
Destinos · República Dominicana
El hotel de la tele: el Bahía Príncipe cumple 30 años
Dos aniversarios que me devuelven a una semana de 2002 que no he olvidado
Han pasado veintitrés años desde aquella semana de junio de 2002 en República Dominicana. Y resulta que este 2025 es un año de aniversarios: el Bahía Príncipe cumple tres décadas de existencia, y la serie Paraíso, aquella ficción veraniega de TVE que convirtió al resort en un decorado de televisión para toda España, celebra su vigésimo quinto aniversario. Dos efemérides que me han devuelto, de golpe y con una nitidez inesperada, a aquella semana que no disfruté del todo y que, sin embargo, no he olvidado en absoluto.
La serie que nos vendió el paraíso¶
Para entender por qué un resort de República Dominicana se convirtió en destino de peregrinación para miles de españoles a principios de los 2000, hay que recordar lo que era Paraíso en aquella época. La serie se estrenó en La 1 el 26 de julio del año 2000 y se emitió durante cuatro temporadas consecutivas, logrando cuotas de pantalla por encima del 20% y consolidándose como un fenómeno televisivo del verano. La fórmula era sencilla y adictiva: un hotel de lujo caribeño, un reparto fijo de personajes con sus líos amorosos y profesionales, y una riada constante de actores invitados conocidos que llegaban como huéspedes y se metían en el fregado.
La serie se grabó gracias a un acuerdo de colaboración con la cadena de hoteles Bahía Príncipe, que cedió sus instalaciones, convirtiéndose en la primera serie española rodada en resorts reales fuera de la península. A lo largo de sus temporadas, la producción utilizó diferentes propiedades de la cadena, entre ellas el hotel de La Romana, que es el que yo pisé en 2002 mientras la serie estaba todavía en antena. Llegué allí con esa imagen televisiva en la cabeza, con esa promesa de palmeras perfectas y piscinas de color turquesa que la cámara había pulido y edulcorado durante dos veranos.
El hotel real, debo reconocerlo, se parecía bastante al de la pantalla. Que es exactamente parte del problema.
Lo que recuerdo de aquel resort¶
Recuerdo el buffet. La abundancia generosa, casi obscena, de una oferta gastronómica que invitaba a comer más de lo razonable porque todo estaba ahí, disponible, sin límite ni coste adicional. Recuerdo los restaurantes temáticos a los que solo podías ir una vez por estancia, como si el placer también tuviera que estar dosificado y regulado. Recuerdo las clases de salsa por la mañana y los espectáculos nocturnos, y el personal del hotel pasando de camarero a animador sin solución de continuidad, de turno en turno, día tras día, con una sonrisa profesional que me resultaba incómoda de sostener.
Recuerdo el "ahorita mismo", esa expresión que aprendí a descifrar durante los primeros días: no significaba "ahora mismo" sino "cuando se pueda", una relación con el tiempo radicalmente distinta a la nuestra que al principio interpreté como dejadez y que con el tiempo entendí como otra cosa, más compleja y más digna que eso. Recuerdo una tormenta tropical que entró por debajo de la puerta de la habitación y nos obligó a contener el agua con toallas mientras la lluvia aporreaba los cristales. Recuerdo la sensación, al asomar a los límites del complejo, de que toda aquella vegetación exuberante y ordenada había sido construida desde cero sobre lo que antes era simplemente bosque.
Y recuerdo, sobre todo, el día que salí. El taxi, la carretera, San Pedro de Macorís, Idoia. El único día de los siete en que sentí que estaba realmente en algún sitio.
El Bahía Príncipe hoy: treinta años después¶
El hotel sigue ahí. No solo sigue: ha crecido hasta convertirse en una de las cadenas hoteleras españolas más relevantes del Caribe. Bahía Príncipe Hotels & Resorts, propiedad del Grupo Piñero, fue fundada en 1995 con la apertura de su primer hotel en Río San Juan y cuenta actualmente con 27 resorts en República Dominicana, México, Jamaica y España. La propiedad de La Romana, que en 2002 era ya un complejo considerable, forma hoy parte de un empire hotelero que no ha parado de crecer ni de reinventarse.
El último movimiento ha sido especialmente significativo: Grupo Piñero y Hyatt han creado una empresa de gestión conjunta para operar la marca Bahía Príncipe, integrando los resorts en la Inclusive Collection de Hyatt, lo que supone un salto de escala considerable y abre la cadena a millones de viajeros norteamericanos que hasta ahora no la tenían en su radar. El resort que yo pisé en 2002 siendo una apuesta española relativamente modesta es hoy un activo codiciado por una de las cadenas hoteleras más grandes del mundo.
Todo eso me genera sentimientos encontrados, si soy honesto. Por un lado, hay algo objetivamente admirable en el recorrido de una empresa familiar mallorquina que construyó su primer hotel en el norte de República Dominicana hace treinta años y que hoy negocia de igual a igual con Hyatt. Por otro lado, esa escala creciente, esa lógica de expansión y reposicionamiento de activos, confirma todo lo que ya percibía en 2002: el todo incluido no es un modelo de turismo, es un modelo de negocio. Y como todo modelo de negocio exitoso, tiende a crecer, a optimizarse y a reproducirse hasta cubrir cada rincón de costa disponible.
Paraíso, veinticinco años después¶
La serie, por su parte, ha envejecido de una manera curiosa. Paraíso se convirtió en un fenómeno televisivo que todavía muchos recuerdan con nostalgia, y hoy puede volver a disfrutarse en RTVE Play. Hay algo entrañable y algo ligeramente perturbador en revisitar esas imágenes de un resort caribeño rodadas a principios de los 2000: la estética, la forma de contar las historias, el tipo de humor, todo delata una época que queda muy lejos aunque no hayan pasado tantos años.
Lo que no ha cambiado es la función que cumplió aquella serie: vender un sueño. El sueño del Caribe accesible, empaquetado, sin complicaciones. La promesa de que cruzar el Atlántico podía ser tan sencillo como cambiar de canal. Paraíso fue, entre otras cosas, uno de los mejores anuncios publicitarios que ha tenido nunca un destino turístico en la televisión española, y lo fue disfrazado de ficción veraniega.
Yo caí en la trampa. O más exactamente, caí en la trampa y me alegro de haber caído, porque la experiencia me enseñó más sobre cómo quiero viajar que cualquier viaje redondo que recuerde.
Lo que queda de todo aquello¶
Veintitrés años dan para mucho. Aquella semana completa, día a día, la conté en su momento en el diario de aquel viaje. Idoia y yo seguimos siendo amigos, de esos de los que no necesitas ver con frecuencia para saber exactamente dónde están. El mundo ha cambiado, República Dominicana ha cambiado, el turismo ha cambiado. Y el Bahía Príncipe La Romana sigue en la carretera que une San Pedro con La Romana, en el kilómetro 12, con más instalaciones y más habitaciones y más reconocimientos internacionales que en 2002.
Me pregunto, a veces, si el taxista que me llevó a San Pedro aquella tarde sigue trabajando en esa carretera. Me pregunto si sigue ofreciendo el mismo paquete de servicios complementarios con la misma naturalidad desarmante. Me pregunto, sobre todo, si alguien del personal de animación que trabajaba turnos dobles en aquel resort llegó alguna vez a descansar de verdad.
Son preguntas sin respuesta. Pero me parece bien que sigan ahí, porque son las preguntas que un viaje debería dejarte.