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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Boston.

Destinos · Estados Unidos · Boston

Boston en 2 días: historia, universidades y el río Charles

Dos jornadas para conocer la ciudad más compleja de la costa este americana

Lectura de 9 minutos

Dos días en Boston es el mínimo razonable para entender lo que tiene esta ciudad de particular. No basta un día para el Freedom Trail y Cambridge: necesitan cada uno su jornada propia. El primer día pertenece al centro histórico, a la línea roja en el suelo que conecta los dieciséis sitios del Freedom Trail, y al North End con su aroma a café italiano y sus callejuelas que llevan al puerto. El segundo día cruza el río Charles hacia Harvard y el MIT, regresa por el Back Bay victoriano y la Copley Square, y termina en uno de los mejores museos de bellas artes de América del Norte.

La ciudad que se encuentra al final de esos dos días es una que mezcla la historia más cargada de la fundación americana con una cultura universitaria que la mantiene perpetuamente joven y activa. Y que tiene la escala —se puede vivir casi completamente a pie— que las grandes ciudades americanas raramente ofrecen.

Día 1: El Freedom Trail y el puerto

Mañana: el corazón histórico

El primer día sigue el Freedom Trail con lógica y sin prisa. El punto de partida es el Boston Common, el parque más antiguo de Estados Unidos —fundado en 1634 cuando la ciudad tenía cuatro años—, que en otoño se tiñe de los mejores colores de cualquier parque urbano americano. La parada en el State House con su cúpula dorada vale diez minutos aunque sea desde el exterior: el edificio de Charles Bulfinch de 1798 es el punto de referencia visual de Beacon Hill.

El Granary Burial Ground merece más tiempo del que el turismo de paso le suele dedicar. Las lápidas de Samuel Adams, John Hancock y Paul Revere no son simples monumentos —son la tumba de las personas que organizaron la resistencia al Imperio Británico y cuyas decisiones crearon el país que conocemos. La vegetación que crece entre las lápidas, las piedras inclinadas por siglos de heladas y deshielos, y el silencio que el cementerio mantiene incluso rodeado de tráfico tienen algo que los museos no pueden reproducir.

Siguiendo la línea roja: la Old South Meeting House, donde la multitud que desencadenó el Boston Tea Party se reunió antes de marchar al puerto aquella noche de diciembre de 1773; la Old State House de 1713, rodeada de rascacielos modernos como un enclave colonial, con su balcón desde el que el ayuntamiento local leyó la Declaración de Independencia el 18 de julio de 1776 ante una multitud que ya sabía que era ciudadana de un nuevo país.

Mediodía: Faneuil Hall y Quincy Market

El Faneuil Hall y el Quincy Market son la pausa obligada del mediodía. Faneuil Hall no es solo un lugar turístico: es el espacio donde los bostonianos debatieron las ideas que llevaron a la Revolución, y cuya planta superior sigue siendo una sala de reuniones pública donde se celebran eventos políticos y cívicos. El Quincy Market, con sus puestos de comida bajo la cubierta de granito, es el mejor lugar de Boston para comer bien y barato: el lobster roll —langosta fresca en panecillo tostado, servida con mantequilla o mayonesa según la variante— es el plato de referencia de Nueva Inglaterra y aquí tiene buenas versiones a precio razonable.

Tarde: el North End y Charlestown

El North End es el barrio más antiguo y más denso de Boston: el barrio italiano de la ciudad, con la concentración de pastelerías y cafeterías de la Hanover Street y el ambiente de vecindario que sobrevive a la presión del turismo. La Paul Revere House, la Old North Church y el paseo por el barrio sin mapa fijo son las tres actividades de la tarde.

Cruzar hacia Charlestown para ver el USS Constitution —el barco de guerra más antiguo en servicio de la flota americana, con marineros activos que son los mejores guías del conjunto— y el Bunker Hill Monument cierra el primer día con la experiencia de haber caminado literalmente por la historia de los primeros años de los Estados Unidos.

El regreso en ferry desde Charlestown hacia Long Wharf —con las vistas del puerto y el skyline de Boston al atardecer— es la conclusión más cinematográfica que puede tener el día.

Día 2: Cambridge, Back Bay y los museos

Mañana: Harvard y el MIT

El segundo día empieza cruzando el río Charles hacia Cambridge. El Harvard Bridge —que, pese a su nombre, da acceso al MIT y no a Harvard; el nombre es una broma histórica de los estudiantes del MIT— ofrece las mejores vistas del skyline de Boston desde el agua en el trayecto a pie.

Harvard, fundada en 1636, es la universidad más antigua de América y una de las más influyentes del mundo. El Harvard Yard, el patio histórico original con sus edificios de ladrillo rojo y sus grandes árboles, es el espacio universitario más fotografiado de América del Norte. La estatua de John Harvard —apodada "la estatua de las tres mentiras" porque el hombre representado no es John Harvard, el nombre inscrito en la base tampoco es correcto, y la fecha tampoco— es el punto de reunión de los tours gratuitos de campus que organizan los propios estudiantes. Esos tours, que duran unos setenta minutos, son la mejor forma de entender la historia de la institución.

