
Los museos de París que de verdad merecen el tiempo
Guía selectiva para no perderse en la ciudad con más museos del mundo
París tiene más de 130 museos. Decir eso es decir, en la práctica, que hay que elegir. Una semana entera no alcanzaría para ver todos los que tienen algo importante que ofrecer, y visitar museos sin convicción es una de las formas más seguras de acabar odiándolos. Esta guía no pretende ser completa: pretende identificar qué merece realmente el tiempo de alguien que no puede pasarse la vida en París, y cómo sacarle partido a cada visita.
El Louvre: cómo no naufragar en el mayor museo del mundo¶
El Louvre es el museo más visitado del mundo, con aproximadamente nueve millones de visitantes anuales, y también uno de los más difíciles de gestionar como visitante. El edificio ocupa doscientas dieciséis hectáreas. Las galerías se extienden durante kilómetros. Hay más de 380.000 obras en la colección, de las cuales unas 35.000 están expuestas. Intentar ver todo en una visita no solo es imposible: es contraproducente. La fatiga del museo —esa sensación de agotamiento físico y cognitivo que aparece después de dos o tres horas— convierte las últimas salas en una carrera hacia la salida que no le hace ningún favor a las obras.
La estrategia más inteligente para la primera visita es establecer prioridades antes de llegar y cumplirlas sin desviarse hacia salas que no estaban en el plan. El Louvre tiene una app oficial con mapa interactivo que permite planificar el recorrido con antelación.
Las obras que todo el mundo viene a ver:
La Gioconda de Leonardo da Vinci ocupa una sala propia en la primera planta del ala Denon, detrás de un cordón de seguridad y rodeada perpetuamente de personas alzando el teléfono para fotografiarla. La pintura es más pequeña de lo que la mayoría espera —77 por 53 centímetros— y la distancia obligatoria hace difícil apreciar los detalles. Aun así, hay algo en la presencia del original que las reproducciones no consiguen transmitir, aunque sea difícil articular exactamente qué.
La Venus de Milo, en la planta baja del ala Sully, es todo lo contrario en términos de escala: dos metros de altura de mármol blanco encontrados en la isla de Milos en 1820. Desconocemos quién la creó y cuándo exactamente —probablemente entre el 130 y el 100 a.C.— y los brazos perdidos siguen siendo objeto de debate académico.
La Victoria de Samotracia preside la escalinata Daru en el ala Denon con una presencia que en ocasiones supera a la Mona Lisa en impacto visual: una figura de dos metros de altura con las alas extendidas, sin cabeza, el paño modelado por el viento. Fue creada hacia el 200-190 a.C. para conmemorar una victoria naval griega. La capacidad de sus escultores para representar el movimiento y el tejido en mármol blanco es simplemente extraordinaria.
Lo que la mayoría se salta:
La sección de antigüedades egipcias del Louvre es una de las más importantes del mundo fuera de Egipto, con momias, sarcófagos, estatuas y objetos cotidianos que abarcan tres mil años de civilización. Dedica al menos una hora.
Las pinturas de la escuela francesa del siglo XIX en el ala Richelieu son enormes —y se habla literalmente de escala: el cuadro "Las bodas de Caná" de Veronese mide 6,6 por 9,9 metros— con una carga narrativa y emotiva que el siglo XX relegó al segundo plano pero que merecen atención.
Consejos operativos:
Comprar la entrada en línea con antelación es obligatorio: los días de mayor afluencia hay colas de más de una hora en taquilla. Los viernes el museo abre hasta las 21:45, lo que permite una visita mucho más tranquila que en horario de día. El precio de la entrada da acceso a las colecciones permanentes durante todo el día y permite salir y volver a entrar.
El Musée d'Orsay: el impresionismo bajo una cúpula de cristal¶
El Musée d'Orsay es, para muchos visitantes, la visita más satisfactoria de París. No porque sea el mejor museo del mundo, sino porque la concentración de obras maestras por metro cuadrado es difícil de superar, y la escala del edificio —una estación de tren de 1900 reconvertida, con su nave central acristalada de 138 metros de longitud y 32 de altura— es la adecuada para que uno no se pierda.
