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Las playas del Desembarco de Normandía
El lugar donde se decidió el destino de Europa un martes de junio de 1944
Hay visitas que no se hacen por placer sino por necesidad moral. Las playas del Desembarco de Normandía son una de ellas. El turismo que lleva a la gente aquí no es el turismo de la belleza ni el de la gastronomía ni el del descanso, aunque Normandía tenga todo eso en abundancia. Es el turismo de la memoria, que es otra cosa: un acto de reconocimiento ante lo que ocurrió en este tramo de costa el 6 de junio de 1944 y ante lo que costó.
La costa normanda es verde y tranquila. Hay vacas en los prados, setos que delimitan los campos, iglesias de piedra en los pueblos pequeños. Es uno de los paisajes agrícolas más apacibles de Francia. Y entonces se llega al borde de un acantilado o a la orilla de una playa, y el suelo cambia, y los búnkeres de hormigón todavía están ahí, y hay una placa, y se sabe lo que ocurrió. El contraste entre el paisaje pastoral y el peso de lo que pasó aquí nunca se resuelve del todo. Eso es precisamente lo que hace que la visita sea tan perturbadora.
El Día D: lo que ocurrió¶
El 6 de junio de 1944 fue el martes más importante del siglo XX. La Operación Overlord, el mayor desembarco anfibio de la historia, llevó a 156.000 soldados aliados a las playas de Normandía en un frente de ochenta kilómetros. Detrás de la operación había años de planificación, decenas de operaciones de engaño diseñadas para convencer a los alemanes de que el desembarco llegaría en el Paso de Calais, un trabajo logístico de una escala que aún hoy resulta difícil de imaginar: 6.939 barcos de distintos tipos, 11.590 aeronaves, 13.000 paracaidistas lanzados sobre Normandía en la noche previa al asalto anfibio.
Las cinco playas se repartieron entre los ejércitos aliados: Utah y Omaha para los americanos, en el sector occidental; Gold para los británicos; Juno para los canadienses; Sword para los británicos en el flanco oriental. La diferencia de bajas entre una playa y otra fue enorme y dependió de factores que incluían la topografía del terreno, las defensas alemanas y, en algún caso, circunstancias que los militares llaman eufemísticamente "fortuna de guerra".
En Utah, la deriva de las corrientes marinas llevó a las embarcaciones americanas a una sección de playa con defensas más ligeras de lo previsto. Las bajas del primer día fueron de 197 muertos: una cifra que en cualquier otro contexto sería una catástrofe, pero que en el contexto del Día D pareció casi un milagro.
En Omaha, que estaba a diez kilómetros al este, ocurrió algo completamente diferente.
Omaha Beach¶
La 1ª División de Infantería y la 29ª División de Infantería del Ejército de los Estados Unidos se enfrentaron en Omaha a una combinación de factores que convirtió aquella playa en el lugar más mortífero del Día D.
La playa de Omaha es una curva de cuatro kilómetros de arena flanqueada por acantilados de cuarenta metros en los extremos y por un talud empinado en el centro. Los alemanes de la 352ª División de Infantería habían construido sus posiciones de fuego en lo alto, con campos de tiro perfectos sobre toda la playa. Los tanques anfibios del primer asalto americano se hundieron casi todos antes de llegar a tierra —el mar estaba agitado y las embarcaciones se lanzaron demasiado lejos de la costa—. Las rampas de las lanchas de desembarco se abrieron y los soldados entraron en el agua con todo su equipo de combate a pleno fuego alemán. Muchos se hundieron antes de pisar la arena. Los que llegaron a la orilla encontraron muy poca cobertura.
Las estimaciones de bajas americanas en Omaha el 6 de junio de 1944 varían entre 2.000 y 5.000 muertos, heridos y desaparecidos. La cifra exacta nunca se ha podido precisar en el caos de las primeras horas. Lo que es seguro es que la playa se aseguró ese día —la idea de reembarcarse y abandonar nunca se consideró seriamente, a pesar de lo que el desastre del primer asalto hubiera podido sugerir— y que los soldados que cruzaron aquella playa bajo ese fuego lo hicieron en condiciones que ninguna preparación podía anticipar del todo.
Steven Spielberg lo rodó en los primeros veinte minutos de Salvar al soldado Ryan con un realismo que los veteranos que sobrevivieron al Día D describieron como la representación más fiel que habían visto. Muchos dijeron que no podían terminar de verla.
El Cementerio Americano de Normandía¶
Sobre el acantilado que domina Omaha Beach, en Colleville-sur-Mer, hay 9.387 tumbas.
