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La iglesia de la roca, Temppeliaukio, en Helsinki

Destinos · Finlandia · Helsinki

Qué ver en Helsinki en 2 días: centro, Suomenlinna y la cultura de la sauna

El centro monumental el primer día; Suomenlinna, el diseño y la cultura de la sauna, el segundo.

Lectura de 9 minutos

Helsinki es una ciudad que mucha gente conoce en un solo día, normalmente porque llega en ferry desde Tallin. Y funciona: el centro es compacto, llano y se recorre entero a pie. Si de verdad solo tienes esa jornada, la ruta esencial de un día prioriza lo imprescindible. Pero con una segunda jornada aparecen dos cosas que un día no permite y que son esenciales para entender la ciudad: el mar y la sauna.

Este itinerario dedica la primera jornada al centro monumental y la segunda a salir de él, con la fortaleza de Suomenlinna por la mañana y los barrios del sur por la tarde.

Antes de empezar

Cómo moverse

El centro se recorre a pie sin dificultad. Para el segundo día conviene sacar un abono de transporte de veinticuatro o cuarenta y ocho horas, porque incluye el ferry público a Suomenlinna, que de otro modo hay que pagar aparte.

Ese detalle es importante: la fortaleza está a quince minutos de travesía desde la plaza del mercado y el barco forma parte del sistema de transporte urbano, así que con abono el trayecto no cuesta nada adicional.

Los precios

Finlandia es cara. Si llegas desde los países bálticos, prepárate para un salto de entre el cincuenta y el sesenta por ciento en prácticamente todo.

La buena noticia es que lo esencial de Helsinki es gratuito: la plaza del Senado y su conjunto neoclásico, las dos catedrales, la Biblioteca Nacional, la biblioteca Oodi, la capilla del Silencio, Suomenlinna en su mayor parte y todos los paseos. Con dos días se puede visitar la ciudad a fondo gastando muy poco.

Los horarios

Muchos interiores cierran a las cinco de la tarde, incluidas iglesias y museos. Coloca lo que quieras ver por dentro en la primera mitad del día.

Día 1. El centro a pie

Katajanokka y la catedral Uspenski

Empieza por Katajanokka, la península que cierra el puerto por el este, un barrio residencial precioso con un conjunto notable de arquitectura art nouveau en su variante nórdica: torreones, relieves de piedra y motivos vegetales tallados en las fachadas.

Subiendo desde allí aparece la catedral ortodoxa Uspenski, un edificio de ladrillo rojo con cúpulas doradas terminado en 1868 y la mayor iglesia ortodoxa de Europa occidental. Es un recordatorio muy visible de que Finlandia formó parte del Imperio Ruso durante más de un siglo. La entrada es libre.

La plaza del Senado y la Biblioteca Nacional

Senaatintori es el corazón monumental de la ciudad y una de las plazas neoclásicas más impresionantes del norte de Europa, con la catedral luterana blanca sobre su escalinata, el palacio del Gobierno, la universidad y la Biblioteca Nacional cerrando los cuatro lados. El conjunto lo diseñó casi al completo Carl Ludvig Engel en la primera mitad del siglo XIX.

No te saltes el interior de la Biblioteca Nacional: una sala de doble altura con columnas corintias, galerías superiores y una bóveda de luz cenital, en tonos verdes, dorados y blancos. Es de acceso libre y probablemente el espacio más bonito del centro.

Entre la plaza y el puerto está Torikorttelit, las manzanas más antiguas de la ciudad, hoy llenas de tiendas de diseño y cafés.

El mercado, la Esplanadi y la estación

Baja al Kauppatori, la plaza del mercado junto al agua, y entra en el Vanha kauppahalli, el mercado cubierto antiguo de 1889, con sus interiores de madera y lo mejor de la despensa finlandesa: pescado ahumado, quesos, panadería y carne de caza.

Sube después por la Esplanadi, el bulevar ajardinado que atraviesa el centro, y recorre Aleksanterinkatu hasta la zona de la estación central. El edificio de la estación, obra de Eliel Saarinen e inaugurado en 1919, es una pieza maestra del romanticismo nacional finlandés, con sus cuatro figuras de granito sosteniendo faroles esféricos.

Töölö y la iglesia de la roca

Por la tarde, sube al noroeste para ver la Temppeliaukio, la iglesia de la roca: un templo luterano excavado directamente en el granito en 1969, con las paredes de piedra viva y una cúpula de cobre en espiral. Desde fuera es prácticamente invisible.

Tiene entrada de pago y cierra a las cinco, así que no la dejes para el final.

De camino, en Kamppi, la capilla del Silencio, una pieza de madera curva de 2012 pensada como espacio de recogimiento en medio del barrio comercial más transitado. Entrada libre y visita de cinco minutos.

Cierre por los barrios del sur

Baja después por Bulevardi, con sus fachadas señoriales, y termina el día en la colina del Observatorio, en Ullanlinna, con vistas sobre el puerto sur.

Con dos días puedes rematar la jornada en la biblioteca Oodi, inaugurada en 2018 junto a la estación y uno de los edificios públicos más celebrados de la Europa reciente. Es gratuita, abre hasta tarde y está pensada precisamente para que la gente entre y se quede.

