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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de San Francisco.

Destinos · Estados Unidos · San Francisco

Qué ver en San Francisco: guía de la ciudad de la bahía

Una ciudad construida sobre colinas, rodeada de agua, con una historia que lo explica casi todo

Lectura de 13 minutos

San Francisco tiene algo que pocas ciudades americanas tienen: un entorno natural que la supera. El puente del Golden Gate, la bahía que la rodea por tres lados, las colinas que obligan a sus calles a ser montañas rusas, la niebla que llega desde el Pacífico y que en verano puede cubrir la ciudad durante días —todo eso forma parte de la experiencia de San Francisco tanto como cualquier barrio o monumento. Es una ciudad que conviene visitar sin prejuicios sobre el clima: la "soleada California" que imaginamos no siempre aparece aquí, especialmente en verano, cuando la niebla es más densa. Pero con lluvia o con sol, el entorno gana.

Una semana es el tiempo suficiente para explorar los puntos principales. Esta guía recorre lo imprescindible sin ignorar los lugares menos conocidos que compensan con creces el esfuerzo de llegar a ellos.

El Golden Gate: la razón de todo

Si hay algo que justifica el viaje a San Francisco por sí solo, es el puente del Golden Gate. No importa cuántas fotos hayas visto: en persona es diferente. La escala, la elegancia de las dos torres naranja de 227 metros, el contraste con el agua verde de la bahía y las colinas boscosas de Marin al fondo, la bruma que a veces envuelve las torres hasta hacerlas desaparecer parcialmente, la sensación física de caminar sobre una estructura que se balancea ligeramente con el viento y el tráfico: todo eso no se transmite en pantalla.

Cruzar el puente a pie —casi tres kilómetros de paseo, unos cincuenta minutos con paradas y fotos— es completamente gratuito y la mejor forma de experimentarlo. El carril peatonal está en el lado este durante los días laborables y en el lado oeste los fines de semana. Las vistas desde el puente hacia la bahía, la ciudad y el océano son únicas en cualquier dirección.

Los miradores permiten fotografiar el puente desde perspectivas distintas. El Vista Point al otro lado del puente, en Marin, tiene el mirador más popular y el parking más accesible. El Battery Spencer, que requiere subir a pie unos quince minutos desde Vista Point cruzando por debajo del puente, ofrece la imagen icónica: el Golden Gate en primer plano con el skyline de San Francisco al fondo, la foto que aparece en todos los reportajes de la ciudad. El Golden Gate Bridge Welcome Center, en el lado sur antes de cruzar, tiene también sus propias vistas y es el punto de partida del paseo.

Para los que quieran combinar el puente con naturaleza y kilómetros a pie, la ruta completa desde el Welcome Center hasta Sausalito —cruzando el puente, subiendo a Battery Spencer, bajando a la playa de Kirby Cove, continuando por la costa norte hasta el pueblo— es una de las caminatas urbanas más espectaculares del mundo. Son unos veinte kilómetros y requieren buena condición física, pero las vistas a lo largo del recorrido compensan cada metro.

La vuelta desde Sausalito a San Francisco se puede hacer en el ferry —el trayecto más agradable y fotogénico, con vistas de la bahía, Alcatraz y la ciudad— o en autobús.

Alcatraz: la isla que no quería escaparse

Alcatraz es la visita obligatoria de San Francisco que no defrauda. La isla en el centro de la bahía, a menos de dos kilómetros de la ciudad, funcionó como prisión federal de máxima seguridad entre 1934 y 1963, y albergó a algunos de los presos más peligrosos de Estados Unidos: Al Capone, Robert Stroud (el "Birdman of Alcatraz"), Machine Gun Kelly. Su reputación de inescapable era, en gran medida, bien ganada: las corrientes frías de la bahía y la distancia hacían que nadie llegara a nado a la orilla. Treinta y seis intentos de fuga, ninguno confirmado con éxito, aunque tres presos —los hermanos Anglin y Frank Morris— desaparecieron en 1962 y nunca fueron encontrados ni vivos ni muertos.

La visita se hace en ferry desde el Pier 33 y requiere reserva anticipada, especialmente en temporada alta. La audioguía —gratuita con la entrada, disponible en español— es excepcional: narrada por guardas y ex presos, con grabaciones de entrevistas y efectos de sonido que recrean el ambiente de las celdas, es una de las mejores audioguías de cualquier museo que se pueda visitar. El recorrido incluye las celdas —algunas todavía con los detalles de los presos que las habitaron—, el comedor, las celdas de aislamiento y los patios exteriores desde donde se veía San Francisco perfectamente: la ciudad libre a menos de dos kilómetros de distancia era parte del castigo psicológico del encierro.

La isla tiene también jardines restaurados por los presos durante el periodo de la penitenciaría y un ecosistema de aves marinas que la hace interesante incluso para quien no le interesan los presidios.

