
Estocolmo desde el agua: qué paseo en barco elegir
Estocolmo está construida sobre catorce islas y no se entiende del todo hasta que se ve desde el agua. Hay varios paseos en barco y no todos sirven para lo mismo: uno recorre los canales verdes, otro pasa bajo doce puentes, otro funciona como transporte y hay uno que sale gratis con el billete de metro.
Casi todo el que visita Estocolmo dedica el tiempo a caminar entre monumentos, y sale con la impresión correcta de una ciudad agradable y bien organizada. Pero hay una capa que a pie de calle no se percibe, y es la que explica por qué esta ciudad es como es.
Estocolmo se fundó alrededor de 1252 en el punto exacto donde el lago Mälaren desemboca en el Báltico, porque quien controlaba ese estrecho controlaba el comercio. Todo lo demás —el trazado, la arquitectura, el transporte, hasta la forma de vida— se deriva de esa geografía. Y esa geografía solo se lee entera desde la cubierta de un barco. Media hora en el agua ordena mentalmente lo que dos días de caminata dejan disperso: el Ayuntamiento adquiere una escala distinta visto desde la bahía, Gamla Stan revela de golpe que es una isla, y los puentes dejan de ser vías de paso para convertirse en los protagonistas del paisaje.
Por eso el paseo en barco no es una excursión turística prescindible, sino probablemente la mejor inversión de tiempo de todo el viaje. La cuestión es cuál elegir.
La opción gratuita que casi nadie aprovecha¶
Antes de hablar de tours conviene saber esto: hay un ferry de la red de transporte público que cruza entre Slussen y Djurgården y que está incluido en el billete normal de SL. Si ya tienes un abono de veinticuatro o setenta y dos horas, este trayecto no cuesta un céntimo adicional.
No hace el recorrido panorámico completo ni lleva audioguía, pero pone la ciudad en perspectiva desde la cubierta y resuelve además el desplazamiento a la isla de los museos. Para quien va con el presupuesto ajustado, o para quien solo quiere la sensación de ver Estocolmo desde el agua sin pagar un tour, es la respuesta.
La otra fórmula económica es el barco a Drottningholm, que técnicamente es un traslado a la excursión del palacio pero funciona como travesía panorámica de cincuenta minutos por el Mälaren, entre islas y bosques, con el palacio revelándose poco a poco al otro lado del agua.
El paseo por los canales de Djurgården¶
Es el recorrido más popular y el que yo recomendaría a quien solo vaya a hacer uno. Dura alrededor de cincuenta minutos o una hora, sale de Strömkajen, en pleno centro, y atraviesa el canal de Djurgården, excavado a mano en 1832, que discurre por el Parque Nacional Urbano.
Lo que ofrece es la cara verde e íntima de la ciudad: las orillas arboladas, las casas flotantes amarradas, los pequeños muelles privados, los jardines que se asoman al agua, los museos vistos desde atrás. Y el momento bueno llega al final, cuando el barco sale del canal y se abre de golpe la panorámica del skyline de Estocolmo, una vista que literalmente no existe desde tierra.
Ronda las doscientas o doscientas ochenta coronas según el operador y la fecha, lleva audioguía en una decena de idiomas —español incluido—, tiene wifi y cafetería a bordo, y sale varias veces al día. Es el equilibrio más razonable entre precio, duración y lo que se ve.
El recorrido bajo los puentes¶
La alternativa larga pasa bajo una docena de puentes, atraviesa una esclusa y da un rodeo mucho más amplio: centro, Gamla Stan, Södermalm, las islas de Essingen, el barrio nuevo de Hammarby Sjöstad y los parques de Djurgården. Dura entre dos horas y dos horas y media, y el precio ronda las trescientas coronas.
Merece la pena si se dispone de tiempo y se quiere una lectura completa de la geografía urbana, incluida la parte contemporánea que los recorridos cortos no tocan. No lo recomendaría en una visita de uno o dos días, porque dos horas y media de barco son un mordisco grande a una agenda apretada, pero en un viaje de cuatro o cinco días es de lo mejor que se puede hacer una tarde soleada.
El barco hop on hop off¶
La tercera fórmula es el barco con paradas libres, que funciona a la vez como paseo y como transporte entre puntos de interés: Estación Central, Museo Vasa, Skansen, Palacio Real, Slussen y Söder Mälarstrand, entre otros. El abono ronda las trescientas coronas para veinticuatro horas y también existe en versión de setenta y dos.
Tiene sentido para quien vaya a moverse mucho entre Djurgården y el centro y quiera hacerlo por agua en lugar de por tierra. Está incluido en las tarjetas turísticas de la ciudad, así que si has comprado una, esta es la opción que ya tienes pagada. Ahora bien, como paseo panorámico puro es peor que los anteriores: al ser una línea con paradas, el recorrido se fragmenta y se pierde la continuidad del trayecto.
Y si hay más días: el archipiélago¶
El archipiélago de Estocolmo tiene decenas de miles de islas frente a la ciudad, y las excursiones que salen hacia allí son otra categoría de experiencia: ya no es ver la ciudad desde el agua, sino dejar la ciudad atrás.
Las opciones van desde recorridos guiados de un par de horas por el archipiélago interior hasta travesías de jornada completa a islas como Vaxholm, Grinda o Sandhamn. La más asequible en tiempo es Fjäderholmarna, a apenas media hora del centro, que da para una tarde. Es la mejor manera de añadir un día distinto a un viaje de cuatro o cinco jornadas, y funciona sobre todo entre mayo y septiembre.
Cuándo subirse al barco¶
La época importa mucho. La mayoría de recorridos operan con frecuencia de abril a octubre y reducen o suspenden servicio en invierno, aunque algunos operadores mantienen travesías de temporada fría, que tienen su encanto propio con la ciudad nevada.
La hora importa todavía más. En verano, cuando la claridad se prolonga más allá de las once de la noche, el paseo de última hora de la tarde es incomparablemente mejor que el de mediodía: la luz nórdica cae oblicua y dorada durante horas, las fachadas del Ayuntamiento y de Gamla Stan se encienden y el agua devuelve todo eso multiplicado. Si solo se puede hacer un paseo, que sea entonces.
Un apunte práctico sobre el asiento: casi todos los barcos tienen zona interior acristalada y cubierta exterior. La cubierta es mejor para ver y fotografiar, pero en el Báltico hace fresco incluso en agosto y con el barco en marcha corre bastante aire. Merece la pena llevar algo de abrigo aunque en tierra haga sol.
Cómo encajarlo en el viaje¶
En un viaje de un día, el ferry gratuito a Djurgården cumple perfectamente y no roba tiempo. En uno de dos días, el paseo por los canales encaja bien en la tarde de la primera jornada, cuando ya se han visto el Ayuntamiento y Gamla Stan y el barco sirve para ordenar mentalmente lo recorrido. Con tres días o más, entra también el recorrido bajo los puentes o una salida al archipiélago.
Los itinerarios completos están en las guías de qué ver en Estocolmo en dos días y en tres días, donde el barco aparece colocado en el momento que mejor funciona.
Y una última cosa, que es la razón de fondo de este artículo. Mucha gente vuelve de Estocolmo diciendo que es una ciudad bonita y bien organizada, lo cual es cierto y se queda corto. Quien la ha visto desde el agua vuelve diciendo otra cosa: que es un archipiélago habitado, que el agua no rodea la ciudad sino que la atraviesa, y que eso explica el urbanismo, los parques, los ferris de línea y hasta la manera que tiene la gente de ocupar las orillas en cuanto sale el sol. Una hora de barco es lo que separa una impresión de la otra.