
Hiroshima en 1 día: la ciudad que eligió seguir
El Parque de la Paz, la Cúpula Atómica y el Museo Memorial: uno de los museos más impactantes del mundo en una ciudad que renació
Hiroshima es una ciudad normal. Llegas en tren desde Kioto u Osaka, bajas en la estación, y es una ciudad moderna, limpia, con sus centros comerciales y sus edificios de oficinas. Tranvías en lugar de metro. El río. Los cerezos en los márgenes del agua. Y de pronto llegas al Parque Memorial de la Paz y se te corta algo por dentro.
Estás de pie mirando el río y el cielo, y piensas que el 6 de agosto de 1945 a las ocho y cuarto de la mañana explotó una bomba atómica casi exactamente encima de donde estás ahora. La bomba se llamaba "Little Boy", era de uranio-235, pesaba cuatro toneladas, y la dejó caer el bombardero Enola Gay desde 9.600 metros de altura. Detonó a 600 metros sobre la ciudad, generando una bola de fuego de cuatro mil grados centígrados. Ochenta mil personas murieron de forma instantánea. Para finales de 1945, los muertos superaban los 140.000, en una ciudad que antes del bombardeo tenía 350.000 habitantes.
Es una información que cuesta procesar en el cuerpo. Con la cabeza, sí. Con el cuerpo, no.
El Parque Memorial de la Paz¶
El Parque Memorial de la Paz fue diseñado en 1949 por Kenzō Tange, uno de los grandes arquitectos japoneses del siglo XX —que tenía entonces treinta y cinco años— y concebido como un eje simbólico que alinea el Genbaku Dome, la Llama de la Paz y el Cenotafio en una perspectiva perfecta desde el Museo Memorial. Desde el arco del Cenotafio, mirando en una sola dirección, se ve la Llama y al fondo la Cúpula.
El silencio del parque es distinto al de otros lugares. No es un silencio que se decida: se impone. Hay gente, muchos visitantes, pero el espacio parece absorber el sonido. Algunos juntan las manos en gassho, el gesto budista de oración. Escolares japoneses de uniforme toman apuntes en sus libretas. Turistas de todo el mundo hacen fotos con respeto.
El Cenotafio de las Víctimas es un arco de piedra simple, inspirado en las casas de arcilla haniwa del Japón protohistórico, desde el que se alinea exactamente la Llama de la Paz y la Cúpula al fondo. Debajo del cenotafio hay un libro con los nombres de todas las personas que murieron a causa de la bomba: una lista que sigue creciendo cada año a medida que se confirman víctimas tardías de la radiación. La inscripción dice: "Descansen en paz, porque el error no se repetirá". El sujeto gramatical del "nosotros" que se compromete es deliberadamente ambiguo: ¿los japoneses? ¿la humanidad? Esa ambigüedad es parte de la elección.
La Llama de la Paz se encendió en 1964 y no se apagará hasta que se destruya la última arma nuclear del mundo. En agosto de 2026, todavía arde.
La Cúpula Atómica¶
El Genbaku Dome —la Cúpula de la Bomba Atómica— era el Palacio de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima, diseñado en 1915 por el arquitecto checo Jan Letzel en estilo secesionista europeo. La bomba detonó a 160 metros del edificio, casi exactamente encima. Por ese capricho de la física vertical —la fuerza de la explosión bajó casi a plomo sobre la estructura— parte de las paredes y el esqueleto metálico de la cúpula aguantaron en pie cuando todo lo que le rodeaba quedó arrasado en un radio de dos kilómetros.
Todas las personas que estaban dentro en ese momento murieron en el acto.
El edificio se conserva tal cual quedó: los hierros retorcidos, las paredes mordidas, la cúpula esquelética de alambre sin recubrimiento. Durante décadas se debatió en Hiroshima si demolerlo o mantenerlo. La decisión de conservarlo como testimonio permanente fue tomada en 1966, y la UNESCO lo inscribió como Patrimonio de la Humanidad en 1996 —una declaración que fue controvertida: Estados Unidos y China se opusieron con argumentos muy distintos entre sí.
Es imposible no quedarse allí parado en silencio, mirándolo.
El Museo Memorial de la Paz¶
Entrar en el Museo Memorial de la Paz es una decisión que hay que tomar con conciencia de lo que implica. Es uno de los museos más impactantes que se pueden visitar en el mundo, y la experiencia puede ser emocionalmente difícil para muchas personas.
