
Madrid en 3 días: la ciudad y la excursión que la completa
Tres jornadas para el Triángulo del Arte, los barrios auténticos y un día en El Escorial o Toledo
Tres días en Madrid es el tiempo en que la ciudad y sus alrededores pueden verse con profundidad. Los dos primeros días cubren lo esencial de la capital —el Triángulo del Arte, los barrios, el Palacio Real— y el tercero sale de la ciudad para encontrar lo que Madrid, por ser ciudad de interior, no puede dar: el paisaje de la sierra, los monasterios de granito de Felipe II o la Toledo medieval que concentra ochocientos años de historia en un kilómetro cuadrado.
La elección de la excursión del tercer día determina el carácter del viaje: El Escorial para quien quiere arquitectura de poder e historia de la monarquía española; Toledo para quien quiere la ciudad medieval más completa de España. Las dos están a menos de una hora de Madrid en tren y las dos justifican por sí solas el precio del billete.
Día 1: El Triángulo del Arte¶
Mañana: el Prado
El primer día empieza en el Prado a las diez de la mañana, a primera hora. La reserva online de la entrada permite saltarse la cola de taquilla. La estrategia en el Prado es la misma siempre: no intentar verlo todo, sino elegir dos o tres zonas de máxima concentración.
Las imprescindibles: Las Meninas de Velázquez y las salas de pintura del Siglo de Oro español (salas 10-16), las Pinturas Negras de Goya en el sótano —los catorce frescos que pintó en la pared de su propia casa entre 1819 y 1823, cuando estaba sordo y perturbado—, y el Jardín de las Delicias del Bosco en la sala 56A. Tres horas es el tiempo razonable para hacer ese recorrido con la atención que merece.
El Jardín Botánico al lado del Prado —de entrada asequible— es la opción para quien quiere treinta minutos de silencio entre dos visitas de museo.
Mediodía: el Reina Sofía
El Reina Sofía a media tarde tiene la ventaja de que la afluencia baja desde las cuatro de la tarde. El Guernica de Picasso —3,49 metros de alto por 7,76 de largo, en la sala 205 del segundo piso del edificio histórico— es la obra más visitada del museo y una de las pinturas del siglo XX con más carga histórica y emocional del mundo. La secuencia de imágenes fragmentadas del bombardeo —el toro, el caballo, la madre con el niño muerto, el guerrero caído con la espada rota— tiene un poder que las reproducciones no transmiten.
Las salas de arte español de los años veinte y treinta, con el cubismo y el surrealismo catalán, completan el contexto del Guernica y justifican la visita al museo más allá de la obra singular.
Tarde: el Thyssen-Bornemisza y el Retiro
El Thyssen-Bornemisza cierra el Triángulo del Arte con la colección más ecléctica de los tres museos. Los impresionistas —Monet, Renoir, Sisley—, los expresionistas alemanes —Kirchner, Nolde, Beckmann—, y los norteamericanos del siglo XX —Edward Hopper, Andrew Wyeth— son los puntos fuertes de una colección que cubre siete siglos de historia del arte occidental sin la especialización de sus vecinos.
La tarde puede terminar en el Parque del Retiro: el Palacio de Cristal, el estanque Grande con sus barcas, la Rosaleda. Los madrileños salen al Retiro como si fuera su jardín privado, y en cierta medida lo es: 118 hectáreas en el centro geográfico de la capital.
La noche del primer día en el barrio de Las Letras —el triángulo entre el Prado, el Reina Sofía y la calle de Alcalá, con sus fachadas grabadas con versos de Cervantes y Lope de Vega— tiene los mejores restaurantes del área del Triángulo del Arte.
Día 2: Los barrios, el Rastro y el Palacio Real¶
Mañana: el Rastro y La Latina (preferiblemente domingo)
El domingo por la mañana en Madrid tiene un ritual que se repite hace siglos: el Rastro. El mercadillo más grande de la ciudad —con más de tres mil puestos desde la Plaza de Cascorro hasta la Ronda de Toledo— es el Madrid castizo en estado puro. La zona de antigüedades en la Ribera de Curtidores tiene los puestos más interesantes: muebles, carteles, libros, vajillas, cámaras y todo tipo de objetos que el paso del tiempo ha convertido en objetos de deseo. Entre semana, La Latina con el Mercado de la Cebada y las tabernas de la Cava Baja es el equivalente en términos de carácter y ambiente.
La Plaza Mayor y el Madrid de los Austrias —con sus calles adoquinadas, la Cava Baja y la Cava Alta, la Plaza de la Paja y la Plaza de la Villa— merecen la mañana del segundo día si el primero estuvo enteramente dedicado a los museos.
Mediodía: tapas en La Latina
El tapeo en La Latina es uno de los rituales más auténticos de Madrid: seguir el ruido de los bares, pedir lo que tenga buena pinta en la barra, moverse al siguiente. Los boquerones en vinagre, las croquetas, la tortilla y los pimientos de padrón en los bares sin nombre en inglés en el cartel tienen mejor precio y mejor calidad aquí que en cualquier otra zona del centro.
El Mercado de la Cebada para comer en sus gastrobares de la planta alta, con el ambiente de mercado de barrio real y precios que hacen llorar comparados con el Mercado de San Miguel.
Tarde: el Palacio Real y el Templo de Debod
El Palacio Real —el mayor palacio real en uso de Europa occidental, con su fachada de piedra blanca sobre el barranco del Manzanares— merece la tarde del segundo día. La visita al interior incluye la Real Armería, los Salones del Trono y del Comedor de Gala, la Real Farmacia y la Real Biblioteca. Los jardines de Sabatini al norte del palacio y la Plaza de Oriente con su jardín neoclásico al este son gratuitos y especialmente hermosos en el atardecer.