Día 2. Suomenlinna y el sur

Suomenlinna por la mañana

La segunda jornada empieza en el mar. Suomenlinna es una fortaleza marítima del siglo XVIII construida sobre un grupo de islas frente al puerto, declarada Patrimonio de la Humanidad y una de las visitas imprescindibles de Finlandia.

Se llega en un ferry público que sale del Kauppatori y tarda unos quince minutos. Al formar parte del sistema de transporte urbano, con abono no cuesta nada adicional.

La fortaleza la empezó a construir Suecia en 1748, cuando el territorio finlandés era sueco, como defensa frente a la expansión rusa. Se llamaba entonces Sveaborg, el castillo de los suecos. Cayó en manos rusas en 1808 sin apenas resistencia, en un episodio que sigue discutiéndose, y pasó a ser una base rusa durante más de un siglo, hasta la independencia finlandesa.

Lo que se visita hoy es un conjunto extenso repartido por varias islas unidas por puentes: murallas, baterías de cañones, túneles, astilleros, un submarino de la Segunda Guerra Mundial visitable y varios museos. Y algo que sorprende: Suomenlinna es también un barrio habitado, con unos ochocientos residentes permanentes, escuela, tienda y biblioteca.

El recinto es de acceso libre y se puede recorrer entero por fuera sin pagar nada. Los museos y el submarino tienen entrada aparte.

Calcula entre tres y cuatro horas, incluyendo las travesías. Lleva calzado cómodo, porque el terreno es irregular, y algo de picar, porque la oferta de restauración es limitada y cara.

Punavuori y el distrito del diseño

De vuelta en el continente, dedica la tarde al sur de la ciudad.

Punavuori es el corazón del Design District, una zona de galerías, estudios, tiendas independientes, anticuarios y talleres que agrupa a más de doscientos establecimientos repartidos por varias calles.

Finlandia tiene una tradición de diseño industrial de primer nivel mundial —Alvar Aalto, Marimekko, Iittala, Artek— y este es el sitio donde verla sin necesidad de entrar en ningún museo. Aunque no compres nada, el paseo merece la pena.

En la misma zona está el Museo del Diseño, que hace un recorrido excelente por esa tradición desde el siglo XIX hasta hoy.

Ullanlinna y el mar

Sigue hacia Ullanlinna, el barrio residencial más elegante de la ciudad, tranquilo y con edificios magníficos, y baja hasta la costa por el paseo marítimo, que rodea toda la punta sur.

Es una de las mejores caminatas urbanas de Helsinki y casi ningún visitante la hace.

La sauna, al final del día

Y aquí llega lo que de verdad justifica el segundo día. La sauna no es en Finlandia una actividad de balneario sino una institución nacional: hay más saunas que coches en el país, forma parte de la vida cotidiana de prácticamente todo el mundo y está reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial.

Hay saunas públicas urbanas perfectamente accesibles para el visitante y con precios razonables.

En Hernesaari, al sur, está Löyly, un edificio contemporáneo de madera junto al mar, con sauna de leña, sauna de humo y acceso directo al Báltico para el chapuzón posterior. En Katajanokka, a un paso de la plaza del mercado, está Allas Pool, con varias saunas, piscinas de agua de mar y de agua templada y una terraza enorme sobre el puerto.

Y en los barrios hay saunas de vecindario tradicionales, algunas centenarias, que son la versión menos turística y más auténtica.

Sea cual sea la que elijas, reserva con antelación en temporada alta y comprueba las normas de cada sitio, porque varían: algunas son mixtas con bañador y otras separan por sexos sin él.

Es la mejor manera posible de terminar dos días de caminata.

Alternativas para el segundo día

Si Suomenlinna no te encaja o el tiempo es malo, hay dos sustituciones que funcionan bien.

Los museos del centro dan para una jornada: el Ateneum, con la mejor colección de arte finlandés; el Kiasma, de arte contemporáneo; y el Amos Rex, instalado bajo una plaza con esas cúpulas que emergen del pavimento y que se han convertido en una imagen icónica de la ciudad.

O el barrio de Kallio, al norte del centro, tradicionalmente obrero y hoy la zona más viva y menos turística de Helsinki, con bares de barrio, mercado propio y precios notablemente más bajos que en el centro.

Y si tienes un tercer día

Con dos jornadas Helsinki queda bien cubierta, pero hay opciones excelentes para una más.

Porvoo, la segunda ciudad más antigua de Finlandia, está a menos de una hora en autobús y tiene un casco antiguo de casas de madera y unos almacenes rojos junto al río que son una de las imágenes clásicas del país.

El parque nacional de Nuuksio, a unos cuarenta minutos, ofrece bosque, lagos y senderos señalizados, y es la manera más rápida de ver la naturaleza finlandesa sin salir del área metropolitana.

Y la isla de Seurasaari, dentro de la propia ciudad, alberga un museo al aire libre con construcciones rurales tradicionales trasladadas desde todo el país. El itinerario de tres días por Helsinki detalla estas tres opciones.