
Qué ver en Jerusalén: la ciudad más disputada del mundo
Guía de la Ciudad Vieja y sus alrededores para quien quiere entenderla, no solo verla
Hay ciudades que se visitan y ciudades que se viven. Jerusalén es, con diferencia, la más intensa de las segundas. En un perímetro de apenas un kilómetro cuadrado —la superficie de la Ciudad Vieja amurallada— conviven cuatro barrios que representan cuatro mundos distintos, tres religiones que reclaman el mismo suelo sagrado, y cuatro mil años de historia que no han terminado de resolverse. Visitarla exige algo más que un mapa: exige cierta disposición a dejarse afectar por lo que se ve, a tolerar la contradicción y a asumir que no siempre hay respuestas sencillas.
Esta guía recorre los lugares que no deberían faltar en ninguna visita, con la honestidad de que algunos de ellos no son simplemente "atractivos turísticos", sino encrucijadas donde la historia y el presente colisionan de formas que piden reflexión.
La Ciudad Vieja: cuatro barrios, cuatro mundos¶
La Ciudad Vieja de Jerusalén está dividida en cuatro barrios que tienen trazados históricos, densidades de población y atmósferas completamente distintas. Las murallas que los rodean fueron construidas por el sultán otomano Solimán el Magnífico entre 1537 y 1541, y se conservan prácticamente intactas. Caminar por lo alto de una parte de estas murallas —hay una ruta señalizada que permite hacerlo durante varios kilómetros— da una perspectiva única de la ciudad antigua y de la manera en que los tejados y patios interiores esconden una vida cotidiana invisible desde las calles.
El Barrio Judío es el más ordenado y el más reciente en su forma actual: fue destruido en 1948, cuando la Legión Árabe jordana tomó la ciudad, y reconstruido tras la reunificación israelí de 1967. Sus calles limpias, tiendas de artesanía y sinagogas restauradas tienen un aspecto que algún crítico ha llamado "museo habitado", pero también es el lugar donde se han producido excavaciones arqueológicas de enorme valor, con restos del período del Primer y Segundo Templo visibles en algunos puntos.
El Barrio Cristiano concentra la mayor parte de las iglesias y conventos, y es el más heterogéneo desde el punto de vista de comunidades: armenios, griegos ortodoxos, católicos, coptos, etíopes y luteranos mantienen presencia aquí desde siglos. El acceso a la Vía Dolorosa comienza en este barrio.
El Barrio Armenio es el más desconocido para la mayoría de visitantes y también el más cerrado sobre sí mismo. La comunidad armenia de Jerusalén tiene una de las presencias más antiguas de la ciudad —se instalaron aquí en masa tras el genocidio de 1915— y mantiene un enclave de calles tranquilas, un monasterio medieval y un museo del genocidio que merece una visita detenida.
El Barrio Musulmán es el más grande, el más poblado y el más comercial. Atravesarlo implica adentrarse en un laberinto de zoco donde los vendedores ofrecen especias, telas, recuerdos y comida en una secuencia ininterrumpida de estímulos sensoriales. Es también el barrio donde la vida cotidiana árabe palestina es más visible, y donde la tensión entre la población local y la presencia policial israelí puede percibirse de manera más directa.
El Muro Occidental¶
El Muro Occidental —o Muro de las Lamentaciones, aunque los judíos prefieren la primera denominación— es lo que queda visible del muro de contención que Herodes el Grande construyó para ampliar y reforzar la meseta artificial sobre la que se levantaba el Templo de Salomón. No es el Templo en sí, que fue destruido por los romanos en el año 70 d.C., sino la base del recinto que lo rodeaba: un muro de enormes bloques de piedra caliza de hasta nueve metros de longitud que en su tiempo alcanzaba los treinta metros de altura, aunque hoy solo queda expuesta aproximadamente la mitad.
La explanada frente al muro está dividida entre una sección masculina (más amplia) y una femenina, siguiendo la tradición judía ortodoxa. La práctica más extendida consiste en aproximarse al muro, apoyar las manos en la piedra y rezar, introduciendo a veces pequeños papeles con oraciones o peticiones en las grietas entre los bloques. A cualquier hora del día, y especialmente los viernes al atardecer con el comienzo del Shabat, la escena tiene una intensidad emocional genuina que impresiona incluso a quienes no comparten la fe.
La visita al muro es gratuita, aunque se exige cubrirse la cabeza para los hombres (hay kipás disponibles en la entrada) y vestir con modestia para las mujeres. La plaza puede estar muy concurrida en momentos de celebración, especialmente en Shabat y las fiestas judías mayores.
