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La cabaña de madera en el jardín de una casa victoriana de Montpelier, el barrio donde nos alojamos en Bristol

Destinos · Reino Unido · Bristol

Dónde alojarse en Bristol: guía de barrios

Bristol no tiene un centro histórico donde alojarse por defecto, así que la elección de barrio pesa más de lo habitual. De la elegancia georgiana de Clifton a las casas victorianas de colores de Montpelier, con las cuestas y los precios que cada opción implica.

Lectura de 6 minutos

Una ciudad sin centro evidente

En la mayoría de ciudades europeas la respuesta a dónde alojarse es sencilla: en el casco antiguo o lo más cerca posible. Bristol no funciona así. El bombardeo alemán de noviembre de 1940 arrasó buena parte del centro medieval y lo que se reconstruyó después fue una zona comercial funcional, sin demasiado encanto y bastante muerta por la noche.

Lo que sí tiene Bristol es una colección de barrios con personalidad muy marcada, ninguno de los cuales está lejos de nada. Las distancias reales son cortas: veinte minutos andando desde el norte hasta el puerto, otros quince desde el puerto hasta Bedminster. Lo que sí hay son cuestas, muchas y pronunciadas, y ese es el factor que casi nadie tiene en cuenta al reservar y que después se paga en las piernas y con la maleta.

Así que la pregunta no es cuánto de céntrico está el alojamiento, sino en qué barrio quieres despertarte y cuánto desnivel estás dispuesto a subir cada noche.

Montpelier y Stokes Croft, mi recomendación

Nosotros nos alojamos en Montpelier, al norte, y lo repetiría sin dudarlo. Es un barrio que se desarrolló a finales del siglo XVIII alrededor de unos jardines de recreo y que tomó el nombre de la ciudad francesa por el prestigio balneario que entonces tenía. Hoy es una sucesión de casas victorianas en cuesta pintadas en colores improbables, con murales en casi cada medianera y tiendas de segunda mano con criterio.

Está a un cuarto de hora a pie del centro, todo cuesta abajo a la ida, y tiene estación de tren propia. Se duerme barato para el estándar británico, se baja andando a todo y se vuelve caminando de noche sin pensárselo. La calle Picton y la cercana Stokes Croft concentran cafeterías independientes y bares con personalidad que no parecen haber elegido su estética pensando en el turista.

Stokes Croft, la calle que baja hacia el centro, es el eje del Bristol alternativo y su arte urbano, con su historia de resistencia vecinal y sus murales, incluido el Banksy más antiguo que sigue visible en la ciudad. Alojarse aquí mismo es una opción para quien quiera ambiente nocturno a pie de calle, asumiendo el ruido de fin de semana.

El aviso obvio es la cuesta: la vuelta desde el centro es una subida seria. Y el matiz honesto es que estos barrios tienen un aire desordenado y algo degradado en algunos tramos que a cierta gente le gusta y a otra no. A nosotros nos pareció exactamente lo que queríamos.

Clifton, la opción elegante

Al noroeste, Clifton es el barrio georgiano acomodado de Bristol: terrazas de piedra clara, tiendas independientes de gama alta, cafeterías con mesas fuera y el puente colgante a un paseo. Es la zona más bonita de la ciudad para pasear y probablemente la más agradable para dormir.

Tiene dos peajes. El primero, el precio: los alojamientos aquí son más caros que en el resto de la ciudad. El segundo, la distancia y el desnivel: está en lo alto, y bajar al puerto son veinte o veinticinco minutos cuesta abajo que después hay que remontar. Con autobús se resuelve, pero cada trayecto suma.

Es la elección para quien viaje con más presupuesto, para quien vaya a dedicar tiempo al puente y al desfiladero, y para quien prefiera un barrio tranquilo y residencial por encima del ambiente nocturno.

Harbourside y el centro, para primera visita

La zona del puerto flotante y el casco antiguo es la más práctica si vienes pocos días. Desde ahí se hace a pie casi todo el itinerario clásico, está llano, hay oferta hotelera convencional y de cadena, y por la noche los almacenes reconvertidos concentran restaurantes y bares.

El área de la Old City, alrededor de Corn Street y el St Nicholas Market, es la parte con más carácter del centro, con edificios que sobrevivieron a los bombardeos. La zona más al este, hacia Cabot Circus y el centro comercial, es funcional y bien comunicada pero sin gracia particular.

Es la opción de eficiencia: menos personalidad que Montpelier o Clifton, y ninguna cuesta.

Bedminster y Southville, al otro lado del río

Al sur del río, Bedminster fue durante un siglo el barrio obrero de las fábricas de tabaco y hoy es la mayor concentración de arte urbano del país, gracias a las sucesivas ediciones de Upfest. Southville, contiguo, se ha convertido en una zona residencial apreciada con buenos sitios para comer.

Son barrios llanos, más baratos que el norte y a quince minutos andando del puerto cruzando cualquiera de los puentes peatonales. Para quien venga por el arte urbano, dormir aquí tiene todo el sentido, porque los murales están literalmente en la calle de al lado. La contrapartida es que quedan algo apartados del resto del itinerario turístico.

Otras zonas y lo que yo evitaría

Al este, Easton y St Pauls son barrios multiculturales con una escena gastronómica interesante y precios bajos, aunque sin ningún atractivo turístico en sí mismos. Alrededor de Temple Meads hay hoteles funcionales, muy prácticos si vas a hacer excursiones en tren a Bath o Cardiff pero en una zona sin vida de barrio.

Lo que evitaría es alojarse muy lejos por ahorrar. Bristol no es una ciudad de metro y los desplazamientos largos dependen del autobús, con lo que eso implica de tráfico y de esperas. Con dos o tres días por delante, el tiempo que pierdes vale más que la diferencia de precio.

Qué mirar antes de reservar

Tres cosas concretas. La primera, la topografía: mira el alojamiento en un mapa con relieve o en vista de calle antes de reservar, porque lo que en el plano parece a diez minutos puede ser una cuesta considerable con maletas. La segunda, si el edificio tiene ascensor, porque muchas casas victorianas convertidas en alojamiento no lo tienen y las habitaciones baratas suelen ser las de arriba.

Y la tercera, el ruido. En Stokes Croft y en la zona del puerto los fines de semana hay vida nocturna hasta tarde, así que conviene comprobar si la habitación da a la calle o a la parte trasera.

Un apunte final sobre el tipo de alojamiento. Bristol tiene buena oferta de habitaciones en casas particulares y de alojamientos poco convencionales, y esa es una de las cosas que puede convertir el viaje en algo distinto. Nosotros dormimos cuatro noches en una casa del árbol, al fondo del jardín de una familia, construida originalmente para dar independencia al hijo mayor: planta baja con fregadero y microondas, dormitorio arriba al que se subía por una escalera de mano, y ducha y cocina completa en la casa principal, a la que teníamos llave. Las conversaciones con la anfitriona al volver de cada jornada acabaron siendo una de las cosas que más recordamos del viaje, y las cuento con más detalle en el diario de Bristol. Ese tipo de alojamiento no aparece filtrando por estrellas ni por precio, y aquí abunda más que en otros sitios.