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Una calle de Estambul, con las tiendas abriendo a media mañana.

Destinos · Turquía · Estambul

Dónde alojarse en Estambul: qué barrio elegir y por qué

Sultanahmet, Beyoğlu o el lado asiático. La zona donde duermas condiciona el viaje entero: qué gana y qué pierde cada barrio, con criterios claros según el tipo de viaje y los días que tengas.

Lectura de 7 minutos

En Estambul, elegir barrio no es como elegir barrio en Lisboa o en Praga. La ciudad es tan grande y está tan partida por el agua que la zona donde se duerme determina cuánto tiempo se pasa en transporte, dónde se cena y qué clase de ciudad se ve al salir por la puerta. Un error aquí no se arregla caminando diez minutos más.

Las opciones razonables para un viajero son tres, y responden a tres ideas distintas de viaje: quedarse dentro del centro monumental, quedarse en la ciudad moderna al otro lado del Cuerno de Oro, o cruzar directamente a Asia. Cada una tiene un precio y una renuncia. Vamos con ellas.

Sultanahmet: pegado a los monumentos, vacío por la noche

Sultanahmet es el centro histórico: Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Cisterna, el Hipódromo y Topkapi están todos a un radio de kilómetro y medio, y alojarse aquí significa salir del hotel y estar ya dentro del itinerario. Para quien viaja dos o tres días, tiene un interés en la historia y quiere entrar a los monumentos a las nueve de la mañana antes de que lleguen los grupos, es la opción más eficiente que existe.

Lo que se paga por esa comodidad es que el barrio es, básicamente, un decorado. A partir de las ocho de la tarde se vacía: los turistas vuelven a sus hoteles y no hay vida local que ocupe el hueco, porque casi nadie de la ciudad vive ahí. Los restaurantes de la zona monumental tienen carta traducida a seis idiomas, camareros que te llaman desde la puerta y precios que doblan los de tres calles más allá. Cenar bien en Sultanahmet exige alejarse a propósito, y a esas horas ya cansa.

También conviene saber que las mezquitas en activo llaman a la oración cinco veces al día, incluida la primera antes del amanecer, y que en esta zona hay varias muy cerca. A mucha gente le parece uno de los mejores recuerdos del viaje y a otra le arruina el sueño. Si se tiene el sueño ligero, hay que preguntar por la orientación de la habitación.

Es la mejor elección para: primeros viajes cortos, viajes centrados en monumentos, gente con movilidad reducida que quiera minimizar desplazamientos.

Beyoğlu, Gálata y Taksim: la ciudad que sigue viva a medianoche

Al otro lado del Cuerno de Oro está Beyoğlu, que engloba Taksim, la avenida İstiklal, el barrio de Gálata y, bajando hacia el agua, Karaköy. Es la Estambul del siglo XIX y XX, la de los edificios afrancesados, las cuestas empinadas y las calles llenas hasta la madrugada. Yo me alojé aquí, en un apartamento cerca de la plaza de Taksim, y volvería a hacerlo.

La ventaja es doble. Por un lado, la conexión: desde Taksim salen el metro M2, el funicular a Kabataş y los autobuses a los dos aeropuertos, y el centro histórico queda a unos veinte o veinticinco minutos combinando funicular y tranvía. Por otro, la vida: aquí se cena a cualquier hora, hay bares, música, librerías y una densidad de gente que no baja hasta muy tarde. Las travesías de İstiklal, la zona de Nevizade y el Balık Pazarı son el mejor sitio de la ciudad para una cena larga de meze.

La renuncia es que no se sale de casa y se está en Santa Sofía: hay un trayecto de por medio, todos los días, ida y vuelta. Y las cuestas son de verdad, sobre todo en la bajada hacia Karaköy y Gálata, así que conviene mirar en el mapa dónde está exactamente el alojamiento y no fiarse de los "a diez minutos del centro".

Dentro de la zona hay matices. Taksim es el nudo de transporte, práctico y algo impersonal. Gálata y Cihangir son más bonitos y más tranquilos, con cafés de barrio y buen ambiente, aunque más cuesta arriba. Karaköy, junto al agua, está en pleno auge, con hoteles de diseño y restaurantes buenos, y queda a un paseo del puente y del tranvía.

