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Viajar a Londres tras el Brexit: permiso, pasaporte y lo que ha cambiado
Sin permiso electrónico aprobado no te dejan embarcar, el DNI ya no sirve y la itinerancia de datos depende de tu operadora. Todo lo que hay que resolver antes de coger un vuelo al Reino Unido, y las cosas que sobre el terreno han cambiado para mejor.
Lo que hay que hacer sí o sí antes de viajar¶
Empiezo por lo que puede dejarte en tierra, porque es lo único de este artículo que no admite improvisación.
Desde abril de 2025, los ciudadanos españoles necesitan una autorización electrónica de viaje, conocida como ETA, para entrar en el Reino Unido. Y desde el 25 de febrero de 2026 hay que tenerla aprobada antes de embarcar: ya no basta con haberla solicitado y tenerla en trámite. La compañía aérea comprueba la autorización de forma automática y sin ella no te deja subir al avión.
Los datos concretos: cuesta veinte libras por persona desde el 8 de abril de 2026, sin excepción para menores, de modo que una familia de cuatro paga ochenta. Se solicita en la aplicación oficial del gobierno británico o en su web, y la inmensa mayoría de solicitudes se resuelven en minutos, aunque el plazo oficial llega hasta tres días hábiles. Vale dos años o hasta que caduque el pasaporte al que va asociada, y permite entradas múltiples de hasta seis meses cada una.
Dos avisos importantes. El primero es que hay que viajar con pasaporte: el DNI dejó de servir para entrar en el Reino Unido y no hay excepciones para ciudadanos europeos. El segundo, más traicionero, es que la autorización queda vinculada electrónicamente al pasaporte con el que la solicitaste. Si renuevas el pasaporte, aunque los dos años no hayan pasado, tienes que volver a pedirla y volver a pagarla.
Y una recomendación práctica: hazlo directamente en la web oficial del gobierno británico. Hay decenas de páginas intermediarias que cobran el doble o el triple por exactamente el mismo trámite, sin aportar ni rapidez ni mayor probabilidad de aprobación.
El teléfono y los datos¶
Esta es la segunda cosa que conviene resolver en casa. Tras el Brexit, el Reino Unido dejó de estar cubierto por la normativa europea de itinerancia, así que ya no hay ninguna garantía de que tu tarifa española funcione allí como en Francia o Italia.
En la práctica, cada operadora ha decidido por su cuenta. Algunas mantienen el Reino Unido dentro de la tarifa europea sin coste adicional, y otras lo han sacado y aplican precios por megabyte que pueden generar facturas desagradables. Es una decisión que puede cambiar de un año a otro, así que la única recomendación válida es comprobarlo en tu operadora antes de salir y no dar por hecho lo que ocurrió en tu último viaje.
Si tu tarifa no lo cubre, las alternativas son contratar un bono de datos temporal, activar una tarjeta virtual de datos para el país, o directamente viajar con los datos desactivados y apoyarte en las redes inalámbricas, que en Londres son abundantes: hay conexión gratuita en buena parte de las estaciones de metro, en cafeterías, en museos y en muchos autobuses. Merece la pena, en cualquier caso, descargar los mapas de la ciudad antes de salir.
Dinero, tarjetas y enchufes¶
Aquí hay buenas noticias, porque es donde más ha mejorado la experiencia de viajar a Londres en los últimos años.
No hace falta cambiar libras antes de salir ni llevar efectivo. Se paga con tarjeta prácticamente en todo: transporte, museos, mercados, pubs y hasta los puestos callejeros. Los autobuses de Londres directamente no aceptan efectivo desde hace años.
Lo que sí conviene es rechazar siempre la conversión a euros que ofrecen los datáfonos y los cajeros en pantalla. Cuando la máquina te pregunta si quieres pagar en euros, la respuesta correcta es no: elige libras y deja que sea tu banco quien haga el cambio, porque el tipo que aplica el establecimiento es sistemáticamente peor. Es el error más caro y más silencioso de cualquier viaje al Reino Unido.
Los enchufes siguen siendo los británicos, de tres clavijas planas, así que necesitas adaptador. Mejor llevarlo de casa: en el aeropuerto cuesta tres veces más.
Lo que ha cambiado sobre el terreno¶
Más allá de los trámites, hay cosas que han cambiado en la experiencia de moverse por la ciudad y que sorprenden a quien lleva unos años sin volver.
La mayor es el pago del transporte. Ya no hace falta comprar ni recargar una tarjeta Oyster: cualquier tarjeta bancaria sin contacto o el teléfono funcionan directamente en metro y autobuses, y el sistema calcula solo el tope diario y semanal. Se acabaron las colas en las máquinas y las cuentas mentales sobre cuánto saldo queda. Lo comprobé de primera mano al volver en 2023 tras varios años sin pisar la ciudad, según cuento en el diario de aquel viaje.
La segunda es la línea Elizabeth, inaugurada en 2022, que atraviesa la ciudad de este a oeste y ha cambiado por completo la conexión con Heathrow y con Canary Wharf. Si tu último viaje fue anterior a esa fecha, hay una línea nueva en el plano que probablemente te convenga usar.
Y la tercera es menos agradable: los precios. Londres siempre fue caro y ahora lo es más, especialmente en alojamiento y restauración. La inflación británica de los últimos años se nota de manera muy directa en el presupuesto de un viaje.
Lo que no ha cambiado¶
Los grandes museos siguen siendo gratuitos. El British Museum, la National Gallery, la Tate Modern, el Museo de Historia Natural y unos cuantos más no cobran entrada por sus colecciones permanentes, solo por las exposiciones temporales. En una ciudad tan cara, ese sigue siendo su gran tesoro y la razón por la que un viaje a Londres puede salir mucho mejor de precio de lo que parece si se planifica bien.
Se sigue conduciendo por la izquierda, con la consecuencia práctica de que al cruzar hay que mirar primero a la derecha. En muchos pasos de peatones del centro está pintado en el suelo hacia dónde mirar, precisamente porque los turistas se equivocan constantemente.
Y en las escaleras mecánicas del metro se sigue estando de pie a la derecha y dejando libre la izquierda. No es una recomendación, es una norma social que se cumple de forma estricta.
La frontera, que es más lenta que antes¶
Un último apunte sobre la llegada. Desde el Brexit, los ciudadanos europeos ya no pasamos por los controles reservados a residentes británicos e irlandeses, lo que en la práctica significa colas más largas en los aeropuertos.
Hay puertas automáticas de reconocimiento facial que aceptan pasaportes biométricos europeos y agilizan bastante el trámite, pero en horas punta y en aeropuertos saturados el control puede llevar entre veinte minutos y una hora larga. Es tiempo que conviene contar al planificar el primer día, sobre todo si llegas con una función de teatro reservada esa misma noche.
Nada de esto convierte a Londres en un destino complicado. Sigue siendo una de las ciudades más accesibles de Europa desde España, con vuelos directos baratísimos si se cogen a tiempo. Pero ha pasado de ser un destino donde no había que preparar absolutamente nada a uno donde hay tres o cuatro cosas que resolver antes de salir de casa. Y la primera de ellas, la autorización electrónica, es la que no perdona.