
Bilbonauta · Bilbao
Hoy no me puedo levantar en el Teatro Arriaga
Un musical hecho con las canciones de Mecano, la banda sonora de mi infancia. No había forma de no estar ahí.
Soy fan incondicional de Mecano. De los de toda la vida, de los que se saben todas las canciones, todas las letras, todos los discos. Mecano fue la banda sonora de mi infancia y de mi adolescencia, y cuando se anunció que un musical basado en sus canciones llegaba al Arriaga, no había forma de no estar ahí.
El musical de la movida¶
Hoy no me puedo levantar se estrenó en abril de 2005 en el Teatro Rialto de Madrid, con libreto de David Serrano y dirección de Nacho Cano. Era un jukebox musical ambientado en la movida madrileña de los ochenta: la historia de Mario y Colate, dos amigos que llegan a Madrid desde un pueblo para montar una banda, y se sumergen en el torbellino de la noche madrileña de aquella época. El 23-F, los garitos de la Gran Vía, la explosión cultural de una España que se estaba reinventando. Todo eso con canciones de Mecano como hilo conductor.
El musical había sido un éxito rotundo en Madrid durante cuatro temporadas, superando el millón de espectadores. En agosto de 2008 arrancó una gira nacional por veintinueve ciudades, y Bilbao fue la primera parada. Del 14 de agosto al 7 de septiembre, el Arriaga acogió la producción con un elenco renovado para la gira.
Fan de Mecano en el Arriaga¶
Como experiencia de fan, fue inolvidable. Escuchar "Me colé en una fiesta", "Hijo de la luna", "Mujer contra mujer", "Cruz de navajas" o "Aire" en directo, una detrás de otra, integradas en una historia que las conectaba, era un viaje emocional brutal. Cada canción que arrancaba provocaba ese escalofrío de reconocimiento inmediato, esa conexión con recuerdos que creías olvidados. Mecano tiene ese poder: sus canciones están tan profundamente incrustadas en la memoria colectiva de varias generaciones que basta el primer acorde para transportarte.
Y el Arriaga estaba lleno de gente que sentía exactamente lo mismo. Había una energía de celebración compartida, de público que se sabía cada palabra y que vibraba con cada tema.
Lo que no funcionó¶
Pero tengo que ser honesto: la producción me decepcionó bastante. Algo no encajaba en el sonido. Las voces sonaban extrañamente perfectas, demasiado pulidas, con una presencia que no parecía natural para un teatro. No dudo de que cantasen en directo, pero había algo en la mezcla que recordaba más a coros enlatados que a música viva. Esa sensación de que lo que escuchas no se corresponde del todo con lo que ves en el escenario. Y cuando un espectáculo te genera esa duda, cuando te preguntas si lo que oyes es real o no, es que algo en la producción no está funcionando como debería.
Es una cuestión de confianza. En el teatro necesitas creer que lo que pasa en el escenario es real, que esas voces salen de esas personas en ese momento. Cuando esa ilusión se resquebraja, por sutil que sea, algo se pierde. Y aquella noche sentí que se perdió.
No ayudaba la comparación. Venía de ver musicales en el West End londinense donde todo suena crudo, orgánico, donde notas el esfuerzo físico del cantante. Aquí la experiencia era distinta, más cercana a un concierto con pista que a teatro musical en vivo.
El veredicto¶
Hoy no me puedo levantar me dejó con sentimientos encontrados. Como fan de Mecano fue una experiencia emocionante e irrepetible: escuchar esas canciones en el Arriaga, rodeado de gente que las sentía igual que yo, no tiene precio. Pero como espectador de teatro musical, la producción no me convenció. La sensación de artificio en el sonido me sacó demasiadas veces de la función.
A veces el amor por la música original es suficiente para compensar las carencias de un montaje. Aquella noche casi lo fue. Casi.