
Gion: el barrio de las geishas de Kioto
La cultura de las geiko y las maiko, los ochaya de Hanamikoji y cómo visitar el barrio más elegante de Japón con respeto
Hay imágenes que uno lleva años viendo antes de viajar a Japón. El monte Fuji, los toriis de Fushimi Inari, y una mujer con kimono y maquillaje blanco caminando por una calle de piedra con faroles de papel. Esa imagen es Gion. Y cuando llegas, a última hora de la tarde, y cruzas la calle Hanamikoji hacia el norte con las machiya de madera oscura a los lados y las puertas de las ochaya apenas entornadas, descubres que la imagen era incompleta: le faltaba el sonido de las okobo sobre el pavimento, el olor a madera y lluvia, el silencio que el barrio genera alrededor de sí mismo como una burbuja.
Gion es el hanamachi más famoso de Kioto, uno de los cinco "barrios de las flores" (hanamachi significa literalmente eso) donde existe la cultura de las geishas en la ciudad. No es un museo ni un escenario. Es un barrio que funciona hoy con las mismas reglas que funcionaba en el siglo XVII, con las mismas instituciones, los mismos códigos y, en número reducido pero real, las mismas artistas.
Qué es una geisha: aclaración necesaria¶
La geisha es probablemente el concepto japonés más malentendido en Occidente. El imaginario popular —alimentado por novelas, películas y décadas de estereotipos— ha construido una imagen que no corresponde a la realidad. Las geishas no son, ni han sido históricamente, prostitutas.
Son artistas tradicionales especializadas en amenizar reuniones privadas en las ochaya (casas de té) con actuaciones de música, danza, conversación y juegos. Su entrenamiento dura años. Su trabajo requiere dominar el shamisen (laúd de tres cuerdas), varias formas de danza clásica japonesa, la ceremonia del té, el arte de la conversación (incluida la capacidad de entretener a cualquier cliente sin importar su educación o temperamento), la caligrafía y la etiqueta ceremonial.
En Kioto, las geishas se llaman geiko ("hija del arte"), no geisha (término más genérico y ligeramente más peyorativo en la cultura kiotoense). Sus aprendices son las maiko ("hija del baile"). El aprendizaje de una maiko dura entre tres y cinco años, comenzando a los quince o diecisiete años con una serie de etapas de aprendizaje progresivo hasta el debut completo.
El número de geiko y maiko en Kioto era de miles en el siglo XIX. En los años cuarenta del siglo XX había aún más de dos mil. Hoy el número ronda las doscientas cincuenta, distribuidas entre los cinco hanamachi de la ciudad (Gion Kobu, Gion Higashi, Miyagawacho, Pontocho y Kamishichiken). Gion Kobu es el más grande y el más famoso, con alrededor de ochenta geiko y ochenta maiko.
La vida de una maiko¶
El camino de una maiko comienza con el periodo de aprendizaje informal llamado "shikomi", durante el cual la aspirante vive en el okiya (casa de geishas) realizando tareas domésticas y observando. Después pasa al "minarai" (aprendizaje observacional), donde empieza a acompañar a geiko veteranas a los ochaya para aprender sin actuar todavía. Finalmente llega el "misedashi", el debut oficial, cuando la maiko empieza a recibir clientes con su nombre artístico propio.
El kimono de una maiko es inconfundible: el obi (la faja) es más largo que el de una geiko adulta y cuelga por la espalda casi hasta el suelo (se llama darari-obi). Las sandalias okobo tienen una plataforma de madera de unos diez centímetros que produce el sonido característico al caminar: un tacatá rítmico que los habitantes de Gion reconocen desde lejos. El maquillaje de oshiroi (la pasta blanca que cubre el cuello y la cara) deja una lengüeta de piel sin pintar en la nuca, considerada zona erógena en la estética japonesa clásica.
El labio superior de la maiko no se pinta el primer año de su carrera, solo el inferior: una señal de que todavía está aprendiendo, todavía no domina plenamente su arte. Cuando pinta los dos labios, es que ha alcanzado el siguiente nivel de madurez artística.
A los diecinueve o veinte años, si supera el proceso de selección natural del gremio (no todas las maiko completan la formación), se convierte en geiko. La diferencia en el vestuario es sutil para el ojo no entrenado pero significativa: el obi de la geiko es corto y anudado de forma diferente, el kimono es más sobrio en colores y motivos, el maquillaje menos elaborado. La geiko ha pasado de la visibilidad llamativa de la aprendiz al refinamiento discreto de la artista madura.
Las ochaya: cómo funciona el sistema¶
Las ochaya son las casas donde las geiko y maiko trabajan, pero no en el sentido de que sean sus empleadoras. La relación es más compleja. Las geiko y maiko trabajan por libre, contratadas para cada evento. La ochaya gestiona las reservas, coordina qué artistas estarán disponibles, se encarga de la comida (generalmente kaiseki, la alta cocina ceremonial de Kioto) y mantiene la relación con los clientes habituales.
El sistema de acceso es cerrado por definición. Un cliente nuevo no puede simplemente llamar y reservar. Necesita ser presentado por un cliente antiguo de confianza, que avala su comportamiento y solvencia. Una vez admitido, la ochaya lleva cuenta de lo que consume en cada visita y envía la factura a final de mes. Los precios son muy altos: una noche con geiko en una ochaya puede costar fácilmente varios cientos de miles de yenes por persona.
