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Una for roja en primer plano sobre un campo verde desenfocado al fondo

Destinos · España · Barcelona

Excursiones desde Barcelona: los mejores viajes de un día en Cataluña

Montserrat, Sitges, Tarragona, Girona, el Penedès y la Costa Brava: seis motivos para salir de la ciudad

Lectura de 11 minutos

Barcelona tiene la capacidad de absorber al viajero durante semanas sin que sienta que le falta nada. Pero Cataluña es mucho más que la capital, y la combinación de las comunicaciones de alta velocidad que parten de Sants o Passeig de Gràcia con la variedad de paisajes y patrimonio que tiene el entorno hace que salir un día de la ciudad sea siempre una decisión que merece la pena.

En un radio de menos de dos horas de Barcelona hay un macizo de roca imposible con un monasterio medieval, las ruinas romanas más espectaculares de la Península sobre el mar, la ciudad de Dalí y el modernismo catalán, la capital del cava, una ciudad medieval con escalinata y los acantilados de la Costa Brava. Son destinos que complementan Barcelona en lugar de competir con ella, porque ofrecen exactamente lo que la ciudad no puede dar: silencio, paisaje, escala humana y el Mediterráneo sin grúas de construcción.

Montserrat: la montaña imposible y el monasterio

Montserrat está a una hora de Barcelona y es la excursión más popular del entorno de la ciudad, lo que significa que en temporada alta hay que madrugar o resignarse a las colas. Pero la popularidad es merecida: el macizo de Montserrat —la montaña formada por conglomerado de roca que los siglos han modelado en una colección de agujas y pináculos que parecen esculpidos deliberadamente— es uno de los paisajes geológicos más extraordinarios de España.

La forma más cómoda de llegar es el tren de los FGC desde la estación de Plaça Espanya en Barcelona, que en 50 minutos llega a Monistrol de Montserrat. Desde allí, el cremallera —el tren de cremallera que sube en 20 minutos por una pendiente de vértigo— deposita al visitante en la zona del monasterio. En temporada se puede elegir también el teleférico desde Aeri de Montserrat, con unas vistas del macizo durante el ascenso que el cremallera no puede igualar.

El Monasterio de Santa María de Montserrat es una abadía benedictina activa con más de mil años de historia. Su devoción central es la Moreneta —la Virgen de Montserrat, una talla románica del siglo XII en madera policromada que tiene la característica oscuración que le da el nombre— que es la patrona de Cataluña. La cola para besar o tocar la imagen puede ser larga, pero el acceso a la basilica y la capilla que alberga la talla es gratuito y el ambiente de peregrinación activa da a la visita una dimensión que los monumentos desacralizados no tienen.

La leyenda del Grial sitúa en Montserrat el castillo donde la reliquia estuvo guardada. Wagner usó esa tradición para su ópera Parsifal, y la conexión entre la geografía catalana del macizo y el misticismo artúrico tiene una verosimilitud visual que cualquiera que vea las agujas de roca desde abajo puede entender: hay algo en esa montaña que sugiere que podría albergar secretos.

Las rutas de senderismo que parten del monasterio permiten alejarse de las multitudes en pocos minutos. El camino de Sant Joan, que sube en 20 minutos hasta la ermita en lo alto, ofrece vistas del macizo desde arriba y del llano catalán hasta el Mediterráneo en los días claros. El camino de Santa Cova, que baja hasta la capilla donde según la tradición fue encontrada la talla de la Virgen, es más corto y más transitado pero igualmente hermoso.

Sitges: el pueblo más chic de la Costa Garraf

Sitges está a 40 minutos de Barcelona en el tren de cercanías R2 Sur desde Sants, y es la alternativa costera más sofisticada del área metropolitana de Barcelona. Tiene playas buenas —una docena de ellas encadenadas a lo largo del litoral— un casco antiguo coherente con la iglesia de Sant Bartomeu i Santa Tecla sobre el promontorio, y una tradición de tolerancia y apertura que se remonta al siglo XIX, cuando fue el refugio de artistas e intelectuales que el ambiente más conservador de Barcelona no podía tolerar.

