
Miyajima: la isla sagrada del torii flotante
El santuario sobre el mar, los ciervos mensajeros de los dioses y el bosque primario del monte Misen
Miyajima —oficialmente Itsukushima, aunque nadie la llama así— es una isla sagrada desde tiempos inmemoriales. El sintoísmo primitivo consideraba la isla entera la morada de los kami, y durante siglos estuvo prohibido tanto nacer como morir en ella: las parturientas y los moribundos se trasladaban a la costa de enfrente para no profanar el suelo sagrado. Hasta 1878 no se permitieron muertes en la isla. Aún hoy no hay cementerios.
Lo que la hizo famosa en el mundo es el gran torii naranja plantado en el mar frente al santuario, una de las imágenes más reconocidas de Japón y parte del canon clásico de las Tres Vistas más bellas del país. Pero Miyajima tiene mucho más que esa imagen: un santuario medieval construido sobre pilotes en el agua, una pagoda de bermellón intenso, un pabellón inacabado que lleva cuatro siglos esperando, un templo budista con cientos de estatuas de piedra con gorritos de lana, y en lo alto, un monte con bosque primario de mil años y una llama que según la tradición lleva ardiendo sin apagarse desde el siglo IX.
Se llega en ferry desde el continente. El trayecto dura diez minutos. El torii aparece desde el barco, naranja sobre el agua, antes de llegar a la orilla.
Lo más importante antes de llegar: las mareas¶
El detalle práctico más determinante de la visita es uno que muchas guías relegan al final. El gran torii —el O-torii— está plantado en el lecho marino, y su aspecto varía radicalmente según la marea. Con marea alta, las columnas se sumergen y el torii parece flotar sobre el agua como si desafiara la gravedad. Con marea baja, el fondo marino queda al descubierto y se puede caminar hasta él a pie: una experiencia diferente y también válida, pero no la imagen que el mundo lleva décadas reproduciendo.
Consultar las tablas de mareas antes de planificar la hora de llegada es el consejo que más influye en la experiencia visual del día. Las tablas de mareas de Hiroshima están disponibles en la web del Japan Meteorological Agency (jma.go.jp) o en cualquier aplicación meteorológica japonesa. La marea cambia aproximadamente cada seis horas.
La lógica habitual: salir temprano de Kioto u Osaka para tener la isla con marea alta por la mañana, y si la tabla indica marea alta por la tarde, invertir el orden. Llegando antes de que haya demasiada gente, el ambiente es considerablemente mejor.
Cómo llegar¶
Desde Kioto u Osaka, el Shinkansen Hikari o Kodama hasta Hiroshima (cubierto por el JR Pass; el Nozomi es más rápido pero no está incluido). Desde la estación de Hiroshima, la línea JR San-yo hasta Miyajimaguchi en cuarenta minutos. El ferry JR hasta la isla son diez minutos de travesía y el billete está incluido en el JR Pass.
Desde Kioto: unas dos horas en total. Desde Osaka: hora y media.
También se puede hacer como excursión desde Hiroshima ciudad, en cuyo caso el trayecto es de menos de una hora. La combinación Miyajima por la mañana e Hiroshima por la tarde es una de las jornadas más intensas y memorables que ofrece el Kansai.
Los ciervos¶
Antes de llegar al santuario ya hay ciervos. Deambulan por el muelle, el pueblo y las calles empedradas como si la isla les perteneciera, que en cierto modo es así: en la tradición sintoísta son mensajeros de los dioses, igual que los ciervos de Nara. Estos son algo menos agresivos que los de Nara —no roban los mapas de la mano con la misma impudicia— pero la curiosidad es igualmente ilimitada. Si llevas algo que sobresale de un bolsillo o una bolsa de plástico a su alcance, el resultado está garantizado. Los carteles de advertencia del pueblo son bienintencionados y parcialmente inútiles.
