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El telón rojo del Lyceum Theatre de Londres, decorado con trazos tribales en blanco y naranja, visto desde el anfiteatro, con los palcos ornamentados a los lados y el público ocupando sus butacas antes de la función.

Bilbonauta · Londres

El Rey León en el Lyceum Theatre de Londres

Era la tercera vez que lo veía —después de Londres en 2004 y Madrid en 2012— y el Circle of Life me siguió poniendo la piel de gallina igual que la primera.

Lectura de 5 minutos

Hay espectáculos que ves una vez y recuerdas con cariño. Hay otros que ves dos veces y confirmas que la primera impresión no era casualidad. Y luego está El Rey León, que ves tres veces y cada una de ellas te deja con la misma sensación de asombro que la primera. El domingo 27 de marzo de 2016, en el Lyceum Theatre de Londres, volví a comprobarlo.

El Lyceum Theatre: un escenario con historia

El Lyceum Theatre, situado en Wellington Street junto a Covent Garden, es uno de los teatros con más historia del West End londinense. El edificio actual, con su fachada neoclásica de columnas corintias y su interior de estilo victoriano restaurado, data de 1834, aunque ha habido un teatro en ese solar desde 1765.

En el siglo XIX fue la casa del legendario actor-empresario Henry Irving, el primer actor británico en recibir el título de caballero, y de su compañera escénica Ellen Terry. Bram Stoker, el autor de Drácula, trabajó aquí durante 27 años como gerente del teatro, y se dice que la atmósfera del Lyceum y la personalidad magnética de Irving fueron inspiración directa para el personaje del conde vampiro.

Después de décadas de usos diversos —desde sala de baile hasta teatro de variedades— el Lyceum fue restaurado en los años 90 y desde 1999 alberga la producción londinense de El Rey León, que se ha convertido en el musical de mayor recaudación en la historia del West End.

La producción de Julie Taymor

Lo que hace que El Rey León sea un espectáculo absolutamente único no es la historia —que todos conocemos por la película de Disney de 1994— sino la visión escénica de Julie Taymor, la directora y diseñadora que transformó una película de animación en una experiencia teatral que no se parece a nada que se haya hecho antes ni después.

Taymor, que venía del mundo del teatro experimental y los títeres, tomó una decisión radical: en lugar de disfrazar a los actores de animales para que parecieran lo más realistas posible, creó un lenguaje visual donde los intérpretes y los animales que representan son visibles simultáneamente. Los actores no se esconden dentro de los disfraces: los llevan encima, los manipulan, los animan con su propio cuerpo. Ves al actor y al animal al mismo tiempo, y tu cerebro acepta ambas realidades sin conflicto. Es una técnica que bebe del teatro de títeres asiático, de las máscaras rituales africanas y del teatro de sombras indonesio, fusionado todo en algo completamente nuevo.

El resultado es un despliegue visual de una inventiva que quita el aliento. Las jirafas son actores sobre zancos con estructuras articuladas que reproducen el balanceo característico del animal. Las gacelas son actrices con mecanismos en los brazos que hacen girar pequeñas figuras de gacelas sobre sus cabezas, creando la ilusión de una manada en movimiento. El elefante es una estructura de tamaño real operada por cuatro titiriteros visibles. Las hienas son marionetas de cuerpo completo que los actores animan desde dentro con una expresividad casi perturbadora. Y Mufasa es simplemente un actor con una máscara articulada sobre la cabeza que puede alternar entre la expresión humana y la leonina con un solo gesto.

"Circle of Life": cuando se para el tiempo

El número de apertura es, sin exageración, uno de los momentos más impactantes del teatro musical contemporáneo. Las luces se apagan, se escucha el canto en zulú de Rafiki, y de pronto los animales empiezan a aparecer desde todos los puntos de la sala: por los pasillos del patio de butacas, desde los palcos, por los laterales del escenario. Pájaros articulados sobrevuelan las cabezas del público. Una manada de gacelas cruza corriendo por el pasillo central. El elefante avanza lentamente hacia el escenario. Y cuando toda la compañía se reúne en escena para el amanecer en la Roca del Rey, con ese sol naranja ascendiendo lentamente sobre el horizonte de la sabana, se te pone la piel de gallina.

Da igual cuántas veces lo hayas visto. Da igual que conozcas cada nota de la partitura de Elton John y Tim Rice, cada movimiento de la coreografía de Garth Fagan, cada efecto de iluminación de Donald Holder. Ese momento funciona siempre, cada vez, con la misma fuerza que la primera. Es teatro en estado puro: la capacidad de crear un mundo entero con actores, luz, música y la imaginación del espectador.

Un musical para todos los públicos e idiomas

Una de las razones por las que siempre recomiendo El Rey León como primera experiencia en el West End, especialmente para personas con un nivel bajo de inglés, es que la historia es universalmente conocida. Todos hemos visto la película, todos conocemos a Simba, Mufasa, Scar, Timón y Pumba. No necesitas entender cada palabra del diálogo para seguir la trama, porque la historia se cuenta fundamentalmente a través de la música, la danza y el espectáculo visual.

Las canciones —"Circle of Life", "I Just Can't Wait to Be King", "Hakuna Matata", "Can You Feel the Love Tonight"— son tan conocidas que el público las reconoce desde las primeras notas. Y los momentos dramáticos —la muerte de Mufasa, el exilio de Simba, el enfrentamiento final con Scar— se transmiten con una intensidad emocional que trasciende cualquier barrera idiomática.

El veredicto

El Rey León no es solo un buen musical. Es una demostración de que el teatro en vivo puede hacer cosas que ningún otro medio —ni el cine, ni la televisión, ni la realidad virtual— puede replicar. Esa conexión directa entre actores y público, esa magia de ver cómo un escenario se transforma en la sabana africana delante de tus ojos, esa suspensión voluntaria de la incredulidad que te permite aceptar que un hombre con una máscara es un león y sentir genuina emoción cuando muere: eso solo ocurre en un teatro, con personas reales interpretando para personas reales, sin pantalla de por medio.

Si solo pudieras ver un musical en tu vida, que sea este.