Este sistema hermético tiene una lógica de preservación. Las geiko y maiko necesitan clientes que respeten las normas del trato, que entiendan el valor de lo que están viendo y no lo confundan con una transacción vulgar. El gremio ha sobrevivido durante siglos precisamente porque sabe filtrar quién tiene acceso.
Hanamikoji-dori: la calle principal¶
La Hanamikoji-dori es la calle más representativa de Gion Kobu, con sus machiya de madera oscura a ambos lados, las puertas de las ochaya discretamente señalizadas con un pequeño rótulo de bambú, las farolas encendiéndose al atardecer. Tiene unos quinientos metros de longitud y la primera mitad, al norte del cruce con la Shijo-dori, es la más antigua y mejor conservada.
No hay rótulos luminosos. No hay ruido. Los coches no pueden entrar en los tramos estrechos del norte. La calle se organiza visualmente en tonos de marrón oscuro, negro y luz amarilla tenue que contribuyen a crear una atmósfera que no tiene equivalente en ningún otro sitio de Kioto. Es completamente diferente de la animación turística de Higashiyama, diez minutos al norte, o del bullicio de la Shijo-dori, diez minutos al sur.
El mejor momento para visitar Hanamikoji es entre las seis y las ocho de la tarde, cuando las geiko y maiko se desplazan hacia los ochaya para las cenas de trabajo. No hace falta buscarlas activamente: simplemente caminar despacio y prestar atención. Verás a lo lejos, en un momento dado, la silueta blanca y el kimono colorido cruzando la calle hacia un portal. Tres segundos. Eso es la maiko de Gion.
El Shirakawa-minami: el canal de los sauces¶
El canal Shirakawa es uno de los rincones más fotografiados de Kioto fuera del circuito de los grandes templos. Es un pequeño canal que cruza el barrio de Gion de este a oeste, bordeado por sauces llorones y por las fachadas traseras de las machiya, con pequeños puentes de piedra y farolas de hierro. En primavera los sauces lloran sobre el agua y los cerezos de las orillas se reflejan en el canal. En verano es verde y fresco. En otoño, dorado.
El tramo entre la Shijo-dori y el santuario Tatsumi es el más hermoso: la calle Tatsumi-bashi-koji tiene bordeles una arquitectura de madera del siglo XIX absolutamente intacta, sin la menor intervención moderna visible. Por la tarde, con el sol bajando y las farolas encendiéndose en el agua, es uno de los momentos más hermosos de un viaje a Kioto.
Cómo visitar Gion sin invadir la privacidad del barrio¶
Gion es un barrio vivo con residentes reales. Las geiko y maiko son trabajadoras, no decoraciones para el disfrute de los turistas. En los últimos años el acoso fotográfico se volvió tan serio (turistas persiguiendo a maiko por calles privadas, fotografiándolas sin permiso en las entradas de las ochaya, bloqueando su paso) que el barrio tomó medidas: en las calles privadas hay señales que prohíben fotografiar. La infracción tiene multa.
Las reglas básicas para visitar Gion con respeto:
No perseguir a las geiko o maiko. Si una pasa cerca, quedarse quieto y dejarla pasar. Fotografiar desde lejos, sin acercarse, sin llamar su atención.
No entrar en las calles marcadas como privadas con cámara en alto. Muchas están señalizadas. En las que no lo están, el criterio es el mismo que en cualquier barrio residencial: la calle no es un estudio fotográfico.
No bloquear la entrada de las ochaya. Las clientes entran y salen. Las geiko llegan y se van. Ese tráfico es su vida de trabajo.
Apagar el flash siempre. El maquillaje de oshiroi es muy sensible a la luz intensa, y las reglas de respeto fotográfico del barrio lo prohíben explícitamente.
Visitar Gion con esas reglas interiorizadas no limita la experiencia. La amplía: ver el barrio como un lugar real, con su funcionamiento propio y sus inhabitantes genuinos, es mucho más interesante que verlo como un parque temático.
El Gion Matsuri: el festival más famoso de Japón¶
El Gion Matsuri es el festival de Kioto por antonomasia y uno de los tres festivales más importantes de todo el país. Dura todo el mes de julio y se organiza alrededor del santuario de Yasaka-jinja, a la entrada de Gion. Su origen se remonta al año 869: el shogunato mandó organizar una ceremonia para conjurar una epidemia que asolaba la capital. Desde entonces no ha habido un año (salvo durante las guerras del siglo XVI) en que no se celebre.
El punto culminante son las dos procesiones de carros (yamaboko junko): el 17 de julio y el 24 de julio. Los yamaboko son carros procesionales enormes (algunos de quince metros de altura) que se construyen y decoran cada año con tapices y objetos artísticos de los siglos XVII y XVIII. Son, literalmente, museos itinerantes: los tapices flamencos del siglo XVI, los brocados chinos y las lacas japonesas que los decoran han sido conservados por las asociaciones de barrio (cho-gumi) que los custodian desde hace siglos.
Ver la procesión del 17 de julio (Saki Matsuri) con sus carros avanzando por la Shijo-dori al son de la música tradicional (la hayashi: flauta, tambor y campanas) es una de las experiencias de verano más memorables que Japón ofrece. La semana antes de la procesión (Yoiyama) los carros se exponen en las calles del barrio y se pueden ver de cerca, con las asociaciones de barrio recibiendo visitas y explicando la historia de cada tapiz.
El Obon de agosto, cuando el barrio enciende farolillos en las calles y en el santuario en honor a los espíritus de los difuntos, transforma Gion en un espacio de otra textura: más oscuro, más callado, más cargado de presencia invisible.