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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Boston.

Destinos · Estados Unidos · Boston

Qué ver en Salem: brujas, historia y la costa de Massachusetts

Más allá del morbo: lo que Salem tiene que ofrecer cuando dejas de buscar brujas

Lectura de 10 minutos

Salem es una ciudad que ha aprendido a vivir de su leyenda negra. Los juicios de brujas de 1692 mataron a veinte personas y destruyeron cientos de vidas. Tres siglos después, esas ejecuciones son el principal atractivo turístico de una ciudad de cuarenta mil habitantes que recibe más de un millón de visitantes al año. Hay algo incómodo en esa ecuación, y lo más honesto es nombrarlo: Salem ha convertido su tragedia histórica en industria del entretenimiento, y el resultado es una mezcla fascinante y algo perturbadora de historia real, kitsch y comercio.

Pero hay más en Salem que brujas de plástico y lecturas de tarot. Hay un puerto que en el siglo XVIII fue uno de los más importantes del mundo. Hay arquitectura federal y colonial de primer nivel. Hay museos que merecen la visita y calles que tienen una belleza tranquila cuando uno se aleja de la línea roja del circuito turístico. Y hay la historia de 1692, que bien contada y bien entendida, sin el barniz del folclore de Halloween, es una de las historias más perturbadoras y más instructivas que ha producido América.

Salem está a veinticinco kilómetros de Boston. Se llega fácilmente en tren de cercanías desde la estación North Station en unos treinta minutos, con billetes de ida y vuelta asequibles. Es una excursión de medio día o día completo perfecta para quien visite Boston.

La historia de 1692: más allá de la leyenda

En el invierno de 1692, dos niñas de la familia del reverendo Samuel Parris —su hija Elizabeth y su sobrina Abigail Williams— empezaron a manifestar convulsiones, fiebres y comportamientos extraños. Los médicos de la época no encontraron causa física. La explicación que emergió en aquella comunidad puritana fue lo sobrenatural: las niñas habían sido embrujadas.

Lo que siguió fue uno de los episodios de histeria colectiva más estudiados y más citados de la historia. Las niñas, sometidas a presión para identificar a sus "embrujadoras", señalaron a Tituba, esclava de la familia Parris. Tituba confesó —probablemente bajo coacción— y nombró a otras dos mujeres. Desde ese primer domino, la acusaciones se multiplicaron con una lógica implacable: quienes acusaban quedaban protegidos, quienes eran acusados tenían pocas opciones salvo confesar (lo que salva la vida pero destruye la reputación) o negar (lo que podía llevar a la horca).

En el plazo de meses, más de ciento cincuenta personas fueron acusadas. Veinte murieron: catorce mujeres y seis hombres ejecutados por ahorcamiento, y un hombre aplastado con piedras. Cinco más murieron en prisión. Las acusaciones llegaron a afectar a familias de toda la región. La máquina se detuvo cuando las acusaciones empezaron a alcanzar a esposas de magistrados y figuras respetables, haciendo imposible sostener la ficción colectiva.

Cuatro años después, los jurados que dictaron las condenas firmaron una confesión de error, atribuyendo sus decisiones al miedo y a la histeria. El gobernador William Phips, que había autorizado los juicios, los suprimió cuando la locura alcanzó a su propia esposa. En 1711, la legislatura de Massachusetts compensó económicamente a las familias de los condenados. En 1957, el estado exoneró formalmente a la mayoría de los condenados; en 2001, se añadieron los últimos nombres que faltaban.

Lo que hace especialmente perturbador el caso de Salem, más allá del número de víctimas, es su interpretación. El dramaturgo Arthur Miller lo utilizó como alegoría del macartismo en su obra Las brujas de Salem (1953): la lógica de la acusación pública, la imposibilidad de demostrar la inocencia, la presión de confesar lo que no es verdad para sobrevivir. Un mecanismo que reaparece a lo largo de la historia con distintas máscaras.

