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La torre de Gediminas

Destinos · Lituania

Historia de Lituania: del imperio más grande de Europa a la primera república que rompió con la URSS

Del gran ducado más extenso de Europa a la cadena humana de 1989: la historia que explica cada monumento del país, etapa por etapa.

Lectura de 14 minutos

Hay países cuya historia se puede resumir en un párrafo y países cuya historia explica cada cosa que ves al caminar por sus calles. Lituania es de los segundos.

Es un país pequeño, de menos de tres millones de habitantes, que llegó a ser el Estado más extenso de Europa. Fue el último rincón del continente en cristianizarse. Desapareció del mapa durante más de un siglo. Recuperó la independencia en 1918, la perdió en 1940, fue ocupado sucesivamente por soviéticos y nazis, sufrió uno de los exterminios más completos de población judía de toda Europa, volvió a ser ocupado durante casi medio siglo y acabó siendo la primera república que se atrevió a romper con la Unión Soviética.

Entender esa secuencia cambia por completo la manera de visitar el país. Este artículo la recorre por etapas, y cada una termina indicando qué se puede ver hoy sobre el terreno para asomarse a ella.

El gran ducado: cuando Lituania era el país más grande de Europa

Mindaugas y la fundación del Estado

La historia del Estado lituano empieza en el siglo XIII, cuando las tribus bálticas de la zona se unificaron bajo Mindaugas para resistir la presión de las órdenes militares alemanas que estaban cristianizando el Báltico a sangre y fuego.

Mindaugas fue coronado rey de Lituania el 6 de julio de 1253, y sigue siendo el único monarca coronado de la historia del país. Esa fecha es hoy la fiesta nacional del Estado.

El último país pagano de Europa

Aquí está uno de los datos que más sorprenden a quien llega sin saberlo: Lituania fue el último territorio de Europa en adoptar el cristianismo. La conversión oficial no llegó hasta 1387, y la región de Samogitia, en el oeste, no se cristianizó hasta 1413.

Es decir, mientras en el resto del continente se levantaban catedrales góticas, en Lituania seguía practicándose una religión politeísta propia, con bosques sagrados, fuegos perpetuos y un panteón de divinidades ligadas a la naturaleza. Ese paganismo tardío dejó una huella cultural que todavía se nota en el folclore, en los nombres, en las canciones populares y en una relación con el bosque que sigue siendo muy particular.

La máxima extensión

El gran ducado alcanzó su cénit bajo Vitautas el Grande, entre 1392 y 1430. En ese momento se extendía desde el Báltico hasta el mar Negro, abarcando lo que hoy son Bielorrusia, buena parte de Ucrania y territorios de Rusia y Polonia. Era, por superficie, el Estado más extenso de Europa.

Su momento militar decisivo fue la batalla de Grunwald —Žalgiris en lituano— en 1410, cuando las fuerzas lituanas y polacas derrotaron a la Orden Teutónica y acabaron con su expansión en la región. Es una fecha que en Lituania sigue teniendo carga simbólica enorme: el principal club de baloncesto del país se llama precisamente Žalgiris.

Qué visitar hoy: la torre de Gediminas y la colina del castillo en Vilna, el castillo de Trakai sobre su isla, y el castillo de Kaunas y la iglesia de Vitautas el Grande, recogidos en la guía de Kaunas en un día.

La unión con Polonia y la desaparición del mapa

De la unión dinástica a la Mancomunidad

En 1386 el gran duque Jogaila se casó con la reina Eduviges de Polonia, se convirtió al cristianismo y pasó a reinar sobre los dos países. Fue el inicio de una relación que duraría cuatro siglos.

La unión se formalizó en 1569 con el Tratado de Lublin, que creó la Mancomunidad de Polonia-Lituania, un Estado enorme y singular, con monarquía electiva, un parlamento poderoso y un grado de tolerancia religiosa poco habitual en la Europa de la época. Vilna se convirtió en una ciudad cosmopolita donde convivían católicos, ortodoxos, protestantes, judíos, careos y musulmanes tártaros.

