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Greenwich en un día: el meridiano, el clíper y las mejores vistas
Greenwich es Patrimonio de la Humanidad, está a media hora del centro y es la excursión que más gente deja para un próximo viaje. Yo tardé cuatro visitas a Londres en ir y me arrepiento: hay conjunto barroco, el último clíper del té, el meridiano cero y la mejor panorámica de la ciudad.
La asignatura pendiente de muchos viajes¶
Greenwich está al sureste, a media hora del centro, y tiene el problema de todas las visitas que exigen desplazarse: siempre parece que se puede dejar para mañana. Yo tardé cuatro viajes a Londres en ir, convencido de que era un rato y no una jornada, y me equivocaba en las dos cosas: es una jornada completa y merece cada minuto.
La UNESCO declaró el conjunto Patrimonio de la Humanidad en 1997 bajo el nombre de Greenwich Marítimo, reconociendo el conjunto que forman el Old Royal Naval College, la Queen's House, el parque y el observatorio como ejemplo excepcional de la arquitectura y la historia marítima europeas. Cuando lo ves entiendes perfectamente la declaración.
Y tiene una ventaja añadida: es un sitio donde uno respira. Después de tres o cuatro días de metro y multitudes, Greenwich funciona como un pueblo dentro de la ciudad, con su mercado, su parque en cuesta y su río.
Cómo llegar, que ya es parte de la visita¶
Hay tres maneras y ninguna es indiferente.
El tren ligero automatizado, el DLR, es la más divertida. Circula sin conductor, pasa elevado entre los rascacielos de Canary Wharf, cruza el Támesis por debajo y emerge en Greenwich. Y tiene un detalle que recomiendo aprovechar: si te sientas en la parte delantera del primer vagón, donde iría la cabina si la hubiera, tienes toda la vía por delante como si condujeras tú. Con niños es un éxito seguro y sin niños también.
El tren de cercanías desde London Bridge o Cannon Street es la opción más rápida y directa, en poco más de un cuarto de hora.
Y el barco por el Támesis es la más bonita. Son embarcaciones de transporte público, no excursión turística, se pagan con la misma tarjeta contactless y bajan el río pasando por delante de todo el frente monumental de Londres. Tarda bastante más que el tren y cuesta algo más, pero como forma de llegar no tiene rival. Mi recomendación es ir en barco y volver en DLR o en tren.
El Cutty Sark, nada más bajar¶
Lo primero que aparece al salir de la estación es el Cutty Sark, y es imposible no quedarse mirándolo. Es el último clíper del té que se conserva en el mundo, botado en 1869 en Escocia y diseñado específicamente para la carrera del té entre China e Inglaterra, cuando el cargamento de la nueva cosecha alcanzaba precios extraordinarios en Londres y los veleros competían ferozmente por llegar los primeros.
Su gloria en esa ruta duró poco, porque el canal de Suez se abrió ese mismo año y favoreció a los barcos de vapor, que podían atravesarlo mientras los veleros seguían rodeando el cabo de Buena Esperanza. El clíper se reconvirtió al transporte de lana desde Australia, donde sí batió récords.
En 2007 un incendio devastador lo destruyó parcialmente mientras estaba en obras de conservación, y la reconstrucción costó más de cincuenta millones de libras. De ahí salió la solución expositiva actual, que es lo que hace especial la visita: el barco está elevado tres metros sobre el suelo, sostenido por una estructura de cristal que simula un mar transparente, de modo que se puede caminar por debajo del casco, ver la quilla y tocar el forro de cobre que protegía la madera de los parásitos. No conozco otro museo naval con una idea tan buena.
La entrada de adulto ronda las veintidós libras. Merece la pena, y además existe un pase conjunto con el observatorio que sale bastante mejor de precio que las dos entradas por separado.
El Old Royal Naval College, que es lo que menos se espera¶
Caminando hacia el interior desde el Cutty Sark se llega al conjunto barroco, y aquí es donde Greenwich revela lo que de verdad tiene.
Fue originalmente un hospital para marineros retirados, fundado en 1694, con diseño inicial de Christopher Wren, el arquitecto de la catedral de San Pablo, y aportaciones posteriores de Hawksmoor, Vanbrugh y otros grandes nombres. El resultado es un conjunto de edificios organizados simétricamente alrededor de un eje central que enmarca la vista hacia la Queen's House y el parque que sube al observatorio. Es de una elegancia sobrecogedora y se recorre gratis por fuera.