La versión más mundana de lo que ocurrió en Salem —que algunos historiadores sostienen y que un habitante actual contó en primera persona durante una visita— atribuye parte de las acusaciones a disputas por tierras y herencias entre familias. Las brujas de Salem también tenían propiedades que codiciaban sus vecinos.

Qué ver en Salem

El Witch Trials Memorial

El punto de mayor peso emocional de Salem no es el museo más famoso ni el edificio más fotogénico. Es un memorial sencillo: veinte bancos de granito encastrados en un muro de piedra, cada uno con el nombre de una víctima, la fecha de su ejecución y la forma en que murió. Está en Charter Street, junto al cementerio más antiguo de la ciudad, y se puede visitar de forma gratuita y sin horario.

Lo que hace poderoso este memorial, diseñado por la arquitecta Maggie Smith e inaugurado en 1992, es precisamente su austeridad. No hay dramatismo ni efectos especiales. Solo los nombres, las fechas y la fórmula fría de la historia: "Ahorcada el 19 de septiembre de 1692", "Aplastada con piedras el 19 de septiembre de 1692". La brevedad es más elocuente que cualquier explicación.

Merece detenerse y leer todos los nombres. No lleva más de diez minutos y la experiencia deja más huella que cualquier museo de Salem.

La Witch House

La Witch House —también conocida como la casa de Jonathan Corwin— es la única estructura relacionada directamente con los juicios de brujas que sigue en pie. Era la residencia de Jonathan Corwin, uno de los magistrados que dictó sentencias de muerte. La casa es de arquitectura colonial del siglo XVII, con sus fachadas de madera oscura, ventanas pequeñas y esa planta superior que sobresale ligeramente sobre la inferior característica del estilo de la época.

El interior, restaurado con mobiliario de época, permite hacerse una idea de cómo era la vida cotidiana de una familia puritana acomodada de 1692. La visita de pago es relativamente corta pero vale la pena para dar contexto físico a los nombres que aparecen en el memorial.

El Salem Witch Museum

El museo más visitado de Salem, y el más cuestionado. Sus defensores dicen que hace un esfuerzo genuino por contextualizar histórica y socialmente los juicios. Sus críticos —entre ellos los propios historiadores del Salem Heritage Trail— señalan que la presentación es más dramática que rigurosa y que los doce dólares de entrada no se corresponden con la calidad del contenido.

La visita consiste en una proyección de luz y sonido en un espacio circular con figuras de cera en escenas de los juicios, seguida de una pequeña galería sobre la evolución del concepto de bruja a través de la historia. El formato de 1970 en el que se creó ha envejecido más que el contenido. Si el presupuesto obliga a elegir, hay mejores formas de entender los juicios en Salem.

The House of the Seven Gables

La House of the Seven Gables (Casa de los Siete Tejados) es uno de los edificios más hermosos y mejor conservados de Salem, aunque no tiene relación directa con los juicios de brujas. Su importancia histórica y literaria es diferente: fue la residencia de un primo del escritor Nathaniel Hawthorne, nacido en Salem en 1804, y lo inspiró para escribir la novela homónima de 1851, que narra la maldición que persigue a las sucesivas generaciones de una familia en esta casa.

Hawthorne tenía una relación torturada con su ciudad natal: su antepasado John Hathorne fue uno de los jueces de los juicios de brujas, y Nathaniel añadió la "w" a su apellido para distanciarse de esa conexión. Su obra regresa constantemente a la culpa heredada y al peso del pasado, con la figura oscura de los juicios siempre en el trasfondo.

La casa, construida en 1668, es genuinamente fascinante: madera oscurecida por siglos, techos bajos, una escalera secreta que sube al ático, y los jardines que dan al puerto con vistas a la bahía. Los tours del interior, incluidos en la entrada, explican tanto la historia de la familia que habitó la casa como la novela de Hawthorne.