La Cúpula de la Roca y el Monte del Templo¶
Sobre la explanada donde estuvo el Templo de Salomón y después el Templo de Herodes —destruido por los romanos en el 70 d.C.— se alza hoy uno de los edificios más reconocibles del mundo: la Cúpula de la Roca, construida entre 687 y 691 d.C. por el califa omeya Abd al-Malik. La cúpula dorada, visible desde casi cualquier punto de la ciudad, cubre la roca desde la que, según la tradición islámica, el profeta Mahoma ascendió al cielo durante su viaje nocturno (el Isra' wal-Mi'raj), y que según la tradición judía es la misma piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac.
El acceso no musulmán a la explanada está permitido en horarios restringidos y por una sola entrada específica (la Puerta del Mughrabi, junto al Muro Occidental). Los no musulmanes no pueden entrar al interior de la Cúpula de la Roca ni a la mezquita de Al-Aqsa, pero el recorrido por la explanada exterior —conocida como Haram al-Sharif en árabe y Monte del Templo en hebreo— es en sí mismo extraordinario: caminar por este espacio donde se superponen tres mil años de historia sagrada para el judaísmo, el islam y el cristianismo es una de las experiencias más cargadas de significado que puede ofrecer cualquier ciudad del mundo.
Los horarios de visita pueden cambiar o suspenderse sin previo aviso por motivos religiosos o de seguridad. Conviene verificarlos antes de ir.
La Vía Dolorosa y el Santo Sepulcro¶
La Vía Dolorosa es el camino que, según la tradición cristiana, recorrió Jesús desde su condena por Poncio Pilato hasta su crucifixión en el Gólgota. El recorrido actual —que no corresponde exactamente al trazado histórico, que ha cambiado varias veces a lo largo de los siglos— discurre a través del Barrio Musulmán y llega hasta la Basílica del Santo Sepulcro. Está marcado en catorce estaciones, las primeras nueve al aire libre y las últimas cinco dentro de la basílica.
Recorrerlo un viernes con alguno de los grupos de peregrinos que lo hacen semanalmente es una experiencia distinta de hacerlo individualmente: el fervor de los creyentes, la mezcla de lenguas, los cruceros de madera que algunos llevan al hombro crean un ambiente que puede resultar conmovedor o desconcertante según el caso, pero que en ningún caso es indiferente.
La Basílica del Santo Sepulcro es el destino final de ese recorrido y uno de los lugares más sagrados del cristianismo: contiene, según la tradición, tanto el Gólgota donde fue crucificado Jesús como el sepulcro donde fue enterrado y desde el que, para los creyentes, resucitó. La basílica actual fue construida por los cruzados en el siglo XII sobre estructuras anteriores, y está administrada de forma compartida por seis comunidades cristianas: católica, griega ortodoxa, armenia, copta, etíope y siria.
El interior es oscuro, laberíntico y excesivamente recargado para el gusto occidental moderno, pero tiene una autenticidad extraña: las discrepancias entre las distintas comunidades han llegado a ser tan agudas que durante siglos la llave de la iglesia ha estado custodiada por una familia musulmana para evitar conflictos. Hay una escalera en la fachada que lleva a la capilla etíope del tejado, uno de los rincones más insólitos y menos visitados de la ciudad.
La Ciudad de David¶
Justo al sur de las murallas de la Ciudad Vieja, descendiendo por el valle del Cedrón, se encuentra la Ciudad de David: el núcleo original del Jerusalén bíblico, anterior en varios siglos a las construcciones helenísticas y romanas que hoy dominan la visión de la ciudad antigua. Las excavaciones arqueológicas en curso aquí son de las más activas del mundo.
Los túneles de Ezequías —construidos alrededor del 701 a.C. para canalizar el agua desde el manantial de Gihon hasta el estanque de Siloé dentro de las murallas, antes de la invasión asiria— son el atractivo principal y también uno de los más originales: recorrer a pie los seiscientos metros de este acueducto excavado en la roca, con el agua llegando hasta las rodillas en algunos tramos, es una experiencia que no se parece a nada que uno pueda encontrar en los museos convencionales.
El Monte de los Olivos¶
Al este de la Ciudad Vieja, separado por el valle del Cedrón, el Monte de los Olivos ofrece la vista panorámica más icónica de Jerusalén: la Ciudad Vieja amurallada con la Cúpula de la Roca resplandeciendo al sol, las murallas, las torres, los campanarios y los minaretes en un conjunto que desde aquí se aprecia de forma única. El atardecer sobre la ciudad desde este mirador es uno de esos momentos que justifican por sí solos el viaje a Jerusalén, con independencia de las creencias de quien lo contempla.
