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El andén de la línea azul de T-Centralen, con siluetas vegetales azules pintadas sobre la roca excavada del techo abovedado

Destinos · Suecia · Estocolmo

El metro de Estocolmo: la galería de arte más larga del mundo

Más de noventa de las cien estaciones del metro de Estocolmo están intervenidas por artistas, y recorrerlas cuesta lo mismo que un billete sencillo. Es probablemente la mejor relación entre inversión y asombro que ofrece cualquier capital europea, y basta con saber en qué estaciones bajarse y en qué orden hacerlo.

Lectura de 7 minutos

Hay ciudades donde el metro es un mal necesario que se atraviesa lo más rápido posible. Estocolmo hizo exactamente lo contrario: convirtió su red subterránea en un museo de acceso continuo, abierto desde las cinco de la mañana, por el que pasan cientos de miles de personas al día sin necesidad de comprar una entrada.

Los suecos lo llaman tunnelbana, y se identifica en la calle por una T azul sobre fondo blanco. La red tiene cien estaciones repartidas en tres líneas de color —azul, roja y verde— que suman siete servicios numerados y más de cien kilómetros de recorrido. Más de noventa de esas estaciones están decoradas con murales, esculturas, mosaicos o intervenciones sobre la propia roca. De ahí el apodo, que por una vez no es exageración publicitaria: es la galería de arte más larga del mundo.

Cómo se le ocurrió esto a alguien

La historia tiene un origen concreto y bastante bonito. Cuando se excavaban las estaciones de la red, a mediados de los años cincuenta, los responsables del transporte se encontraron con que las cavernas de granito resultantes eran demasiado hermosas para taparlas con azulejo. En 1957 se tomó la decisión de dejar la roca a la vista e invitar a artistas a trabajar sobre ella.

Desde entonces, más de ciento cincuenta artistas han intervenido las paredes, los techos y los andenes de la red. No es un programa que se cerrara en los años sesenta: cada ampliación de la red incorpora encargos nuevos, de modo que la colección sigue creciendo. Y no hay dos estaciones iguales, porque el criterio nunca fue aplicar un estilo común sino dar libertad a cada artista sobre su espacio.

Detrás hay una idea de fondo que dice mucho sobre cómo funciona el país: si el metro es el espacio por el que pasa todo el mundo, es exactamente donde debe estar el arte público. No en un museo al que hay que ir a propósito, sino en el trayecto diario de quien va a trabajar.

Cómo visitarlo sin complicarse

Aquí está la mejor noticia: no hay entrada, ni reserva, ni ruta oficial. Con un billete de transporte normal se puede entrar y salir de las estaciones que se quiera.

El billete sencillo ronda las cuarenta y siete coronas y vale setenta y cinco minutos desde la validación, tiempo suficiente para tres o cuatro estaciones si se va con ritmo. Para una visita tranquila compensa más un abono de veinticuatro o setenta y dos horas, que además sirve para el resto del viaje: los títulos de SL son válidos indistintamente en metro, autobús, tranvía y en el ferry entre Slussen y Djurgården. Se compran en la app de SL, en las máquinas de las estaciones y en los quioscos Pressbyrån.

Un detalle importante para no perder tiempo: el metro funciona aproximadamente de cinco de la mañana a una de la madrugada entre semana, y hasta las tres los fines de semana. Las frecuencias son buenas en el centro y bajan en la periferia, así que si se sale hacia las estaciones más alejadas conviene mirar la app antes de encadenar transbordos.

SL organiza además visitas guiadas gratuitas por algunas estaciones en determinadas épocas del año, incluidas en el precio del billete. Merece la pena comprobar si coinciden con las fechas del viaje, porque la explicación de los artistas y las obras cambia bastante la experiencia.

Las estaciones que no hay que perderse

T-Centralen es el punto de partida natural: la única estación por la que pasan las tres líneas, y la más transitada de la red. Su andén de la línea azul, con las siluetas vegetales azules sobre fondo blanco pintadas directamente sobre la roca abovedada, es la imagen más reproducida del metro estocolmés. Tiene un efecto óptico curioso: el azul calma el tránsito de una estación por la que pasa medio Estocolmo.

