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Subir a la cúpula de Brunelleschi: cómo es, qué cuesta y si compensa frente a los Uffizi
Cuatrocientos sesenta y tres escalones, treinta euros y una reserva que se agota con semanas de antelación. Esto es lo que hay arriba, cómo es la subida de verdad y qué elegir si tu día en Florencia no da para las dos cosas.
Hay un momento en cualquier día en Florencia con poco tiempo en el que hay que decidir entre dos cosas que no caben juntas: subir a la cúpula de Brunelleschi o entrar en la Galería de los Uffizi. Son las dos experiencias más demandadas de la ciudad, cada una ocupa un par de horas largas contando colas y accesos, y las dos exigen reserva previa con franja horaria.
A mí me tocó esa decisión de la forma más explícita posible. Éramos seis viajando juntos, teníamos un día en Florencia y no hubo consenso: cuatro querían los Uffizi y dos preferíamos la cúpula. El grupo se dividió, cada mitad hizo lo suyo y por la tarde nos volvimos a juntar. No hubo ningún mal momento, pero aquella escena me dejó pensando en cuál de las dos mitades había elegido mejor. Este artículo es, en parte, mi respuesta con años de perspectiva.
Qué es exactamente la cúpula y por qué importa¶
Conviene saber lo que se está subiendo, porque cambia la experiencia por completo.
Cuando en 1418 se convocó el concurso para cerrar la catedral de Florencia, el problema llevaba más de un siglo sin resolver. La cimbra de madera necesaria para levantar una cúpula de cuarenta y cinco metros de diámetro habría requerido más madera de la que había en toda la Toscana, y nadie sabía cómo construir algo así sin ella. La catedral llevaba décadas abierta al cielo, tapada provisionalmente, y era una humillación pública para la ciudad.
Filippo Brunelleschi, que era orfebre de formación y no arquitecto, ganó el concurso con una propuesta que no quiso explicar del todo por miedo a que le robasen la idea. Lo que construyó entre 1420 y 1436 fue una cúpula doble: una bóveda interior estructural y una cáscara exterior de protección, con un espacio transitable entre ambas, unidas por nervios y con las hiladas de ladrillo dispuestas en espiga de manera que cada anillo se autosostenía mientras se construía el siguiente. Sin cimbra. Inventó además las máquinas de elevación necesarias para subir los materiales.
Sigue siendo hoy la mayor cúpula de fábrica de ladrillo jamás construida y el edificio que define el perfil de Florencia desde hace casi seiscientos años. Cuando subes, estás caminando precisamente por ese hueco entre las dos cúpulas, viendo desde dentro la solución que nadie sabía cómo resolver.
Cuánto cuesta y cómo se reserva¶
La cúpula solo se sube con el Brunelleschi Pass, que cuesta treinta euros para adultos y doce reducido para niños de seis a catorce, y es válido tres días. No hay entrada suelta para la cúpula: forma parte del pase obligatoriamente.
A cambio, el pase incluye bastante más: el Campanile de Giotto, el Baptisterio de San Juan, el Museo dell'Opera del Duomo —donde están las Puertas del Paraíso originales de Ghiberti y la Piedad Bandini de Miguel Ángel— y la cripta de Santa Reparata. Solo la cúpula tiene hora asignada; el resto de monumentos se visitan libremente durante los tres días de validez. Visto así, treinta euros por cinco monumentos no es caro.
Se compra en la web oficial del Duomo de Florencia. Y aquí está la parte crítica: las franjas de la cúpula se agotan con dos o tres semanas de antelación en temporada alta. Es la reserva más urgente de todo un viaje a Florencia, por delante incluso de los Uffizi. Si estás organizando el viaje, hazla el mismo día que cierres las fechas.
Hay otros dos pases sin cúpula, el Giotto y el Ghiberti, más baratos, para quien no vaya a subir. Y una aclaración que sorprende a mucha gente: entrar en la nave de la catedral es gratis y no necesita pase ni reserva; lo que se paga son los cinco monumentos del complejo.
Dos detalles logísticos que causan disgustos. El acceso a la cúpula no es por la puerta principal de la catedral sino por la Porta della Mandorla, en el lado norte, y hay que estar allí quince minutos antes de la hora reservada. Y desde 2025 piden documento de identidad con foto para subir, así que llévalo encima.
Cómo es la subida de verdad¶
Son cuatrocientos sesenta y tres escalones y no hay ascensor. La subida lleva entre veinte y treinta minutos según el ritmo y la cantidad de gente, y no es una escalera cómoda ni convencional.
El primer tramo es una escalera de caracol de piedra, estrecha, dentro del muro del tambor. Después se sale a la galería interior que rodea la base de la cúpula, y ese es el primer momento fuerte: estás a unos cuarenta metros sobre el suelo de la catedral, con el Juicio Final de Vasari y Zuccari a pocos metros de la cara. Son más de tres mil metros cuadrados de fresco y desde abajo se ven como una mancha de color; desde ahí se distinguen los rostros, los condenados, los demonios. Vale la subida solo por eso.
