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El gato pintado que dio origen a la Kiemo galerija

Destinos · Lituania · Kaunas

La Kiemo galerija de Kaunas: el patio de vecinos convertido en galería de arte

El patio que empezó con un gato pintado en una pared y acabó siendo la memoria del barrio judío de antes de la guerra.

Lectura de 6 minutos

En una calle cualquiera del centro de Kaunas, entre edificios de viviendas de principios del siglo XX, hay un portal que da a un patio interior. No hay taquilla, no hay horario, no hay señalización llamativa. Se cruza el portal y aparece uno de los espacios más conmovedores de Lituania.

La Kiemo galerija —la Galería del Patio— es un patio de vecinos en uso, con su ropa tendida y sus bicicletas aparcadas, cuyas paredes, balcones y rincones están cubiertos de arte. Es gratuita, está siempre abierta y es, sin ninguna duda, lo mejor que se puede ver en Kaunas.

Qué es la Kiemo galerija

Un gato en una pared

El proyecto lo puso en marcha el artista Vytenis Jakas, que se mudó a uno de los edificios que rodean el patio y se dio cuenta de dos cosas que le parecieron el mismo problema.

La primera, que los vecinos actuales no se hablaban entre ellos. Vivían puerta con puerta sin conocerse, coincidían en el portal sin saludarse, y el patio, que en otra época había sido un espacio compartido con mesa, fuente y flores, se había convertido en un aparcamiento con contenedores.

La segunda, que nadie recordaba quién había vivido allí antes.

Jakas empezó pintando un gato en una de las paredes. Nada más. Y a partir de ese gato fueron apareciendo más piezas, y con las piezas empezaron las conversaciones con los vecinos, y con las conversaciones fueron saliendo las historias.

La memoria del barrio

Porque este patio, como buena parte de la zona, estuvo habitado antes de la Segunda Guerra Mundial sobre todo por familias judías. Kaunas fue uno de los grandes centros culturales del judaísmo europeo, con una comunidad enorme y muy activa, y esas viviendas eran sus casas. La historia de Lituania recoge lo que pasó después con esa comunidad.

En 1941 sus habitantes fueron expulsados al gueto de Vilijampolė, al otro lado del río. Muy pocos sobrevivieron.

Ese es el corazón del proyecto. Entre los murales y las instalaciones hay fotografías, placas y objetos que recuerdan a aquellos vecinos con nombre y apellidos, con sus fechas y con lo poco o mucho que se sabe de ellos. No es un memorial al uso, con su placa institucional y su corona de flores. Es la memoria devuelta al sitio exacto donde ocurrió, colgada en la pared del patio donde esa gente tendía la ropa.

Un proyecto vivo

Con los años, los vecinos actuales se fueron sumando. Uno decoró las tuberías de gas con ganchillo, otros empezaron a poner flores en las ventanas, otros aportaron objetos y recuerdos. Han llegado también artistas de fuera, invitados a intervenir en el espacio.

El patio cambia. Hay piezas que se añaden, otras que se deterioran, otras que desaparecen. No es un museo con inventario fijo, sino algo que sigue creciendo, y eso significa que lo que vas a encontrar tú no será exactamente lo que encontró quien fue el año pasado.

Qué vas a ver

No esperes una colección ordenada. Lo que hay es una acumulación densa y algo caótica de murales, retratos, objetos colgados, muñecos, espejos, marcos vacíos, mensajes escritos, instalaciones hechas con material recuperado y piezas que se esconden en rincones improbables.

Hay ilusiones ópticas y trampantojos, hay personajes reconocibles, hay humor y hay piezas de una tristeza muy directa. Charlie Chaplin vigila una de las entradas. Los retratos históricos conviven con figuras inventadas.

El consejo más útil que puedo dar es este: mira hacia arriba. Buena parte de las piezas están en los balcones, en los aleros, en las ventanas de las plantas superiores, y quien recorre el patio con la vista a la altura de los ojos se deja la mitad.

Y mira despacio. El patio es pequeño y se puede cruzar en dos minutos, pero se puede pasar allí media hora larga encontrando cosas.

Murales de la Kiemo galerija, en KaunasEl gato pintado que dio origen a la Kiemo galerijaObjetos colgados entre los murales de la Kiemo galerijaPlacas dedicadas a los antiguos vecinos judíos del barrio, en la Kiemo galerijaRopa tendida entre las obras de la Kiemo galerijaOtro rincón de la Kiemo galerija, en Kaunas
La Kiemo galerija

Información práctica

Dónde está

Está en el patio interior de la calle E. Ožeškienės, en el centro de Kaunas, muy cerca de la sinagoga de la ciudad y a pocos minutos andando de la avenida de la Libertad.

El acceso es por el portal que da a la calle. No hay puerta ni control: se entra y ya está. Si dudas de si es el sitio, no lo dudarás en cuanto asomes la cabeza.

Horarios y precio

Es gratuita y está abierta permanentemente, porque es un patio de vecinos.

Eso implica una responsabilidad evidente por parte de quien visita: es la casa de alguien. Habla en voz baja, no entres en los portales, no fotografíes ventanas ni interiores y no vayas en grupos grandes ni a horas intempestivas. El proyecto existe porque los vecinos lo permiten, y eso puede dejar de ser así si el sitio se convierte en un problema para quienes viven allí.

La mejor hora es la mañana o el mediodía, cuando hay luz suficiente para ver los detalles.

Cuánto tiempo dedicarle

Entre veinte minutos y una hora, según cuánto te enganche. Es fácil quedarse más de lo previsto.

Cómo encajarlo en la visita a Kaunas

Está en pleno centro, a un paso de Laisvės alėja y muy cerca del Museo de la Guerra Vytautas el Grande, así que encaja perfectamente en cualquier recorrido a pie por la ciudad sin necesidad de desviarse.

Si haces Kaunas en un día desde Vilna, colócala a media mañana, entre el museo de la guerra y la bajada hacia el río. Es una de las paradas de nuestra guía de Kaunas en un día.

Por qué merece la pena

En un viaje uno visita muchos monumentos importantes y muy pocos sitios que le remuevan algo. Este es de los segundos.

Lo que hace especial a la Kiemo galerija no es la calidad artística de las piezas, que es desigual y a veces claramente amateur. Es lo que el proyecto demuestra: que un problema social —vecinos que no se hablan, una memoria borrada— se puede abordar sin presupuesto público, sin institución detrás y sin más herramienta que la voluntad de alguien que decidió pintar un gato.

Y es, además, una de las formas más honestas de recordar el Holocausto que he visto. Sin monumentalidad, sin solemnidad impostada, sin cobrar entrada. Simplemente devolviéndole a un patio los nombres de la gente que vivió en él.

Si vas a Kaunas, no te la saltes. Y si dudabas de si merece la pena hacer la excursión desde Vilna, este patio ya es motivo suficiente.