos. Muchos casinos ofrecen servicios de traslado gratuito desde el puerto, aunque usarlos implica pasar por el casino antes de llegar a ningún otro sitio.
Las Ruinas de São Paulo: la fachada que sobrevivió al incendio¶
El símbolo por excelencia de Macao es también el punto de partida natural de cualquier visita: las Ruinas de São Paulo, lo que queda de la Iglesia de la Madre de Dios tras el incendio de 1835 que destruyó todo menos la fachada y la escalinata.
Pero esa fachada sola —cinco pisos de piedra tallada con un programa iconográfico que mezcla el catolicismo con motivos japoneses y chinos— es suficiente argumento para venir. Fue construida en 1602 por jesuitas con la ayuda de artesanos japoneses exiliados en Macao, lo que explica la síntesis cultural única que contiene: símbolos del catolicismo interpretados por manos y ojos formados en la estética japonesa del período Momoyama, todo ello en el contexto de una ciudad donde portugueses, chinos y japoneses llevaban décadas conviviendo.
Los detalles merecen tiempo. En el tercer nivel, un galeón portugués enfrenta a un demonio en una composición que celebra las victorias de las misiones jesuitas en Asia. En el cuarto, el Espíritu Santo en forma de paloma flanqueado por el sol y la luna. En lo alto, una estatua de bronce de Nuestra Señora en posición central. Todo el conjunto parece obra de alguien que no estaba del todo seguro de qué religión estaba representando, y esa ambigüedad cultural lo hace todavía más fascinante que una fachada jesuita convencional.
Por la parte trasera de las ruinas, las criptas parcialmente excavadas están protegidas con cristal que permite verlas desde arriba. Un pequeño mirador al que da acceso la escalinata interior ofrece vistas sobre los tejados del casco histórico y, al fondo, los rascacielos de los casinos: el resumen visual del dualismo de Macao en una sola imagen.
La Fortaleza do Monte y el Museo de Macao¶
Inmediatamente al este de las Ruinas de São Paulo, la Fortaleza do Monte es el fuerte militar más importante que los portugueses construyeron en Macao. Sus cañones —que apuntan hacia lo que hoy son los casinos— se conservan en buen estado en las murallas del siglo XVII, y la perspectiva desde arriba es una de las mejores de la ciudad: el casco histórico con sus edificios coloniales en primer plano, los rascacielos al fondo, el mar visible entre los bloques de hormigón.
El contraste entre los cañones del siglo XVII y el Grand Lisboa en el horizonte funciona como el resumen más eficiente de toda la historia de Macao. Un lugar que fue construido como fortaleza defensiva del comercio de las especias mirando hacia unos edificios que representan el negocio más lucrativo del mundo en el siglo XXI.
El Museo de Macao, instalado en los cuarteles de la fortaleza, tiene colecciones sobre la historia de la ciudad y el proceso de mezcla cultural entre portugueses y chinos: es uno de los museos mejor diseñados de Macao y merece una hora si se tiene interés en la historia local.
El Templo de A-Má: donde nació el nombre¶
El Templo de A-Má es el más antiguo de Macao, fundado en 1488 durante la dinastía Ming para venerar a Mazu, la diosa del mar que protege a los pescadores. Según la tradición, cuando los primeros marineros portugueses llegaron a la costa y preguntaron el nombre del lugar, los pescadores respondieron «A-Má Gao» —la bahía de A-Má—, que los portugueses transcribieron como «Macao». El lugar donde se pronunció ese nombre es hoy el templo más cargado de historia de la ciudad.
El templo está integrado en la ladera de una colina, con los diferentes pabellones y altares sucediéndose en niveles conectados por senderos de piedra. Lo que lo hace singular es la autenticidad: a diferencia de los templos creados para el turismo, A-Má es un lugar de culto activo donde los devotos hacen ofrendas y oran con una concentración que no tiene nada de performativa.
Las letras talladas directamente en la roca —inscripciones en chino grabadas en la piedra viva de la colina— son uno de los elementos más insólitos del conjunto. Junto con las pequeñas zonas de oración excavadas en las propias paredes de la montaña, crean un paisaje religioso que se funde con la geología del lugar de una manera que ningún templo construido sobre terreno llano puede reproducir.
El templo está en el extremo sur de la península de Macao, en la zona de la Baia da Praia Grande. Desde las ruinas de São Paulo el trayecto es de unos veinte minutos caminando, pasando por el Largo do Senado.
El Largo do Senado: el corazón del casco histórico¶
La Plaza del Senado —Largo do Senado en portugués— es el centro del casco histórico y el punto donde la herencia portuguesa es más evidente: el pavimento de calçada en ondulaciones de piedra blanca y negra, los edificios de colores pastel con fachadas neoclásicas, el edificio del Leal Senado con su azul y blanco muy lisboeta. Todo el conjunto podría pertenecer a un barrio del centro de Lisboa si no fuera por los caracteres chinos en los carteles y las figuras budistas que asoman en algunos templos de las calles adyacentes.
El Largo do Senado es el punto de partida natural para recorrer el casco histórico. Las callejuelas que salen de él llevan a la Iglesia de São Domingos —una de las más fotografiadas de Macao por su fachada de color crema y verde pastel, fundada en el siglo XVI por dominicos que llegaron desde México—, al Mercado de São Domingos con sus puestos de comida y souvenirs, y hacia el norte a las Ruinas de São Paulo.
