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Qué ver en Florencia en 1 día: itinerario realista y qué reservar antes
Florencia cabe en un día mejor que Roma o Venecia, pero solo si aceptas que vas a tener que elegir entre la cúpula y los Uffizi. Este es el itinerario y las decisiones que hay que tomar antes de llegar.
Florencia tiene una ventaja enorme para el viajero con prisa: es pequeña. El centro histórico se cruza andando en veinte minutos de punta a punta, todo lo importante está concentrado en un radio ridículo y no hace falta transporte público para nada. Eso significa que un día bien planteado rinde muchísimo, bastante más que un día en Roma.
Y tiene también una trampa. Florencia concentra en ese radio mínimo dos de las experiencias más demandadas de Italia —la subida a la cúpula de Brunelleschi y la Galería de los Uffizi— y las dos exigen reserva previa, ocupan cada una un par de horas largas y no caben cómodamente en la misma jornada junto con todo lo demás.
Yo viví esa disyuntiva de la manera más literal posible. Llegamos a Florencia con un día, éramos seis, y el grupo se partió en dos: cuatro se fueron a los Uffizi y dos subimos la cúpula. No hubo mal ambiente, cada mitad hizo lo que quería y por la tarde nos juntamos otra vez. Pero esa escena resume perfectamente cómo funciona esta ciudad cuando el tiempo aprieta.
Lo que hay que reservar antes de salir de casa¶
Tres gestiones previas, por orden de urgencia.
La cúpula de Brunelleschi solo se sube con el Brunelleschi Pass, que cuesta treinta euros, es válido tres días e incluye además el Campanile de Giotto, el Baptisterio, el Museo dell'Opera del Duomo y la cripta de Santa Reparata. La subida tiene hora asignada obligatoria y las plazas se agotan con dos o tres semanas de antelación, así que es lo primero que hay que reservar en la web oficial del Duomo. Desde 2025 piden además documento de identidad con foto para acceder.
Los Uffizi y la Galería de la Academia son museos estatales y funcionan igual: reserva online con franja horaria y cuatro euros de gestión añadidos a cualquier entrada. Los Uffizi rondan los veinticinco euros en temporada alta y bastante menos en los meses de invierno; la Accademia, donde está el David, está en torno a los dieciséis. La reserva no es técnicamente obligatoria, pero de abril a septiembre la cola de taquilla empieza antes de que abran y puede ser desalentadora. Comprueba los precios exactos en la web oficial antes de comprar, porque varían por temporada.
Y un aviso de calendario que arruina jornadas enteras: los museos estatales italianos cierran los lunes. Si tu único día en Florencia es lunes, los Uffizi y la Accademia están descartados y el itinerario cambia por completo, cosa que conviene saber antes y no al llegar.
El complejo del Duomo, a primera hora¶
Empieza en la Piazza del Duomo antes de las nueve. La plaza en sí es gratuita y es donde está concentrado casi todo.
La catedral de Santa Maria del Fiore es el tercer templo más grande de la cristiandad y su exterior de mármol blanco, verde y rosa en paneles geométricos es lo que uno recuerda de Florencia. El interior es gratuito, y aquí va una advertencia honesta: es mucho más austero de lo que la fachada promete y la cola para entrar puede ser larga. Si vas justo de tiempo, no pasa nada por saltárselo; lo que hay que ver del conjunto está fuera y arriba.
El Baptisterio de San Juan, el edificio octogonal que está enfrente, es lo más antiguo de la plaza y guarda dos cosas grandes: los mosaicos bizantinos dorados de la cúpula interior, con un Juicio Final y un Cristo enorme, y las puertas de bronce de Lorenzo Ghiberti que Miguel Ángel bautizó como las Puertas del Paraíso. Las que están en el edificio son copias; las originales se conservan en el Museo dell'Opera. Entra en el pase.
El Campanile de Giotto, la torre cuadrada de mármol junto a la catedral, tiene cuatrocientos catorce escalones y es la alternativa a la cúpula si esta se te ha agotado. Su ventaja, y no es menor, es que desde el campanile se ve la cúpula, mientras que desde la cúpula no se ve.
Y la cúpula de Brunelleschi es la razón por la que mucha gente viene a Florencia. Son cuatrocientos sesenta y tres escalones sin ascensor, la subida dura entre veinte y treinta minutos y el recorrido pasa a poca distancia de los frescos del Juicio Final de Vasari y Zuccari, que se ven de cerca de una manera que no permite ningún otro edificio. Lo he desarrollado en detalle en el artículo sobre subir a la cúpula de Brunelleschi.
La Piazza della Signoria y el museo al aire libre¶
Diez minutos andando hacia el sur y estás en la Piazza della Signoria, que fue y sigue siendo el centro político de la ciudad.
El Palazzo Vecchio, con su torre asimétrica, fue la sede del gobierno de la República florentina y después el palacio de los Médicis. Se puede visitar por dentro, pero con un solo día yo lo dejaría fuera salvo que te sobre tiempo.
Lo que sí hay que hacer aquí es gratis. La Loggia dei Lanzi, ese pórtico abierto en una esquina de la plaza, es literalmente una galería de escultura al aire libre y sin entrada: el Perseo de Cellini sosteniendo la cabeza de Medusa en bronce, El rapto de las sabinas de Giambologna tallado en un único bloque de mármol, un puñado de estatuas romanas. En cualquier otra ciudad estarían tras un cristal y con cola. Aquí están al aire, y puedes acercarte todo lo que quieras.