Es la mejor elección para: estancias de tres días o más, viajeros que quieren cenar bien y salir de noche, segundos viajes, y en general para quien prefiera dormir en una ciudad viva antes que junto a una taquilla.

Kadıköy y la orilla asiática: barato, auténtico y con ferri

La tercera opción es cruzar el Bósforo y alojarse en Kadıköy o en la vecina Moda. Es un barrio sin un solo monumento de primera fila, con mercado, librerías, cines, bares y calles peatonales donde el turismo es minoría absoluta. Se come mejor y bastante más barato que en cualquier zona de la orilla europea, y el alojamiento cuesta menos por la misma calidad.

El precio de esa autenticidad es el trayecto diario. Cada día de visitas empieza y termina con un ferri de veinte minutos hasta Eminönü o Karaköy, más el tranvía. En la práctica son unos cuarenta minutos por sentido. Ahora bien, ese ferri es una de las mejores cosas que se pueden hacer en Estambul, así que hay quien lo considera un peaje y quien lo considera un regalo diario. Yo estoy en el segundo grupo, con una salvedad: los ferris no funcionan toda la noche, y volver de madrugada implica taxi por el puente o el Marmaray, que sí opera hasta más tarde.

Es la mejor elección para: viajes de cuatro días o más, presupuestos ajustados, gente que ya conoce lo básico de la ciudad y quiere vivirla, y quien viaja con la idea de comer y pasear más que de encadenar museos.

Otras zonas y lo que conviene evitar

Beşiktaş y Ortaköy, sobre el Bósforo al norte de Taksim, son barrios agradables, con buen ambiente joven en el primero y vistas espectaculares en el segundo, pero quedan lejos del centro histórico y complican los desplazamientos diarios. Nişantaşı y Şişli son la zona de compras y negocios: hoteles buenos, cero encanto para un viaje corto.

Lo que sí conviene evitar es la franja de hoteles baratos de Aksaray y Laleli, que aparece constantemente en los buscadores por precio porque es barata, y lo es por algo: es una zona de comercio mayorista, poco agradable de noche y sin nada alrededor. También hay que desconfiar de los alojamientos que se venden como "cerca del aeropuerto", porque el aeropuerto está a cuarenta kilómetros de todo.

Y un aviso general sobre los mapas de las plataformas de reserva: en una ciudad con estas cuestas y este tráfico, la distancia en línea recta no significa nada. Antes de reservar, conviene mirar la parada de tranvía, metro o ferri más cercana y calcular el trayecto real hasta Sultanahmet con Google Maps.

Hotel o apartamento

Estambul funciona bien con apartamento. Tener cocina permite desayunar en casa —los desayunos turcos en restaurante son largos y espléndidos, pero también un gasto diario— y da libertad de horarios, que en una ciudad donde se sale a las ocho de la mañana y se vuelve a las diez de la noche se agradece. Lo que hay que confirmar antes de reservar es cómo se entregan las llaves y si hay alguien localizable, porque los edificios antiguos de Beyoğlu tienen portales complicados y cerraduras con carácter.

El hotel gana en dos supuestos: llegadas de madrugada, muy frecuentes con los vuelos de bajo coste al Sabiha Gökçen, y estancias de dos noches, donde la recepción veinticuatro horas y la consigna para el equipaje valen más que la cocina.

Cuánto cuesta hoy

Aquí toca ser honesto: Estambul se ha encarecido mucho. En mi viaje pagué menos de cien euros por siete noches en un apartamento privado y céntrico, y ese mismo alojamiento pide hoy más del doble. La ciudad sigue estando por debajo de las capitales de Europa occidental, pero ya no es el destino de precios de saldo que era hace unos años.

Las cifras completas de aquel viaje, con la comparación de lo que costaban entonces las cosas y lo que cuestan ahora, están en el presupuesto detallado. Y si todavía estás decidiendo cuántos días dedicarle, los itinerarios de uno, dos y tres días ayudan a calibrar cuánto tiempo pasarás realmente en cada zona, que al final es lo que debería decidir dónde duermes.