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Calle, templo, paisaje o escena urbana de Japón.

Destinos · Japón · Kansai

Hiroshima en 2 días: la Paz y Miyajima

Día 1: el Parque Memorial, la Cúpula Atómica y el Museo. Día 2: Miyajima completa, el torii flotante y el monte Misen

Lectura de 9 minutos

Hay un día de viaje que lo cambia todo. En Japón, Hiroshima y Miyajima en el mismo viaje es ese día. El torii flotante del Santuario de Itsukushima —una de las Tres Vistas de Japón según el canon clásico— por la mañana, y el Parque Memorial de la Paz por la tarde. Belleza absoluta y horror absoluto separados por una hora de tren y de ferry. La combinación no es casual: quien concibe este itinerario entiende algo sobre los contrastes que Japón es capaz de ofrecer.

Dos días en Hiroshima dan para las dos dimensiones sin comprimir ninguna.

Día 1: el Parque Memorial de la Paz

Llegada y orientación

Hiroshima es una ciudad normal: tranvías, edificios de oficinas, cerezos en los márgenes del río Ota, centros comerciales. No hay ninguna señal visual de lo que pasó aquí el 6 de agosto de 1945 hasta que se llega al Parque Memorial. El contraste entre la ciudad cotidiana y el parque —que empieza con el silencio y la alineación perfecta del Cenotafio, la Llama y la Cúpula— es la primera experiencia que da Hiroshima.

La Cúpula Atómica

El Genbaku Dome fue el Palacio de Promoción Industrial, diseñado en 1915 por el arquitecto checo Jan Letzel. La bomba detonó a 160 metros del edificio; la física vertical de la explosión —la fuerza bajando casi a plomo— dejó en pie el esqueleto mientras arrasaba todo lo que le rodeaba en un radio de dos kilómetros. Se conserva exactamente como quedó: los hierros retorcidos, la cúpula sin recubrimiento, las paredes mordidas. Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Acceso libre.

El Parque de la Paz

El parque diseñado por Kenzō Tange en 1949 —con su eje simbólico de Cúpula, Llama y Cenotafio— es el corazón de la visita. El Cenotafio con el libro de los muertos. La Llama de la Paz que arde desde 1964. El Monumento de los Niños con los miles de grullas de papel de todo el mundo, dedicadas a Sadako Sasaki.

El Museo Memorial

El Museo Memorial de la Paz es uno de los museos más impactantes que se pueden visitar en el mundo. No hace concesiones al confort del visitante: los relojes parados a las ocho y cuarto, las prendas fundidas, la sombra grabada en la escalera, el triciclo del niño, los testimonios de los hibakusha. Prever al menos una hora y media.

Después del museo, tiempo para sentarse en un banco del parque, mirar el río y procesar. No hay prisa. La eficiencia turística tiene aquí un límite apropiado.

El okonomiyaki de Hiroshima

La cena del primer día es para el okonomiyaki de Hiroshima, técnicamente diferente al osaqueño: los ingredientes se colocan en capas sobre la plancha, con fideos soba en la base en lugar de mezclados en la masa. El barrio de Okonomimura —un edificio de varios pisos completamente dedicado a restaurantes de okonomiyaki— está a cinco minutos a pie del parque y es la referencia local.

Día 2: Miyajima

El segundo día es para la isla de Miyajima, y merece un día completo. Salida temprana para aprovechar las primeras horas de la mañana en la isla antes de que lleguen los grupos.

El trayecto

Desde la estación de Hiroshima, el tren de la línea JR San-yo llega a Miyajimaguchi en cuarenta minutos. Desde allí, el ferry JR a la isla tarda diez minutos. El ferry está incluido en el JR Pass. Desde el barco, ya a lo lejos, se ve el torii naranja plantado en el mar.

El Santuario de Itsukushima

El Santuario de Itsukushima fue fundado en el año 593, pero el complejo actual es obra de Taira no Kiyomori, el caudillo que dominó Japón en el siglo XII. Kiyomori lo reconstruyó en 1168 en el estilo palaciego heian y lo dedicó a las tres hijas del dios del mar Susanoo. Lleva inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996.

La razón por la que el santuario está construido sobre pilotes dentro del mar: la isla se consideraba tan sagrada que los devotos no podían pisarla, así que el santuario se extendió sobre el agua. En marea alta los pasillos y galerías parecen flotar; en marea baja se ven las patas descarnadas sobre el lecho del mar.

El gran torii

El O-torii —el torii de dieciséis metros de altura y sesenta toneladas que se levanta en el mar frente al santuario— es una de las Tres Vistas de Japón según el canon clásico fijado en el siglo XVII. Es el octavo torii en el mismo punto desde el siglo XII: la madera de alcanforero se va pudriendo con la sal y lo reconstruyen periódicamente. No está fijado al fondo: sus patas descansan sobre el lecho marino por su propio peso y por contrapesos internos de piedra.