La Widener Library, con su fachada de columnas corintias que domina el Harvard Yard, tiene una historia curiosa: fue donada por la madre de Harry Elkins Widener, un estudiante de Harvard que murió en el hundimiento del Titanic en 1912. La condición de la donación incluía que todos los estudiantes de Harvard debían superar una prueba de natación para graduarse, norma que estuvo en vigor hasta 1975.

A veinte minutos caminando hacia el este, el MIT es el contraste más radical que puede imaginarse: mientras Harvard respira clasicismo y tradición, el MIT abraza la experimentación y la provocación arquitectónica. El Stata Center de Frank Gehry, con su fachada deconstructivista de aluminio y ladrillo que parece a punto de derrumbarse, es el edificio más desconcertante del campus y uno de los más interesantes de Boston.

Entre Harvard y el MIT, la zona de Central Square tiene la Graffiti Alley —Richard B. Modica Way—, un callejón de cuarenta y cinco metros completamente cubierto de arte urbano legal que cambia constantemente y que es la nota de color más inesperada de este barrio de ladrillo rojo y academicismo.

Mediodía: vuelta a Boston y el Back Bay

El regreso a Boston cruzando el puente de regreso lleva al barrio del Back Bay, construido entre 1858 y 1882 sobre lo que era un estuario pantanoso del río Charles. El resultado es uno de los mejores ejemplos de urbanismo victoriano de América del Norte: calles en cuadrícula con nombres de letras, edificios de ladrillo de cuatro pisos con bow windows y escaleras de piedra, y la Newbury Street con sus boutiques y galerías de arte como eje comercial.

El corazón del Back Bay es la Copley Square, donde conviven tres de los mejores edificios de la ciudad: la Trinity Church de H.H. Richardson (1877), obra maestra del romanticismo americano con su torre masiva de piedra rojiza; la Biblioteca Pública de Boston (1895), con su vestíbulo de mármol, su Sala de Lectura Bates de arcos y lámparas de araña, y el patio interior de arcadas inspirado en el Palazzo della Cancelleria de Roma; y el John Hancock Tower de sesenta y dos pisos cuya fachada de vidrio refleja la Trinity Church en un contraste entre antiguo y moderno que es uno de los iconos visuales de Boston.

Tarde: el Museum of Fine Arts y la Isabella Stewart Gardner

El Museum of Fine Arts de Boston, a quince minutos a pie de la Copley Square, tiene más de 450.000 obras y una de las colecciones más completas del mundo: arte del antiguo Egipto, arte japonés —considerada una de las mejores colecciones de arte japonés fuera de Japón—, pintura americana del siglo XIX y arte europeo de todas las épocas. Para una tarde, lo más satisfactorio es elegir dos o tres secciones con tiempo de verdad en lugar de intentar el recorrido completo.

A cien metros del MFA, el Isabella Stewart Gardner Museum es uno de los museos más extraordinarios de América: un palacio veneciano reconstruido en Boston por una excéntrica coleccionista a finales del siglo XIX, con un patio central lleno de plantas y flores, y galerías donde las obras están colocadas exactamente como Isabella Gardner las dejó antes de morir. Sin cartelas convencionales, sin orden cronológico, sin la distancia aséptica del museo moderno. La historia del museo incluye también el mayor robo de arte no resuelto de la historia: en 1990 desaparecieron trece obras —entre ellas un Vermeer y tres Rembrandt— y sus marcos vacíos siguen en las paredes donde estaban colgados, como recordatorio permanente del crimen.

Información práctica

Transport: El CharlieTicket semanal de la "T" de Boston cuesta aproximadamente veintiún dólares y cubre metro, autobuses urbanos y cercanías zona 1A. El ferry entre Charlestown y Long Wharf no está incluido en el CharlieTicket, pero cuesta menos de cuatro dólares.

Cambridge a pie: El puente de Harvard desde Kenmore o Back Bay hacia Cambridge a pie es el trayecto de unos veinte minutos que ofrece las mejores vistas de ambas orillas. Cruzar el río a pie en los dos sentidos es la forma más satisfactoria de conectar los dos días.

MFA o Gardner: Los dos museos están a menos de cien metros el uno del otro en la Avenida Evans. Si solo hay tiempo para uno, el Gardner es la experiencia más única —el MFA es extraordinario pero comparable a otros grandes museos del mundo; el Gardner no se parece a ningún otro.

Horarios del USS Constitution: El barco cierra antes que los monumentos del Freedom Trail. Conviene ir a Charlestown antes de las cuatro de la tarde.


¿Tres días en Boston? Con un día más, la excursión a Salem —a media hora en tren desde North Station— es la opción más singular: el pueblo de las brujas en octubre, con todas sus contradicciones entre lo histórico y lo turístico, es una experiencia que dice algo cierto sobre cómo América gestiona su historia oscura.