El museo no hace concesiones a la comodidad del visitante. Lo que hay dentro: relojes parados a las ocho y cuarto. Prendas de ropa fundidas por la temperatura. La escalera con la sombra grabada de la persona que estaba sentada en ella cuando explotó la bomba: la radiación quemó la piedra excepta donde el cuerpo la protegió, y la silueta quedó impresa para siempre. Testimonios escritos de supervivientes (hibakusha). Fotografías antes y después de la ciudad. El triciclo de un niño de tres años.
La museografía, renovada en 2019, equilibra la documentación histórica con el testimonio humano. La sección sobre los hibakusha —los supervivientes— pone nombre y cara a una destrucción que la aritmética de los números tiende a abstraer.
Creo que todo el mundo debería visitar ese museo al menos una vez en la vida.
La entrada cuesta 200 yenes (revisado periódicamente). El museo está abierto todos los días excepto unos pocos festivos del Año Nuevo.
El Monumento de los Niños y Sadako Sasaki¶
Junto al Cenotafio, el Monumento de la Paz de los Niños está dedicado a Sadako Sasaki. Sadako tenía dos años cuando cayó la bomba. Estaba a un kilómetro y medio del hipocentro, sobrevivió aparentemente ilesa, y desarrolló leucemia diez años después. Desde su cama de hospital comenzó a plegar grullas de papel siguiendo la leyenda japonesa de que quien pliegue mil grullas verá un deseo concedido.
Murió en 1955 con doce años. Sus compañeros de clase terminaron las mil grullas por ella. Desde entonces, alrededor del monumento hay miles y miles de grullas de papel de colores traídas por niños de todo el mundo, colgadas en vitrinas protegidas bajo el techo del monumento.
No sé cuánto tiempo me detuve allí la primera vez que lo vi. Lo estoy escribiendo tiempo después y todavía cuesta.
Hiroshima hoy¶
Lo que hace a Hiroshima diferente de lo que la imagen de la bomba atómica podría sugerir es que es una ciudad viva, no un memorial permanente. La reconstrucción comenzó en los años cincuenta y la ciudad moderna tiene todo lo que tiene cualquier ciudad japonesa de tamaño medio: barrios comerciales, restaurantes, vida nocturna, el estadio del Hiroshima Toyo Carp (el equipo de béisbol que los habitantes de la ciudad siguen con una devoción que roza lo religioso), y los tranvías verdes que siguen recorriendo la ciudad como en 1945.
La comida de Hiroshima tiene su propia especialidad: el okonomiyaki de Hiroshima, que es técnicamente diferente al de Osaka. Mientras el osaqueño mezcla todos los ingredientes en la masa, el hiroshimense los coloca en capas sobre la plancha, con fideos soba en la base. El sabor final es distinto, y hay una rivalidad tácita entre las dos ciudades sobre cuál versión es superior. En Hiroshima, la pregunta tiene una respuesta obvia.
Los restaurantes alrededor del Parque de la Paz y en el barrio de Okonomimura —un edificio de varios pisos dedicado exclusivamente a restaurantes de okonomiyaki— son el lugar para comerlo. Okonomimura está a cinco minutos a pie del parque.
Cómo llegar¶
Hiroshima se alcanza desde Kioto u Osaka en Shinkansen. El Hikari desde Shin-Osaka tarda unos cuarenta y cinco minutos; el Kodama unos setenta. Ambos están cubiertos por el JR Pass. El Nozomi, el más rápido, no está cubierto por el JR Pass estándar.
Desde la estación de Hiroshima hay tranvías directos (las líneas 2 y 6 del Hiroden) que llegan hasta la zona del Parque Memorial. El tranvía tarda unos quince minutos desde la estación. La tarifa es única de 180 yenes.
El Parque Memorial y la Cúpula son de acceso libre. Para quien llegue de Kioto o Tokio con el JR Pass, la combinación económica más habitual es Hiroshima de día con Miyajima: el JR Pass cubre también el tren local hasta Miyajimaguchi y el ferry JR hasta la isla.
Un día completo en Hiroshima es tiempo ajustado para el Parque, el Museo y la Cúpula, con el almuerzo en el barrio y la posibilidad de una tarde en Miyajima si se llega temprano.