Luego viene el tramo más particular: la escalera entra en el espacio entre las dos cúpulas, un pasadizo inclinado que sigue la curvatura del edificio, con el suelo y las paredes torcidos porque van siguiendo la forma de la bóveda. Se estrecha, hay tramos donde la gente que baja y la que sube tienen que cruzarse de lado, y el último tramo hasta la linterna es una escalera casi vertical.
Una advertencia seria: no es apta para quien tenga claustrofobia, vértigo, problemas cardíacos o de movilidad, ni durante el embarazo. No es una recomendación de letra pequeña, es real. Los pasadizos son estrechos, no hay salida intermedia y una vez arriba hay que bajar por donde se ha subido.
Arriba, en la terraza de la linterna, a más de noventa metros, está la mejor vista de Florencia desde dentro de Florencia: los tejados de terracota, el Campanile justo enfrente y a la misma altura, el Palazzo Vecchio, el Arno con sus puentes y las colinas toscanas cerrando el horizonte. Y bajo tus pies, las tejas de la cúpula.
La comparación honesta con los Uffizi¶
Ahora la pregunta del artículo. Si tu día en Florencia solo da para una de las dos, ¿cuál?
Los Uffizi son la mayor colección de pintura renacentista del mundo y una de las mejores pinacotecas del planeta. Botticelli, Leonardo, Rafael, Tiziano, Caravaggio, Miguel Ángel. Es un museo enorme, el recorrido completo se va a dos horas y media o tres, y produce ese cansancio específico de las grandes pinacotecas, en el que a partir de la sala treinta uno deja de mirar de verdad. Cuesta unos veinticinco euros en temporada alta más cuatro de gestión.
La cúpula cuesta treinta euros con cuatro monumentos más incluidos, la subida y la bajada se resuelven en una hora larga en total, y lo que ofrece es una experiencia física e irrepetible que no se parece a nada.
Mi respuesta, después de haber estado en las dos mitades de aquella discusión, es esta.
Si es tu primera vez en Florencia y no eres especialmente aficionado a la pintura, la cúpula. Por tres razones concretas. Primera, el tiempo: te libera hora y media larga de una jornada corta, que puedes gastar en la ciudad de la calle. Segunda, la exclusividad: el Nacimiento de Venus lo has visto reproducido mil veces y en cierto modo ya lo conoces, mientras que la sensación de caminar por dentro de una cúpula del siglo XV no se puede reproducir ni fotografiar. Y tercera, el pase: por esos treinta euros entras además al Baptisterio, al Campanile y al Museo dell'Opera, que suman bastante más contenido que un solo museo.
Si eres aficionado a la pintura o has estudiado algo de historia del arte, los Uffizi, sin discusión. Estar delante de la Anunciación de Leonardo o de la Venus de Urbino de Tiziano es algo que no compensa ninguna vista.
Y si te da igual la altura pero no quieres perderte el arte, hay una tercera vía que casi nadie plantea: la Galería de la Academia. Se ve en una hora, cuesta menos que los Uffizi y tiene el David y los Prisioneros, que como concentración de Miguel Ángel por minuto invertido no tiene rival en Italia. Combinada con la cúpula, cabe perfectamente en un solo día.
Si la cúpula está agotada: las alternativas¶
Ocurre a menudo, así que conviene tener plan B.
El Campanile de Giotto son cuatrocientos catorce escalones, está incluido en el Giotto Pass y en el Brunelleschi Pass, y tiene una ventaja que la cúpula no puede ofrecer: desde arriba se ve la cúpula. Es, objetivamente, la mejor fotografía del Duomo que se puede hacer, porque desde la propia cúpula no la ves. La escalera es más ancha y hay descansillos con vistas a medio camino, así que es también menos exigente.
La torre de Arnolfo, la del Palazzo Vecchio, es una tercera opción con muchísima menos cola y una vista distinta, con el Duomo de frente.
Y el Piazzale Michelangelo, al otro lado del río, es gratuito y da la panorámica clásica con la cúpula dominando el conjunto. No es lo mismo que subir, pero para la foto que todo el mundo tiene en la cabeza, es exactamente ese sitio.
Consejos finales¶
Reserva la primera franja de la mañana. Hay menos gente en los pasadizos estrechos, hace menos calor —en verano, el hueco entre las dos cúpulas se convierte en un horno— y la luz de la mañana sobre los tejados es mejor.
Sube con las manos libres. No se puede entrar con mochilas grandes ni bultos, hay consigna, y en los tramos empinados vas a agradecer poder agarrarte.
Y no subas con prisa. La gente tiende a hacer la subida como un trámite hacia la vista de arriba, cuando lo mejor está en el camino: la galería frente a los frescos, el momento en que la escalera se inclina siguiendo la curva del edificio, los ladrillos en espiga que se ven en algunos tramos. Estás dentro de la respuesta a un problema de ingeniería que llevaba un siglo sin solución, y eso no se ve desde ninguna fotografía.