Las particiones

La Mancomunidad entró en decadencia durante el siglo XVIII y sus vecinos aprovecharon. Entre 1772 y 1795, Rusia, Prusia y Austria se repartieron el territorio en tres particiones sucesivas.

En 1795 el Estado desapareció completamente del mapa. Lituania quedó integrada en el Imperio Ruso, y así permanecería durante ciento veintitrés años.

Qué visitar hoy: el conjunto barroco del casco antiguo de Vilna, uno de los más extensos de Europa del Este, y la Universidad de Vilna, fundada en 1579 y una de las más antiguas del continente.

El siglo XIX: la prohibición del alfabeto y los contrabandistas de libros

Dos levantamientos fallidos

El siglo XIX bajo dominio ruso estuvo marcado por dos insurrecciones, la de 1831 y la de 1863, ambas aplastadas con dureza. Tras la primera, las autoridades cerraron la Universidad de Vilna. Tras la segunda, la represión fue mucho más allá.

La prohibición de la prensa

En 1864 el Imperio Ruso prohibió imprimir en lituano con caracteres latinos. La lengua solo podía escribirse en alfabeto cirílico, lo que en la práctica equivalía a un intento de borrar la cultura escrita del país y rusificarlo por completo. La prohibición duró cuarenta años, hasta 1904.

Los knygnešiai

Y aquí ocurre una de las historias más extraordinarias y menos conocidas de la historia europea. Los lituanos respondieron imprimiendo los libros al otro lado de la frontera, en la Prusia Oriental, y pasándolos de contrabando.

Los knygnešiai —literalmente, portadores de libros— cruzaban la frontera con libros escondidos, los distribuían por aldeas y escuelas clandestinas y se arriesgaban a multas, cárcel y deportación a Siberia. Se calcula que fueron miles de personas las implicadas en la red, y que llegaron a circular millones de ejemplares.

Es probablemente el único caso documentado en el mundo de una campaña masiva de contrabando de libros para salvar un idioma. Y funcionó: la prohibición se levantó en 1904 y la lengua sobrevivió. Lituania tiene un día nacional dedicado a los portadores de libros y varios monumentos repartidos por el país.

Qué visitar hoy: el Museo Nacional de Lituania en Vilna y los patios de la Universidad de Vilna, reabierta en 1919.

1918: la primera independencia y la capital provisional

El acta del 16 de febrero

Con el Imperio Ruso desmoronándose y la Primera Guerra Mundial en marcha, el Consejo de Lituania firmó el Acta de Independencia el 16 de febrero de 1918, en una casa de la calle Pilies de Vilna. Es una de las dos fiestas nacionales del país.

Lo que siguió fueron varios años de guerra simultánea contra bolcheviques, contra fuerzas alemanas irregulares y contra Polonia.

Vilna en manos polacas y el ascenso de Kaunas

El conflicto con Polonia se resolvió mal. En 1920, tropas polacas al mando del general Żeligowski ocuparon Vilna y la región circundante en una operación que Varsovia presentó oficialmente como un motín espontáneo. El territorio quedó en manos polacas hasta 1939.

Eso dejó a Lituania sin su capital histórica. Kaunas asumió el papel de capital provisional entre 1920 y 1939, y ahí está el origen de todo lo que hace hoy singular a esa ciudad: un país recién nacido volcó dos décadas de esfuerzo constructor en ella, y el resultado fue una concentración de arquitectura moderna de entreguerras —racionalismo, art déco, modernismo báltico— que hoy tiene reconocimiento de la Unesco.

Qué visitar hoy: la casa de los Signatarios en la calle Pilies de Vilna, y prácticamente todo el centro de Kaunas: la avenida de la Libertad, el Museo de la Guerra Vitautas el Grande con los restos del avión Lituanica, y la basílica de la Resurrección en la colina de Žaliakalnis.

El siglo XX brutal: dos ocupaciones y un exterminio

El pacto Mólotov-Ribbentrop

El 23 de agosto de 1939, la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaron un pacto de no agresión que incluía protocolos secretos repartiéndose Europa oriental. Los tres países bálticos quedaban en la esfera soviética.