El santuario de Itsukushima¶
El santuario fue fundado en el año 593, en tiempos de la emperatriz Suiko, aunque el complejo que existe hoy es obra de Taira no Kiyomori, el caudillo militar que dominó Japón en la segunda mitad del siglo XII. Kiyomori lo reconstruyó en 1168 en el estilo palaciego aristocrático de la época Heian y lo dedicó a las tres hijas del dios del mar Susanoo. Está inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1996.
La razón por la que el santuario está construido sobre pilotes dentro del agua es la misma que explica la prohibición de morir o nacer en la isla: el suelo de Miyajima era tan sagrado que la solución fue extender el santuario sobre el mar para que los peregrinos pudieran acceder sin pisarlo. Los pasillos de madera, las galerías y el escenario de danzas gagaku están todos sobre pilares que se asoman al agua. Con marea alta parecen flotar. Con marea baja las patas quedan al descubierto, como un animal zancudo esperando que vuelva el mar.
Caminar por los pasillos de madera sobre el agua, con el sonido del mar bajo los tablones y el santuario extendiéndose hacia el torii en la distancia, es una de esas experiencias del viaje que no se repiten fácilmente.
El gran torii¶
El O-torii es parte de las Nihon Sankei, las Tres Vistas de Japón, el canon clásico de los tres paisajes más bellos del país fijado en el siglo XVII por el erudito confuciano Hayashi Razan y aprendido de memoria por todo escolar japonés desde entonces. Los otros dos son los pinos de Matsushima y la lengua de tierra de Amanohashidate.
El torii actual mide dieciséis metros de altura y pesa sesenta toneladas. Es el octavo en ese mismo punto desde el siglo XII: la madera de alcanforero se pudre con el paso del tiempo y la sal del mar, y periódicamente lo reconstruyen con las mismas formas y proporciones que el original. El detalle que siempre sorprende: no está fijado al fondo marino. Sus dos patas simplemente descansan sobre el lecho por su propio peso y por un sistema de contrapesos internos a base de piedras metidas en las cámaras superiores de las columnas. Ingeniería tradicional que se aguanta por puro sentido común y lleva ocho siglos aguantando.
Con marea alta, el torii flota. Desde la pasarela de madera del santuario, desde la orilla, o desde el barco de llegada, es la imagen que se había visto miles de veces antes de llegar y que en persona sigue siendo extraordinaria.
La pagoda Gojunoto y el Senjokaku inacabado¶
Subiendo desde el santuario por la ladera suave se alzan dos construcciones que definen la silueta del pueblo.
La pagoda de cinco pisos, la Gojunoto, es de 1407: un bermellón intenso que contrasta casi violentamente con el verde oscuro de las colinas. La estructura antisísmica del shinbashira —el pilar central que cuelga como péndulo desde arriba, disipando la energía de los terremotos— es la misma solución que los japoneses usaron en todas las pagodas del país durante mil años, y que los ingenieros modernos reencontraron independientemente para el Tokyo Skytree.
Al lado está el Senjokaku, el Pabellón de las Mil Esteras, y es uno de los lugares más singulares de la isla. Lo mandó construir Toyotomi Hideyoshi en 1587 para celebrar misas budistas por los caídos en sus guerras de unificación. Hideyoshi murió en 1598 sin terminarlo, y ahí se quedó: literalmente a medias, sin paredes exteriores, sin techo cerrado, con las vigas desnudas a la vista. Se quitan los zapatos, se sube al suelo de tablones y el pabellón se convierte en una sala completamente abierta a la brisa, con cuadros ex-voto colgando del techo. La imperfección inacabada tiene aquí el nombre japonés que le corresponde: wabi-sabi. La belleza de lo incompleto, de lo que el tiempo no terminó.
Daisho-in y los quinientos budas de piedra¶
Subiendo por la ladera detrás del pueblo está Daisho-in, el templo más importante de la escuela Shingon budista en la isla. La escalera de entrada está flanqueada por cientos de pequeñas estatuas de piedra —Jizo, el bodhisattva que cuida de los niños y los viajeros— cada una con un gorrito rojo de lana tejido a mano. Es una de las concentraciones más hermosas de esta figura en todo Japón.