La gastronomía del Largo do Senado merece una parada: los pastéis de nata de Macao son ligeramente diferentes a los lisboetas —la crema más líquida, el hojaldre más fino— y se sirven calientes en las pastelerías del barrio. La galinha à portuguesa —pollo con cúrcuma, leche de coco y patatas, síntesis perfecta de las dos cocinas— es el plato más representativo de la cocina lusoasiática local.
Los casinos: la cara que Macao no esconde¶
Cualquier itinerario en Macao que ignore los casinos estaría mintiendo por omisión. Desde 2006, Macao es el primer centro del juego del mundo por ingresos, superando a Las Vegas por un margen que se amplía cada año. Los grandes casinos del Cotai Strip —la franja de tierra ganada al mar entre las islas de Taipa y Coloane— son tan enormes que se convierten inevitablemente en atracciones aunque no se entre a jugar.
El Grand Lisboa es el más icónico del casco central: 258 metros de altura, una forma que recuerda a una flor de loto o a una bola de discoteca futurista, con miles de luces LED que por la noche crean patrones animados en su fachada. Es arquitectónicamente delirante e imposible de ignorar desde casi cualquier punto de la ciudad histórica. El casino tiene fama de concentrar a los apostadores de mayor nivel de Macao, y su interior —aunque solo sea para ver— tiene una mezcla de opulencia y tensión difícil de encontrar en otro lugar.
El Venetian Macao en el Cotai Strip es otro mundo: una réplica a gran escala de los edificios de Venecia, con un canal interior, góndolas y un cielo pintado en el techo, encerrado en 546.000 metros cuadrados que lo convierten en uno de los edificios más grandes del mundo. Más grande que el Venetian de Las Vegas. La experiencia de recorrerlo —los centros comerciales, los restaurantes, el ambiente de película de ciencia ficción camp— tiene su valor como rareza arquitectónica independientemente de la opinión que genere el concepto.
La entrada a ambos es libre. No es necesario apostar para visitarlos, y la observación del ambiente —los jugadores de mahjong, los grupos de turistas chinos fotografiándolo todo, los dealers en sus trajes uniformes— tiene su interés documental.
El Patrimonio UNESCO y la singularidad de Macao¶
El casco histórico de Macao fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005 bajo el nombre de «Centro histórico de Macao». El conjunto incluye 25 puntos concretos: las ruinas de São Paulo, las iglesias, los templos, la fortaleza, la plaza del senado y los edificios civiles coloniales que los rodean. Es el único conjunto urbano de la China meridional que conserva este tipo de herencia arquitectónica europea integrada con la historia local.
Lo que hace singulares a las ruinas de São Paulo, al templo de A-Má y al Largo do Senado no es que sean monumentos excepcionales en el sentido convencional —hay iglesias barrocas más espectaculares en Portugal y templos más imponentes en China. Lo que los hace excepcionales es que son el resultado de cuatro siglos de coexistencia forzada y genuina entre culturas que en ningún otro lugar del mundo se mezclaron de esta manera. La fachada de São Paulo, con su malabarismo entre el catolicismo y la estética japonesa, no podría haberse producido en Lisboa ni en Kioto: solo en Macao, donde esas dos culturas coincidieron en el mismo espacio durante suficiente tiempo.
Esa singularidad histórica es la que hace que un día en Macao —incluso para alguien que no es especialmente aficionado ni a los monumentos coloniales ni a los casinos— resulte una experiencia que no tiene equivalente en ningún otro lugar de Asia.
Información práctica¶
Ferry desde Hong Kong: el servicio opera desde el Puerto de Sheung Wan (isla de Hong Kong) y desde el Puerto de Tsim Sha Tsui (Kowloon). La duración es de aproximadamente una hora. Las compañías Cotai Water Jet y TurboJET tienen el mayor número de frecuencias. Es recomendable reservar el billete de regreso con antelación para los horarios de última tarde y noche.
Entrada a Macao: los ciudadanos con pasaporte europeo pueden entrar a Macao sin visado por un período de hasta 90 días. El control de fronteras en el puerto tarda habitualmente entre diez y veinte minutos.
Moneda: el pataca macaense (MOP) es la moneda oficial, aunque el dólar de Hong Kong se acepta en la mayoría de los establecimientos. Las tarjetas de crédito funcionan en los hoteles y casinos; en los establecimientos del casco histórico es recomendable llevar efectivo.
El casco histórico: todos los monumentos del Patrimonio UNESCO son visitables a pie desde el Largo do Senado. El Templo de A-Má está a veinte minutos caminando. La Fortaleza do Monte y las Ruinas de São Paulo están a cinco minutos entre sí. Hay taxis disponibles en toda la ciudad.
Los casinos: el traslado gratuito en autobús desde el puerto al casino es una opción que ofrecen prácticamente todos los grandes establecimientos. Useful para llegar, aunque implica pasar por el casino antes de ir a ningún otro sitio. Para el Cotai Strip, los autobuses del casino hacen el trayecto desde el centro en unos veinte minutos.