En junio de 1940 el Ejército Rojo ocupó Lituania y el país fue anexionado a la URSS. La mayoría de países occidentales nunca reconocieron formalmente esa anexión, y ese detalle jurídico resultará decisivo cincuenta años después.

En junio de 1941 se produjo la primera gran deportación masiva: decenas de miles de personas —funcionarios, profesores, militares, campesinos acomodados y sus familias enteras, incluidos niños— fueron cargadas en vagones de ganado y enviadas a Siberia.

La ocupación nazi y el Holocausto

Días después, la Alemania nazi rompió el pacto e invadió. Lituania pasó de una ocupación a otra en cuestión de semanas.

Lo que ocurrió a continuación es la página más oscura de la historia del país. Antes de la guerra, Lituania albergaba una de las comunidades judías más importantes y culturalmente influyentes de Europa. Vilna era conocida como la Jerusalén del Norte, con decenas de sinagogas, editoriales, escuelas y una tradición intelectual de siglos.

Entre 1941 y 1944 fue asesinada más del noventa por ciento de la población judía lituana, en torno a doscientas mil personas. Fue uno de los porcentajes de exterminio más altos de toda Europa, y se ejecutó en gran medida por fusilamiento en masa cerca de las propias ciudades, con participación de colaboradores locales. Es un hecho que la sociedad lituana ha tardado décadas en asumir públicamente y que sigue siendo objeto de debate historiográfico.

En medio de ese horror hay también una historia luminosa. Chiune Sugihara, cónsul de Japón en Kaunas, emitió en 1940 miles de visados de tránsito, desobedeciendo instrucciones expresas de su gobierno, que permitieron huir a miles de judíos.

Qué visitar hoy: el memorial de Paneriai, en las afueras de Vilna, donde fueron asesinadas decenas de miles de personas; el Noveno Fuerte de Kaunas; el Museo Judío del Estado de Lituania, con varias sedes; la casa de Sugihara en Kaunas; y la Kiemo galerija, el patio de vecinos de Kaunas convertido en galería de arte que recuerda con nombre y apellidos a las familias judías que vivían allí.

La segunda ocupación soviética

Las deportaciones y los hermanos del bosque

En 1944 el Ejército Rojo regresó y Lituania volvió a quedar integrada en la URSS, esta vez durante casi medio siglo.

Las deportaciones se reanudaron a gran escala. A lo largo de la posguerra, cientos de miles de lituanos fueron enviados a Siberia y a campos de trabajo, en un proceso destinado a descabezar a la sociedad y a romper cualquier resistencia organizada.

Y hubo resistencia armada. Los llamados hermanos del bosque, una guerrilla partisana que llegó a contar con decenas de miles de combatientes, mantuvieron la lucha en los bosques del país durante casi una década, hasta principios de los años cincuenta, sin ningún apoyo exterior y sabiendo perfectamente cómo iba a terminar. Su último comandante, Adolfas Ramanauskas, fue capturado, torturado y ejecutado en 1957.

La colina de las Cruces

Un episodio que resume bien la relación entre la población y el régimen es el de la colina de las Cruces, cerca de Šiauliai, en el norte del país.

Se trata de un pequeño montículo donde desde el siglo XIX la gente venía dejando cruces. Durante la etapa soviética, las autoridades lo arrasaron con excavadoras al menos tres veces, quemando las cruces de madera y retirando las de metal. Y cada vez, en cuestión de días o semanas, la gente volvía de noche a plantar cruces nuevas.

Hoy hay cientos de miles.

Qué visitar hoy: el Museo de las Ocupaciones y las Luchas por la Libertad de Vilna, instalado en la antigua sede del KGB, con sus celdas y su sala de ejecuciones originales; y la colina de las Cruces, entre Vilna y Riga.

La independencia: Sąjūdis, la Vía Báltica y el 11 de marzo

El movimiento

Las políticas de apertura de Gorbachov abrieron a mediados de los ochenta un margen de expresión que en los países bálticos se aprovechó de inmediato. En junio de 1988 se fundó Sąjūdis, el Movimiento Reformista de Lituania, encabezado por el musicólogo Vytautas Landsbergis, que en pocos meses pasó de reclamar autonomía a exigir la independencia completa.