En las barandillas del camino de acceso hay ruedas de oración que se pueden girar al pasar: cada giro equivale a leer un sutra completo según la tradición budista. La sala de los quinientos rakan —los discípulos históricos de Buda— tiene estatuas de arcilla con gestos únicos, algunos con una expresividad casi cómica, otros solemnes, muchos con gorritos tejidos por los vecinos. La escala del lugar, entre íntima y abigarrada, es muy distinta a la de los grandes templos del circuito turístico de Kioto.
Según la tradición, Daisho-in fue fundado por Kōbō-Daishi (Kūkai) en el año 806, después de subir al monte Misen a meditar cien días seguidos. Kūkai es una figura casi legendaria en Japón: introdujo el budismo esotérico desde China, inventó según la tradición el silabario kana, y organizó el peregrinaje de los 88 templos de Shikoku que siguen realizando más de 150.000 personas cada año.
El monte Misen¶
Para quien tenga tiempo —aproximadamente hora y media extra sobre el resto de la visita— el monte Misen vale el desvío. El teleférico de Miyajima sube hasta los 535 metros de la cumbre en dos tramos con transbordo en la estación media. La cima tiene vistas sobre el Mar Interior de Seto, con las islas del Setonaikai desperdigadas a los pies, y los santuarios secundarios escondidos entre el bosque.
Lo que hace especial al monte Misen es el bosque en sí: un bosque primario de más de mil años, protegido como Zona de Conservación Especial, con árboles de alcanforero de trescientos años y una densidad vegetal que no tiene comparación en el resto de la isla.
En el templo Reikado, a media ladera, hay una llama que según la tradición lleva ardiendo sin interrupción desde el siglo IX, desde los tiempos de Kūkai. Esa misma llama alimentó en 1994 la Llama de la Paz del Parque Memorial de Hiroshima. El fuego que arde en el memorial de la bomba atómica viene de aquí.
Las ostras¶
Miyajima lleva cultivando ostras en el mar interior desde el siglo XVI, y hoy produce el 60% de las ostras de toda la prefectura de Hiroshima. Los puestos del pueblo las venden a la brasa, recién sacadas del fuego, con una sencillez que no necesita explicación. Son la especialidad culinaria obligatoria de la isla, y el momento de comerlas —calientes, cerca del santuario, antes de tomar el ferry de vuelta— es uno de esos pequeños rituales del viaje que después se recuerdan con una precisión extraña.
Información práctica¶
Cómo llegar
- Shinkansen Hikari o Kodama desde Shin-Osaka (45-60 min) o Kioto (55-70 min) hasta Hiroshima — cubierto por el JR Pass; evitar el Nozomi, que no está incluido
- Desde la estación de Hiroshima, línea JR San-yo hasta Miyajimaguchi (40 min) — incluido en el JR Pass
- Ferry JR desde Miyajimaguchi hasta la isla (10 min) — incluido en el JR Pass
Las mareas
- Con marea alta el torii flota sobre el agua; con marea baja se puede caminar hasta él
- Consultar las tablas en jma.go.jp o en cualquier app meteorológica japonesa antes de fijar la hora de llegada
- Las tablas cambian cada día; la planificación merece los cinco minutos que cuesta
Horarios
- Santuario de Itsukushima: acceso desde las 6:30 (entrada con coste a partir de esa hora)
- Teleférico al monte Misen: de 9:00 a 17:00 aproximadamente; consultar en temporada baja
- El pueblo y los accesos exteriores al santuario son de libre circulación a cualquier hora
Tiempo recomendado
- Solo santuario y torii: 2 horas
- Santuario + Daisho-in + pueblo: 3-4 horas
- Con monte Misen: día completo
Combinación con Hiroshima
- La combinación Miyajima por la mañana e Hiroshima (Parque Memorial y Museo de la Paz) por la tarde es una de las jornadas más intensas del itinerario japonés
- Desde la isla, el tren hasta el centro de Hiroshima tarda 50 minutos en total entre ferry y JR
- Calcular salida temprana para tener tiempo suficiente en los dos lugares