
Qué ver en Tenerife: la isla de los contrastes verticales
El Teide, La Laguna, los acantilados de Los Gigantes y la isla que en pocos kilómetros va de la playa subtropical a la alta montaña volcánica
Tenerife es, de lejos, la isla española con mayor diversidad de paisajes en el menor espacio. En menos de cien kilómetros de norte a sur, la isla pasa de la playa subtropical con temperatura garantizada todo el año al paisaje lunar de alta montaña del Parque Nacional del Teide, a los acantilados verticales de la costa oeste donde las paredes de roca caen al mar desde seiscientos metros de altura, a los bosques de laurisilva del norte que son un ecosistema del Terciario que desapareció del continente hace millones de años. Esta variedad no es accidental: es el resultado directo de la altitud del Teide y de cómo el volcán condiciona el clima, la vegetación y el paisaje de toda la isla.
La isla más grande de Canarias —con sus casi dos mil kilómetros cuadrados y sus 900.000 habitantes— tiene también la mayor paradoja del turismo español: es uno de los destinos de sol y playa más masificados de Europa y al mismo tiempo uno de los espacios naturales más valiosos del planeta, con el Parque Nacional más visitado de España y de Europa.
El Teide: el volcán que domina todo¶
El Parque Nacional del Teide es lo primero que debería verse en cualquier visita a Tenerife, y no solo porque sea el símbolo de la isla sino porque cambia la perspectiva sobre todo lo que se ve después. El Teide tiene 3.715 metros —el pico más alto de España y el tercero de los volcanes más altos del Atlántico— y desde cualquier punto de la isla es visible: condiciona visualmente la experiencia de Tenerife de la misma manera que el Fuji condiciona la de Japón.
La ascensión al parque desde el sur pasa por varios cambios de vegetación progresivos: el paisaje costero árido con tabaibas y cardones, luego el pinar canario, y finalmente las Cañadas del Teide —la caldera de un volcán más antiguo dentro de la cual el Teide creció posteriormente—, un paisaje de roca volcánica en tonos ocre, naranja, negro y rojo que efectivamente parece extraterrestre y que ha sido usado como escenario de películas de ciencia ficción.
Los Roques de García, en el interior de las Cañadas, son las formaciones rocosas más fotografiadas del parque: monolitos de traquita erosionada que tienen formas caprichosas —columnas, arcos, perfiles que recuerdan figuras humanas— sobre el fondo liso de las Cañadas. El sendero circular de unos tres kilómetros que los rodea es el más transitado del parque y el más adecuado para entender la escala y la geología del conjunto.
El teleférico sube desde la estación base a los 3.555 metros, a unos doscientos metros del cráter. El último tramo —desde la estación del teleférico hasta el cráter— requiere permiso previo que se agota con meses de antelación en temporada alta, pero la vista desde la estación del teleférico ya justifica la subida: en días claros se ven todas las islas del archipiélago, y la perspectiva de estar sobre las nubes —literalmente, porque el mar de nubes que cubre el norte de la isla en la mayoría de los días queda varios cientos de metros más abajo— es una de las experiencias visuales más extraordinarias que ofrece España.
El parque tiene también rutas para los que prefieren el senderismo sin teleférico. La subida al Teide por la Montaña Blanca requiere unas seis horas de ida y es uno de los trekkings más exigentes y más gratificantes de Canarias.
La Laguna: el patrimonio de la ciudad colonial¶
San Cristóbal de La Laguna, en el norte de la isla, es la ciudad más interesante de Tenerife desde el punto de vista histórico y urbano, y también la menos conocida entre el turismo que llega a los resorts del sur. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, lo que la convierte, junto con la Cartuja de Miraflores de Burgos y Dalt Vila de Ibiza, en uno de los cascos históricos más reconocidos de España.
La Laguna fue la primera ciudad colonial española planificada con criterios racionalistas: fundada en 1496 por el conquistador Alonso Fernández de Lugo, su trazado en cuadrícula regular —sin murallas, lo que era una novedad en la urbanística española de la época— influyó directamente en el diseño de las ciudades coloniales americanas durante los siglos XVI y XVII. Es, en cierto sentido, el prototipo del urbanismo con el que España construyó sus ciudades en el Nuevo Mundo.
