Saltar al contenido
El Pero's Bridge, con sus contrapesos en forma de cuerno, dedicado a Pero Jones, un hombre esclavizado en el siglo XVIII

Destinos · Reino Unido · Bristol

Bristol y la memoria de la esclavitud: qué visitar y qué se discute

De este puerto zarparon más de dos mil expediciones esclavistas y en 2020 una estatua acabó en el fondo del agua. Recorrido por los lugares donde Bristol confronta el origen de su riqueza, del Pero's Bridge a las salas del M Shed, y por el debate que la ciudad sigue teniendo consigo misma.

Lectura de 7 minutos

Una riqueza con origen concreto

Bristol fue durante siglos el segundo puerto del Reino Unido después de Londres, y esa prosperidad está a la vista en cuanto uno camina por la ciudad: la escala desproporcionada de sus iglesias parroquiales, las plazas georgianas, los edificios públicos donados por fortunas privadas, las casas de beneficencia fundadas en el siglo XV que siguen funcionando.

La parte incómoda es de dónde salió buena parte de ese dinero. Entre finales del siglo XVII y comienzos del XIX, más de dos mil expediciones esclavistas zarparon de este puerto y transportaron a cerca de medio millón de personas dentro del llamado comercio triangular: manufacturas de Bristol a África occidental, personas esclavizadas de África al Caribe y a América, azúcar, tabaco y ron de vuelta a Bristol. La ciudad no solo participó: durante un tramo del siglo XVIII fue el principal puerto negrero británico, antes de que Liverpool le tomara el relevo.

Lo interesante para el visitante es que Bristol no esconde esto. Al contrario: lleva décadas discutiéndolo en público, a veces de forma bastante ruidosa, y ese debate es en sí mismo una de las cosas más interesantes que ofrece la ciudad.

La estatua que acabó en el puerto

El 7 de junio de 2020, durante las protestas globales tras la muerte de George Floyd, un grupo de manifestantes derribó en el centro de Bristol la estatua de Edward Colston, la arrastró unos cientos de metros y la arrojó al agua del puerto flotante. La imagen dio la vuelta al mundo.

Colston fue un comerciante bristoliano del siglo XVII, alto cargo de la Royal African Company, la compañía que monopolizó durante años el comercio de personas esclavizadas. También fue un filántropo que financió escuelas, hospitales y asilos en la ciudad, razón por la cual su nombre estuvo durante siglos en calles, colegios y edificios públicos. Esa doble condición es exactamente el nudo del debate: durante generaciones se enseñó a los escolares de Bristol el segundo Colston sin mencionar el primero.

La estatua fue recuperada del agua y hoy se conserva, sin restaurar, con las pintadas y la abolladura del golpe contra el suelo, como pieza expuesta en el museo municipal. La decisión de mostrarla tal como quedó, tumbada y dañada, en lugar de reponerla o de esconderla, es probablemente la respuesta más elocuente que ha dado la ciudad al asunto.

El pedestal vacío sigue en el centro. Y el nombre de Colston ha ido desapareciendo del callejero y de las instituciones: la principal sala de conciertos de la ciudad, que se llamaba Colston Hall, pasó a llamarse Bristol Beacon en 2020 y reabrió con ese nombre a finales de 2023 tras una reforma de ciento treinta y dos millones de libras.

El M Shed, que es donde hay que empezar

El museo municipal instalado en un almacén portuario de los años cincuenta es gratuito, cierra los lunes y es el mejor sitio de la ciudad para entender todo esto. Tiene tres galerías, sobre los lugares, las personas y la vida cotidiana de Bristol, y la de las personas es la que aborda el asunto de frente.

Lo hace con datos, documentos y objetos, sin eufemismos y sin la coartada del contexto de la época. Y, lo que resulta más valioso, no lo trata como un episodio cerrado: conecta el comercio triangular con el movimiento abolicionista, con la llegada de la generación Windrush tras la Segunda Guerra Mundial y con el boicot al autobús de 1963, cuando un grupo de vecinos negros forzó a la compañía municipal a dejar de vetar a conductores de color, en una campaña que allanó el camino de la primera ley británica contra la discriminación racial.

Ese último tramo es el que más suele sorprender al visitante extranjero, porque descoloca la idea de que estas cosas pasaron hace siglos. El boicot del autobús fue hace poco más de sesenta años y sus protagonistas vivieron para verlo reconocido.

El Bristol Museum & Art Gallery, también gratuito, tiene una sección de historia local que trata el mismo asunto desde otro ángulo, más centrado en los comerciantes concretos y en qué financiaron con ese dinero.

Los lugares en la calle

El Pero's Bridge cruza el puerto flotante desde 1999 y es reconocible por los dos contrapesos con forma de cuerno. Lleva el nombre de Pero Jones, un hombre esclavizado en la isla de Nevis que fue traído a Bristol como sirviente doméstico de un comerciante local y murió aquí en 1798. Fue el primer monumento de la ciudad dedicado a una víctima concreta y con nombre propio, y no a una abstracción.

El propio puerto flotante es el escenario principal, aunque no esté señalizado como tal. Desde estas dársenas zarpaban los barcos y aquí volvían cargados de azúcar y tabaco. Buena parte de los almacenes que hoy son restaurantes y galerías guardaban esa mercancía.

En el barrio de Redcliffe, St Mary Redcliffe da la medida de la fortuna que manejaba esta ciudad: una iglesia parroquial con escala de catedral, financiada por comerciantes y armadores que competían en generosidad con las parroquias rivales. Y por el centro hay varias placas y elementos que recuerdan el asunto, además de calles cuyos nombres han sido cambiados o están en discusión.

El debate que sigue abierto

Conviene entrar sabiendo que aquí no hay consenso, y que eso forma parte del interés. Hay quien considera que el derribo de la estatua fue un acto de vandalismo que se saltó los cauces democráticos, y hay quien lo ve como el desenlace lógico de treinta años de peticiones formales ignoradas. Los cuatro acusados por el derribo fueron juzgados y absueltos por un jurado en 2022, lo que añadió otra capa al asunto.

Está también la discusión sobre qué hacer con los nombres y los edificios: si retirarlos borra la historia o si mantenerlos equivale a seguir honrando a quien no lo merece. Bristol ha optado mayoritariamente por una vía intermedia que consiste en cambiar los nombres pero explicar por qué, y en conservar los objetos retirados exponiéndolos con su contexto en lugar de destruirlos.

Como visitante, lo más honesto es no llegar con la conclusión puesta. La ciudad ofrece material de sobra para formarse una opinión y, sobre todo, ofrece algo poco frecuente: un lugar donde este tipo de conversación no se ha resuelto por decreto ni se ha barrido debajo de la alfombra.

Cómo organizar la visita

Es un recorrido de medio día largo y encaja bien en una jornada de lluvia, porque las dos piezas centrales son museos. Yo empezaría por el M Shed a primera hora, dedicándole hora y media larga, seguiría por los muelles hasta el Pero's Bridge y el centro, pasaría por el pedestal vacío de Colston y terminaría en el Bristol Museum & Art Gallery, en lo alto de Park Street, donde está la estatua recuperada.

Los dos museos son gratuitos y los dos cierran los lunes, así que el día de la semana condiciona todo el plan. Y una recomendación: si viajas con adolescentes, esta jornada funciona sorprendentemente bien, porque los materiales están pensados con claridad y porque el episodio de la estatua es lo bastante reciente y lo bastante visual como para enganchar a quien no se acerca voluntariamente a un museo de historia.