
Bilbonauta · Nueva York
Hairspray en el Neil Simon Theatre
Lo vimos la noche después de un Sweeney Todd que no nos había convencido nada, con las expectativas por los suelos, y salimos con ganas de que hubiera un segundo acto.
La noche anterior habíamos salido del Eugene O'Neill con el sabor de Sweeney Todd en la boca: dos horas y media de minimalismo conceptual que ninguno de los cuatro había disfrutado demasiado. Con ese antecedente, Hairspray en el Neil Simon Theatre tenía la ventaja de las expectativas bajas. Yo no había visto la película de John Waters en que se basa, y del musical no sabía nada.
"Good Morning Baltimore" abre el primer acto con Tracy Turnblad cantando desde su habitación en Baltimore, 1962, soñando con aparecer en el programa de baile de la tele local. En los primeros cinco minutos ya estaba claro que esto era otra cosa.
Baltimore, 1962, integración racial vía programa de televisión¶
Hairspray usa el contexto del movimiento por los derechos civiles con una estrategia bastante inteligente: la segregación racial en un programa de baile adolescente en Baltimore se convierte en el eje de la trama, pero el tono es de comedia ligera con canciones contagiosas. Los personajes que defienden la segregación están dibujados como ridículos, los que la combaten como simpáticos y bailones. No es teatro de profundidades, pero la posición moral es clara y el resultado funciona.
La partitura de Marc Shaiman tiene esa textura de música pop de los sesenta —soul, rhythm and blues, rock de la era de la radio AM— y los números funcionan solos. "You Can't Stop the Beat", el gran final, arrancó aplausos espontáneos en el teatro antes de que acabara. El teatro estaba lleno y el ambiente era el opuesto al del Eugene O'Neill: risas en los pasillos, gente tarareando antes de que empezara la función.
Edna Turnblad, o cómo un hombre en traje grande roba el espectáculo¶
Edna Turnblad, la madre de Tracy, es un personaje que Broadway lleva décadas dando a actores masculinos: en la película original Divine lo hizo con peluca y vestido; en el musical de Broadway la convención se mantiene. El actor que hacía Edna esa noche tenía la comicidad exacta para el papel: la torpeza deliberada, el timing, la relación con su marido Wilbur que era puro sketch de comedy clásica. Cada escena suya levantaba el teatro.
Salida tarareando bajo la llovizna¶
Salimos del Neil Simon con "You Can't Stop the Beat" instalada en la cabeza, bajo una llovizna que había acompañado todo el día. Era la cuarta noche en Nueva York, la segunda de musicales consecutivos. El contraste entre las dos noches era total: si Sweeney Todd nos había dejado con cara de no entender qué habíamos visto, Hairspray nos dejó con ganas de que hubiera un segundo acto.