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Recreación del espectáculo generada con inteligencia artificial, ya que no tengo ninguna fotografía propia por tener prohibido el uso de cámaras durante la representación.

Bilbonauta · Bilbao

Jesus Christ Superstar en el Palacio Euskalduna

De todos los musicales que he visto en mi vida, este es el que más me ha impactado. Sin discusión.

Lectura de 4 minutos

De todos los musicales que he visto en mi vida, este es el que más me ha impactado. Sin discusión. Matrícula de honor.

Una gira británica de paso

Jesus Christ Superstar llegó al Palacio Euskalduna en abril de 2007 como parte de una gira del Reino Unido autorizada por Andrew Lloyd Webber y The Really Useful Group. No era una producción española, no era una adaptación. Era la versión original, en inglés, con un elenco formado en la escuela del West End londinense. Una parada técnica de solo dos funciones dentro de su recorrido europeo. Dos noches. Y se acabó.

Ese carácter efímero lo hacía aún más especial. No era como los grandes musicales que se instalan durante semanas en una ciudad: era una oportunidad única, casi fugaz. Si no ibas esas dos noches, te lo perdías. Y yo no estaba dispuesto a perdérmelo.

Para facilitar la comprensión al público local, se instalaron pantallas con subtítulos en castellano a los lados del escenario. Era algo bastante novedoso en aquel momento. No era habitual ver producciones internacionales en versión original con subtítulos en los teatros españoles. Hoy parece normal; entonces llamaba la atención.

La ópera rock definitiva

Jesus Christ Superstar no necesita presentación. Tim Rice y Andrew Lloyd Webber la crearon en 1970, primero como álbum conceptual y después como espectáculo de Broadway, y desde entonces ha sido una de las obras más versionadas y representadas de la historia del teatro musical. Cuenta los últimos siete días de la vida de Jesús de Nazaret desde la perspectiva de Judas Iscariote, y lo hace enteramente cantada, sin diálogos, con una partitura que mezcla rock, pop, funk, balada y orquestación sinfónica con una ambición que en 1970 era absolutamente revolucionaria.

Es una obra que plantea preguntas incómodas sobre la fama, el poder, la fe y la traición. Judas no es el villano unidimensional de la tradición: es un personaje atormentado, lúcido, que ve cómo el mensaje se pervierte y el movimiento se descontrola. Jesús es humano, vulnerable, lleno de dudas. María Magdalena busca su lugar en una historia que no le pertenece. Y Poncio Pilato se lava las manos, literal y metafóricamente.

El impacto

Lo que ocurrió aquella noche en el Euskalduna fue algo que rara vez he experimentado en un teatro. Desde el primer acorde de "Heaven on Their Minds", el tema de Judas que abre la obra, la producción te atrapaba y no te soltaba. El sonido era atronador, con una potencia y una claridad que llenaban la sala del Euskalduna de una forma casi física. Podías sentir la música en el pecho.

El elenco británico cantaba con una intensidad descarnada que te dejaba sin aliento. Voces trabajadas en la tradición del West End, capaces de pasar del susurro al grito en un compás, con una técnica brutal y una entrega escénica que convertían cada número en un acontecimiento. No había medias tintas. Cada interpretación era a vida o muerte.

La producción era de primera línea: escenografía potente, iluminación dramática, una dirección que sabía exactamente cuándo apretar y cuándo soltar. Todo estaba al servicio de la música y la historia, sin efectos gratuitos ni distracciones. El West End en estado puro, transportado al Euskalduna por dos noches.

Getsemaní

Y luego estaba "Gethsemane". El momento en el que Jesús, solo en el escenario, se enfrenta a su destino y canta aquella escalada imposible de notas que termina en un grito desgarrador. En el disco ya es un momento brutal. En directo, cantado por alguien que lo da absolutamente todo, es una experiencia que te paraliza. Recuerdo que el teatro entero contuvo la respiración durante esos minutos. Silencio absoluto. Y después, una ovación que tardó en llegar porque la gente necesitaba unos segundos para recomponerse.

El veredicto

Alucinante. No tengo otra palabra. Jesus Christ Superstar en el Euskalduna fue de lo mejor que he visto en mi vida, dentro y fuera de un teatro. Una producción de primera, interpretaciones soberbias, un sonido que te atravesaba y una obra que, casi cuarenta años después de su creación, seguía teniendo una fuerza arrolladora. Fueron dos horas de teatro musical en estado de gracia.

A veces piensas que idealizas las experiencias pasadas, que el recuerdo embellece lo que viviste. Pero con Jesus Christ Superstar en el Euskalduna no tengo esa duda. Fue exactamente tan bueno como lo recuerdo. Probablemente mejor.