El Cementerio Americano de Normandía es el lugar más poderoso de toda la región, posiblemente de toda Francia. Está mantenido y administrado por la American Battle Monuments Commission, el organismo federal americano que cuida los cementerios militares en el extranjero, y la entrada es gratuita. Los jardines son perfectos, los caminos están cuidados, el silencio es el que se cultiva cuando todo lo demás ha sido pensado para que no haya distracción.
Las 9.387 tumbas están ordenadas en filas rectas sobre una explanada de hierba verde que se extiende hasta el borde del acantilado. Todas las cruces son blancas —las de los soldados judíos son Estrellas de David blancas— y todas están orientadas hacia el oeste, hacia América. La orientación no es un detalle accidental. Hay algo en esa imagen colectiva —miles de cruces mirando en la misma dirección, hacia un continente que queda al otro lado del Atlántico— que contiene más información sobre lo que fue aquella guerra que cualquier texto explicativo.
El centro de visitantes, inaugurado en 2007 en la parte baja del complejo, proporciona contexto con mapas, objetos personales, fotografías y fragmentos de cartas y diarios. El material más difícil de ver son los registros de identidad de los soldados enterrados allí: nombres, edades, estados de origen, fechas de nacimiento y muerte. La edad media de los muertos en Normandía era de veintidós años.
Es posible —y recomendable— bajar desde el cementerio hasta la playa de Omaha. El camino desciende por el acantilado hasta la arena. Pararse en la playa y mirar hacia arriba, hacia donde estaban las posiciones alemanas, proporciona una comprensión física de lo que los soldados del primer asalto vieron al bajar las rampas que ninguna explicación verbal puede dar.
Pointe du Hoc¶
Entre Utah y Omaha, en el punto más prominente de la costa normanda, una compañía del 2.º Batallón de Rangers del Ejército de los Estados Unidos recibió una de las misiones más difíciles del Día D: escalar con garfios y cuerdas un acantilado de treinta metros bajo fuego alemán para destruir una batería de artillería que podía hundir barcos en ambas playas.
Los Rangers escalaron el acantilado. Cuando llegaron arriba descubrieron que los cañones habían sido retirados unas semanas antes —la inteligencia aliada no lo sabía—. Localizaron las piezas de artillería un kilómetro tierra adentro, en un campo, y las destruyeron. Después sostuvieron su posición durante dos días con los alemanes contraatacando desde todos los flancos, hasta que fuerzas americanas llegaron por tierra desde Omaha.
Pointe du Hoc es hoy el sitio del Día D más conservado en su estado original. Nadie ha limpiado ni reconstruido el terreno: los cráteres de las bombas de la marina aliada que cayeron antes del asalto todavía forman el paisaje lunar de la punta del acantilado. Los búnkeres alemanes de hormigón, con paredes de tres metros y medio de espesor, siguen en pie, algunos derribados por las explosiones, algunos intactos con sus cañoneras todavía apuntando al mar. El puesto de mando alemán se puede recorrer por dentro; las habitaciones de hormigón con sus troneras, sus escaleras, sus salas de radio, siguen siendo lo que eran en junio de 1944 salvo por la ausencia de los hombres que las ocuparon.
Es el sitio donde el Día D se puede experimentar con mayor concreción física. El terreno accidentado, los búnkeres, la perspectiva desde lo alto del acantilado sobre el canal de la Mancha: todo eso está intacto, y esa integridad tiene un efecto que los museos no pueden replicar.
El Mémorial de Caen¶
A quince kilómetros al sur de las playas, la ciudad de Caen —destruida casi completamente durante los combates de julio de 1944— tiene el memorial más completo y mejor documentado de toda la región.
El Mémorial de Caen no se limita al Día D. Abarca las causas del ascenso del nazismo, el desarrollo completo de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y, en una segunda parte, la Guerra Fría y sus consecuencias hasta la caída del Muro de Berlín. Es un museo pensado no solo como homenaje sino como explicación: los visitantes que llegan sin conocimiento previo salen con un mapa mental de por qué ocurrió lo que ocurrió, qué lo hizo posible y qué lo terminó.
Para quien llega a Normandía sin haber leído mucho sobre el Día D, la visita al Mémorial de Caen antes de ir a las playas es la mejor preparación posible. Tres o cuatro horas aquí cambiarán completamente la calidad de lo que se experimentará después en Omaha, en Pointe du Hoc, en el cementerio. El conocimiento no anestesia el impacto emocional de los lugares; lo profundiza.