La colección cubre principalmente el período entre 1848 y 1914, con especial fortaleza en el impresionismo y el postimpresionismo. Hay más de tres mil pinturas de Monet aquí, más que en cualquier otro museo del mundo, incluyendo "La catedral de Rouen" en sus diferentes versiones, los nenúfares, las estaciones de tren y los paisajes de Giverny. De Renoir, el "Baile en el Moulin de la Galette", pintado en Montmartre en 1876 con esa luz moteada que es la firma del artista. De Degas, las bailarinas en todos sus ángulos —hay algo en la forma en que Degas capturaba el movimiento y la fatiga al mismo tiempo. De Van Gogh, el Autorretrato de 1889 pintado en el hospital de Saint-Rémy, pocos meses antes de su muerte, con ese fondo de espirales que prefigura la "Noche estrellada".
La escultura también ocupa un lugar central: el Musée d'Orsay tiene algunas de las obras más importantes de Rodin, incluyendo "La edad de bronce" y varios estudios para "Las puertas del infierno".
El edificio en sí merece atención. La gran nave fue construida en 1900 por la Compañía de los Ferrocarriles de Orléans para ser la estación más moderna de Europa. En 1939 se cerró al tráfico ferroviario y durante décadas sirvió como hotel y teatro antes de que el gobierno francés decidiera reconvertirla en museo en 1977. La arquitecta italiana Gae Aulenti diseñó la museografía interior, integrando las plataformas de los andenes en la estructura del recorrido.
La Sainte-Chapelle: el museo que es una sola obra¶
La Sainte-Chapelle no es técnicamente un museo, sino una capilla del siglo XIII. Pero merece estar en esta lista porque lo que ofrece es una experiencia estética única, concentrada y completamente diferente a cualquier otra cosa que París pueda dar.
Luis IX la mandó construir en 1248 dentro del recinto del Palacio de Justicia, en la Île de la Cité, específicamente para guardar las reliquias de la Pasión que había comprado al emperador de Constantinopla: la Corona de Espinas, fragmentos de la Vera Cruz. El precio de las reliquias fue, según dicen, tres veces mayor que el de la construcción de la capilla. El resultado es una estructura donde la arquitectura se pone completamente al servicio de la luz: 1.113 paneles de cristal emplomado cubriendo 600 metros cuadrados de vidrieras que narran escenas bíblicas desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
En días de sol, el interior se llena de rojos, azules, dorados y verdes con una intensidad que resulta físicamente abrumadora al principio. Es necesario quedarse quieto durante varios minutos y dejar que los ojos procesen antes de intentar leer las escenas en los cristales. Una de las experiencias visuales más intensas que puede ofrecer cualquier edificio europeo.
La capilla tiene dos plantas: la inferior, más oscura y sobria, para los siervos; la superior, a la que se accede por una escalera de caracol, la prodigiosamente luminosa que se ha descrito. La entrada cuesta alrededor de once euros y las colas pueden ser largas: conviene llegar temprano o comprar la entrada combinada con la Conciergerie.
El Centre Pompidou: arte moderno en una refinería de arte¶
El Centre Pompidou sigue siendo, casi cincuenta años después de su inauguración en 1977, el edificio más polarizante de París. Renzo Piano y Richard Rogers diseñaron una estructura con todas las tripas por fuera: tuberías de colores —azul para el aire, verde para el agua, amarillo para la electricidad, rojo para las escaleras—, estructura de acero visible, nada oculto. Los parisinos lo odiaron. Lo llamaron "refinería de petróleo". Hoy es uno de los edificios más visitados de Francia.
El Musée National d'Art Moderne que alberga —en las plantas 4 y 5— es el mayor museo de arte moderno y contemporáneo de Europa, con más de 120.000 obras. La colección abarca desde el Fauvismo y el Cubismo hasta el arte digital, con especial fuerza en las vanguardias europeas de la primera mitad del siglo XX: Matisse, Picasso, Kandinsky, Mondrian, Léger, Duchamp. Las salas dedicadas al Surrealismo son particularmente ricas.
