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Fachadas de edificios de La Piazza del Campo

Destinos · Italia · Norte de Italia

Siena en media mañana: qué ver si vas de paso

Siena es una de las ciudades más bonitas de Italia porque perdió. Con unas horas se ve lo esencial, pero conviene saber desde el principio que te vas a quedar con ganas.

Lectura de 7 minutos

Siena aparece en casi todas las rutas por la Toscana como parada de media jornada, entre Florencia y Roma o de camino a San Gimignano, y funciona razonablemente bien en ese formato. Se puede ver lo esencial en tres o cuatro horas porque el centro histórico es compacto, está cerrado al tráfico y todo lo importante queda a diez minutos andando de todo lo demás.

Dicho esto, empiezo con una advertencia honesta: Siena es de esas ciudades que se quedan cortas en visita corta. Yo la vi así, una mañana dentro de una ruta clásica por Italia en coche que ese mismo día incluía además Pisa y la llegada a Florencia, y la sensación al volver al coche fue de promesa a medias. Si tu itinerario permite dormir aquí, hazlo, porque cuando los autobuses se marchan al final de la tarde la ciudad se queda con sus habitantes y debe de ser otra cosa.

Por qué Siena está tan bien conservada

Hay una explicación histórica que ayuda a entender lo que se está viendo, y es contraintuitiva: Siena es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa precisamente porque fracasó.

En el siglo XIII y comienzos del XIV era una potencia comparable a Florencia. Sus banqueros prestaban a reyes y papas, su escuela de pintura estaba a la vanguardia europea con Duccio y los Lorenzetti, y su catedral era una obra en marcha que aspiraba a ser la más grande de la cristiandad. Entonces llegó la peste negra de 1348, que mató a entre un tercio y la mitad de la población en pocos meses. Siena no se recuperó. Florencia sí, y el Renacimiento ocurrió allí.

El resultado es que Siena se quedó sin recursos ni ambición para renovarse, y ese estancamiento involuntario congeló la ciudad en el siglo XIV. Donde otras ciudades derribaron lo medieval para construir lo renacentista y luego lo barroco, aquí no hubo dinero para hacerlo. Lo que se ve hoy es, en lo esencial, la Siena de 1350.

Il Campo, que es la razón de venir

La Piazza del Campo es, para mucha gente y para mí también, la plaza más bonita de Italia. No es rectangular ni simétrica: tiene forma de concha o de abanico, con una pendiente suave que baja hacia el Palazzo Pubblico, y está pavimentada con ladrillo dispuesto en nueve sectores que representan a los Nueve, el gobierno oligárquico que rigió la ciudad en su época de esplendor.

Lo que la hace excepcional no es solo la forma, sino cómo funciona. La inclinación convierte el suelo en un anfiteatro natural y los sieneses la usan como tal desde hace siglos: la gente se sienta directamente sobre los ladrillos, come, habla, toma el sol. No hay coches, no hay publicidad y las terrazas no invaden el espacio central. Es una plaza que sigue siendo un lugar y no un decorado, cosa rara en la Italia turística.

Dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto, Il Campo se convierte en el escenario del Palio, la carrera de caballos más antigua de Italia. Diez de las diecisiete contrade o barrios históricos compiten en tres vueltas a la plaza que duran menos de noventa segundos y que concentran meses de preparación, alianzas y rivalidades heredadas de generación en generación. No es un espectáculo montado para turistas: es una institución viva con la identidad de la ciudad metida dentro. Si viajas en esas fechas, tenlo en cuenta en los dos sentidos, porque es irrepetible y porque la ciudad se vuelve impracticable.

Presidiendo la plaza está el Palazzo Pubblico con la Torre del Mangia, de ciento dos metros, que lleva marcando las horas desde 1348. Se puede subir, son unos cuatrocientos escalones estrechos y sin ascensor, y la vista sobre la concha de la plaza y los tejados es magnífica. El acceso es limitado por aforo, así que en temporada alta hay cola.

El Duomo y lo que iba a ser

Diez minutos cuesta arriba desde el Campo está la catedral, y es uno de los grandes ejemplos del gótico italiano, que es un gótico distinto al del norte de Europa: menos obsesionado con la altura y mucho más interesado en el color y el detalle de la superficie. La fachada de mármol blanco, verde y negro con mosaicos dorados, obra en buena parte de Giovanni Pisano, es de las más ricas del arte medieval europeo.

Dentro hay tres cosas que buscar. El pavimento de mármol, cincuenta y seis paneles con escenas bíblicas y alegorías diseñados por distintos artistas a lo largo de tres siglos, que normalmente está cubierto con tableros de madera para protegerlo y solo se descubre por completo durante unas semanas al final del verano y en otoño. Si viajas en esas fechas, la visita cambia bastante y merece consultarlo. La Biblioteca Piccolomini, con los frescos de Pinturicchio, que conservan una vivacidad de color asombrosa para tener cinco siglos. Y el púlpito de Nicola Pisano, uno de los puntos de partida de la escultura italiana moderna.

Pero lo que más impresiona del Duomo es lo que no llegó a ser. Antes de la peste, Siena empezó una ampliación que habría convertido la catedral actual en simple transepto de una nave muchísimo mayor. Los pilares y el muro de esa nave inacabada siguen en pie al lado, formando lo que se llama el Facciatone, la gran fachada trunca. Se puede subir a su parte superior y desde allí hay una de las mejores vistas de la ciudad, con Il Campo y los tejados medievales abajo. Es la ambición de Siena literalmente detenida en piedra, y visitarla sabiendo eso da otra dimensión al conjunto.

Las entradas del complejo de la catedral funcionan por pases combinados que incluyen distintos monumentos según la modalidad, con precios que revisan cada temporada. Consúltalos en la web oficial de la Opera del Duomo antes de ir, y comprueba también si tus fechas coinciden con el pavimento descubierto.

Cómo se organiza una mañana

Lo lógico es aparcar fuera y entrar andando. El centro histórico es zona de tráfico restringido y los aparcamientos están en el perímetro, con escaleras mecánicas y ascensores que salvan el desnivel hasta el casco antiguo, que está en alto.

Desde ahí, una mañana razonable son unas tres horas y media: media hora larga en Il Campo sin hacer nada más que estar, una hora en el Duomo y su complejo, media hora para subir al Facciatone o a la Torre del Mangia —una de las dos, no las dos— y el resto paseando por la Via di Città y las calles del centro, con sus palacios medievales y las tiendas de cerámica sienesa, que es la artesanía local de verdad y no un invento para turistas.

Un aviso físico que nadie da: Siena está construida sobre tres colinas y sus calles suben y bajan constantemente, con pendientes serias. No es una ciudad llana ni de paseo cómodo, y con calor se nota.

Lo que se queda fuera

El Museo Civico dentro del Palazzo Pubblico, que guarda los frescos del Buen y Mal Gobierno de Ambrogio Lorenzetti, probablemente el ciclo de pintura política más importante de la Edad Media europea, con una vista de la ciudad y el campo bien y mal gobernados que sigue siendo asombrosamente moderna. Si tuvieras una hora extra, la gastaría aquí.

El Museo dell'Opera con la Maestà de Duccio, la Pinacoteca Nacional, la basílica de San Domenico, el Battistero. Y sobre todo, se queda fuera la Siena de después de las seis de la tarde, que es la que uno se lleva cuando duerme aquí.

Con media mañana ves por qué esta ciudad es especial. Para conocerla hace falta una noche, y es de las pocas veces en que yo diría que el itinerario merece la pena reorganizarse para conseguirla.