Kungsträdgården, inaugurada en 1977, es para muchos la más espectacular de todas. Sus techos abovedados están decorados con motivos vegetales y sus columnas imitan troncos de árboles, en un juego que convierte el andén en un jardín subterráneo. Lo mejor es un detalle que casi nadie mira: tras unos cristales protectores se conservan restos arqueológicos del antiguo palacio Makalös, demolido en el siglo XIX. Arriba está el parque que le da nombre, que funciona como salón al aire libre del centro.

Rådhuset es la más teatral: una caverna roja de aspecto cavernario, con la roca dejada casi en bruto y una iluminación que convierte el andén en el decorado de una película. Es la que más impresiona a quien no esperaba nada.

Solna centrum es la más fotografiada después de T-Centralen: un cielo rojo intenso sobre un bosque verde de abetos que recorre todo el andén, un mural de más de un kilómetro de longitud que aborda temas ecológicos y de despoblación rural. Fue pintado en los años setenta y sigue teniendo una fuerza brutal.

Stadion guarda el arcoíris pintado sobre la roca en homenaje a los Juegos Olímpicos de 1912, celebrados en el estadio que está justo encima. Es sencilla comparada con las anteriores, pero tiene una alegría difícil de resistir.

Tekniska högskolan, la estación de la escuela técnica, está dedicada a la ciencia y la ingeniería, con instalaciones que representan los elementos y los principios físicos. Thorildsplan, en la línea verde, es la rareza del conjunto: en lugar de roca excavada, está decorada con azulejos que reproducen gráficos de videojuegos de los años ochenta.

Una ruta de dos horas que funciona

Si el tiempo es limitado, esta secuencia cubre lo esencial sin dar rodeos. Empezar en T-Centralen, que además es donde uno suele estar. Tomar la línea azul en dirección norte hasta Solna centrum, la parada que más impresiona, y volver hacia el centro bajando en Rådhuset. Terminar en Kungsträdgården, que está en el otro extremo de la misma línea azul y que conviene dejar para el final porque es la que mejor sabor deja.

Con eso son cuatro estaciones, todas en la línea azul, y algo menos de dos horas contando las esperas y el tiempo que uno se queda mirando. Quien tenga media jornada puede añadir Stadion y Tekniska högskolan, ambas en la línea roja, y Thorildsplan en la verde, para tener las tres líneas representadas.

Un consejo de orden: es mejor hacerlo fuera de las horas punta. A media mañana o a media tarde los andenes están razonablemente vacíos y se puede mirar, fotografiar y moverse sin estorbar a nadie. A las ocho de la mañana la experiencia es otra muy distinta.

Fotografiar el metro sin ser un incordio

Fotografiar está permitido y nadie te va a decir nada, pero hay unas normas de convivencia que los suecos aplican con naturalidad y que conviene respetar. La primera es no bloquear el paso ni las puertas: el andén sigue siendo un andén y hay gente yendo a trabajar. La segunda es no usar flash ni trípode en hora punta.

Técnicamente, la dificultad es la luz: son espacios oscuros, con iluminación de tonos muy saturados que engaña al balance de blancos de cualquier cámara. Un objetivo luminoso ayuda mucho, y si se dispara con móvil, apoyarse en una columna o en un banco resuelve buena parte del problema. Los momentos de andén vacío entre dos trenes son cortos, así que conviene tener el encuadre pensado antes de que salga el convoy anterior.

Por qué esto importa más de lo que parece

Es fácil quedarse en la anécdota fotogénica, pero el metro de Estocolmo explica bastante bien por qué esta ciudad funciona como funciona. Es una red puntual, limpia, accesible en el cien por cien de sus estaciones, y encima bonita. No hay contradicción entre esas cosas: son la misma decisión tomada muchas veces seguidas durante setenta años.

Para el viajero tiene además una ventaja práctica evidente. En una ciudad tan cara como Estocolmo, aquí hay varias horas de cultura de primer nivel por el precio de un billete de transporte que ibas a comprar de todas formas. Es el mejor plan barato de la capital sueca, y uno de los pocos que no depende del tiempo que haga fuera, algo que en el norte de Europa no es un detalle menor.