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Recreación del espectáculo generada con inteligencia artificial, ya que no tengo ninguna fotografía propia por tener prohibido el uso de cámaras durante la representación.

Bilbonauta · Santurtzi

42nd Street en el Serantes Kultur Aretoa

Cuarenta pares de zapatos de claqué golpeando el escenario al unísono, en versión original y en un teatro municipal del margen izquierdo.

Lectura de 4 minutos

Cuarenta pares de zapatos de claqué golpeando el escenario al unísono. Ese es el sonido de 42nd Street. Un sonido que, cuando lo escuchas en directo, en un teatro pequeño y cercano como el Serantes, se convierte en algo casi físico.

Broadway en Santurtzi

42nd Street llegó al Serantes Kultur Aretoa de Santurtzi en mayo de 2007 como parte de una gira europea de una compañía británica que traía grandes clásicos de Broadway en versión original, íntegramente en inglés. Una de esas visitas que convertían un teatro municipal del margen izquierdo en una ventana directa al West End londinense.

Que una producción así pasara por Santurtzi tenía algo de milagroso. El Serantes, con su programación valiente y su apuesta habitual por traer espectáculos que en teoría deberían estar en salas mucho mayores, conseguía una vez más que no hiciera falta ir a Londres para ver teatro musical británico de calidad. Ya lo había demostrado antes con Dagoll Dagom y seguiría haciéndolo después. Un teatro pequeño con una ambición enorme.

La historia

42nd Street es un musical de 1980 con música de Harry Warren, letras de Al Dubin y Johnny Mercer, y libreto de Michael Stewart y Mark Bramble. Está basado en la novela de Bradford Ropes y en la célebre película de 1933, y cuenta una historia que es la quintaesencia del sueño de Broadway: Peggy Sawyer, una joven de pueblo que llega a Nueva York con una maleta y un talento descomunal para el baile, consigue un puesto en el coro de un nuevo musical. Cuando la estrella principal se lesiona el tobillo antes del estreno, el director Julian Marsh toma la decisión más arriesgada de su carrera: poner a la desconocida Peggy en el papel protagonista.

Es la historia de "sales ahí siendo una desconocida y vuelves siendo una estrella". El mito fundacional de Broadway convertido en musical. Y aunque la trama es predecible desde el primer minuto, funciona porque no importa el destino sino el camino. Y porque ese camino está lleno de números de claqué absolutamente espectaculares.

El claqué

42nd Street ganó el Tony al Mejor Musical y a la Mejor Coreografía en 1981, y el Olivier al Mejor Musical en Londres en 1984. Y el motivo es evidente: los números de tap dance son de otro nivel. Coreografías masivas, con decenas de bailarines moviéndose en formaciones geométricas perfectas, creando ritmos complejos con los pies que funcionan simultáneamente como percusión y como danza. Es hipnótico.

En el Serantes, con su escenario relativamente íntimo, el efecto se multiplicaba. Podías sentir cada golpe de tacón en el suelo, ver cada movimiento de cerca, apreciar la precisión milimétrica de cada paso. En un teatro grande el claqué impresiona por la escala. En un teatro pequeño te abruma por la proximidad. Cada zapato sonaba como un instrumento, cada formación se desplegaba a pocos metros de tu butaca.

El espectáculo

La compañía británica traía una producción sólida y profesional, con un elenco que se movía con la seguridad de quien lleva meses rodando el espectáculo por escenarios de media Europa. Las canciones clásicas — "42nd Street", "We're in the Money", "Lullaby of Broadway", "Shuffle Off to Buffalo" — sonaban frescas y vibrantes, con esa energía que solo tiene la música en directo.

Era un musical optimista, luminoso, sin dobleces. Una celebración del teatro dentro del teatro, de la música y el baile como lenguaje universal. De esos espectáculos que te recuerdan por qué existe Broadway: para hacerte creer, aunque sea durante dos horas, que los sueños se cumplen si bailas lo suficientemente bien.

El veredicto

42nd Street en el Serantes fue una de esas noches que justifican estar atento a la programación de los teatros pequeños. Una producción británica de calidad, en versión original, con números de claqué que se quedaron grabados en la memoria. Broadway en Santurtzi. Suena improbable, pero ocurrió.