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Destinos · España · Canarias

Tenerife en tres días: la isla completa

El Teide, el norte verde, Masca y los acantilados de Los Gigantes: tres días para ver la isla más diversa de España de volcán a océano

Lectura de 11 minutos

Tres días en Tenerife permiten hacer lo que pocos turistas hacen aunque pasen una semana en los resorts del sur: ver la isla completa. El primero es para el Teide, el volcán que lo explica todo. El segundo es para el norte, la Tenerife verde y cultural que el turismo de playa ignora sistemáticamente. El tercero es para el oeste y la costa: Masca con su barranco espectacular, Los Gigantes con sus acantilados de seiscientos metros y las playas del sur para quien quiera el cierre más clásico. Una isla que en menos de cien kilómetros de norte a sur va del paisaje subtropical al lunar y del lunar de vuelta al Atlántico.

Día 1: el Teide y el Parque Nacional

La mañana: las Cañadas

Salida temprana hacia el Parque Nacional. La ascensión desde el sur recorre los cambios de vegetación que marcan la historia climática de la isla —costa árida con cardones, pinar canario en las cotas intermedias, paisaje volcánico lunar en las Cañadas— y llega a uno de los paisajes más singulares del planeta: la caldera del volcán anterior al Teide, el espacio plano y sin vegetación de roca en tonos ocres y negros dentro del cual el cono del Teide creció posteriormente. El Parque Nacional es el más visitado de España y de Europa, y tiene razones para ello.

Los Roques de García: el sendero circular de tres kilómetros alrededor de los monolitos de traquita erosionada es la mejor introducción al paisaje de las Cañadas. La luz de primera hora de la mañana, con el sol bajo y las sombras largas sobre la roca volcánica, hace que las formaciones parezcan más grandes y más dramáticas de lo que son a mediodía.

El teleférico

El teleférico sube desde los 2.356 metros hasta los 3.555 metros en ocho minutos. Lo que aparece en la estación superior es la perspectiva más extraordinaria de toda la isla: el mar de nubes del norte —el banco compacto y blanco que cubre el norte en la mayoría de los días— queda cientos de metros más abajo, todas las islas del archipiélago son visibles en el horizonte, y el horizonte del Atlántico se extiende hasta la curvatura de la Tierra. Reservar con antelación en línea; puede estar lleno días antes en temporada alta.

La tarde: el parador y el descenso

Almuerzo en el Parador de Las Cañadas del Teide, en plena caldera volcánica a 2.200 metros. Tarde con las rutas del parque o los miradores antes de descender. Si la base está en el norte, la bajada por la carretera de La Orotava permite ver el contraste entre el paisaje lunar de la cumbre y el verde exuberante del norte en un mismo recorrido.

Día 2: el norte verde y La Laguna

La mañana: La Laguna

El segundo día empieza por el principio histórico del norte: San Cristóbal de La Laguna, la ciudad más interesante de Tenerife desde el punto de vista histórico y la menos conocida entre el turismo del sur. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, lo que la convierte en una de las ciudades coloniales más reconocidas de España.

La Laguna fue la primera ciudad colonial española planificada con criterios racionalistas: fundada en 1496 por Alonso Fernández de Lugo, su trazado en cuadrícula regular —sin murallas, lo que era una novedad absoluta en la urbanística española de la época— influyó directamente en el diseño de las ciudades coloniales americanas durante los siglos XVI y XVII. Es, en cierto sentido, el prototipo del urbanismo con el que España construyó América.

El casco histórico tiene más de cien edificios protegidos de los siglos XVI al XVIII. La Catedral, el convento de Santa Catalina con su reja desde la que las monjas de clausura escuchan la misa, el Palacio de Nava con su fachada barroca, y la Plaza del Adelantado —la plaza mayor de La Laguna, con sus jacarandas moradas y sus edificios de balcones de madera tallada— componen un conjunto histórico de una coherencia que pocas ciudades españolas conservan. La Universidad de La Laguna, fundada en 1792, le da una animación estudiantil que la distingue de los destinos puramente turísticos: los bares de la calle Herradores tienen la clientela joven y local que no tiene nada que ver con el turismo de playa del sur.

