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Fachada del Museo del Prado de Madrid

Destinos · España · Madrid

Los museos de Madrid: el Triángulo del Arte en profundidad

El Prado, el Reina Sofía y el Thyssen: tres museos, tres mundos, una sola tarde imposible

Lectura de 10 minutos

Hay una pregunta recurrente entre los visitantes de Madrid con poco tiempo: Prado, Reina Sofía o Thyssen, ¿cuál elijo si solo puedo ir a uno? La respuesta honesta es que la pregunta está mal planteada. No son tres versiones del mismo tipo de experiencia artística: son tres museos completamente diferentes que responden a tres maneras de relacionarse con el arte y la historia. Elegir uno descarta los otros dos, y lo que se pierde no tiene equivalente en ningún otro lugar del mundo.

Esta guía está pensada para quienes quieran entender qué ofrece cada uno, cómo organizarse para ver los tres en dos días, y cuáles son las obras que justifican la visita aunque se tenga poco tiempo.

Museo del Prado: la colección real que no se movió

El Prado existe porque los reyes de España tenían la costumbre de encargar arte a los mejores pintores de Europa y la fortuna de no necesitar vender esas obras cuando llegaban tiempos difíciles. La colección de los Habsburgo —Carlos I/V, Felipe II, Felipe III, Felipe IV— y después la de los Borbones acumuló durante tres siglos una cantidad de pintura de primer orden que no tenía equivalente en ningún palacio europeo. Cuando en 1819 Fernando VII abrió el Real Museo de Pinturas al público, lo que se hizo fue simplemente trasladar al edificio neoclásico que Villanueva había construido junto al Jardín Botánico las obras que los reyes tenían dispersas en sus palacios.

El resultado es un museo que no se parece a ningún otro: no es una colección enciclopédica reunida con criterios académicos sino la colección privada de una familia que tenía gustos muy particulares, dinero ilimitado y relaciones con los mejores artistas de su época. Felipe II tenía una obsesión especial con El Bosco, lo que explica que el Prado tenga la mayor colección de pinturas del flamenco medieval del mundo. Felipe IV era amigo personal de Velázquez, lo que explica la concentración de obras del pintor sevillano que hace del Prado el museo definitivo para entender su obra.

Las salas imprescindibles

Las Meninas (sala 12): La infanta Margarita, sus meninas, los enanos y perros de la corte, y al fondo el pintor que se está retratando a sí mismo mientras pinta al rey y la reina, cuyo reflejo aparece en el espejo al fondo. Velázquez pintó este cuadro en 1656 y en él resolvió de manera genial el problema de la representación: ¿quién mira a quién? El espectador ocupa el lugar de los reyes cuyo retrato Velázquez está pintando, y al mirar el cuadro se convierte en el sujeto de la escena. Es el cuadro más analizado y comentado de la historia del arte occidental, y sin embargo nada de lo que se lee sobre él prepara para la experiencia de verlo en persona.

Las Pinturas Negras de Goya (sótano): Entre 1819 y 1823, Francisco de Goya pintó directamente sobre los muros de su casa —la Quinta del Sordo, a orillas del Manzanares— catorce pinturas de una oscuridad y una violencia visual que no tienen precedente en la historia del arte. El Saturno devorando a su hijo, el Aquelarre, el Duelo a garrotazos, la romería de San Isidro: son pinturas hechas para el uso privado de un pintor viejo, sordo y traumatizado por la guerra y la represión, sin intención de que nunca salieran de las paredes de su casa. El hecho de que hoy estén en el Prado —trasladadas con técnicas de arranque de fresco en el siglo XIX— da a la visita un elemento de transgresión que intensifica su efecto.

El Jardín de las Delicias (sala 56A): El tríptico de El Bosco, pintado entre 1490 y 1500, es la obra más enigmática del Prado y probablemente de toda la historia de la pintura. El panel central, donde cientos de figuras humanas desnudas se entregan a todo tipo de placeres en un paisaje de colores irreales, no tiene una interpretación acordada: ¿es una visión del Paraíso antes del Pecado Original? ¿Una advertencia sobre los peligros del placer? ¿Un mapa alegórico del alma humana? El Bosco no dejó ninguna explicación, y los estudiosos llevan cinco siglos discutiendo. La mejor estrategia es acercarse y mirar: hay detalles en cada centímetro cuadrado que la reproducción no permite ver.

La familia de Carlos IV de Goya (sala 32): Si Las Meninas de Velázquez es el retrato de corte más brillante de la historia, el de Goya es el más despiadado. La familia real aparece iluminada con una luz que no perdona: el rey Carlos IV con su aspecto de labrador feliz, la reina María Luisa con sus joyas y su expresión de quien sabe que manda, los hijos con sus expresiones anodinas. Es un retrato que en teoría celebra a la familia real y que en la práctica la deja en evidencia con una amabilidad formal que esconde una crueldad de observación implacable.

Museo Reina Sofía: el siglo XX con acento español

El Reina Sofía es la colección nacional de arte contemporáneo español, en el edificio de un antiguo hospital general del siglo XVIII ampliado con el añadido de hierro y cristal de Jean Nouvel. La colección cubre el arte español desde principios del siglo XX hasta el presente, con especial atención al período del 98 al 75 —desde la crisis del 98 hasta la muerte de Franco— que es el más cargado de significado histórico.

