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El Pulteney Bridge de Bath, con sus tiendas ocupando ambos lados sobre el río Avon

Destinos · Reino Unido · Bath

Qué ver en Bath en 2 días: itinerario y excursiones cercanas

Un día basta para lo esencial de Bath, pero dos permiten entrar donde el primero solo deja mirar por fuera, subir a las colinas que rodean la ciudad y encajar una escapada a los alrededores. El reparto que mejor funciona y qué añadir según lo que te interese.

Lectura de 7 minutos

Qué cambia con la segunda jornada

Bath es una ciudad pequeña: noventa mil habitantes y un centro histórico que se recorre entero a pie en un par de horas. Por eso mucha gente la despacha en una excursión de un día desde Bristol o desde Londres, y honestamente funciona: el itinerario esencial cabe en una jornada.

Lo que aporta el segundo día es otra cosa. Un día se va en ver la ciudad por fuera, que es donde está buena parte de su valor, pero deja fuera todos los interiores, que aquí son caros y exigen tiempo. Dos días permiten elegir dos o tres de ellos sin correr, subir a las colinas que rodean el valle, y sobre todo estar en la ciudad a horas en las que no está: temprano por la mañana y después de que se marchen los autobuses de excursión, que es cuando Bath se parece más a una ciudad y menos a un decorado.

Hay además un argumento de calendario. Bath recibe muchísimos visitantes de un día, concentrados entre las once de la mañana y las cinco de la tarde. Si duermes aquí, tienes el centro casi para ti antes y después de esa franja.

Día 1: la ciudad exterior

La primera jornada es la del itinerario clásico y conviene hacerla en este orden. Empieza por el río, con el Pulteney Weir, la presa en herradura que crea una cascada continua en pleno centro y desde la que se hace la fotografía característica de la ciudad, y el Pulteney Bridge de 1774, uno de los pocos puentes habitados que quedan en el mundo, con tiendas ocupando por completo ambos lados.

Sube después al patio de la abadía, que es el centro neurálgico, y encaja ahí el recorrido guiado gratuito del cuerpo de guías honorarios del ayuntamiento, que sale dos veces al día sin necesidad de reservar, dura unas dos horas y es la mejor introducción posible a la ciudad. Los guías son voluntarios y no aceptan propina.

Por la tarde, el circuito georgiano cuesta arriba: The Circus, la plaza circular que John Wood el Viejo empezó en 1754 y no vivió para ver terminada, y el Royal Crescent, treinta casas en arco con ciento catorce columnas jónicas que fue el primer conjunto de este tipo de la historia de la arquitectura. Y para cerrar, la subida a Alexandra Park al atardecer, con la ciudad entera a los pies.

Tienes esta jornada desarrollada con detalle en el artículo dedicado a qué ver en Bath en un día.

Día 2 por la mañana: los interiores

Aquí es donde hay que elegir, porque no da tiempo a todo y porque el presupuesto pesa.

La opción más evidente son las Termas Romanas, uno de los conjuntos termales romanos mejor conservados de Europa, con la Gran Piscina revestida de plomo original, los restos del templo de Sulis Minerva y las tablillas de maldición que los bañistas arrojaban al manantial pidiendo castigo divino para quien les había robado. Se tarda entre hora y media y dos horas y funciona con precios dinámicos por franja horaria, más baratos a primera hora entre semana. Ten en cuenta que aquí no se puede uno bañar: el recorrido es museístico.

La segunda opción es la abadía, que desde hace poco cobra una entrada fija de unas seis libras y media donde antes había donativo sugerido. El interior tiene bóvedas de abanico diseñadas por los mismos arquitectos que trabajaron en la capilla de Enrique VII en Westminster, y una superficie de vidriera tan grande que la luz no se parece a la de ninguna otra iglesia inglesa de su época. Aparte se puede subir a la torre, por unas dieciocho libras, con vistas sobre los tejados y una perspectiva desde arriba de la piscina romana del recinto vecino.

Y la tercera es el número 1 del Royal Crescent, una casa georgiana convertida en museo, decorada y amueblada como habría estado a finales del siglo XVIII, con las estancias de los señores y las de la servidumbre. Suele venderse en billete conjunto con otros museos pequeños de la ciudad.

Mi recomendación si solo entras en una: las termas si te interesa la arqueología, la casa del Royal Crescent si lo que te ha enganchado es la ciudad georgiana.

Día 2 por la tarde: dos alternativas

A partir de aquí hay dos maneras razonables de terminar, según el tiempo y las ganas.

La primera es quedarse en la ciudad y darle el rato que el primer día no permitió. El mercado cubierto del Guildhall, bajo una rotonda acristalada victoriana; el paseo por Great Pulteney Street, trescientos metros de fachadas georgianas continuas por los que apenas pasa nadie; el Royal Victoria Park con sus jardines botánicos; y, para cerrar la jornada, la sesión de tarde en el balneario moderno que funciona con los manantiales naturales, con piscina descubierta en la azotea y vistas sobre los tejados. La sesión de dos horas ronda las cuarenta y cinco libras entre semana, hay que reservar y la edad mínima es de dieciséis años. Entrar con luz y salir de noche es el mejor momento posible.

La segunda es subir a las colinas. Existe una ruta señalizada que rodea la ciudad durante casi diez kilómetros atravesando prados, bosques y miradores continuos sobre el valle. Se puede hacer entera, en unas cuatro horas, o solo un tramo. Es gratuita y es la mejor manera de entender por qué la ciudad está donde está y por qué toda ella es del mismo color: la piedra sale de estas mismas colinas.

Si el segundo día prefieres salir de Bath

Bath está muy bien conectada y hay varias opciones a menos de una hora.

Bristol está a doce minutos de tren y es exactamente lo contrario que Bath: portuaria, mestiza, desordenada y con casi todos sus museos gratuitos. Ese contraste hace que las dos ciudades funcionen muy bien juntas en el mismo viaje.

Al sur, en Somerset, están Wells, la ciudad catedralicia más pequeña de Inglaterra, y la garganta de Cheddar, ambas accesibles en autobús. Y hacia el este quedan los pueblos de piedra de los Cotswolds, que comparten con Bath la misma caliza dorada y que son la excursión rural clásica de la zona, aunque sin coche resultan bastante más incómodos de recorrer.

Ninguna de estas la hicimos nosotros, así que van como pistas y no como recomendaciones probadas.

Notas prácticas para dos días

Sobre el gasto, Bath es cara y conviene planificarlo: entre entradas, comida y alojamiento, dos días aquí cuestan sensiblemente más que dos días en Bristol. La solución que a nosotros nos funcionó para comer sin arruinarnos fue el supermercado grande del centro, que tiene una zona con mesas y microondas, además de los puestos del mercado cubierto.

Sobre las fechas, la ciudad está mucho más tranquila entre semana y fuera de temporada alta. Y hay un periodo concreto que conviene mirar: durante los diez días del festival de Jane Austen, en septiembre, la ciudad se llena y el alojamiento se dispara, lo que puede ser un motivo para venir o para evitar esas fechas según lo que busques.

Y sobre el orden de las jornadas, si el pronóstico da un solo día bueno, resérvalo para el primero, que es el de calle y miradores. Los interiores del segundo aguantan la lluvia sin problema, y el balneario de la azotea es incluso mejor con mal tiempo.