
Bilbonauta · Bilbao
Chicago en el Teatro Arriaga
El Cell Block Tango es la canción de teatro musical que tengo más grabada en la memoria, y aquí cuento por qué.
He had it coming. He had it coming. He only had himself to blame. Si alguien me pregunta qué canción de teatro musical tengo más grabada en la memoria, no dudo ni un segundo: el Cell Block Tango de Chicago. Seis mujeres contando cómo mataron a sus hombres, cada una con su historia, cada una con su justificación, todas con una coreografía de sillas y medias de rejilla que se te queda clavada para siempre.
Chicago llega a España¶
Chicago se estrenó en España el 16 de febrero de 1999 en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid, con dirección de Ricard Reguant, coreografía de Barry McNabb y adaptación del texto de Xavier Mateu y Víctor Conde. Las versiones en castellano de las canciones eran de Albert Mas-Griera. La producción fue pionera en adaptar fielmente el estilo de la versión de Broadway de 1996, la celebrada revisión de Walter Bobbie que había devuelto Chicago a los escenarios con una estética minimalista heredada directamente de Bob Fosse.
Esto fue tres años antes de que la película de Rob Marshall con Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere convirtiera Chicago en un fenómeno mundial. En 1999, Chicago todavía era cosa de entendidos del teatro musical. No había imágenes de referencia para la mayoría del público español. La película no existía. Lo que veías en el escenario del Arriaga era puro, sin filtros cinematográficos previos. Y eso le daba una fuerza especial.
El elenco¶
Mar Regueras era Roxie Hart, la corista ambiciosa que asesina a su amante y convierte el crimen en trampolín hacia la fama. Àngels Gonyalons interpretaba a Velma Kelly, su rival en la cárcel y en los titulares, una mujer más dura y más astuta que encarnaba la otra cara de la misma moneda. Y Joan Crosas daba vida a Billy Flynn, el abogado estrella que convierte juicios en espectáculo y clientes en celebridades.
Gonyalons, a quien volvería a ver años después como Sally en Cuando Harry encontró a Sally, estaba espectacular como Velma. Tenía la presencia, la voz y el desparpajo que el papel exige: alguien capaz de abrir el musical con "All That Jazz" y dejarte clavado en la butaca desde el primer número.
El estilo Fosse¶
Lo que diferenciaba a Chicago de cualquier otro musical que hubiera visto hasta entonces era el estilo. La coreografía de Bob Fosse es inconfundible: movimientos angulares, hombros marcados, manos con los dedos extendidos, caderas que se mueven con una precisión quirúrgica. Todo es sugerencia, insinuación, control absoluto del cuerpo. Es sensual sin ser explícito, provocador sin ser vulgar. Y Barry McNabb trasladó ese lenguaje al escenario del Arriaga con una fidelidad que se notaba en cada número.
La puesta en escena era deliberadamente austera: un escenario casi desnudo, sillas, la banda visible al fondo, iluminación dramática y poco más. Chicago no necesita decorados porque el espectáculo son los cuerpos en movimiento. Esa desnudez escénica obligaba a mirar lo único que importa: a los actores, a los bailarines, a la música.
Cell Block Tango¶
Y entonces llegaba el Cell Block Tango. Seis mujeres. Seis historias de asesinato. Seis justificaciones. "Pop. Six. Squish. Uh-uh. Cicero. Lipschitz." Cada una contando su versión mientras las demás bailan con sillas en una coreografía hipnótica que va subiendo de intensidad hasta convertirse en algo casi ritual. Es un número perfecto: la letra es brillante, la música es adictiva, la coreografía es magnética y el concepto es genial. Teatro musical en estado de gracia.
Llevo más de veinticinco años con ese número instalado en la cabeza. No se va. No quiero que se vaya.
El veredicto¶
Chicago en el Arriaga fue una revelación. Ver una producción que trasladaba fielmente el estilo de Bob Fosse a un escenario español, con un elenco a la altura y una puesta en escena que respetaba la esencia de Broadway, fue algo que en 1999 no se veía con frecuencia. Era la prueba de que en España se podían hacer musicales con un nivel internacional, y de que el género tenía un público ávido esperando producciones así. El Cell Block Tango, solo con eso, ya habría merecido la pena.