
San Sebastián en 2 días: Igueldo, el Antiguo, Gros y la ciudad con más estrellas Michelin del mundo
El segundo día en Donosti: el Peine del Viento de Chillida, el parque de atracciones del Igueldo, el Aquarium y por qué esta ciudad come mejor que ninguna otra
El primer día en San Sebastián tiene una lógica clara: La Concha por la mañana, Monte Urgull, la Parte Vieja al mediodía, el Kursaal al atardecer. Es el día que te presenta la ciudad en sus mejores argumentos visuales y gastronómicos. Pero hay un segundo día en Donosti que va más al fondo, que descubre la ciudad que está detrás de la postal perfecta de la bahía.
El segundo día es el barrio del Antiguo con el Peine del Viento, el funicular al Monte Igueldo, el Aquarium en el puerto, el barrio de Gros con su playa de surf y la pregunta que cualquier aficionado a comer bien acaba haciendo: ¿por qué San Sebastián tiene más estrellas Michelin por habitante que ninguna otra ciudad del mundo? La respuesta no está en los restaurantes de lujo —aunque hay que mencionarlos— sino en algo más profundo que tiene que ver con cómo esta ciudad ha convertido comer bien en práctica colectiva e identidad cultural.
La mañana: el barrio del Antiguo y el Peine del Viento¶
El barrio del Antiguo está en el extremo occidental de San Sebastián, más allá de donde termina el Paseo de La Concha. Es el barrio histórico que existía antes de que la ciudad creciera hacia el ensanche, y que hoy es uno de los más tranquilos y residenciales de Donosti. La mañana aquí tiene una calidad diferente a la de la Parte Vieja: menos bares, más panaderías y cafés de barrio, una vida cotidiana que no se organiza alrededor del turismo.
La razón principal de llegar hasta el Antiguo es la playa de Ondarreta y, al final de ella, las esculturas de El Peine del Viento de Eduardo Chillida. Ondarreta es la playa que está más allá de La Concha, separada de ella por el promontorio del Palacio de Miramar —la residencia veraniega de la familia real española a finales del siglo XIX, hoy propiedad del Ayuntamiento y abierta como parque— y tiene un carácter más íntimo que su vecina. Menos turística, más frecuentada por los donostiarras que viven en los barrios del oeste.
Las tres esculturas de acero corten que Eduardo Chillida ancló en las rocas de la punta de Ondarreta en 1977 son el argumento escultórico más impresionante de San Sebastián, y uno de los más poderosos de toda la escultura española del siglo XX. El Peine del Viento no es una escultura en el sentido convencional de un objeto que se contempla: es una intervención en el territorio, una conversación entre el acero y el mar que solo puede entenderse estando allí, con las olas rompiendo sobre las rocas y el viento del Cantábrico —que Chillida llamaba "la materia invisible"— entrando por los brazos abiertos de las piezas.
Los tres elementos —llamados Peine del Viento I, II y III, aunque popularmente se habla de ellos como un conjunto— tienen cada uno una relación diferente con el espacio que los rodea: los que están anclados en la roca baja casi a nivel del agua tienen una brutalidad física que no tiene el tercero, el que está más alto. En los días de temporal —que en el Cantábrico son muchos, y el punto de las esculturas es especialmente expuesto— el mar cubre parcialmente las piezas más bajas y el espectáculo es de los que no se olvidan.
Chillida era donostiarra. Nacido en San Sebastián en 1924, vivió y trabajó aquí la mayor parte de su vida hasta su muerte en 2002. Su relación con el paisaje del Cantábrico, con el hierro y el acero, con el concepto del espacio como materia principal de la escultura, está inscrita en el territorio de esta ciudad de una manera que no tiene equivalente en ninguna otra parte. El Chillida Leku —el museo en el que Chillida instaló sus grandes esculturas en un caserío con jardines en Hernani, a 10 km de San Sebastián— es otro destino para quien quiera profundizar, pero requiere transporte propio o un taxi.
El funicular del Monte Igueldo¶
Desde la punta de Ondarreta, la opción siguiente es el funicular del Monte Igueldo. La estación inferior está a pocos minutos caminando desde las esculturas de Chillida, y el funicular —inaugurado en 1912, uno de los más antiguos de España todavía en funcionamiento— sube en poco más de tres minutos hasta la cima del monte que cierra la bahía de La Concha por el oeste.
El Monte Igueldo tiene en su cima una de las cosas más insólitas de todo el norte de España: un parque de atracciones vintage que lleva funcionando desde 1912 con las atracciones que fueron añadiéndose a lo largo del siglo XX y que nunca han sido sustituidas por versiones modernas. La montaña rusa de madera, los coches de choque de los años cincuenta, el tren de la bruja y el resto de las atracciones tienen esa pátina del tiempo que ningún parque temático nuevo puede fabricar. No es un lugar para buscar adrenalina: es un lugar para entender cómo se divertía la burguesía donostiarra hace cien años, y para apreciar que ese modelo de entretenimiento familiar sencillo tiene una dignidad que los parques modernos no alcanzan.
