
Tenerife en dos días: el Teide y el norte verde
El Parque Nacional del Teide el primer día. La Orotava, Puerto de la Cruz, el Jardín Botánico y las playas negras de Garachico el segundo. Por qué el norte de Tenerife es más interesante que el sur
Dos días en Tenerife permiten hacer la visita completa que un día no puede: el primer día es para el Teide, el pico más alto de España y el elemento que lo explica todo sobre la isla. El segundo es para el norte, la Tenerife verde y cultural que la mayoría de los turistas que se alojan en los resorts del sur nunca llegan a ver. Son dos días completamente distintos que se complementan: después de haber estado por encima de las nubes en la cumbre del volcán, entender el norte húmedo y exuberante resulta mucho más fácil.
Día 1: el Teide y el Parque Nacional¶
La mañana: las Cañadas y los Roques de García
La salida hacia el Parque Nacional del Teide debe ser temprana —a las 8:00 o antes— por dos razones: la primera es aprovechar la luz de la mañana en las Cañadas, que tiene una calidad y unos colores que la luz de mediodía aplana. La segunda es evitar las colas del teleférico, que en temporada alta pueden ser considerables si se llega a media mañana.
La ascensión desde el sur —la ruta más habitual— pasa por cambios de vegetación que cuentan la historia climática de la isla: el paisaje árido de tabaibas y cardones de la costa, el pinar canario en la zona de altitud intermedia y finalmente las Cañadas del Teide, la caldera de un volcán más antiguo dentro de la cual el Teide creció. El paisaje de las Cañadas no tiene equivalente en el territorio español: roca volcánica en tonos ocre, naranja, negro y rojo sin ninguna vegetación, con el cono del Teide dominando el horizonte. Parece extraterrestre porque, en cierta medida, lo es: es lo que el planeta tiene de más parecido a la superficie lunar en términos de paisaje.
La primera parada es Los Roques de García: los monolitos de traquita erosionada que tienen formas caprichosas sobre el fondo liso de las Cañadas. El sendero circular de tres kilómetros que los rodea es el más transitado del parque y el mejor para entender la escala y la geología del conjunto. A primera hora de la mañana, con el sol bajo y los roques proyectando sombras largas sobre la roca volcánica, la luz es extraordinariamente fotogénica.
El teleférico a 3.555 metros
El teleférico del Teide es el centro de la experiencia del parque para quien no haga el ascenso a pie. Sube desde la estación base —a 2.356 metros— hasta los 3.555 metros en ocho minutos, y lo que aparece en la estación superior es una de las perspectivas visuales más extraordinarias de España: el mar de nubes del norte de la isla —ese banco compacto y blanco que cubre el norte en la mayoría de los días— queda varios cientos de metros más abajo, y el horizonte del Atlántico se extiende en todas las direcciones hasta perderse en la curvatura de la Tierra.
En días claros son visibles todas las islas del archipiélago: La Gomera en primer plano al suroeste, La Palma y El Hierro más al oeste, Gran Canaria y Fuerteventura al este. La perspectiva de estar sobre las nubes con un archipiélago completo a los pies no tiene equivalente en el territorio español.
El último tramo hasta el cráter —otros 200 metros de desnivel desde la estación— requiere permiso previo que se agota con meses de antelación; pero la vista desde la estación ya justifica el viaje completo. Reservar el teleférico en línea antes de ir; en temporada alta puede estar lleno días antes.
La tarde: el parador y el regreso
El Parador de Las Cañadas del Teide, dentro del parque a unos 2.200 metros, es el lugar para el almuerzo: uno de los paradores más singulares de España, en plena caldera volcánica, con vistas sobre el paisaje lunar de las Cañadas que no tienen equivalente en ningún otro comedor de la cadena. El menú del parador trabaja con productos canarios —las papas arrugadas, el mojo, el queso de cabra— en una cocina que tiene la calidad suficiente para el precio.
La tarde puede aprovecharse con una de las rutas del parque o simplemente caminando por el área del teleférico y los miradores cercanos antes de bajar. El Mirador de La Ruleta, en la carretera de bajada hacia el norte, tiene una de las mejores vistas del mar de nubes desde arriba al atardecer: el sol bajando sobre el banco de nubes que cubre el norte, con el cono del Teide en primer plano, es una de las imágenes más poderosas de Tenerife.
Si la base es el norte, la bajada desde el parque por la carretera de La Orotava lleva directamente al destino del día siguiente y permite ver el contraste entre el paisaje volcánico árido de la cumbre y el verde exuberante del norte en un solo recorrido.
Día 2: el norte verde de Tenerife¶
El norte de Tenerife tiene un carácter completamente diferente al sur, y la diferencia no es solo estética: es el resultado de la geografía y el clima. Los vientos alisios del noreste chocan contra las laderas del Teide y producen precipitaciones en el norte que el sur nunca recibe. Esa humedad genera la vegetación exuberante, los jardines tropicales, los bosques de laurisilva y los campos de cultivo que hacen del norte de Tenerife una isla dentro de la isla, completamente diferente a los resorts áridos del sur.
Es también la parte más interesante culturalmente: tiene La Laguna con su centro histórico Patrimonio de la Humanidad, Puerto de la Cruz con su historia de turismo decimonónico y el mejor trabajo de César Manrique fuera de Lanzarote, La Orotava con su arquitectura colonial, y Garachico con sus playas de roca volcánica y su iglesia renacentista. Todo en un área geográfica que se puede recorrer en coche en menos de dos horas.
