Saltar al contenido
Vista de Estocolmo desde Skinnarviksberget al atardecer, con el agua y la ciudad iluminadas por la luz dorada

Destinos · Suecia · Estocolmo

Los mejores miradores de Estocolmo

Una ciudad construida sobre catorce islas se entiende mucho mejor desde arriba, y Estocolmo tiene la particularidad de que sus mejores miradores son gratuitos. Esta es la selección, con el momento del día que le va a cada uno y una advertencia sobre el que cobra entrada y no la merece del todo.

Lectura de 7 minutos

Hay una escena que se repite en Estocolmo en cuanto asoma el sol: gente sentada en una roca, en un banco o en un murete, mirando la ciudad con una cerveza al lado. No es una actividad turística, es una costumbre local. En una latitud donde la luz es un bien escaso buena parte del año, los estocolmeses han desarrollado una relación con los miradores que va mucho más allá de la fotografía.

Para el viajero eso tiene una consecuencia práctica muy agradable: los mejores puntos de vista de la ciudad no son atracciones de pago con cola y horario, sino sitios abiertos donde no hay nada que reservar. Van ordenados de mejor a peor relación entre lo que ofrecen y lo que cuesta.

Monteliusvägen: el mirador por excelencia

Si solo hay tiempo para uno, es este. Monteliusvägen es un paseo de unos quinientos metros que recorre el borde norte de Södermalm, sobre la colina de Mariaberget, entre casitas de madera y vegetación, con la ciudad entera desplegada al otro lado del agua.

Lo que se ve desde aquí es la postal definitiva de Estocolmo: el lago Mälaren, la isla de Riddarholmen con la aguja calada de su iglesia, Gamla Stan al fondo y la torre de cobre del Ayuntamiento cerrando la composición por la izquierda. Hay bancos repartidos a lo largo del recorrido, no hay entrada ni horario, y el sitio mantiene un ambiente tranquilo incluso en verano.

Se llega desde la parada de metro de Slussen en unos diez minutos andando, o subiendo desde la calle Bastugatan. La mejor hora es el atardecer, aunque a primera hora de la mañana la luz da de frente sobre Gamla Stan y también funciona muy bien.

Skinnarviksberget: el favorito de los locales

A quince minutos de Monteliusvägen, siguiendo el mismo borde de Södermalm hacia el oeste, está Skinnarviksberget, una de las colinas naturales más altas de la ciudad y prácticamente la única que ha quedado sin construir.

La diferencia con el anterior es de carácter. Monteliusvägen es un paseo urbano con barandilla; esto es una roca pelada a la que hay que trepar un poco y en la que la gente se sienta directamente en el granito. No hay bancos, ni carteles, ni turismo organizado: hay lugareños con cervezas y mantas viendo cómo la luz del norte se transforma sobre la ciudad, que es un espectáculo de duración interminable en verano.

Toda la complejidad urbana se despliega desde aquí como un mapa tridimensional, con Gamla Stan perfectamente reconocible, el Ayuntamiento junto al agua y los barrios modernos hacia el horizonte. Es gratuito, está a diez minutos andando de la parada de Zinkensdamm y es, sin discusión, el mejor sitio de Estocolmo para ver un atardecer.

La torre del Ayuntamiento: la vista que hay que pagar

El Stadshuset tiene una torre de ciento seis metros con trescientos sesenta y cinco escalones, uno por cada día del año. Es el único mirador de pago de esta lista que recomiendo sin reservas.

La razón es que ofrece algo que los demás no dan: la vista cenital que hace evidente la estructura de la ciudad. Desde aquí las catorce islas se distinguen una por una, unidas por puentes que parecen hilos sobre el agua, y se comprende de golpe algo que a pie de calle cuesta percibir: que Estocolmo no está junto al agua, sino construida sobre ella.

Dos advertencias. La torre abre solo en temporada, aproximadamente de primavera a comienzos del otoño, así que en invierno este punto desaparece del plan. Y son escalones de verdad: la subida se hace por rampas y escaleras y no es apta para cualquiera.