Pero la razón fundamental de subir al Igueldo, más allá del parque, son las vistas. Desde la cima del Igueldo se ve lo que no puede verse desde el Monte Urgull: la bahía de La Concha desde el extremo opuesto, con la playa describiendo su curva perfecta, el Urgull cerrando el otro extremo, la isla de Santa Clara en el centro, el Kursaal al fondo y, al noroeste, el Cantábrico abierto hasta el horizonte. Es la vista más completa de San Sebastián que existe, y la que mejor permite entender por qué esta bahía aparece en casi todas las listas de las más hermosas del mundo.
Si el día es despejado —y en Donosti los días despejados son una bendición que se celebra, porque la lluvia es compañía habitual— las vistas del Igueldo tienen una claridad que permite ver incluso la costa francesa hacia el este. La Torre del Igueldo, el faro que corona el monte, está abierta al público y añade algunos metros más de altura a la perspectiva.
El Aquarium de San Sebastián¶
Bajando del Igueldo y volviendo hacia el centro, el siguiente destino es el Aquarium de San Sebastián, instalado en el edificio histórico del puerto. El edificio original data de 1928 y la exposición permanente fue renovada completamente en 1998 para convertirse en uno de los mejores acuarios de España.
La exposición cuenta la historia del mar en el País Vasco: la pesca de ballenas que los vascos practicaron en el Atlántico Norte desde la Edad Media —llegando a Terranova y Labrador antes de que Colón "descubriera" América, con la lengua vasca dejando rastros en el vocabulario de los indígenas canadienses— las rutas comerciales, el Cantábrico en sus capas ecológicas desde la zona intermareal hasta las profundidades. El túnel submarino que cruza el tanque principal, con los tiburones y las rayas pasando por encima, funciona con la misma potencia que tiene en todos los acuarios que usan este formato.
Para los viajeros con niños, el Aquarium es una de las visitas más recomendables de San Sebastián. Para los viajeros sin niños, sigue siendo una parada worth it, especialmente por la sección histórica de la pesca vasca, que es excepcional.
El barrio de Gros y la playa de Zurriola¶
El barrio de Gros —al otro lado del río Urumea del centro histórico— es el más joven y más alternativo de San Sebastián, y la playa de Zurriola que lo bordea es su definición visual más clara. Orientada al noroeste, sin el abrigo natural que le da el Monte Urgull a La Concha, Zurriola recibe el oleaje del Cantábrico directamente y tiene un carácter completamente diferente al de su vecina.
Zurriola es una playa de surf en un sentido real: no una playa donde los turistas alquilan tablas para una foto, sino una playa donde los surfers de San Sebastián se meten al agua en cualquier mes del año, con cualquier tiempo, porque las condiciones del oleaje cantábrico en esta orientación son genuinamente buenas. El surf llegó al País Vasco en los años sesenta —los primeros surfers vascos aprendieron en Mundaka y Zarautz, pero Zurriola ha creado su propia comunidad— y hoy Zurriola tiene en el agua surfers de todos los niveles con las tablas de colores contra el gris del Cantábrico. Es una imagen que en ninguna otra ciudad española puede encontrarse con esa naturalidad.
Gros tiene también la oferta gastronómica más contemporánea de Donosti fuera de la Parte Vieja. Bares de pintxos con propuestas más actuales, restaurantes de cocina de mercado orientados a clientela local joven, cafeterías de specialty coffee y tiendas de barrio que no han sido sustituidas todavía por franquicias. Es el barrio para quien quiera ver la ciudad que vive más allá del circuito turístico.
Por qué San Sebastián come mejor que el resto del mundo¶
La pregunta merece una sección propia porque la respuesta no es obvia. San Sebastián tiene más estrellas Michelin por habitante que ninguna otra ciudad del planeta —incluyendo París, incluyendo Tokio, incluyendo cualquier capital gastronómica que se mencione— y el hecho estadístico es llamativo pero no explica nada. La pregunta es por qué.
La respuesta tiene varias capas. La primera es histórica: el País Vasco tiene una tradición de cocina de producto que no tiene parangón en España. La materia prima —el pescado del Cantábrico, las verduras de la huerta alavesa, las carnes de los pastos atlánticos, los productos lácteos— es de una calidad excepcional, y la cultura gastronómica vasca siempre ha tratado el producto con el respeto que merece: mínima intervención, máxima honestidad.