La mañana: La Orotava
La Orotava es la primera parada del norte. El casco histórico de La Orotava conserva algunos de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional canaria: las casas señoriales del siglo XVII y XVIII con sus balcones de madera tallada, los patios coloniales interiores con sus plantas tropicales, las calles empedradas que bajan desde la montaña hasta la bahía de Puerto de la Cruz. Es un conjunto arquitectónico de una coherencia histórica que pocas ciudades canarias conservan tan bien.
La Casa de los Balcones es el edificio más fotografiado de La Orotava: una casa del siglo XVII con una galería de balcones de madera tallada sobre el patio interior que es el ejemplo más representativo de la arquitectura doméstica canaria. Funciona hoy como centro artesanal, con talleres de bordado y productos de artesanía canaria. Las vistas desde las calles más altas de La Orotava sobre el valle —los campos de cultivo, los tejados rojos de las casas, el azul del mar al fondo y la silueta del Teide dominando sobre todo— son las más completas del norte de la isla.
A mediodía: Puerto de la Cruz y el Lago Martiánez
Puerto de la Cruz fue el primer destino turístico de Tenerife —mucho antes de que el sur se desarrollara— y conserva una elegancia de ciudad de turismo histórico que los desarrollos del sur nunca tuvieron. El centro histórico, con la Plaza del Charco y sus bares y cafeterías con terraza, tiene el ritmo pausado de una ciudad canaria que todavía se reconoce a sí misma.
El Lago Martiánez, diseñado por César Manrique e inaugurado en 1977, es el mejor trabajo del artista lanzaroteño fuera de su isla natal. Un complejo de piscinas de agua salada integradas en el paisaje de roca volcánica —las piscinas de distintos tamaños conectadas por pasarelas, los jardines y miradores sobre el mar, la coherencia entre la infraestructura artificial y el entorno natural— que demuestra la posibilidad de crear turismo de calidad sin destruir el paisaje. El contraste con los desarrollos del sur de Tenerife, donde lo mismo se hizo de manera diametralmente opuesta, es instructivo.
El almuerzo en Puerto de la Cruz puede hacerse en los restaurantes del casco histórico —los más recomendables están en las calles que rodean la Plaza del Charco, lejos del paseo marítimo orientado al turismo— o con algo comprado en el mercado municipal, que tiene una oferta de productos locales comparable a la de cualquier mercado del norte de la isla.
La tarde: el Jardín Botánico y Garachico
El Jardín Botánico de Puerto de la Cruz —La Orotava— fue fundado en 1788 por Carlos III como jardín de aclimatación de plantas tropicales: la idea era aclimatar en el clima subtropical de Tenerife las plantas que llegaban de las colonias americanas antes de intentar cultivarlas en la Península. El jardín conserva esa historia en árboles de más de doscientos años —un ficus de 1787 con un tronco de más de tres metros de diámetro que es uno de los árboles más fotografiados de Canarias— y en colecciones de plantas que incluyen ejemplares únicos de América tropical y Asia. Para los amantes de la botánica y el paisajismo, es una de las visitas más ricas de la isla. Para los demás, es un paseo agradable de una hora entre árboles gigantescos en un jardín con historia.
Garachico, a unos 25 kilómetros al oeste de Puerto de la Cruz, es el cierre perfecto del día norteño. Fue el puerto más importante del norte de Tenerife hasta que la erupción volcánica de 1706 lo destruyó casi completamente y enterró el puerto original bajo la lava. Lo que la lava dejó cuando se enfrió en el mar son las piscinas naturales de El Caletón: un laberinto de pozas, canales y oquedades de roca volcánica negra donde el agua del Atlántico entra y sale con cada ola, con una temperatura siempre fresca y un escenario de roca negra y espuma blanca que no se parece a ninguna otra playa de Tenerife.
El pueblo de Garachico, reconstruido después de la erupción, tiene un casco histórico tranquilo con la iglesia de Santa Ana —renacentista, de antes de la erupción, una de las pocas supervivientes— y el Castillo de San Miguel sobre el malecón. Es un pueblo de escala humana que vive al margen del turismo masivo de la isla, lo que lo hace especialmente agradable a última hora de la tarde.
Por qué el norte es más interesante que el sur¶
La fama turística de Tenerife se construyó sobre el sur, y el sur tiene razones reales para esa fama: sol garantizado todo el año, playas de arena importada, temperatura de verano permanente. Son argumentos reales para el turismo de playa europeo que llega en invierno buscando calor.
Pero el norte de Tenerife es más interesante desde casi cualquier otro punto de vista. Tiene ciudades con historia —La Laguna es Patrimonio de la Humanidad, Puerto de la Cruz tiene más de un siglo de historia turística— y arquitectura colonial de primera categoría. Tiene una vegetación que el sur no tiene, que hace el paisaje más variado y más hermoso. Tiene una cultura gastronómica más auténtica —la cocina canaria tradicional, el queso de cabra, las papas arrugadas con mojo verde— sin la inflación de precio que acompaña al turismo de resort. Y tiene, en el Jardín Botánico y el Lago Martiánez, dos de los espacios diseñados más notables de toda Canarias.
El sur tiene el sol. El norte tiene todo lo demás.
Lo práctico¶
El coche es imprescindible para los dos días. El Teide está a unos 50 kilómetros de los resorts del sur y del norte; La Orotava, Puerto de la Cruz y Garachico están a unos 35-45 kilómetros del aeropuerto norte (TFN). El aeropuerto sur (TFS) está más cerca de los resorts del sur pero más lejos del norte.
El teleférico del Teide requiere reserva previa en línea; en temporada alta puede estar lleno días antes. Los permisos para subir al cráter se piden aparte y se agotan con meses de antelación.
La temporada más interesante para el norte de Tenerife es noviembre a enero: el Teide tiene nieve, la visibilidad desde la cima es máxima, y el norte tiene su máxima actividad local antes de la temporada alta de turismo de playa.