En la plaza también hay una copia del David de Miguel Ángel, exactamente en el sitio donde estuvo el original hasta 1873. El auténtico está en la Accademia, y esa es una confusión clásica que conviene resolver antes de organizar el día.
Uffizi o Accademia: la segunda gran elección¶
Si has subido a la cúpula por la mañana, con un solo día te da tiempo a un museo grande, no a dos. Y son museos muy distintos.
Los Uffizi son la mayor colección de pintura renacentista del mundo. Botticelli con El nacimiento de Venus y La primavera, Leonardo, Rafael, Tiziano, Caravaggio, el Tondo Doni de Miguel Ángel. Es un museo enorme y una visita completa se va a dos horas y media o tres, con un recorrido en U alrededor del edificio y una terraza final con vista sobre la plaza. Es de las mejores pinacotecas del planeta y también es agotador.
La Galería de la Academia es lo contrario: pequeña, concentrada y con una única razón de ser abrumadora. El David de Miguel Ángel está en el centro de una tribuna bajo una claraboya, y a poca gente le deja indiferente: mide más de cinco metros, se talló en un bloque de mármol que otros escultores habían descartado por defectuoso, y Miguel Ángel lo terminó con veintinueve años. En el pasillo previo están los Prisioneros, cuatro esculturas inacabadas en las que las figuras parecen estar saliendo del bloque de piedra, y que muchos encuentran incluso más impresionantes que el David. Se ve todo en una hora larga.
Mi recomendación para un solo día es la Accademia, por una razón puramente aritmética: da una hora contra tres, y esa diferencia se traduce en toda la Florencia de la calle que si no te vas a perder. Si eres muy aficionado a la pintura, evidentemente los Uffizi.
El Ponte Vecchio y el Oltrarno¶
Bajando desde la Signoria hacia el río se llega al Ponte Vecchio, que es el único puente de Florencia que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial porque, según la versión más extendida, fue el único que los alemanes no volaron en su retirada.
Lo característico son las casas y tiendas construidas encima del puente, colgando sobre el agua con esas estructuras apuntaladas que parecen a punto de caerse y llevan siglos sin hacerlo. Fueron carnicerías y pescaderías hasta que en el siglo XVI los Médicis las expulsaron por el olor y las sustituyeron por joyerías y orfebrerías, que es lo que sigue habiendo. Por encima corre el Corredor Vasariano, el pasadizo elevado que permitía a los Médicis ir del Palazzo Vecchio al Palazzo Pitti sin pisar la calle ni mezclarse con nadie.
El puente en sí se cruza en dos minutos y está siempre lleno. La vista buena del Ponte Vecchio no está en el puente: está en el Ponte Santa Trinita, el siguiente río abajo, desde donde se ve entero con el reflejo en el agua. Al atardecer es la mejor foto de Florencia después de la del Piazzale.
Al otro lado está el Oltrarno, el barrio artesano, con menos gente, talleres de restauración y encuadernación todavía en funcionamiento, y precios de restaurante notablemente más razonables que en el centro. Es donde yo comería.
El Piazzale Michelangelo al atardecer¶
Cierra el día subiendo al Piazzale Michelangelo, que es la vista clásica de Florencia y una de las panorámicas urbanas más famosas de Europa: la ciudad entera desplegada al otro lado del río, con la cúpula de Brunelleschi dominando el conjunto y las colinas toscanas al fondo.
Es gratuito y está abierto siempre. Se sube andando desde el Ponte alle Grazie en unos veinticinco minutos, con una cuesta seria al final y unas escaleras entre jardines, o en autobús si las piernas ya no dan. Media hora antes de la puesta de sol se llena, así que sube con margen si quieres sitio en la barandilla.
Un consejo de local que casi nadie sigue: unos metros más arriba está la iglesia de San Miniato al Monte, románica del siglo XI, con una fachada de mármol geométrico que anticipa la del Duomo en cuatro siglos y una vista casi igual de buena con la décima parte de gente. Si coincides al atardecer, los monjes cantan vísperas en gregoriano en la cripta.
Cómo repartir el día, resumido¶
A las nueve, complejo del Duomo con la cúpula reservada a primera hora. Sobre las once y media, bajada a la Piazza della Signoria y la Loggia dei Lanzi. Comida en el Mercato Centrale o en el Oltrarno. Por la tarde, el museo que hayas elegido, con la franja reservada. Después, Ponte Vecchio y paseo por el Oltrarno. Y el Piazzale Michelangelo para el atardecer.
Son entre doce y quince mil pasos y una jornada llena pero no imposible, precisamente porque las distancias son cortas.
Lo que se queda fuera¶
La Basílica de Santa Croce, que es el panteón de Florencia y donde están enterrados Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo y Rossini. Las Capillas Mediceas con la sacristía nueva diseñada y esculpida por Miguel Ángel. El Palazzo Pitti y los Jardines de Boboli, que necesitan media jornada propia. El convento de San Marco, con los frescos de Fra Angelico pintados celda por celda para los monjes, que es de las cosas más conmovedoras de la ciudad y de las menos visitadas. Y las excursiones a Siena, San Gimignano o Pisa, que exigen su propio día.
Con un día en Florencia ves la ciudad y entiendes por qué el Renacimiento pasó aquí. Para conocerla hacen falta dos o tres, pero eso ya es otra conversación, y desde luego es mejor problema que el contrario.