El Embarcadero y los muelles

El paseo del Embarcadero recorre la orilla este de San Francisco, desde el barrio financiero hasta el Fisherman's Wharf, con el puente de la bahía —el Bay Bridge, que une San Francisco con Oakland— como telón de fondo. El Ferry Building, la terminal de ferries construida en 1898 con su torre del reloj de 75 metros que puede recordar vagamente a la Giralda de Sevilla, alberga un mercado gourmet con puestos de queso artesanal, ostras frescas, café de especialidad y productos locales de California. El mercado de los sábados en el exterior es el mejor de la ciudad.

Desde los muelles del Embarcadero salen los ferries a Alcatraz, a Oakland y a Sausalito. El paseo a pie desde el Ferry Building hasta el Pier 39, con las vistas del agua y el Bay Bridge, tarda unos veinte minutos y es uno de los recorridos más agradables del centro.

El Arco de Cupido en el borde del Embarcadero norte es una escultura de dieciocho metros —un arco y una flecha semienterrados en el suelo como si gigantes hubieran dejado allí sus juguetes— que resulta descomunalmente grande en persona y que dificulta el encuadre fotográfico precisamente por eso.

Fisherman's Wharf: turístico y consciente de serlo

El Fisherman's Wharf es la zona de San Francisco más explícitamente orientada al turismo y la que más se parece a un parque temático. Los muelles del 39 al 45 albergan tiendas de souvenirs, restaurantes de mariscos con precios de zona turística, museos navales y todo el entretenimiento que se puede esperar de una atracción diseñada para visitantes. En invierno está semivacío; en verano puede ser agobiante.

Los leones marinos del Pier 39 son la excepción: llegaron por su cuenta en 1989, después del terremoto de Loma Prieta, y desde entonces ocupan las plataformas flotantes del lado oeste del muelle con la tranquilidad de quien sabe que está en casa. Verlos tomando el sol, discutiendo entre ellos por el mejor sitio en las plataformas y lanzándose al agua de vez en cuando, es un espectáculo genuino en medio de toda la artificialidad de la zona.

El Musée Mécanique en el Pier 45 es la joya oculta del Fisherman's Wharf: una colección de máquinas recreativas antiguas —desde principios del siglo XX hasta los años ochenta— que incluye figuras de marionetas mecanizadas, máquinas de décadas pasadas como el Ms. Pac-Man y todo tipo de artilugios de moneda que funcionan y que pueden consumir mucho tiempo y muchas monedas de cuarta. La entrada es gratuita; las partidas no.

El tranvía histórico de la línea Powell-Hyde —el cable car— pasa por Fisherman's Wharf y sube por Nob Hill hasta Union Square. Viajar en él, de pie en el exterior agarrado a las barras mientras el tranvía sube y baja por las pendientes imposibles de San Francisco, es uno de esos rituales turísticos que merecen la pena: es más una atracción que un medio de transporte, pero la experiencia de subir por California Street o Russian Hill a bordo de una reliquia de 1873 tiene su encanto. Los pases de transporte semanales o diarios de MUNI incluyen el cable car.

Los barrios: cada colina su mundo

San Francisco tiene barrios con personalidades tan distintas que parecen ciudades diferentes. La guía de los barrios tiene su propio artículo, pero una síntesis rápida de los que no pueden faltar:

Chinatown, el barrio chino más antiguo de América del Norte, fundado en 1848. La Grant Avenue con sus farolillos rojos y sus tiendas de artesanía es la postal turística; las calles laterales donde la vida cotidiana de la comunidad china continua —los mercados de verduras, las pastelerías de dim sum, los restaurantes sin carta en inglés— son la realidad. El Tin How Temple, el templo taoísta más antiguo de los Estados Unidos, está en un tercer piso de la Waverly Place y se puede visitar.

North Beach, el barrio italiano de San Francisco, tiene la City Lights Bookstore —la librería fundada por Lawrence Ferlinghetti en 1953, epicentro de la generación Beat, donde se publicó Howl de Allen Ginsberg en 1956— como punto de referencia cultural. El café Trieste, donde Francis Ford Coppola supuestamente escribió partes del guión de El Padrino, y los restaurantes italianos de la Columbus Avenue componen el ambiente de un barrio que conserva su carácter europeo con cierta dificultad.

El Castro, el barrio LGBTQ+ por antonomasia, fue durante los años sesenta y setenta el escenario de la lucha por los derechos que Harvey Milk —el primer político abiertamente gay elegido en California, asesinado en 1978— protagonizó desde su tienda de fotografía en la Castro Street. El Castro Theatre, con su fachada española y su interior de los años veinte, es el cine independiente más hermoso de la ciudad y uno de los mejores de los Estados Unidos.

La Mission District, con su población latina mayoritaria, sus murales —la Clarion Alley y el Women's Building son los puntos de mayor concentración— y sus taquerías y panaderías, es el barrio más vibrante y el que más se aleja del San Francisco de los rascacielos y los tecnólogos. El Mission Dolores Park, en pendiente con vistas a la ciudad, es el mejor parque urbano de San Francisco para entender cómo la gente local pasa sus tardes libres.

