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Museos gratuitos de Londres: cuáles y cómo visitarlos sin morir
Londres tiene una decena de museos de primer nivel mundial que no cobran entrada, y ese es el gran motivo por el que una ciudad carísima puede salir barata. Cuáles son, qué ver en cada uno y cómo evitar la trampa del museo infinito, que es el error que arruina la visita.
El gran tesoro de una ciudad cara¶
Londres es cara para dormir y para comer, pero tiene una compensación que no ofrece ninguna otra capital europea: sus grandes museos nacionales no cobran entrada. Ni el British Museum, ni la National Gallery, ni la Tate Modern, ni el Museo de Historia Natural, ni el de la Ciencia, ni el Victoria and Albert. Ninguno.
Esto viene de una política pública que arrancó a finales de los noventa y que se ha mantenido con gobiernos de distinto signo. Solo se paga por las exposiciones temporales, que suelen rondar las quince o veinte libras, y todos ellos piden donativo voluntario a la entrada, que es lo mínimo que uno puede hacer.
El efecto en un viaje es enorme. Un día entero de museos de nivel mundial cuesta cero, lo que permite entrar media hora porque llueve, salir, y volver al día siguiente a terminar. Esa libertad, en un destino donde cada visita de pago ronda las treinta libras, cambia por completo la forma de planificar.
El British Museum, con su grandeza y su incomodidad¶
Fundado en 1753 a partir de la colección personal de un médico y naturalista que la legó a la nación, abrió en 1759 como el primer museo nacional público del mundo. El edificio neoclásico de Bloomsbury impone desde fuera, pero lo que deja sin palabras al entrar es el Gran Patio de Norman Foster, inaugurado en el año 2000: la plaza cubierta más grande de Europa, con una cubierta de vidrio y acero de más de tres mil paneles, todos distintos, rodeando la Sala de Lectura circular donde trabajaron Marx, Wilde o Gandhi.
Las piezas imprescindibles caben en una lista corta. La Piedra de Rosetta, que permitió descifrar los jeroglíficos porque contiene el mismo texto en tres escrituras. Los mármoles del Partenón, cuya calidad de talla resulta sobrecogedora de cerca. La colección de momias egipcias, una de las más completas fuera de Egipto. Los toros alados asirios de Nimrud, con esa quinta pata que el escultor añadió para que parezcan quietos de frente y caminando de perfil. Las piezas de ajedrez de Lewis, talladas en marfil de morsa en el siglo XII, con guerreros mordiendo el escudo. Y el tesoro de Sutton Hoo, con su casco anglosajón.
Y aquí hay que decir lo otro. Es difícil recorrer este museo sin cierta incomodidad, porque muchas de las piezas más espectaculares llegaron durante la época imperial en circunstancias que hoy resultan como mínimo cuestionables. Egipto reclama la Piedra de Rosetta y Grecia los mármoles desde su independencia. Contemplar objetos separados de su contexto y de sus lugares de origen añade una capa que no se puede ignorar y que forma parte de la visita.
La trampa del museo infinito¶
Este es el consejo más útil de todo el artículo y sale de haberme equivocado varias veces.
El British Museum tiene ocho millones de objetos y es literalmente inabarcable. Lo que ocurre si uno entra sin plan es previsible: a las tres horas estás saturado, los pies protestan y el cerebro empieza a mezclar civilizaciones. ¿Eso era asirio o babilónico? ¿La momia era de qué dinastía? Los objetos se funden unos con otros y la visita deja de aportar nada.
La solución es elegir tres o cuatro salas antes de entrar, dedicarles dos horas y salir. Puede parecer una herejía marcharse de un museo así en dos horas, pero se recuerda mucho más y se disfruta muchísimo más que la maratón de cinco horas. Y como es gratis, volver otro día no cuesta nada.
Esa regla vale para todos los museos grandes de Londres, no solo para este.