Bayeux: la base de operaciones¶
Bayeux, a diez kilómetros de Omaha Beach, es el centro logístico natural para visitar las playas del Desembarco. Fue la primera ciudad francesa liberada por los Aliados el 7 de junio de 1944 —prácticamente sin combates, lo que explica que sea una de las pocas ciudades normandas que no fue destruida— y conserva su casco histórico medieval intacto.
La atracción independiente de Bayeux es el Tapiz de Bayeux, la tela bordada del siglo XI que narra la conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el Conquistador en 1066. Setenta metros de lino con más de 1.500 figuras humanas y animales, bordados con una precisión narrativa que convierte la tela en el cómic medieval más famoso del mundo. El contraste entre los dos motivos que lleva a la gente a Bayeux —la invasión del siglo XI en una dirección y la invasión del siglo XX en la dirección contraria— tiene algo de comentario histórico involuntario sobre este tramo de costa que las naciones han cruzado en barco durante mil años.
Cómo organizar la visita¶
Visitar las playas sin coche es posible pero limitado: hay tours organizados desde Bayeux y desde París que cubren los sitios principales en un día. La solución correcta para quien quiere ver más que un par de paradas es alquilar un coche. Las distancias entre los sitios son de diez a veinte kilómetros, los aparcamientos en todos los memoriales son amplios y gratuitos, y la libertad de detenerse en cualquier punto de la costa —en cualquier playa, en cualquier pueblo, en cualquier campo con un búnker abandonado— es parte de la experiencia.
Desde París, la ruta más directa a Caen es por la autopista A13: unas dos horas y media. Los que parten de París con tiempo y prefieren el tren llegan a Caen en hora y media desde Saint-Lazare, y desde Caen se puede tomar un autobús a Bayeux o alquilar un coche en la misma estación.
Un día es suficiente para el cementerio, Omaha Beach, Pointe du Hoc y el Museo de Utah. Dos días permiten añadir el Mémorial de Caen, Bayeux y los sectores canadiense y británico al este. La visita que aprovecha bien el tiempo es la de dos días con base en Bayeux.
Lo que no abandona¶
El campo normando es un paisaje de vacas, setos y campanarios. Se conduce por él sin pensarlo, como se conduce por cualquier campo europeo tranquilo. Y entonces se corona una pequeña loma y al fondo, al final de un camino de grava que llega a un aparcamiento con señalización discreta, hay un acantilado con cruces blancas ordenadas sobre el verde, mirando todas en la misma dirección.
No hay forma de prepararse para eso. El conocimiento previo no lo suaviza; lo hace más específico, que es peor en cierto sentido. El paisaje normando nunca vuelve a ser solo un paisaje normando después de haber estado en Colleville-sur-Mer. Se convierte en el lugar donde ocurrió algo que decidió el tipo de Europa en el que vivimos. Eso es lo que queda de la visita: no los nombres de las playas ni las fechas ni las cifras, sino la consciencia de que este suelo en el que estás parado estuvo cubierto de muertos jóvenes en un martes de junio de hace ochenta años, y que el presente que damos por supuesto tiene aquí una de sus raíces más concretas.
Información práctica¶
Cómo llegar
- En coche desde París: autopista A13 hasta Caen, luego N13 hacia Bayeux; aproximadamente 2,5 horas
- En tren: París Saint-Lazare a Caen en 1h 45 min; Caen a Bayeux en 20 minutos
- Alquiler de coche en Caen o Bayeux imprescindible para visitar múltiples sitios con libertad
- Tours organizados desde Bayeux y desde París cubren los sitios principales en un día
Horarios y precios
- Cementerio Americano de Normandía (Colleville-sur-Mer): entrada gratuita; abre todos los días excepto el 25 de diciembre y el 1 de enero; de septiembre a mayo de 9:00 a 17:00, de junio a agosto de 9:00 a 18:00
- Pointe du Hoc: entrada gratuita, administrada por la American Battle Monuments Commission; acceso libre
- Mémorial de Caen: 22,50 euros adultos; abierto todos los días salvo tres semanas en enero y el 25 de diciembre; de 9:00 a 18:00 (hasta 19:00 en temporada alta)
- Musée du Débarquement de Utah Beach: 8 euros; abre todos los días de temporada alta
- Tapiz de Bayeux: 14 euros; abierto todo el año
Tiempo necesario
- Un día completo para cementerio + Omaha + Pointe du Hoc + Utah
- Dos días para añadir Mémorial de Caen, Bayeux y los sectores británico y canadiense
Base
- Bayeux es la mejor base: a 10 km de Omaha, centro histórico intacto, buena oferta de alojamiento para todos los presupuestos