Salem Maritime National Historic Site

Salem fue uno de los puertos más importantes de los Estados Unidos entre 1790 y 1810. Los barcos de sus comerciantes llegaban a China, India, el Caribe, Sumatra y el Mediterráneo, y los capitanes y mercaderes de Salem acumularon fortunas que transformaron la arquitectura de la ciudad. El Peabody Essex Museum —uno de los museos más importantes de Nueva Inglaterra y el más antiguo en funcionamiento continuo de Estados Unidos, fundado en 1799 por los propios mercaderes del mar— es el heredero de esa riqueza cosmopolita.

La colección del Peabody Essex incluye arte asiático, africano, oceánico y de los pueblos indígenas americanos de primer nivel mundial, fruto de siglos de comercio y exploración. Merece mucho más tiempo del que los visitantes normalmente le dedican: es el mejor museo de Salem, muy superior en calidad y en rigor a los museos de brujas, y una de las joyas ocultas de la costa de Massachusetts.

El Salem Maritime National Historic Site, gestionado por el Servicio de Parques Nacionales, preserva los muelles históricos, la Custom House —donde trabajó Hawthorne como inspector de aduanas durante tres años— y varios almacenes del siglo XVIII. La visita es gratuita y el paseo por los muelles junto al agua, con los barcos históricos anclados, es una de las experiencias más auténticas que ofrece Salem.

Chestnut Street

Para escapar de la concentración turística en torno al Salem Witch Museum y la Essex Street, hay que caminar hacia el oeste hasta Chestnut Street, considerada una de las calles más hermosas de Estados Unidos. Es un ejemplo extraordinario de arquitectura federal del primer cuarto del siglo XIX: casas de tres y cuatro plantas de ladrillo rojo con fachadas simétricas, escalones de granito, ventanas de guillotina y pequeños jardines delanteros cuidados con esmero. Es la calle de los mercaderes del mar que se construyeron mansiones proporcionales a su riqueza cuando Salem era un puerto de primer orden.

Pasear por Chestnut Street —sin tiendas de brujería, sin disfraces, sin tours de terror— es conocer una Salem diferente: la ciudad próspera y orgullosa de su historia marítima que existía antes de convertirse en parque temático de lo oculto.

El puerto y el faro

La zona del Derby Wharf y los muelles históricos, al este del centro, es la más tranquila y la más alejada del circuito turístico principal. Caminar hasta el extremo del muelle —con el faro al fondo, el más pequeño y, hay que admitirlo, el menos fotogénico que se puede imaginar, pero el entorno costero lo compensa— y contemplar la bahía desde allí es uno de esos momentos de silencio que contrastan con el bullicio de Essex Street y que hacen que Salem resulte algo más que una atracción de feria.

La Salem de octubre

Salem vive todo octubre como un evento permanente de Halloween. Las tiendas del centro llevan el mes entero abiertas con decoración intensiva, hay tours de terror todas las noches, el número de personajes disfrazados en la calle se multiplica y la afluencia de visitantes hace que el aparcamiento y el transporte sean un desafío logístico. La decoración de Halloween —calabazas talladas, esqueletos, telarañas artificiales— en los porches y fachadas de las casas residenciales es elaborada y competitiva entre vecinos.

La expectativa antes de visitar Salem en octubre suele ser de algo más extremo y extravagante. La realidad es más contenida: la ciudad tiene encanto y ambiente, pero no llega al nivel de parque temático total que algunos imaginan. Los mejores elementos son siempre los históricos: el memorial, la Witch House, el Peabody Essex. Las tiendas de artículos de brujería y magia se parecen bastante a las que se pueden encontrar en cualquier otra ciudad turística del mundo.

El consejo es ir en octubre si se quiere el ambiente festivo, pero saber que el verdadero Salem —el más interesante— es el que existe debajo de las decoraciones de Halloween todo el año.