El casco histórico tiene más de cien edificios protegidos de los siglos XVI al XVIII: iglesias, conventos, palacios, casas señoriales y edificios civiles que muestran la arquitectura colonial canaria en su estado más completo. La Catedral, el convento de Santa Catalina con su reja desde la que las monjas de clausura escuchan la misa, el Palacio de Nava, y especialmente las calles del entorno de la Plaza del Adelantado —la plaza mayor de La Laguna, con sus jacarandas y sus edificios de balcones de madera tallada— componen un conjunto de una coherencia histórica que pocas ciudades españolas conservan.
La Universidad de La Laguna, fundada en 1792, le da a la ciudad una animación estudiantil que la distingue de los destinos puramente turísticos. Los bares y cafeterías de la calle Herradores y sus adyacentes son los más activos de la ciudad universitaria, con una clientela joven y local que no tiene nada que ver con el turismo de playa del sur.
Los Gigantes: acantilados que justifican su nombre¶
La costa oeste de Tenerife tiene los acantilados más espectaculares del Atlántico europeo. Los acantilados de Los Gigantes se elevan verticalmente desde el mar hasta alturas que oscilan entre los 400 y los 600 metros: paredes de roca volcánica negra y ocre, sin vegetación en la mayor parte de su extensión, que caen con una verticalidad que la escala humana no puede procesar en primera instancia.
El pueblo de Los Gigantes, construido al pie de los acantilados en una posición que parece elegida deliberadamente para maximizar la sensación de aplastamiento vertical, tiene un puerto deportivo desde donde salen excursiones en barco que permiten ver los acantilados desde el mar. Esta perspectiva —mirando hacia arriba desde el nivel del agua— es más impresionante todavía que la vista desde tierra, porque elimina cualquier referencia de tamaño conocida y expone la escala real de las paredes.
Las excursiones en barco por la costa de Los Gigantes tienen también como atractivo la posibilidad de ver cetáceos: los cachalotes, los delfines piloto y las ballenas jorobadas son residentes o visitantes frecuentes del canal entre Tenerife y La Gomera, y las aguas profundas frente a los acantilados son uno de los mejores lugares de Canarias para la observación.
Masca, el pueblo más fotografiado del interior de Tenerife, está en el corazón del macizo de Teno, en el extremo noroeste de la isla. Se llega por una carretera de cornisa tan estrecha y sinuosa que algunos tramos son de un solo carril —lo que significa esperar a que bajen los coches que suben en los ensanches previstos—, y la llegada al pueblo es una sorpresa de dimensiones: un puñado de casas en el borde de un barranco, rodeadas de montañas de roca volcánica, con el océano visible en la distancia. El sendero que baja desde Masca hasta la cala en el fondo del barranco —tres horas de bajada, retorno en barco— es una de las excursiones más valoradas de Canarias.
El norte verde: Puerto de la Cruz y la laurisilva¶
El norte de Tenerife tiene un carácter completamente diferente al sur: el choque de los vientos alisios con las laderas del Teide produce precipitaciones que el sur nunca recibe, y esa humedad ha generado en el norte una vegetación exuberante que contrarresta la imagen de isla árida que el sur proyecta.
Puerto de la Cruz fue el primer destino turístico de Tenerife —mucho antes de que el sur se desarrollara— y conserva una elegancia de ciudad de turismo histórico que los desarrollos del sur nunca tuvieron. El Lago Martiánez, diseñado por César Manrique e inaugurado en 1977, es un complejo de piscinas de agua salada integradas en el paisaje de roca volcánica con una armonía que no siempre se consigue en proyectos de este tipo: las piscinas, los jardines, los accesos y los miradores están pensados como un conjunto donde la infraestructura turística dialoga con el entorno natural en lugar de imponerse sobre él. Es el mejor trabajo de Manrique fuera de Lanzarote.
El Jardín Botánico de Puerto de la Cruz —La Orotava— fue fundado en 1788 por iniciativa del rey Carlos III como jardín de aclimatación de plantas tropicales: el plan era aclimatar en Tenerife —con su clima subtropical— las plantas que se traían de las colonias americanas antes de intentar cultivarlas en la Península. El jardín conserva esa función y esa historia en árboles de más de doscientos años —un ficus de 1787 con un tronco de más de tres metros de diámetro— y en colecciones de plantas que incluyen ejemplares únicos de Sudamérica y Asia.