La segunda capa es institucional: las sociedades gastronómicas —los txokos, los clubes de cocina privados donde grupos de amigos se reúnen a cocinar y comer— son una institución vasca que no tiene equivalente en ninguna otra parte del mundo. Los txokos tienen sus propias cocinas, sus propias despensas, sus propias colecciones de vinos, y en ellos se practica la cocina vasca desde una perspectiva no comercial que ha generado generaciones de cocineros aficionados con un nivel técnico excepcional. Muchos de los grandes cocineros vascos —incluido Juan Mari Arzak, el padre de la nouvelle cuisine vasca— empezaron aprendiendo en los txokos familiares.
La tercera capa es Juan Mari Arzak y la nueva cocina vasca de los años setenta: el movimiento que, inspirado por la nouvelle cuisine francesa pero anclado en los productos y las técnicas vascas, transformó la gastronomía española y fue el antecedente directo de todo lo que después haría el mundo la cocina española con Ferran Adrià y sus sucesores. Arzak, Martín Berasategui, Pedro Subijana del Akelarre, Elena Arzak continuando el trabajo de su padre: los nombres que han hecho de San Sebastián y sus alrededores el lugar con más concentración de talento culinario de tres estrellas en el planeta.
Pero lo más importante —y lo que distingue a San Sebastián de las otras ciudades con muchas estrellas Michelin— es que la excelencia gastronómica no está confinada a los restaurantes de alta cocina. Está en los bares de pintxos de la Parte Vieja, en los asadores de los pueblos del entorno, en los restaurantes de menú del mediodía que cuestan 12 euros y sirven una merluza que en cualquier otra ciudad del mundo costaría el triple. El nivel base es alto en toda la pirámide gastronómica, no solo en la cúspide. Eso es lo que hace única a San Sebastián.
Para quien quiera una experiencia de alta cocina en la ciudad, Arzak (tres estrellas Michelin, en el Alto de Miracruz, reserva con meses de antelación, precio de menú degustación alrededor de 250 euros por persona) es la referencia histórica. Pero hay restaurantes de dos y una estrella en San Sebastián y en los pueblos del entorno que ofrecen una experiencia comparable a una fracción del precio de Arzak.
La tarde: el Paseo Nuevo y las vistas del Cantábrico¶
La tarde tiene la opción más sencilla y más efectiva de todas: el Paseo Nuevo, el paseo que bordea el Monte Urgull por su flanco norte, en la cara que no mira a La Concha sino al Cantábrico abierto.
El Paseo Nuevo tiene una escollera de hormigón que recibe el oleaje directamente en los días de temporal: los famosos golpes de mar que en San Sebastián alcanzan proporciones espectaculares cuando las borrascas del Cantábrico llegan desde el noroeste. Ver el mar desde el Paseo Nuevo en un día de temporal es una experiencia que no se olvida: las olas rompiendo con una fuerza que manda agua decenas de metros al aire, el rugido del mar contra la piedra, el spray que llega hasta el paseo. La ciudad tiene señales luminosas que advierten cuándo las condiciones son peligrosas; no acercarse a la escollera cuando las señales están encendidas no es precaución de exceso, es sentido común.
En días tranquilos, el Paseo Nuevo tiene la calma de los paseos de cara al mar: los bancos orientados hacia el horizonte, la perspectiva de la isla de Santa Clara desde el norte, el faro de la Plata visible en la lejanía.
Información práctica¶
Funicular del Monte Igueldo: Funciona de 10:00 a 21:00 en temporada alta, con horario reducido en invierno. El billete de funicular más entrada al parque tiene un precio reducido. Conviene consultar el horario exacto antes de ir porque los días de mantenimiento no son infrecuentes.
El Peine del Viento: Acceso libre en cualquier horario. El mejor momento es con luz lateral —primera hora de la mañana o última de la tarde— y, si es posible, en un día con algo de oleaje. En los días completamente planos la experiencia pierde intensidad.
Aquarium: Abierto todos los días de 10:00 a 20:00 en temporada alta. Entrada alrededor de 14 euros adultos. Descuentos para familias numerosas y para la compra online.
Gros y Zurriola: Acceso libre. El barrio funciona bien a cualquier hora. Para surf, la escuela más recomendada es la Pukas Surf School, junto a la playa.
Alta cocina: Arzak y los demás restaurantes de tres y dos estrellas requieren reserva con mucha antelación, especialmente en temporada alta y fines de semana. Las listas de espera pueden ser de meses. Para quien quiera alta cocina sin la planificación extrema, los restaurantes de una estrella o de menú degustación sin estrella pero con nivel comparable suelen tener más disponibilidad.
Nota para bilbaínos: Donosti está a 90 kilómetros de Bilbao y es perfecta para dos días: salir el sábado mañana temprano, un fin de semana completo y volver el domingo noche. El tren directo desde Bilbao tarda 50 minutos y hay servicio frecuente. La competencia entre bilbaínos y donostiarras sobre cuál de las dos ciudades es mejor es un deporte tradicional del País Vasco sin resolución posible —y eso está bien.