A mediodía: La Orotava y Puerto de la Cruz

La Orotava, a unos 20 kilómetros al oeste de La Laguna, es la siguiente pieza del norte histórico. El casco histórico tiene los mejores ejemplos de arquitectura doméstica canaria —las casas del siglo XVII con balcones de madera tallada, los patios coloniales con plantas tropicales— y las vistas más completas del Valle de la Orotava: los campos de cultivo, el azul del mar al fondo y el Teide dominando sobre todo desde sus 3.715 metros.

El almuerzo en Puerto de la Cruz: la ciudad que fue el primer destino turístico de Tenerife y que conserva la elegancia de esa historia. El centro histórico, con la Plaza del Charco y los bares de tapas canarias de sus alrededores, es el lugar para probar las papas arrugadas con mojo verde y rojo, el queso de cabra a la plancha con miel de palma y el pescado del Atlántico sin la inflación de precio de los resorts del sur.

Después del almuerzo, el Lago Martiánez de César Manrique: las piscinas de agua salada integradas en el paisaje de roca volcánica, el mejor trabajo del artista lanzaroteño fuera de Lanzarote, y uno de los pocos ejemplos en toda Canarias de infraestructura turística que dialoga con el entorno en lugar de ignorarlo.

La tarde: el Jardín Botánico y Garachico

El Jardín Botánico de La Orotava —fundado en 1788 por Carlos III— tiene árboles de más de doscientos años y una historia botánica que lo hace único en el contexto español. El ficus de 1787 con su tronco de tres metros de diámetro es el árbol más fotografiado de Tenerife fuera del Teide.

Garachico cierra el día. El puerto más importante del norte antes de la erupción de 1706 que lo destruyó y sepultó bajo la lava: lo que quedó cuando la lava se enfrió en el mar son las piscinas naturales de El Caletón, un laberinto de pozas de roca volcánica negra donde el Atlántico entra y sale. El pueblo reconstruido tiene un casco histórico tranquilo con la iglesia renacentista de Santa Ana —superviviente de la erupción— y el Castillo de San Miguel sobre el malecón. Es el mejor cierre de día del norte de Tenerife.

Día 3: el oeste, Masca y los acantilados

La mañana: Masca

El tercer día es para el oeste de Tenerife, la parte de la isla más espectacular desde el punto de vista paisajístico y la menos accesible. Masca, en el corazón del macizo de Teno en el extremo noroeste, es el pueblo más fotografiado de Tenerife y uno de los más difíciles de llegar.

La carretera hacia Masca desde la costa —por Santiago del Teide— es una de esas carreteras que merecen el adjetivo espectacular sin que resulte exagerado: cornisas de un solo carril sobre acantilados volcánicos, ensanches para que los coches que bajan dejen pasar a los que suben, curvas cerradas sin guardarraíl sobre vertientes que caen cientos de metros. Requiere conductores sin vértigo y paciencia, pero la llegada al pueblo es una sorpresa de proporciones: un puñado de casas en el borde de un barranco, rodeadas de montañas de roca volcánica, con el océano visible en la distancia entre las paredes del cañón.

El sendero de Masca —el que baja desde el pueblo hasta la cala en el fondo del barranco— es una de las excursiones más valoradas de Canarias: tres horas de bajada por el interior del barranco, con las paredes de roca volcánica cerrándose a los lados y el Atlántico al fondo, hasta llegar a la cala donde los barcos recogen a los excursionistas para llevarlos de vuelta a Los Gigantes. Es una excursión de día completo si se hace bien; para el tercer día de tres, hay que elegir entre el sendero y seguir el itinerario costero.

A mediodía: Los Gigantes

Los Gigantes es el punto donde la geografía de Tenerife alcanza su momento más dramático: los acantilados que se elevan verticalmente desde el mar hasta los 400-600 metros, paredes de roca volcánica negra y ocre sin vegetación que caen con una verticalidad que la escala humana no puede procesar en primera instancia.

