
Bilbonauta · Fráncfort
Elisabeth, el musical: Sisi, la muerte y la Jahrhunderthalle en una noche de diciembre
Un musical entero en alemán, un idioma que no hablo, en una sala de conciertos que una empresa química construyó para celebrar su centenario: uno de los mejores musicales que he visto en mi vida.
Que el musical Elisabeth estuviera en gira por Alemania justo cuando yo iba a Frankfurt fue una de esas coincidencias que obligan a mirar las entradas. La producción celebraba el vigésimo aniversario del estreno en Viena y recorría Alemania en una temporada que empezaba en Colonia y terminaba meses después en Dresde. En Frankfurt la parada iba del 30 de noviembre al 18 de diciembre de 2011, en la Jahrhunderthalle, y mis cuatro días caían de lleno dentro de esa ventana. Saqué la entrada antes de salir de casa, sin pensarlo demasiado.
Quién era Elisabeth, la emperatriz que no quería serlo¶
Para quien no la conozca (pocos, con tantas películas y series por medio), Elisabeth de Baviera, Sisi para todos, fue emperatriz de Austria y reina de Hungría en la segunda mitad del siglo XIX. Casada muy joven con Francisco José, vivió toda su vida en una tensión permanente entre las obligaciones del protocolo vienés y su deseo de libertad. Viajera compulsiva, cuidadora casi obsesiva de su belleza, escritora de poemas, depresiva, incomprendida por la corte, distante de su hijo Rodolfo (que se suicidaría en Mayerling) y finalmente asesinada en Ginebra en 1898 por un anarquista italiano que le clavó una lima en el pecho.
El musical, con libreto de Michael Kunze y música de Sylvester Levay, se estrenó en Viena en 1992 y se ha convertido en el musical en alemán más exitoso de la historia. Huye de la Sisi edulcorada de las películas de Romy Schneider. La Elisabeth del escenario es esquiva, atormentada, consciente de estar atrapada en un sistema que no eligió. Y junto a ella, siempre, la Muerte en persona, personificada como un personaje andrógino que la corteja, la tienta y termina llevándosela. Es, a mi juicio, uno de los mejores hallazgos dramatúrgicos del teatro musical europeo.
La Jahrhunderthalle, un auditorio con historia industrial¶
La Jahrhunderthalle no es un teatro de ópera elegante en el centro, sino una sala de conciertos construida en 1963 en el barrio de Höchst, al oeste de Frankfurt. La encargó la empresa química Hoechst AG para celebrar su centenario y de ahí viene el nombre: Jahrhunderthalle significa literalmente sala del siglo, aunque suene más poético si uno no sabe alemán. Hoy se usa para conciertos, musicales y grandes eventos, y tiene capacidad para casi cinco mil personas bajo una cúpula imponente.
Llegar fue, como ya he contado en el diario de ese día, más trabajoso de lo esperado: S-Bahn hasta Höchst Bahnhof y luego bus. La alternativa era la parada Farbwerke/Jahrhunderthalle, más directa pero menos accesible. Si alguien se anima a repetir la experiencia, que salga con margen: en una noche fría, cambiar de medio de transporte en una zona desconocida se hace largo.
La puesta en escena, el vestuario y la música¶
Una vez dentro, todo cobra otra dimensión. El escenario era amplio, la orquesta potente (dirigida por Hauke Wendt), y la escenografía jugaba con alturas y proyecciones para pasar de la corte vienesa a un burdel, de un manicomio a un barco, sin que se resintiese el ritmo. El vestuario, especialmente el de Elisabeth, era una obra en sí mismo: corsés, vestidos imperiales, capas fúnebres. La Muerte iba de blanco fantasmal, con ese maquillaje que ya es marca de la casa.
Las melodías, que conocía en disco, sonaban aún mejor en directo. «Ich gehör nur mir» (yo solo me pertenezco a mí misma) es una de esas canciones que se te quedan pegadas aunque no entiendas la letra completa. Y el dúo final entre Elisabeth y la Muerte, con esa rendición casi erótica a la nada, me puso la piel de gallina incluso sin pillar cada matiz del texto.
El idioma, el obstáculo que no obstaculiza tanto¶
Lo digo claro: no hablo alemán, más allá del nivel supervivencia de pedir una cerveza o dar los buenos días. Seguir un musical cantado íntegramente en alemán habría sido imposible si no me hubiese preparado mínimamente en casa, repasando la sinopsis acto por acto. Hecha esa tarea, y dado que la historia de Sisi es conocida en sus grandes líneas por prácticamente cualquiera, el musical se disfruta perfectamente. No entiendes cada juego de palabras, pero sí la progresión, las emociones y los grandes números.
Para quienes dudéis en situación parecida, un consejo: no os privéis de un espectáculo en un idioma que no domináis si la música, la puesta en escena y la historia son potentes. Me ha pasado con ópera en italiano, con musicales en inglés y ahora con un Elisabeth en alemán, y siempre sale más a cuenta ir.
Aplausos, propina y regreso nocturno¶
El público, mayoritariamente local y claramente enterado de lo que estaba viendo, aplaudió durante larguísimos minutos, con ovación en pie incluida. Salí a la noche de Höchst con esa euforia tranquila de los espectáculos redondos, crucé el aparcamiento siguiendo a una marea de gente abrigada hacia la estación y cuando llegué al hotel, tarde, todavía tenía la Muerte de blanco en la cabeza y la melodía de «Kitsch» dando vueltas. Uno de los mejores musicales que he visto en mi vida, en una ciudad que, en principio, ni siquiera aspiraba a ofrecerme cultura alta.