El modernista Santiago Rusiñol vivió y murió en Sitges, y su casa-museo el Cau Ferrat —hoy restaurada tras años de obras— alberga una colección de arte que incluye obras de El Greco adquiridas por Rusiñol y su colección de objetos de hierro forjado que da nombre al lugar. Junto al Cau Ferrat, el Museu Maricel completa la visita con arte medieval y barroco catalán en un edificio de arquitectura modernista sobre el mar.

El Carnaval de Sitges es el más espectacular de Cataluña y uno de los más importantes del Mediterráneo. Durante los días de carnaval —normalmente en febrero— el pueblo recibe cientos de miles de visitantes para un desfile que mezcla el humor, la extravagancia y la creatividad con una energía que transforma completamente la escala habitual de un pueblo de 30.000 habitantes. Los carros alegóricos, las comparsas y los disfraces individuales tienen un nivel de elaboración que ha convertido el Carnaval de Sitges en un evento de referencia internacional.

Fuera de las fechas de carnaval y del verano más masificado, Sitges en primavera u otoño es un lugar de una elegancia tranquila que la hace ideal para una excursión de medio día con paseo, comida de pescado y tarde de playa o museo.

Tarragona: el anfiteatro sobre el Mediterráneo

Tarragona está a 1 hora de Barcelona en el AVE —el tren de alta velocidad tarda entre 35 y 50 minutos según el servicio— y es la ciudad romana más importante de España junto a Mérida. Tarraco, la capital de la Hispania Citerior, fue una de las ciudades más grandes del Imperio Romano en la Península, con un anfiteatro, un circo, un foro, un teatro y una muralla que siguen siendo visibles con asombrosa claridad dos mil años después.

El Anfiteatro de Tarragona es el argumento más fotogénico: construido directamente sobre el acantilado con el Mediterráneo como fondo escénico, sus gradas de piedra en semicírculo sobre el mar crean una composición que ninguna reconstrucción virtual puede igualar. En el siglo V fue transformado en basílica cristiana —los primeros obispos de Tarragona fueron los mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio, quemados en la arena del anfiteatro en el año 259— y los restos de la basílica conviven con las estructuras romanas en una superposición que es el resumen visual de mil años de historia.

El Passeig Arqueològic, el recorrido a lo largo de las murallas romanas que rodean el casco histórico, tiene tramos que conservan sillares de época republicana del siglo II a.C. entre la muralla romana y la medieval construida encima. La caminata por la parte superior de las murallas, con vistas al mar por un lado y a la ciudad por otro, es la forma más efectiva de entender las dimensiones de Tarraco en su momento de mayor esplendor.

La Catedral de Tarragona, un edificio romano-gótico del siglo XII comenzado sobre el foro provincial romano, tiene un claustro con capiteles medievales de una calidad escultórica excepcional y un ábside románico que convive con añadidos góticos en la fachada.

Tarragona es también la puerta al Penedès y el Priorat. La Denominación de Origen Priorat, a menos de una hora en coche, produce algunos de los vinos tintos más potentes y cotizados de España en un paisaje de viñedos en terrazas sobre pizarra licorella que es uno de los más dramáticos de Cataluña.

El Penedès y sus cavas: donde nace la burbuja

El Penedès está a 45 minutos de Barcelona —Sant Sadurní d'Anoia en el tren de los FGC desde Plaça Espanya— y produce el 95% del cava español. Sant Sadurní d'Anoia es la capital indiscutible: las dos bodegas más grandes y reconocibles del mundo del cava, Codorníu y Freixenet, están aquí a menos de un kilómetro entre sí, y las dos ofrecen visitas que incluyen el recorrido por las cavas subterráneas y la degustación.

Codorníu tiene las cavas más antiguas y el edificio más arquitectónicamente relevante: el complejo proyectado por el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch a finales del siglo XIX y declarado Monumento Nacional, con su nave central de arcos de ladrillo visto que recuerdan más a una catedral gótica que a una bodega industrial. Las visitas incluyen el recorrido por los 30 kilómetros de galerías subterráneas donde el cava fermenta en botella a temperatura constante.

Freixenet es más reciente pero tiene una marca más internacionalizada y sus visitas son igualmente bien organizadas. La diferencia entre ambas no es de calidad sino de estilo: Codorníu tiende al cava de larguísima crianza y perfil oxidativo, Freixenet a los frescos y frutales.

