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La cúpula de la Rotonda de Mosta, una de las más grandes de Europa.

Destinos · Malta

Las cúpulas de Malta: Mosta, Xewkija y la rivalidad que levantó templos imposibles

Por qué un país del tamaño de una comarca tiene algunas de las cúpulas más grandes de Europa. La historia de la rotonda de Mosta y la bomba que la atravesó en 1942 sin explotar, la de Xewkija levantada a pulso por sus vecinos, y la costumbre maltesa de construir la iglesia nueva alrededor de la vieja sin dejar de decir misa.

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Las cúpulas de Malta

Hay un detalle que sorprende a cualquiera que recorra Malta en autobús: desde casi cualquier punto elevado se ven tres o cuatro cúpulas monumentales asomando sobre pueblos que apenas tienen unos miles de habitantes. Son desproporcionadas respecto al caserío, respecto a la población y respecto a la riqueza de los sitios donde están. Este artículo cuenta por qué existen, cómo se construyeron y cuáles merece la pena visitar.

Un país que compite en iglesias

La explicación está en la parroquia. En Malta la unidad social no ha sido nunca el municipio sino la parroquia, y cada pueblo vive su fiesta patronal, su festa, como el acontecimiento del año: semanas de preparativos, calles decoradas con telas y luces, bandas de música, procesión y una guerra abierta de fuegos artificiales con el pueblo vecino. En varias localidades hay incluso dos bandas rivales dentro del mismo pueblo, con su santo cada una, y la competición interna es todavía más feroz que la externa.

Esa rivalidad se ha traducido durante siglos en piedra. Si el pueblo de al lado levantaba una iglesia más grande, había que responder; si tenía una cúpula visible desde la carretera, la propia tenía que verse más. El resultado es un catálogo de templos monumentales que no le corresponde a un archipiélago de trescientos dieciséis kilómetros cuadrados ni por población ni por medios, y que se financió con colectas vecinales, donaciones de emigrantes y trabajo voluntario de los propios feligreses.

A eso se suma un material que lo hace posible: la piedra caliza globigerina, blanda al extraerla y fácil de tallar, que se endurece al contacto con el aire y que se saca de canteras de la propia isla. Malta ha construido siempre con lo que tenía debajo de los pies, y eso abarata cualquier obra hasta hacerla imaginable para un pueblo de tres mil vecinos.

La rotonda de Mosta y la bomba que no explotó

La más famosa está en Mosta, en el centro de la isla. La Rotonda de la Asunción se levantó entre 1833 y 1860 siguiendo el diseño de Giorgio Grognet de Vassé, un maltés fascinado por el Panteón de Roma que planteó un templo circular con pórtico de columnas jónicas y una cúpula de más de treinta metros de diámetro que se sostiene sin estructura interna de apoyo y que aparece siempre en las listas de las mayores de Europa.

La parte que más me gusta de su historia es cómo se construyó. Los vecinos no querían quedarse sin iglesia durante las obras, así que la rotonda nueva se levantó literalmente alrededor de la vieja parroquia renacentista, que siguió celebrando misa dentro del andamiaje hasta que el edificio nuevo estuvo terminado; solo entonces se desmontó la antigua y se sacó por la puerta, piedra a piedra. Una imagen que resume bastante bien el carácter maltés: obstinado, práctico y profundamente parroquial.

Pero la historia que todo el mundo cuenta en Mosta es la del 9 de abril de 1942. En plena Segunda Guerra Mundial, con Malta convertida en el lugar más bombardeado del conflicto por su posición estratégica entre Sicilia y el norte de África, una bomba alemana atravesó la cúpula y cayó dentro del templo durante la misa de la tarde, con unos trescientos vecinos refugiados en su interior. No explotó. Se puede ver una réplica en la sacristía, junto al museo, y en Malta la palabra que se usa para aquello no es "suerte", sino "milagro". La isla entera recibió ese mismo año la Cruz de Jorge, la máxima condecoración civil británica, por la resistencia de su población durante los bombardeos; la cruz sigue en la esquina de la bandera nacional.