El monte alberga también el mayor cementerio judío del mundo —decenas de miles de tumbas acumuladas durante siglos en la ladera occidental, en la creencia de que los enterrados aquí serán los primeros en recibir al Mesías— y varios lugares sagrados para el cristianismo: el Jardín de Getsemaní (con sus olivos milenarios que, según la tradición, testigos de la oración de Jesús la noche de su arresto), la Iglesia de Todas las Naciones, la Iglesia de María Magdalena con sus cúpulas doradas rusas, y la Capilla de la Ascensión.
El Barrio Judío y sus sinagogas¶
Dentro de la Ciudad Vieja, el Barrio Judío tiene algunos puntos que merecen tiempo adicional más allá del paseo general. Las Cuatro Sinagogas Sefardíes —un conjunto de cuatro sinagogas construidas en el siglo XVII que funcionan como complejo unificado— son ejemplo de la tradición judía española que se instaló aquí tras la expulsión de 1492. El Cardo Maximus, la columna vertebral comercial de la Jerusalén romana y bizant, ha sido excavado y parcialmente restaurado hasta hacerse visible: una sección del siglo VI a.C. puede recorrerse en el subsuelo de las calles del barrio. La Plaza Israelita (HaKardo) tiene las excavaciones más impresionantes de Jerusalén: restos del Primer Período del Templo visibles a través de pasarelas acristaladas.
El Mercado de Mahane Yehuda¶
A veinte minutos a pie de la Ciudad Vieja, hacia el oeste, el Mercado de Mahane Yehuda —conocido por los locales simplemente como "el Shuk"— es el corazón palpitante del Jerusalén cotidiano, moderno y no turístico. Puestos de frutas exóticas, especias, dulces, carnicerías kosher, panaderías con jalá recién horneada, pescaderías, tiendas de olivas marinadas en decenas de variedades: la densidad de oferta gastronómica en los dos tramos cubiertos del mercado es extraordinaria.
Por las tardes del jueves y los viernes —cuando los puestos empiezan a cerrar antes del Shabat— y especialmente por las noches del resto de la semana, el mercado se transforma: los puestos dan paso a bares y restaurantes, y lo que durante el día es un espacio de compra cotidiana se convierte en una de las zonas de ocio nocturno más animadas de la ciudad. La mezcla de judíos religiosos que hacen sus compras para el Shabat con jóvenes bebiendo cerveza craft en los bares adyacentes resume bien la complejidad de la Jerusalén contemporánea.
El Museo de Israel y los Rollos del Mar Muerto¶
A unos cuatro kilómetros al oeste de la Ciudad Vieja, el Museo de Israel es el mayor museo arqueológico y de arte del Oriente Próximo. Su extensión hace imposible verlo entero en una sola visita, y tampoco tiene sentido intentarlo. Lo que no puede saltarse es el Santuario del Libro: un edificio de arquitectura especialmente diseñada —su cúpula blanca imita la tapa de las vasijas en las que se encontraron los manuscritos— que alberga los Rollos del Mar Muerto, los textos bíblicos más antiguos conocidos, descubiertos en las cuevas de Qumrán entre 1947 y 1956. Ver aquí fragmentos del Libro de Isaías escritos hace dos mil años, perfectamente legibles, es uno de esos encuentros con la historia que difícilmente se olvidan.
El museo alberga también una maqueta de Jerusalén en el período del Segundo Templo (siglo I a.C.) a escala 1:50, que ayuda a comprender la topografía y la estructura de la ciudad antes de la destrucción romana mejor que cualquier descripción.
Consejos prácticos¶
Jerusalén se visita principalmente a pie. La Ciudad Vieja es pequeña, pero densa: cada calle puede llevar media hora o cuatro horas dependiendo del ritmo y de lo que se encuentre. Los principales monumentos abren con horarios variables y algunos tienen cierres en Shabat o festivos religiosos. La ropa debe ser modesta para entrar a los lugares de culto de cualquier confesión: hombros y rodillas cubiertos, y opcionalmente un pañuelo para las mujeres.
El transporte entre la Ciudad Vieja y el barrio moderno (donde están los mercados, los hoteles y los restaurantes contemporáneos) puede hacerse a pie o en tranvía. El tranvía tiene una sola línea pero es suficiente para conectar los puntos principales.
La seguridad en la ciudad es generalmente buena para el viajero, aunque en momentos de tensión política el ambiente puede cambiar rápidamente, especialmente en los alrededores del Monte del Templo y en los puntos de control que separan algunos barrios.