La terraza del Fotografiska

El museo de fotografía de Södermalm tiene en su última planta una cafetería con terraza panorámica que ofrece una de las mejores vistas del centro: Gamla Stan con su perfil medieval, el Ayuntamiento junto al agua, la silueta del Palacio Real y los tejados de Djurgården.

Su virtud es que combina la vista con un sitio donde sentarse a tomar algo, lo que en un día frío o lluvioso no es poco. El inconveniente es que hay que pagar la entrada del museo para acceder, así que tiene sentido si la visita al Fotografiska ya estaba en el plan y no como mirador aislado.

Fjällgatan y el borde este de Södermalm

Menos conocido que los anteriores y muy recomendable. Fjällgatan es una calle en alto sobre el puerto, en la parte oriental de Södermalm, desde la que se ven la entrada marítima de la ciudad, los ferris que salen hacia Finlandia y el perfil de Djurgården al otro lado del agua.

Es una perspectiva distinta a la de Monteliusvägen: allí se mira hacia el lago y el casco antiguo; aquí se mira hacia el mar. Y como está fuera del circuito habitual, suele estar prácticamente vacío. La zona conserva además casas de madera del siglo XVIII que le dan un ambiente de pueblo dentro de la ciudad.

SkyView, en el Globen: el que probablemente puedes saltarte

El Globen —hoy rebautizado Avicii Arena— es el edificio esférico más grande del mundo, con ciento diez metros de diámetro, y desde 2010 tiene dos góndolas acristaladas que recorren la fachada curva por el exterior hasta los ciento treinta metros de altura. El ascenso es una experiencia curiosa, entre el vértigo y la fascinación tecnológica, y la vista es de trescientos sesenta grados.

Dicho esto, hay que ser honesto: es el mirador más caro de la ciudad y lo que se ve desde arriba es sobre todo el Estocolmo suburbano del sur, no el casco histórico ni el agua que hacen especial a esta ciudad. Está a cinco paradas de metro del centro, en la estación Globen.

Merece la pena si te atrae la experiencia del ascensor en sí, si viajas con niños o si tienes una tarjeta turística que lo incluye. Como panorámica de Estocolmo, cualquiera de los cuatro anteriores le da un repaso, y tres de ellos son gratis.

Un par de miradores menores que aparecen de paso

Cerca de Gamla Stan hay un punto de vista pequeño y muy fotografiado, con una corona real que enmarca la vista del casco antiguo y el Palacio Real al fondo. Es una parada de cinco minutos, no un destino, pero cae de camino y con la luz de la tarde funciona muy bien.

Y en Slussen está el ascensor Katarina, una estructura de hierro de treinta y ocho metros que sube al borde de Södermalm y desde cuya pasarela hay una vista excelente sobre Gamla Stan. Ha pasado largos periodos cerrado a lo largo de los años, así que conviene comprobar si está operativo antes de contar con él; en cualquier caso se puede subir andando por la calle y asomarse desde arriba.

Cómo organizar una ruta de miradores

Los mejores están concentrados en el borde norte de Södermalm, lo que permite encadenarlos en un paseo continuo. Una ruta que funciona: bajar del metro en Slussen, subir a Monteliusvägen, recorrerlo entero hacia el oeste, seguir hasta Skinnarviksberget y sentarse allí a esperar el atardecer. Son unos cuarenta minutos de caminata con paradas, todo gratis, y cubre lo mejor que Estocolmo ofrece desde arriba.

La torre del Ayuntamiento encaja mejor por la mañana, al principio del viaje, porque sirve para orientarse antes de recorrer la ciudad. Es exactamente donde la coloca el itinerario de tres días en Estocolmo.

Y una recomendación sobre la época. En verano la luz se prolonga hasta muy tarde y el atardecer dura literalmente horas, lo que convierte cualquiera de estos sitios en un plan de tarde entera. En invierno pasa lo contrario y hay que aprovechar la escasa luz del mediodía, con la compensación de una ciudad nevada que desde arriba tiene su propia belleza.