El bosque de laurisilva del Parque Rural de Anaga, en el extremo noreste de la isla, es el ecosistema más singular de Tenerife desde el punto de vista ecológico. Este bosque de lauráceas —laureles, brezos gigantes, viñátigos— es un relicto del ecosistema que cubría Europa y el Mediterráneo durante el período Terciario y que desapareció del continente con las glaciaciones. Las Canarias lo conservaron gracias a su clima oceánico, y el de Anaga es el mejor representante de este bosque terticiario en todo el planeta. Los senderos entre la niebla baja y los árboles cubiertos de líquenes tienen una atmósfera de bosque primigenio que no se encuentra en ningún otro lugar de España.
Santa Cruz y el Auditorio Calatrava¶
Santa Cruz de Tenerife, la capital administrativa de la isla —y capital de la Comunidad Autónoma de Canarias en alternancia con Las Palmas de Gran Canaria—, no es un destino turístico convencional pero tiene un activo arquitectónico de primera línea: el Auditorio de Tenerife, diseñado por Santiago Calatrava e inaugurado en 2003.
El Auditorio es uno de los edificios más reconocibles de la arquitectura española contemporánea: una estructura de hormigón blanco con una cubierta en forma de ola o de vela que se eleva sobre el horizonte del puerto con una presencia escultórica que recuerda la Ópera de Sídney —el modelo al que Calatrava confesó mirar cuando diseñó el edificio. La silueta blanca sobre el azul del Atlántico es la imagen más reproducida de Santa Cruz.
El Carnaval de Santa Cruz, celebrado en febrero, es el segundo más importante del mundo después del de Río de Janeiro según algunos rankings —aunque Cádiz y Las Palmas discuten este segundo puesto con argumentos razonables—. La elección de la Reina del Carnaval, las comparsas, las murgas y el entierro de la sardina llenan la ciudad durante dos semanas con una intensidad festiva que convierte a Santa Cruz en el centro de atención de toda Canarias.
Playa de las Teresitas y las playas del sur¶
La Playa de las Teresitas, a ocho kilómetros de Santa Cruz, es una de las curiosidades geográficas de Tenerife: una playa de arena dorada que no es volcánica sino importada del Sahara, instalada en una bahía de la costa norte donde el mar habitual sería demasiado agitado para el baño. La arena fue traída de África en barcos a finales de los años setenta para crear una playa de aguas tranquilas cerca de la capital, y el resultado —con las montañas de Anaga como telón de fondo y un dique que mantiene las aguas en calma— es una de las playas más hermosas de Tenerife sin ser la más conocida.
Las playas del sur —Playa de las Américas, Los Cristianos, Costa Adeje— son las que el turismo europeo conoce: arena importada, aguas tranquilas, clima garantizado, infraestructura hotelera masiva. No tienen el carácter de las playas naturales del norte o de las calas del Macizo de Anaga, pero tienen algo que ninguna otra playa canaria puede igualar: sol seguro durante los doce meses del año, con temperaturas que raramente bajan de los veinte grados incluso en enero.
Información práctica¶
Tenerife tiene dos aeropuertos: el Aeropuerto Sur (TFS, Reina Sofía), el más grande, orientado principalmente al turismo internacional de Playa de las Américas; y el Aeropuerto Norte (TFN, Los Rodeos), más pequeño, con vuelos principalmente peninsulares e interislas. Para visitar La Laguna o el norte, el aeropuerto norte es más conveniente; para los resorts del sur, el sur.
El coche es imprescindible para conocer más allá de los resorts. Las autovías del sur y el este son fluidas; las carreteras del norte, oeste y el interior son sinuosas y en algunos tramos de montaña requieren paciencia. El Teide está a unos 50 kilómetros de los principales núcleos turísticos por carretera.
La temporada baja turística en Tenerife son los meses de mayo y junio —antes de que empiece el turismo de verano europeo— y noviembre-diciembre. En esos meses la isla tiene el clima que la caracteriza todo el año, los precios son más razonables y los lugares más visitados —el Teide, La Laguna, Los Gigantes— tienen menos afluencia.