Haight-Ashbury fue el epicentro del Verano del Amor de 1967, cuando decenas de miles de jóvenes convergieron aquí convocados por la contracultura hippie. Las tiendas vintage de la Haight Street, con sus rótulos psicodélicos, son el vestigio comercial de aquel momento. El parque de Buena Vista y el Golden Gate Park al final de la calle son el argumento verde.

La Torre Coit y el North End

En lo alto de la colina de Telegraph Hill, la Torre Coit fue construida en 1933 en honor al cuerpo de bomberos con fondos dejados por la excéntrica filántropa Lillie Hitchcock Coit. La torre en sí no es especialmente hermosa —su fama se debe más a la ubicación que al diseño—, pero la subida por la Filbert Street, a través de escaleras empinadas con jardines privados y casas con terrazas colgadas sobre la ladera, es uno de los paseos más inesperadamente hermosos de San Francisco. Los papagayos salvajes que viven en Telegraph Hill desde los años noventa —fugados de sus jaulas o liberados y establecidos como colonia permanente— son otro elemento improbable pero real de la ciudad.

Los frescos del interior de la torre, pintados en 1934 por artistas del New Deal en estilo muralista mexicano, se pueden ver gratuitamente sin necesidad de pagar el acceso al mirador.

Los miradores: Twin Peaks y más

San Francisco tiene varios miradores desde los que se entiende la geografía de la ciudad de un golpe visual. El más espectacular es Twin Peaks: dos colinas de 281 metros prácticamente en el centro geográfico de la ciudad, con un mirador de 360 grados que muestra el océano al oeste, la bahía al norte y al este, el Golden Gate al noroeste y la ciudad extendida en todas direcciones. El acceso en transporte público es posible con autobús —aunque Google Maps no siempre señala las opciones más convenientes—. La bajada a pie hasta la estación de metro de Forest Hill dura unos treinta minutos por senderos no siempre bien iluminados.

El Legion of Honor, el museo de bellas artes construido como réplica a escala del Palais de la Légion d'honneur de París en el Parque Lincoln, tiene además de su notable colección de esculturas de Rodin uno de los mejores miradores del Golden Gate, desde una posición al norte de la ciudad con el Pacífico al fondo.

La Coit Tower y el camino de las escaleras de Filbert Street dan vistas parciales de la bahía y del Bay Bridge que son suficientes para justificar la subida.

Ocean Beach y Sutro Baths

La Ocean Beach es toda la cara oeste de San Francisco: una playa larga, expuesta al Pacífico y al viento, que en verano suele estar cubierta de niebla pero que en las tardes despejadas —especialmente en otoño— ofrece atardeceres de esa categoría de los que quedan en la memoria. No es una playa para bañarse: las corrientes son peligrosas y el agua es fría durante todo el año. Pero el paisaje de dunas, viento y olas enormes tiene su propia grandeza.

Al norte de Ocean Beach, subiendo por la carretera que sube al promontorio, están los Sutro Baths: las ruinas de lo que fue en 1896 el complejo de piscinas de agua salada más grande del mundo, con capacidad para diez mil bañistas. El empresario Adolph Sutro construyó seis piscinas de tamaños y temperaturas distintas, una zona de espectáculos y galerías de arte. El complejo ardió en 1966 —sí, unas piscinas ardieron, porque la estructura era en su mayor parte de madera— y lo que queda son los muros de piedra que las separaban y los canales por donde entraba el agua del mar, todo ello a nivel del Pacífico con el oleaje entrando por las grietas.

Es uno de los lugares más singulares de San Francisco y de los menos visitados. Caminar por los muros de las antiguas piscinas con el mar rompiendo al lado y el Golden Gate visible a lo lejos en la distancia, especialmente al atardecer, es una experiencia que ninguna otra ciudad ofrece.

Transporte y consejos prácticos

San Francisco tiene un sistema de transporte fragmentado entre MUNI (autobuses, tranvías, cable car), BART (tren de cercanías que comunica la ciudad con Oakland, el aeropuerto y los suburbios) y otros operadores. La tarjeta Clipper funciona para todos los sistemas con descuento respecto al billete suelto —el billete del ferry a Sausalito, por ejemplo, cuesta más del doble sin Clipper—, y vale la pena comprarla desde el primer día aunque tenga un coste de activación.

El aeropuerto internacional de San Francisco (SFO) está conectado al centro en BART en unos treinta minutos.

San Francisco es una de las ciudades más caras de los Estados Unidos: el alojamiento, la comida y el transporte están por encima de la media nacional. Los supermercados —especialmente Walgreens, con sus ensaladas y bocadillos preparados— son la opción más económica para comer sin salir excesivamente del presupuesto. Los bares de la Mission, el Castro y el North Beach tienen precios más asequibles que los del Embarcadero o el Fisherman's Wharf.