La vista desde las escaleras mecánicas exteriores —que suben por la fachada acristalada ofreciendo vistas panorámicas de París a medida que se asciende— es uno de los regalos inesperados de visitar el edificio.
La plaza frente al Pompidou, con sus mimos, músicos callejeros y turistas sentados en el suelo, es uno de los espacios urbanos más democráticos de París: nadie controla quién está ahí ni por qué.
El Musée Rodin: escultura en un jardín¶
El Musée Rodin está en un hôtel particulier del arrondissement 7, el Hôtel Biron, donde el escultor vivió y trabajó desde 1908 hasta su muerte en 1917. A su muerte dejó toda su obra al Estado a cambio de que se convirtiera en museo. El resultado es uno de los museos más agradables de París, con una escala humana y un jardín de tres hectáreas donde se pueden ver algunas de las esculturas más conocidas de Rodin al aire libre.
"El Pensador" está en el jardín, en bronce, mirando hacia la fachada del hotel. "Las puertas del infierno", esa monumental composición de 6 metros de altura con 186 figuras inspirada en la Divina Comedia de Dante, ocupa el jardín trasero. "El beso", quizá la obra más reproducida de toda la historia de la escultura, está en el interior.
El jardín es también un buen lugar para hacer una pausa entre museos: los árboles, las esculturas y la escala tranquila del espacio ofrecen descanso del ritmo intenso de la ciudad.
El Musée de Cluny: la Edad Media en el corazón de París¶
El Musée de Cluny —oficialmente Musée National du Moyen Âge— ocupa un edificio medieval del siglo XV construido sobre las termas romanas del siglo II, en el Barrio Latino. Es uno de los museos medievales más importantes del mundo, con una colección que incluye fragmentos de la estatuaria original de Notre-Dame y algunas de las tapicerías más importantes de Europa.
La serie de tapicerías "La Dame à la Licorne", seis tapices flamencos del siglo XV que representan los cinco sentidos y un sexto de significado debatido por los académicos, es la pieza más famosa de la colección. Están expuestas en una sala circular diseñada específicamente para ellas, y tienen una complejidad visual y simbólica que se revela lentamente.
Los baños romanos —la Frigidarium con su bóveda del siglo II que se conserva en pie— son una rareza en el contexto de una ciudad donde los vestigios romanos son escasos y fragmentarios. Verlos integrados en el edificio medieval es uno de esos momentos en los que las capas de historia de París se vuelven físicamente tangibles.
El Musée Marmottan Monet: la mayor colección de Monet del mundo¶
En el arrondissement 16, alejado del circuito turístico central, el Musée Marmottan tiene la mayor colección de obras de Claude Monet del mundo: más de 300 pinturas, incluyendo varios de los cuadros más importantes de la serie de nenúfares. El museo ocupa una villa de caza reconvertida en mansión burguesa en el siglo XIX, y la escala íntima del espacio contrasta favorablemente con los grandes museos.
"Impresión, sol naciente" —el cuadro de 1872 que dio nombre al movimiento impresionista, pintada en el puerto de El Havre— está aquí. Los nenúfares en sus versiones más grandes y más abstractas, casi gestuales, están aquí. Es un museo que se puede ver en dos horas y que deja una impresión duradera precisamente porque no está sobredimensionado.
Consejos generales para los museos de París¶
El primer domingo de mes, la mayoría de los museos nacionales —Louvre, Orsay, Centro Pompidou, Musée de Cluny, Sainte-Chapelle— son gratuitos. Las colas son largas, pero para quien tiene tiempo, vale la pena planificarlo.
La Paris Museum Pass da entrada a 60 museos y monumentos durante 2, 4 o 6 días consecutivos, con acceso directo sin colas en la mayoría de ellos. Se amortiza fácilmente si se planifican visitas intensivas.
Los museos de la Ville de Paris —Musée Carnavalet, Musée d'Art Moderne de Paris, Musée des Arts Décoratifs, Petit Palais— tienen entrada gratuita a la colección permanente de forma permanente.
Para el Louvre específicamente, entrar por la entrada de los Leones —la de la Rue de Rivoli, no la de la Pirámide— permite evitar las colas más largas.