Llegar con marea alta es el momento que cualquier viajero busca: el torii flotando literalmente sobre el agua, reflejado en el mar. Consultar las tablas de mareas antes de planificar el horario de llegada es el consejo práctico más importante del día. Con marea baja, puede caminarse hasta las bases del torii sobre el lecho marino.

La pagoda Gojunoto y el Senjokaku

Subiendo desde el santuario, la pagoda de cinco pisos del año 1407 —en un bermellón intenso que contrasta con el verde de las colinas— tiene la estructura antisísmica del shinbashira (el pilar central que cuelga como péndulo) que los japoneses usaron en todas las pagodas del país durante mil años.

El Senjokaku —el "Pabellón de las Mil Esteras"— lo mandó construir Toyotomi Hideyoshi en 1587 y quedó literalmente inacabado cuando él murió en 1598. Sin paredes exteriores, con las vigas a la vista, es una sala abierta a la brisa con cuadros ex-voto colgando del techo. La imperfección inacabada tiene aquí el nombre japonés de wabi-sabi.

Daisho-in: los budas con gorrito rojo

Subiendo por la ladera detrás del pueblo, el templo Daisho-in es el más importante de la escuela Shingon en la isla. La escalera de acceso está flanqueada por cientos de figuras de Jizo —el bodhisattva que cuida a los niños y los viajeros— con gorritos rojos tejidos a mano por los vecinos. Las ruedas de oración en las barandillas del camino: según la tradición, cada giro equivale a leer un sutra completo.

Fundado por el monje Kūkai (Kōbō-Daishi) según la tradición, en el año 806, después de meditar cien días en el monte Misen. Kūkai es una de las figuras más veneradas del budismo japonés: introdujo el budismo esotérico desde China, inventó (según la leyenda) el silabario kana, y su figura preside el peregrinaje de los 88 templos de Shikoku que hacen más de 150.000 personas cada año.

El monte Misen (opcional)

Para quien tenga energía, el Monte Misen —la cumbre sagrada de 535 metros que domina la isla— puede subirse a pie (una hora y media de ascenso) o en teleférico (quince minutos). Las vistas desde la cima, con el Mar Interior de Seto extendiéndose en todas las direcciones con sus centenares de islas, son las mejores de la región.

En la cima hay un templo con el Fuego Eterno: una llama que, según la tradición, lleva ardiendo desde que Kūkai la encendió en el año 806 durante sus meditaciones. La misma llama fue usada para encender la Llama de la Paz del Parque Memorial de Hiroshima en 1964.

La coincidencia no es casual: los dos fuegos, el del templo de la isla sagrada y el del memorial de la bomba, comparten el mismo origen. Saberlo mientras se está en la isla —a una hora de barco y tren de Hiroshima— da una dimensión adicional a los dos días.

El okonomiyaki: la diferencia entre Hiroshima y Osaka

La rivalidad gastronómica entre Hiroshima y Osaka por el okonomiyaki es real, seria y benévolamente irresolvable. La diferencia técnica es clara: en Osaka, la masa y los ingredientes se mezclan antes de cocinar; en Hiroshima, se construye en capas sobre la plancha, con una base de masa fina, encima el col picado, encima la carne o el marisco, y debajo los fideos soba o udon que son característicos del estilo hiroshimense. El sabor final es marcadamente diferente: el osaqueño es más esponjoso e integrado; el hiroshimense tiene más textura y el sabor de la soja de los fideos distinguible en cada bocado.

Cualquier osaqueño tiene una opinión firme sobre cuál es mejor. Cualquier hiroshimense tiene la misma opinión en dirección contraria. En ambos casos, la opinión es profundamente incorrecta para quien venga de la ciudad rival. Eso, exactamente, es la gastronomía regional japonesa.

Consejos prácticos

El tren. Desde Kioto u Osaka, el Shinkansen Hikari llega a Hiroshima en 45-60 minutos. El Nozomi (más rápido) no está cubierto por el JR Pass estándar. La estación de Hiroshima tiene conexión directa con los tranvías de la ciudad.

Los tranvías de Hiroshima. Las líneas 2 y 6 del Hiroden (Hiroshima Electric Railway) conectan la estación con el Parque Memorial. El billete único cuesta 180 yenes. Los tranvías siguen siendo los de 1945 en algunos casos: hay coches restaurados de los años cuarenta y cincuenta circulando junto a los modernos.

Las tablas de mareas de Miyajima. Disponibles en la web del Santuario de Itsukushima y en múltiples aplicaciones de meteorología marina. La marea alta hace flotar el torii; la marea baja permite caminar hasta él. Planificar la llegada una hora antes de la marea alta para ver el efecto completo.

Distancias en Miyajima. El santuario, la pagoda y el Senjokaku están a diez minutos a pie del muelle. Daisho-in, otros quince subiendo la ladera. El teleférico para el Monte Misen sale a veinte minutos del muelle. Todo es accesible a pie.