La Vía Báltica

El 23 de agosto de 1989, en el quincuagésimo aniversario del pacto Mólotov-Ribbentrop, alrededor de dos millones de personas se dieron la mano formando una cadena humana ininterrumpida de unos seiscientos setenta y cinco kilómetros que unió Vilna, Riga y Tallin.

Fue una de las protestas pacíficas más impresionantes del siglo XX y sirvió para poner el problema báltico en las portadas de todo el mundo. En la plaza de la Catedral de Vilna hay una baldosa marcada con la palabra stebuklas —milagro— que señala el punto donde terminaba la cadena.

El 11 de marzo de 1990

El 11 de marzo de 1990, a las diez y cuarenta y cuatro de la noche, el Consejo Supremo de Lituania aprobó el Acta de Restablecimiento del Estado de Lituania por 124 votos a favor, ninguno en contra y seis abstenciones.

Fue la primera república soviética en dar ese paso. Letonia siguió el 4 de mayo del mismo año y Estonia completó el suyo en agosto de 1991.

Conviene fijarse en el nombre del acta, porque no es casual. Lituania no habla de secesión ni de independencia nueva, sino de restablecimiento. La tesis oficial es que la anexión de 1940 fue ilegal desde el primer día y que el Estado lituano nunca dejó de existir jurídicamente, algo que la mayoría de países occidentales respaldaron al no haber reconocido nunca formalmente la incorporación a la URSS. Es una distinción que allí se toman muy en serio.

Hay un matiz previo que también conviene conocer: Estonia había sido la primera en declarar la soberanía, en noviembre de 1988, pero aquella era una figura distinta y más limitada, que reclamaba la primacía de las leyes propias sin romper con Moscú. La ruptura completa la dio Lituania.

Enero de 1991

La declaración no resolvió nada de inmediato. Moscú la declaró ilegal e impuso un bloqueo económico que dejó al país sin suministros durante meses.

Y en enero de 1991 llegó el momento más grave. Tropas soviéticas asaltaron los edificios estratégicos de Vilna. En la madrugada del día 13, los tanques cargaron contra la multitud desarmada que defendía la torre de televisión. Murieron catorce civiles y hubo más de setecientos heridos.

Aquella noche, miles de personas hicieron guardia alrededor del parlamento durante semanas, con barricadas de hormigón, esperando un asalto que finalmente no llegó.

La Unión Soviética no reconoció la independencia lituana hasta el 6 de septiembre de 1991, después del golpe fallido de Moscú. Las últimas tropas rusas abandonaron el país en 1993.

Qué visitar hoy: la torre de televisión de Vilna, con su memorial a las víctimas de enero de 1991; la baldosa del stebuklas en la plaza de la Catedral; y los restos de las barricadas conservados junto al edificio del parlamento.

Lituania hoy

El país ingresó en la OTAN y en la Unión Europea en 2004 y adoptó el euro en 2015. En treinta y cinco años ha pasado de la órbita soviética a ser uno de los centros de innovación digital del continente, con un sector tecnológico y financiero notable para su tamaño.

Ese salto se ve físicamente en Vilna: desde la torre de Gediminas, medieval, se contemplan a menos de un kilómetro los rascacielos de cristal de Šnipiškės, al otro lado del río.

Pero la historia no se ha ido. Está en las banderas ucranianas de los balcones, en las conversaciones cotidianas, en la relación cuidadosa que se mantiene con la iglesia ortodoxa, en la sensación general de que la independencia es algo que todavía hay que cuidar y no un hecho consumado.

Cuando uno viaja por Lituania se cruza con gente que vivió bajo ocupación, con familias que tienen un abuelo deportado a Siberia y con vecinos de la frontera que miran hacia el este con una atención que en el sur de Europa cuesta imaginar. No es historia antigua: es biografía reciente.

Y eso, más que cualquier monumento, es lo que hace que este país deje huella.

Para ponerlo todo en orden sobre el terreno, el itinerario de cinco días por Lituania recorre estos mismos lugares día a día.