El pueblo de Los Gigantes, construido al pie de los acantilados, tiene un puerto deportivo desde donde salen las excursiones en barco que permiten ver los acantilados desde el mar. Esta perspectiva —mirando hacia arriba desde el nivel del agua, sin ninguna referencia de tamaño conocida— es más impresionante todavía que la vista desde tierra. Las excursiones duran entre dos y cuatro horas y tienen además como atractivo la posibilidad de ver cetáceos: los delfines piloto y las ballenas piloto son residentes frecuentes del canal entre Tenerife y La Gomera.

El almuerzo en Los Gigantes puede hacerse en los restaurantes del puerto deportivo, con vistas directas a los acantilados: los arroces de mariscos y el pescado a la sal tienen aquí la justificación del entorno.

La tarde: Las Américas o Güímar

El final del tercer día admite dos temperamentos distintos.

Para quienes quieran terminar con playa —y que el cierre de la isla sea el más vacacional posible—, Playa de las Américas y Costa Adeje están a menos de una hora en coche desde Los Gigantes. Las playas artificiales de arena sahariana, las aguas tranquilas protegidas por los diques y el sol garantizado del sur son el final más clásico y más confortable del viaje.

Para quienes prefieran seguir con el perfil cultural e histórico, la ruta de vuelta por el sur puede incluir Güímar —en el sureste, a unos 40 kilómetros al norte de los resorts— y sus pirámides: las construcciones de piedra volcánica que el explorador noruego Thor Heyerdahl promovió como posibles evidencias de contactos atlánticos precolombinos. La interpretación arqueológica es debatida —algunos las consideran simples acumulaciones de piedra de desmonte agrícola— pero el Parque Etnográfico que las rodea tiene una colección botánica interesante y el contexto histórico y geográfico del Valle de Güímar, con el Teide al fondo, es de los más fotogénicos del sur.

Candelaria, a unos 15 kilómetros de Güímar hacia Santa Cruz, tiene la Basílica de la Virgen de Candelaria —la patrona de Canarias— con las estatuas de los menceyes guanches en la plaza: el lugar donde la memoria prehispánica de la isla y la devoción cristiana conviven en el mismo espacio. Es el cierre más apropiado si el viaje ha sido de exploración histórica y cultural, porque resume mejor que ningún otro lugar la identidad específicamente canaria de Tenerife.

La isla que no tiene equivalente

Tenerife no tiene equivalente en el territorio español ni en el Mediterráneo europeo. Ninguna otra isla española concentra en tan poco espacio la diversidad que Tenerife tiene: el volcán de casi 4.000 metros, los bosques de laurisilva que son ecosistemas del Terciario, los acantilados de 600 metros cayendo al Atlántico, los pueblos coloniales del norte con su arquitectura del siglo XVII, las playas de sol garantizado del sur. Es demasiado para tres días, pero tres días bien aprovechados permiten ver suficiente como para entender por qué la isla funciona en todos los registros al mismo tiempo.

Lo que queda para una próxima vez: el Parque Rural de Anaga, en el extremo noreste, con los senderos entre la niebla y los árboles centenarios del bosque de laurisilva; La Palma, visible desde el Teide, que tiene su propio volcán activo y su propio parque nacional; y el carnaval de Santa Cruz en febrero, el segundo más importante del mundo según algunos rankings y el más intenso del territorio español sin discusión.

Lo práctico

El coche es imprescindible para los tres días. El aeropuerto sur (TFS) está cerca de los resorts del sur; el aeropuerto norte (TFN) está más cerca de La Laguna y Puerto de la Cruz. Para una ruta que combina norte y sur, cualquiera de los dos sirve.

El teleférico del Teide requiere reserva previa en línea. La carretera de Masca requiere conducción cuidadosa; en temporada alta hay restricciones de acceso y es recomendable llegar antes de las 9:00 o después de las 14:00 para evitar el tráfico de coches y autobuses. El sendero de Masca hasta la cala requiere al menos 4 horas más el regreso en barco; es una excursión de día completo.

Las excursiones en barco desde Los Gigantes salen varias veces al día; reservar con antelación en temporada alta.