El Museo de Historia Natural, el más impresionante como edificio¶
Está en South Kensington y para mí es el más espectacular de todos, aunque su colección no sea la más importante. El edificio, de 1881, es una catedral románica decorada de forma obsesiva con motivos de flora y fauna: monos trepando por las columnas, plantas en los arcos y azulejos de terracota con especies vivas en un ala y extintas en la otra.
El vestíbulo central es uno de los grandes espacios interiores de Londres. Las salas de dinosaurios, la galería de mamíferos con la ballena azul suspendida del techo, el simulador de terremotos y la sección de mineralogía son las paradas obvias.
Es el museo perfecto para viajar con niños y, por lo mismo, el que peor lleva las vacaciones escolares. Lo comprobé en Semana Santa: las colas eran enormes, las salas de dinosaurios estaban impracticables y la visita se convirtió en un ejercicio de paciencia. Si vas en periodo vacacional británico, madruga o cámbialo de día.
A cien metros está el Museo de la Ciencia, también gratuito, y en la misma manzana el Victoria and Albert, dedicado a las artes decorativas y el diseño, que es una maravilla infravalorada por el turismo español.
Los museos de arte¶
La National Gallery, en Trafalgar Square, reúne pintura europea desde el siglo XIII hasta principios del XX, y su gran virtud para el viajero es la ubicación: estás pasando por delante de todos modos. Media hora bien elegida da para ver un puñado de obras maestras sin comprometer la jornada, y eso es algo que solo se puede hacer cuando la entrada es gratuita.
La Tate Modern ocupa una antigua central eléctrica en la orilla sur, con esa sala de turbinas descomunal que se ha convertido en espacio de instalaciones monumentales. Su colección de arte moderno y contemporáneo es de primer nivel, y tiene además una terraza en lo alto con una de las mejores vistas de la ciudad, con San Pablo justo enfrente al otro lado del río. Es también uno de los mejores refugios de un día de lluvia porque conecta directamente con el paseo del Támesis.
La Tate Britain, río arriba, se centra en arte británico y tiene la mayor colección de Turner del mundo. Está bastante menos visitada que su hermana moderna, lo que se agradece. Y hay un barco que conecta ambas por el Támesis.
Y otros que suelen quedar fuera¶
El Museo Nacional Marítimo de Greenwich es gratuito y encaja perfectamente en la jornada de esa zona. El Museo del Transporte de Londres, en Covent Garden, sí cobra entrada pero es de los pocos de pago que recomendaría, sobre todo con niños. Y el museo dedicado a la historia de la ciudad ha estado cerrado varios años a la espera de reabrir en una sede nueva, así que conviene comprobar su situación antes de contar con él.
Cinco consejos prácticos¶
El primero, sobre horarios. La mayoría abre a las diez y cierra entre las cinco y las seis, con última entrada bastante antes del cierre. Varios tienen una noche a la semana con apertura ampliada, que suele ser el mejor momento para visitarlos: menos gente y otro ambiente.
El segundo, sobre reservas. Los grandes ya no exigen entrada con hora previa para la colección permanente, aunque algunos siguen ofreciéndola y en temporada alta reservarla ahorra cola en el control de acceso. Comprobarlo el día antes cuesta un minuto.
El tercero, sobre las mochilas. Hay control de seguridad en todos y los bultos grandes se quedan en consigna, que suele ser de pago. Con equipaje, mal plan.
El cuarto, sobre las fechas. Las vacaciones escolares británicas, especialmente Semana Santa y agosto, convierten los museos familiares en algo muy distinto. Si tu viaje cae ahí, prioriza el British o el Victoria and Albert sobre el de Historia Natural.
Y el quinto, sobre el donativo. Que la entrada sea gratuita no significa que el museo se mantenga solo. Hay huchas y máquinas de donación en todas las entradas, y dejar unas libras al salir de un sitio que te ha ocupado tres horas es lo mínimo. De hecho, si Londres puede seguir presumiendo de esto es porque bastante gente lo hace.