El Guernica

El Guernica de Picasso no es solo el cuadro más visitado del Reina Sofía: es un objeto histórico además de una obra de arte. Picasso lo pintó en menos de dos meses a principios de 1937, por encargo del gobierno republicano para el pabellón español de la Exposición Internacional de París. El encargo llegó pocas semanas después del bombardeo del pueblo vasco de Gernika por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, en apoyo a las fuerzas franquistas, el 26 de abril de 1937. El bombardeo mató a cientos de civiles en el primer ataque masivo deliberado sobre una población civil de la historia moderna.

El cuadro es monocromático —solo grises, negros y blancos— en un momento en que Picasso dominaba perfectamente el color, lo que sugiere una decisión deliberada: esto no es un cuadro decorativo, es un documento. Sus figuras fragmentadas y superpuestas —el toro, el caballo moribundo, la mujer con el niño muerto, el soldado partido, la bombilla que preside la escena— han generado interpretaciones innumerables, pero la experiencia de estar frente al cuadro trasciende cualquier análisis: es simplemente imposible mirar el Guernica durante varios minutos sin sentir algo que las reproducciones no producen.

El Guernica pasó cuarenta y un años en el Museum of Modern Art de Nueva York. Picasso había establecido la condición de que el cuadro no podía regresar a España hasta que la república fuera restaurada. Regresó en 1981, seis años después de la muerte de Franco y tras la aprobación de la Constitución democrática de 1978.

El resto de la colección

Las salas que rodean el Guernica en el segundo piso del edificio antiguo contienen obras de los principales pintores españoles de la primera mitad del siglo XX: Joan Miró, Salvador Dalí, Juan Gris, Luis Fernández. La sala de Miró, con sus grandes lienzos de colores primarios y formas biológicas, ofrece un contraste total con el drama monocromático del Guernica que está a veinte pasos.

El edificio de Nouvel, añadido en 2005 al complejo original, alberga las colecciones de arte de la segunda mitad del siglo XX y el arte internacional. Menos visitado que el edificio histórico, tiene obras de Louise Bourgeois, Arte Povera italiano y neoexpresionismo alemán que para quienes no son especialistas en arte contemporáneo pueden resultar más difíciles de abordar.

Museo Thyssen-Bornemisza: el regalo de un coleccionista privado

El Thyssen es el resultado de una de las mayores colecciones privadas de arte que existieron en el siglo XX, reunida por el magnate industrial Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y su padre a lo largo de décadas. En 1993, el barón vendió el grueso de la colección al Estado español por una cantidad que las fuentes de la época describían como "una ganga" y que en la práctica era incomparablemente menor que su valor de mercado.

La colección tiene una virtud que los otros dos museos del Triángulo no tienen: es panorámica. Cubre la historia del arte occidental desde el siglo XIII hasta el XX, con obras importantes de casi todos los períodos y estilos. No tiene la profundidad del Prado en arte español del Siglo de Oro ni la coherencia del Reina Sofía en arte contemporáneo español, pero permite hacer un recorrido por la historia entera del arte europeo en un solo edificio.

Las salas imprescindibles

Los impresionistas y postimpresionistas (segunda planta): La colección Thyssen tiene obras de Monet, Renoir, Degas, Van Gogh, Cézanne y Gauguin que son de las mejores fuera de los museos especializados en cada artista. La Joven con sombrilla de Renoir, La siesta de Van Gogh y el retrato de Lucía Monet de Monet son piezas de primer orden.

Los expresionistas alemanes (primera planta): Ernst Ludwig Kirchner, Egon Schiele, Otto Dix, Oskar Kokoschka: el Thyssen tiene la mejor colección de expresionismo alemán de España y una de las mejores del mundo fuera de Alemania. Es un período que los otros dos museos del Triángulo no cubren, lo que convierte al Thyssen en imprescindible para quien tenga interés en el arte de principios del siglo XX.

Los norteamericanos del siglo XX (planta baja): Georgia O'Keeffe, Edward Hopper, Andrew Wyeth: la sección de arte norteamericano del Thyssen es la única de su tipo en España y ofrece una perspectiva sobre la modernidad artística que complementa perfectamente la visión europea de los otros dos museos.

Cómo organizar la visita a los tres

La opción más eficiente para ver los tres museos en un período de tiempo razonable es el Paseo del Arte, una entrada combinada con descuento que da acceso a los tres en el período de validez de la entrada. No obliga a visitarlos en un mismo día.

Una planificación razonable para dos días:

  • Día 1: El Prado por la mañana (2-3 horas mínimas), con pausa para comer en las cafeterías del museo o en los alrededores del Paseo del Prado, y el Reina Sofía por la tarde (2 horas).
  • Día 2: El Thyssen por la mañana (1-2 horas), con tiempo libre el resto del día para otros lugares de Madrid.

Los museos ofrecen entrada gratuita en determinados horarios: el Prado es gratuito las últimas dos horas antes del cierre, el Reina Sofía las últimas horas y los lunes; el Thyssen tiene políticas variables. Estas franjas gratuitas son las más concurridas, por lo que para quienes prefieran tranquilidad merece la pena pagar la entrada y ir en las primeras horas del día.

Una última recomendación práctica: los sótanos del Prado, donde están las Pinturas Negras de Goya, son el espacio menos visitado de todo el Triángulo del Arte. Si hay poco tiempo, el recorrido desde la sala 12 (Las Meninas) bajando hasta las Pinturas Negras y volviendo por las salas de Goya histórico (El 2 de mayo y El 3 de mayo, los Desastres de la guerra) es de las experiencias más intensas que ofrece cualquier museo de Europa.