Dentro está el Painted Hall, el comedor ceremonial decorado por James Thornhill entre 1707 y 1726. Diecinueve años tardó en pintarlo, y se entiende por qué: cada centímetro está cubierto de figuras alegóricas, escenas mitológicas y retratos reales. Lo llaman la Capilla Sixtina británica y, aunque la comparación suene exagerada, tumbado bajo esos techos uno entiende el apelativo. Se visita con entrada aparte, que no está incluida en los pases de los otros museos.
La subida al observatorio y las vistas¶
Desde el conjunto barroco, un camino asciende por el parque hasta la colina donde está el Real Observatorio. La subida no es larga pero sí empinada, y en invierno, con las hojas húmedas, conviene ir con cuidado.
El observatorio lo fundó Carlos II en 1675 con un objetivo muy concreto: mejorar la navegación mediante observación astronómica precisa. De aquel trabajo salió, con el tiempo, la adopción del meridiano que pasa por aquí como meridiano cero para medir la longitud en todo el planeta. Dentro se ven los relojes de Harrison, que resolvieron el problema de calcular la longitud en alta mar, la cámara oscura y las galerías de astronomía. La entrada ronda las veinticuatro libras, con rebajas estacionales.
Fuera, y gratis, está la famosa bola roja del tiempo, un artefacto que parece salido de una novela de Julio Verne: desde 1833 sube por un mástil y cae exactamente a la una de la tarde, para que los capitanes anclados en el Támesis sincronizaran sus cronómetros mirándola con el catalejo. Sigue cayendo cada día, ya solo por tradición.
Yo la última vez no entré. La cola para hacerse la foto con un pie en cada hemisferio sobre la línea del meridiano seguía ahí, y no me pareció que la entrada se justificara solo por esa fotografía. Es una decisión personal: si te interesa la historia de la navegación y la relojería, entra sin dudarlo; si vas solo por la foto, el entorno se disfruta igual desde fuera.
Porque lo mejor de subir hasta aquí no está dentro sino delante. Desde la colina, la panorámica es de las mejores de Londres: el Támesis curvándose en primer plano, el conjunto barroco justo debajo con su simetría perfecta, los rascacielos de Canary Wharf al fondo brillando, la cúpula blanca del O2 a la izquierda y, difuminado en la bruma, el perfil de la City. Ese contraste entre el siglo XVII en primer plano y el cristal de los rascacielos detrás resume Londres mejor que ninguna otra vista.
Es gratis, no tiene cola y hay bancos. Yo me senté un buen rato a no hacer nada, que en un viaje a Londres es un lujo poco frecuente.
Lo que completa el día¶
El Museo Marítimo Nacional está al pie de la colina, es el mayor de su tipo del mundo y la entrada es gratuita, igual que la Queen's House, una villa palladiana del siglo XVII con una escalera helicoidal que es una pieza arquitectónica en sí misma.
Y el mercado cubierto de Greenwich, pequeño y muy agradable, con días temáticos dedicados a antigüedades y artesanía, es el sitio para comer sin volver al centro.
Cómo organizar la jornada¶
Todos los sitios de pago abren a las diez y cierran a las cinco, con última entrada una hora antes, así que el día tiene un marco estrecho y conviene llegar temprano.
El orden que funciona es este: llegar en barco a media mañana, empezar por el Cutty Sark, seguir por el conjunto barroco y el Painted Hall, comer en el mercado, subir al observatorio por el parque a primera hora de la tarde y bajar después al Museo Marítimo si quedan fuerzas. Con eso se llena una jornada completa sin agobios.
Y si vas a entrar en dos o más sitios de pago, mira el pase conjunto antes de comprar entradas sueltas. Si viajáis dos personas y lleváis el abono de transporte de papel comprado en una estación de tren, comprobad también si aquí aplica la promoción de dos por uno, porque en un día así el ahorro es considerable.
Mi conclusión, después de haber tardado tanto en venir: si tu viaje tiene cuatro días o más, Greenwich no es opcional. Es la única jornada de un viaje a Londres en la que uno sale del ritmo de la ciudad sin salir de ella. Cuento aquella visita, con el resto del viaje, en el diario de mayo de 2023.