La rotonda tiene horario de visita turística durante el día, con acceso al museo y a los refugios antiaéreos excavados bajo el templo, y se cierra a los visitantes durante los oficios. Si llegas tarde y hay misa, se puede entrar como un fiel más y ver el interior desde un banco al fondo, sin pasearlo y sin hacer fotos; no es lo mismo, pero la escala del sitio no se transmite en ninguna imagen y merece la pena aunque sea así. Se llega en autobús desde La Valeta, desde Sliema y desde Rabat, y está a pocos minutos de Mdina, con lo que encaja bien en una jornada por el centro de la isla.

Xewkija, la cúpula que levantaron los vecinos

La segunda es gozitana y mucho menos visitada, lo que ya es un motivo para ir. La rotonda de San Juan Bautista, en Xewkija, se ve desde media isla de Gozo y desde lo alto de la Ċittadella de Victoria destaca de tal manera sobre el caserío que uno se pregunta qué hace ahí.

La construyeron los propios vecinos entre 1951 y 1971, con donaciones, trabajo voluntario y piedra local, y repitiendo exactamente el truco de Mosta: la iglesia barroca anterior se mantuvo en pie y en uso mientras la nueva crecía a su alrededor, y solo se desmontó cuando la nueva estuvo terminada. Hablamos de un pueblo de unos pocos miles de habitantes levantando durante veinte años una cúpula de unos setenta y cinco metros de altura y decenas de miles de toneladas de piedra, con capacidad para más fieles de los que viven en el municipio. Los restos de la iglesia vieja no se tiraron a la basura: se conservan como museo en un lateral, con sus retablos y su escultura barroca.

Lo mejor es que aquí se puede subir. Un ascensor lleva a la azotea por unos tres euros y es de las mejores inversiones que se pueden hacer en el archipiélago: desde arriba se tiene el tambor de ventanales y la linterna al alcance de la mano, y una panorámica de trescientos sesenta grados sobre Gozo en la que se identifican la ciudadela recortada al fondo, los pueblos vecinos, los campos en bancales y el mar por ambos lados. Está a diez minutos de Victoria en la línea 323 y casi nadie lo incluye en su plan de un día, que es precisamente el motivo para incluirlo.

Otras cúpulas y un trampantojo

La lista no acaba ahí. La catedral de la Ċittadella de Victoria, en Gozo, guarda el mejor truco de todos: la cúpula que se ve desde dentro no existe. Nunca hubo dinero para construirla y en 1739 se resolvió el problema con una pintura en trampantojo tan bien ejecutada que hay que mirarla dos veces, y todavía tres, para aceptar que ese espacio abovedado es un lienzo plano. Es la versión barata y astuta de la misma ambición.

En la isla grande, la catedral de San Pablo de Mdina, obra de Lorenzo Gafà, tiene una de las cúpulas más elegantes del país y se ve desde toda la meseta central. La basílica de Ta' Pinu, aislada en mitad del campo gozitano, funciona como faro del paisaje agrícola. Y en pueblos como Żejtun, Naxxar o Għaxaq hay parroquias cuyo tamaño no se explica sin entender la competición vecinal que las levantó.

Si alguien quiere hacer una ruta específica, la combinación que mejor funciona es Mosta y Mdina en la misma jornada por el centro de Malta, y Xewkija junto con Victoria en la jornada de Gozo. Son dos desvíos cortos que caben en planes que probablemente ya tengas hechos, y que cuentan una historia que ninguna guía convencional se detiene a explicar: la de un país minúsculo, pobre durante siglos y bombardeado hasta los cimientos, que decidió gastarse lo que no tenía en construir hacia arriba.

Los precios, horarios y condiciones de visita que aparecen en este artículo corresponden a 2026 y pueden variar. Las iglesias cierran al turismo durante los oficios y en fiestas patronales.