El Templo de Debod en el Parque del Oeste —el templo egipcio del siglo II a.C. trasladado a Madrid en los años setenta— tiene el atardecer más reproducido de la ciudad: el sol poniéndose detrás del templo reflejado en el estanque, con la sierra de Guadarrama al fondo y la silueta del puente de los Franceses en el horizonte.
Noche: Malasaña o Chueca
Malasaña tiene la concentración más alta de bares, cafeterías de especialidad y librerías de segunda mano del Madrid alternativo. La Plaza del Dos de Mayo al atardecer —con sus terrazas llenas y el bullicio característico del barrio bohemio— es la imagen del Madrid que los madrileños defienden como propio.
Día 3: La excursión — El Escorial o Toledo¶
Opción 1: El Escorial
El Real Monasterio de El Escorial está a cincuenta kilómetros al noroeste de Madrid, a cuarenta y cinco minutos en el tren de Cercanías desde la estación de Atocha o Chamartín (línea C-3a hasta El Escorial). Felipe II ordenó su construcción en 1563 y Juan de Herrera lo terminó en 1584: el resultado es el edificio más grande del Renacimiento español y uno de los más influyentes de la arquitectura europea.
El conjunto comprende el monasterio, el palacio, la basílica, el panteón real y la biblioteca. La Basílica —con sus bóvedas de granito y su retablo mayor de jaspes y bronces dorados— es el espacio más imponente. La Biblioteca del siglo XVI, con su bóveda pintada al fresco por Pellegrino Tibaldi y sus cuarenta y cinco mil volúmenes en estanterías originales, es una de las más hermosas de Europa. El Panteón Real —la cripta circular de mármol negro donde descansan los reyes de España desde Carlos I hasta Juan Carlos I— tiene una austeridad monumental que es exactamente lo que Felipe II quería: un palacio-monasterio-mausoleo que combinara poder y humildad en la misma piedra.
La Silla de Felipe II —el mirador natural sobre el monasterio desde las rocas de granito del monte Abantos, a cuarenta minutos a pie desde el pueblo— tiene la mejor perspectiva del conjunto y del valle. Según la tradición, Felipe II supervisaba desde este punto el avance de las obras.
El pueblo de El Escorial, con sus casas de granito y su ambiente tranquilo de sierra, tiene el almuerzo correcto antes del regreso.
Opción 2: Toledo
Toledo está a setenta kilómetros al sur de Madrid, a treinta minutos en el AVE desde la estación de Atocha y a noventa minutos en el autobús de Alsa desde la estación de Méndez Álvaro. La ciudad que fue capital de los visigodos, sede del califato árabe y capital imperial de Carlos V hasta 1560 tiene ochocientos años de historia en un casco histórico de apenas un kilómetro cuadrado construido sobre un meandro del río Tajo.
La Catedral Primada de Toledo —construida entre 1226 y 1493, la más grande de España en altura de sus bóvedas— tiene la sacristía con la colección de El Greco más importante del mundo: el Expolio (1577-1579) y el Apostolado (hacia 1608) son las razones principales para entrar. La sala capitular con los frescos de Juan de Borgoña, las sillas de coro del siglo XV talladas por Rodrigo Alemán y la Custodia de Arfe —dieciséis kilos de plata y oro con más de doce mil piezas— completan una visita que por sí sola justifica el viaje.
El Museo del Greco —en la casa donde el pintor vivió y trabajó en Toledo—, la Sinagoga del Tránsito —con su interior mudéjar con las inscripciones hebreas y árabes en yeso tallado de los siglos XIV y XV—, y la Sinagoga de Santa María la Blanca —la más antigua de Europa que se conserva en pie, construida en el siglo XII cuando Toledo era la ciudad más cosmopolita de Europa— forman el recorrido cultural más denso que puede hacerse en un solo día en España.
El casco histórico de Toledo se recorre a pie en cualquier dirección: las calles estrechas que suben y bajan por las laderas del cerro, los miradores sobre el Tajo, los pazos de piedra y las iglesias mudéjares en cada esquina dan una imagen de la Edad Media española que ninguna otra ciudad puede igualar.
Información práctica¶
Tren a El Escorial: Cercanías línea C-3a desde Atocha o Chamartín, con salidas frecuentes. El trayecto dura entre cuarenta y cinco minutos y una hora. El billete de ida y vuelta cuesta alrededor de ocho euros.
Tren a Toledo: AVE de alta velocidad desde Atocha, con salidas cada hora aproximadamente. El trayecto dura exactamente 32 minutos. El billete puede comprarse en la web de Renfe con antelación a precios desde nueve euros.
Toledo en un día: Con el tren de las nueve de la mañana se llega a Toledo a las nueve y media, con tiempo para seis o siete horas de visita antes de tomar el tren de regreso de las cuatro o cinco de la tarde. Es suficiente para la catedral, el Museo del Greco, las sinagogas y un paseo por el casco histórico.
Triángulo del Arte en dos días: El bono Paseo del Arte (entrada combinada para el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, con descuento) tiene validez de 365 días: permite ver los tres museos en días diferentes, lo que es más recomendable que intentar los tres en un solo día.
¿Cinco días en Madrid? Con dos días más se puede añadir Segovia —con su acueducto romano y su Alcázar— y Aranjuez —con su Palacio Real de verano y sus jardines—, las dos excursiones más completas que el entorno de Madrid puede ofrecer.