Vilafranca del Penedès, a 10 minutos en tren de Sant Sadurní, tiene el Vinseum —el Museo de las Culturas del Vino de Cataluña— con una colección que documenta la viticultura catalana desde la prehistoria hasta el presente, y un mercado semanal con productos del Penedès que es el contrapeso gastronómico al turismo de bodegas.

Girona: la ciudad medieval en 38 minutos de AVE

Girona está a 38 minutos de Barcelona en el AVE de alta velocidad desde la estación de Sants, y es la excursión más fácil logísticamente desde Barcelona: el tren te deposita en el centro de la ciudad y todo lo que hay que ver está a pie.

El Barri Vell de Girona es uno de los centros históricos medievales mejor conservados de Cataluña. El Call —la judería medieval, una de las pocas que se conserva con su estructura de calles prácticamente intacta en España— tiene sus casas apretadas, sus callejuelas estrechas sin salida y el Museu d'Història dels Jueus que documenta la historia de la comunidad judía de Girona desde el siglo IX hasta la expulsión de 1492.

Los Banys Àrabs, construidos en el siglo XII siguiendo el modelo de los baños romanos, son los más completos y mejor conservados de España: la sala de reposo con su linterna central sobre columnas, la sala templada y la sala caliente están casi intactas y dan una idea clara de cómo funcionaba un hammam medieval.

La Catedral de Girona tiene la nave gótica más ancha del mundo —23 metros— y la escalinata que sube a su fachada barroca desde la plaza es una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad. El claustro románico y el tesoro catedralicio, con el Tapís de la Creació —un tapiz bordado del siglo XI con una representación de la Creación del mundo que es una de las obras de arte medieval más importantes de Cataluña— completan la visita.

Girona fue escenario de varias temporadas de Juego de Tronos —las calles del Call y los arcos de los pasillos sobre el río Onyar aparecen como Braavos en las temporadas 5 y 6— y ese turismo ha multiplicado las visitas en los últimos años. El fenómeno tiene la consecuencia habitual: más turistas y más restaurantes orientados a ellos, pero también más restaurantes de calidad general. El grupo de restaurantes de los hermanos Roca —El Celler de Can Roca, tres estrellas Michelin y durante varios años considerado el mejor restaurante del mundo— tiene su sede aquí, lo que ha elevado toda la oferta gastronómica de la ciudad.

La Costa Brava: Dalí, acantilados y el Camí de Ronda

La Costa Brava —el tramo de costa entre Blanes y la frontera francesa, con sus calas de agua transparente entre acantilados de granito y pino mediterráneo— está más lejos de Barcelona que los destinos anteriores pero merece la mención porque tiene una personalidad que ningún otro tramo de costa española puede reproducir.

Cadaqués es el destino de mayor carácter de la Costa Brava: un pueblo blanco en el extremo de la peninsula del Cap de Creus, accesible en dos horas desde Barcelona por autobús (no hay tren), con una arquitectura de casas encaladas agrupadas sobre la bahía que Salvador Dalí eligió como residencia permanente. La Casa-Museu Salvador Dalí en Port Lligat, a un kilómetro del centro de Cadaqués, es donde el pintor vivió y trabajó durante décadas con Gala: un edificio que fue creciendo orgánicamente con cisnes disecados, laberinto de espacios y referencias surrealistas que es la obra de arquitectura más extravagante y más coherente con el carácter de Dalí que existe. La visita requiere reserva previa y tiene aforo muy limitado.

El Camí de Ronda —el sendero costero que recorre en tramos la Costa Brava entre calas, acantilados y pinos— permite acceder a partes de la costa que no tienen carretera. Los tramos más accesibles y más espectaculares están alrededor de Begur, Palafrugell y Tossa de Mar. Tossa de Mar, con su Vila Vella medieval amurallada sobre el promontorio y su playa protegida por las murallas del siglo XII, es el tramo de Costa Brava más fácilmente accesible desde Barcelona en bus.

La excursión a la Costa Brava funciona mejor con coche propio o como parte de una estancia más larga. Como viaje de un día desde Barcelona, Cadaqués o Tossa en autobús son las opciones más viables, pero requieren salir temprano y regresar tarde. La distancia y el tiempo de transporte se compensan con creces cuando se llega y se ve lo que hay: la Costa Brava en los tramos menos masificados es una de las costas más hermosas del Mediterráneo occidental.